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Mucha razón en LA RAZON

Por Narrador - 29 de Marzo, 2006, 0:50, Categoría: General

No es un juego de palabras. El diario fundado por Anson nos ofrece razones por doquier para dudar del ‘alto el fuego permanente’, para conocer la verdadera dimensión de la situación vivida y sus posibles secuelas. Nos alegramos sinceramente de la suspensión temporal de la actividad criminal de la banda, pero no olvidamos que las consecuencias pueden ser devastadoras. Muy a nuestro pesar no hay lugar para el optimismo ni, mucho menos, para la celebración.

 

“La última bomba de ETA” por Iñaki Ezkerra

 

 

El cese momentáneo de la violencia anunciado ayer por ETA es la última bomba que nos ha puesto la organización terrorista y la que persigue efectos más devastadores. Persigue lo que no han conseguido las otras bombas precisamente, es decir, acallar a la ciudadanía y a los representantes políticos de ésta que hasta ahora se han opuesto a la negociación, a conceder un premio a ETA para que se jubile. Lo que vamos a vivir durante los meses próximos y lo que ya estamos viviendo desde ayer no es nuevo. Es lo que ya vivimos en su día con la «tregua trampa». De repente se decretó el optimismo obligatorio, una tregua paralela del pensamiento, una suspensión general del juicio y una fe ciega en lo que no hemos visto ni veremos nunca, en la buena voluntad de los asesinos. Llamarla, como hizo entonces Jaime Mayor, «tregua trampa» era estar contra la fe, la esperanza y la caridad. Ahora hemos vuelto a esa situación con la diferencia de que hoy hay más escoltados que entonces porque el terror que vino tras aquel paréntesis fue aún más virulento, extendiéndose a más sectores de la sociedad vasca y con la diferencia también de que esa consigna «fideísta» y acrítica tiene actualmente el sello oficial del propio Gobierno de la nación, que ya nos está refrotando este «logro» a todos los demócratas de Euskadi que osamos «no creer en ETA» como si eso fuera pecado mortal y nos encantara estar amenazados.

 

Hay determinados medios de comunicación que han acogido el comunicado de ETA como si se tratara de la retransmisión del Gordo de Navidad, como Odón Elorza, el alcalde de San Sebastián, que brindaba ayer con champán. Pero ante lo que estamos es sencillamente ante una previsible fase de la escenificación del chantaje en la que el chantajista deja de usar las armas para permitirle generosamente al chantajeado que se doblegue. Por desgracia, la ausencia de asesinatos no ha servido en los dos últimos años para un mayor reconocimiento de las víctimas del terrorismo y de los valores democráticos, para hacer que llegue la libertad al País Vasco y para que los amenazados vivamos mejor, sino para estigmatizar a todos los que nos oponemos al proyecto nacionalista y al chantaje etarra que el nacionalismo avala. Esa estigmatización va a crecer en los próximos meses y en ella está la primera y más sangrante contradicción. ¿Cómo va a ser beneficiosa para las víctimas y los perseguidos una fase que comienza por nuestro señalamiento y por la acusación de que somos los que ponemos palos a las ruedas de la paz?

 

Una de las escasas ventajas que para la causa democrática tiene la situación que se ha creado a partir de ayer es que «llueve sobre mojado» y que tenemos la referencia de la experiencia anterior. Si el Gobierno de Aznar, que era escéptico al diálogo con ETA, dejó que ésta se reestructurara durante los meses en que duró aquella anterior versión de lo mismo, ¿qué consecuencias caben esperarse de la actitud del Gobierno de Zapatero? Ha sido el propio consejero de Interior del Ejecutivo de Ibarretxe quien hace unas semanas informaba de que ETA ha logrado restablecer comandos estables en todo el País Vasco, y si este hecho se ha producido durante los últimos meses no es nada esperanzador el escenario que ahora se abre. Que el final de esta comedia será trágico y que no hay motivos para el optimismo lo indican las mismas exigencias del comunicado de ETA, que no pueden ser satisfechas por mucha generosidad e insensatez que le eche Zapatero a una futura negociación con la banda. ETA exige que dos países de la Unión Europea -España y Franciase dobleguen ante su proyecto, y Zapatero no es presidente del segundo, así que, aunque sólo fuera por eso, los terroristas van a tener «argumentos» para volver a las andadas. No estamos ante un proceso de paz. Estamos ante «El proceso» de Kafka, ante una pesadilla en la que algunos van a trabajar para hacer que la ausencia de violencia sea más vergonzosa que la propia violencia. De la famosa «tregua-trampa» de ETA acabamos de pasar a la «bomba-tregua», a este intento por dinamitar la democracia española que no había sido posible con otro Gobierno anterior pero en el que ETA y sus cómplices políticos tienen gran ilusión porque se les presenta una situación única.

 

«Qué difícil es cuando todo baja no bajar también», escribió Antonio Machado, y ésa es la consigna que debemos seguir los demócratas durante este período que se acaba de abrir y que ya ha comenzado con este mal llamado «alto el fuego» con el que ETA nos está diciendo que estamos en guerra y que somos iguales que ellos, idénticos a esos tipos de la capucha. No es una situación como para echar cohetes ni tampoco para brindar.

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Nada nuevo en la prosa de ETA” por Carmen Gurruchaga

 

 

El primer sentimiento al oír que ETA ha decretado un alto el fuego permanente sólo puede ser de alegría. Que la organización terrorista anuncie que deja de asesinar siempre es una buena noticia. Pero tras esta reacción espontánea se impone analizar los términos del comunicado enviado por los terroristas y tratar de averiguar si hay trampa o no tras su habitual retórica. De momento, nada nuevo en la prosa etarra, salvo el término «permanente», copiado, sin duda, del texto hecho público por el IRA cuando anunció el cese de sus actividades al Gobierno británico.

 

Los terroristas vascos no mencionan el abandono y entrega de las armas, ni su disolución. En cambio, sí se atribuye el liderazgo político de la izquierda abertzale y reitera sus sempiternas exigencias para poner fin a más de cuarenta años de violencia. El texto del comunicado señala que la banda «impulsa así el proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo le corresponden, y como consecuencia de este proceso los ciudadanos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro». Es decir sigue exigiendo el derecho de los vascos a decidir su futuro en base a los derechos históricos. En castellano: el derecho de autodeterminación. No dice nada de que vaya a dejar de extorsionar a los empresarios y, en cambio, exige el «fin de la represión».

 

ETA lleva asesinando y extorsionando más de 40 años, y en el transcurso de este tiempo ha publicitado varios «alto el fuego», casi todos coincidiendo con sus momentos de debilidad, y todos ellos los ha utilizado para rearmarse y continuar cometiendo asesinatos.

 

Sin embargo, nunca ha negado que sin unidad territorial (Navarra) y sin derecho de autodeterminación vaya a llegar el parón definitivo. Tampoco en el vídeo de ayer olvidó mencionar estos aspectos, fundamentales para ese mundo. Una frase coloquial de los etarras es «No hemos estado 40 años pegando tiros para conseguir sólo el derecho a volver. Para eso no nos hubiéramos ido». Y no creo que hayan abandonado esta forma de pensar.

 

El origen del alto el fuego puede estar en que, en este momento, la banda terrorista se encuentra acorralada por la ilegalización de su brazo político y por el procesamiento de todo su entramado: EKIN, KAS, «Egin», Egunkaria, Herriko Tabernas... Además, el anuncio del comienzo del alto el fuego para el 24 de marzo coincide con la más que posible entrada en prisión del dirigente de la izquierda abertzale Arnaldo Otegi y el procesamiento de otros muchos. También lo ha unido a la aprobación del nuevo Estatuto en el que se reconoce a Cataluña como nación.

 

Por no cambiar, no variaron ni el final de la intervención de la portavoz etarra que ayer apareció en el vídeo enviado a Euskal Telebista. Concluyó con un sonoro y tradicional «jotake independentzia eta socialismo lortu arte» (luchar hasta conseguir la independencia y el socialismo), pronunciado en euskera.

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“La postura, ridícula” por Tomás Cuesta

 

 

El anuncio del «alto el fuego» etarra coincide con la publicación -en español, no en un euskerade una cuidada antología de las «Cartas» en las que Philip Dormer Stanhope, cuarto conde de Chesterfield, enveredó la vida de su hijo con tanto tino, tan elocuente perspicacia, tanto donaire y gracia tan certera, que, aún hoy, pasados ya dos siglos, constituyen una lectura provechosa y plena de vigencia. Lord Chesterfield, apreciado por Swift y por Voltaire, hombre ilustrado y desenvuelto, no se privó, en su juventud de libertino, de desahogos y placeres. Era, pues, la voz de la experiencia quien hablaba por él cuando advertía a su retoño sobre el acto carnal y sus impredecibles consecuencias: «The pleasure is momentary. The cost is exorbitant. The position is ridiculous». El placer es momentáneo. El coste es desorbitado. La postura es ridícula. Pasando de la cama a la política -que viene a ser lo mismo la mayoría de las veces la admonición del gran señor dieciochesco le viene al pelo a este Gobierno que se relame de emoción ante la perspectiva de que una suripanta sanguinaria se haya abierto de piernas. El placer, veremos lo que dura. Pero para pagar la juerga resulta meridiano que habrá que poner a España en almoneda. Y, en cuanto a la postura, haremos el ridículo, que, sin ser lo más grave, resulta embarazoso porque quedas como un perfecto imbécil. Máxime cuando la pelandusca saca el látigo, los tacones de aguja, los correajes y los cueros y somete al cliente a los rigores sofocantes de la disciplina inglesa.

 

Lord Chesterfield, en esas cartas a su hijo, insiste en inculcarle compostura y en alejarle de los cantos de sirena. Le insta a ponerse en guardia y a reivindicar, discreta y decididamente a un tiempo, sus privilegios y derechos. Hay que ser «suaviter in modo», pero «fortiter in re», como los jesuitas nos enseñan. Suave en las formas, inflexible en la esencia. O sea, la fórmula contraria de la que se aplica a ETA. En ese comunicado bochornoso con el que una jauría de asesinos pretende hacer borrón y cuenta nueva, toda indignidad tiene su asiento. Se arroja sal en las heridas de las víctimas y cubos de chulería sobre la buena gente. Nos perdonan la vida quienes nos deben tantas vidas que nunca acabarían de saldar la cuenta. Pero, en vez de emprenderla a bastonazos, como haría cualquier «gentleman», hay que regocijarse, al parecer, y brindar por la paz entrechocando calaveras. Frente a ese «alto el fuego», la única respuesta lúcida es: «Las manos en alto y cuidadito con moverse». Lo demás es bajarse los calzones y dilapilar la herencia. Jugarse el porvenir con fulanas mondongas, tahúres sin escrúpulos y turbios gariteros echando en saco roto la sabiduría de Lord Chesterfield: el placer es momentáneo; el coste, desorbitado; la postura, ridícula. Ni recurriendo al «Kamasutra» puede salir indemne.

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Un pasado a largo plazo” por José Luis Alvite

 

 

Estamos ante una de esas ocasiones en las que el acierto consiste en elegir el mejor de los errores, de manera que hagamos ahora las cosas reconociendo que la circunstancia es memorable y que lo importante es afrontar la situación sabiendo lo que hacemos pero, sobre todo, intentando anticipar en nuestra conciencia de hoy lo que sentiremos mañana al recordarlas. A veces incluso parece aconsejable renunciar a lo razonable para hacer lo conveniente, del mismo modo que hay ocasiones en las que para alcanzar lo justo hay que prescindir de lo legal. Lo ocurrido, ocurrido está. Los muertos no van a encontrar taxi en el que volver tarde a casa siquiera para retirar a tiempo con sus propias manos del correo la mala noticia de la muerte. Tampoco Dios puede permitirse eternamente el error de seguir encapuchado en Euskadi. Ayer vi en el rostro de Iñaki Gabilondo la emoción de los grandes momentos, la luz de cuando nos encontramos la transición entre las manos e hicimos las cosas sin echar cuentas de los votos que había a ganar sino con la histórica sabiduría que nos entra como pueblo cada vez que afrontamos la confusión tratando de resolverla como nos gustaría recordar que la resolvimos. También hubo gestos para la conciencia del día de mañana en el hemiciclo del Congreso. El presidente Zapatero y Mariano Rajoy se comportaron con una altura nueva, metidos en una especie de transfiguración, como si quienes enfocaban sus leves ademanes parlamentarios no fuesen los puntuales fotógrafos de los periódicos sino los lentos pintores que necesita la mística de un momento que podría ser crucial. Ambos por sí mismos tienen sobrados argumentos para atribuirse la razón en sus tesis respectivas, pero ayer dieron la sensación de estar a punto de ponerse de acuerdo para compartir el hermoso error del severo perdón que nos saque del forense y permita que vuelvan a su sitio los distendidos brazos del enterrador mientras los verdaderos culpables de tanto espanto hacen las penitenciales maletas en la cárcel para afrontar algún día el eterno remordimiento de la libertad.

 

En el Savoy somos tipos muy escépticos que le echamos a las palomas la comida de los topos, pero ayer se nos pasó por la cabeza que el prometedor comunicado de ETA aquella señora encapuchada lo estaba leyendo con la voz sepulcral de alguna de sus víctimas. El caso es que se ve algo de luz al fondo de la oscuridad y que asistimos como testigos de excepción a uno de esos momentos en los que las cosas hay que hacerlas pensando en cómo las recordaremos y persuadidos de que el pasado es una extraña y jodida cosa que a veces sólo se puede resolver a largo plazo.

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“ETA exige lo de siempre” por María San Gil

 

 

En el Partido Popular del País Vasco lo tenemos claro: el único comunicado que aceptamos por parte de la banda terrorista ETA es el que anuncie su disolución definitiva, la entrega de todas las armas y su renuncia final a seguir ejerciendo la presión, la amenaza y el chantaje que ejercen sobre esta sociedad.

 

De momento, esto no se ha producido, ETA sigue siendo la misma, los terroristas y aquellos que los apoyan no han cambiado un ápice. De hecho, la banda terrorista mantiene su posición de siempre y nos trata de imponer un precio político por dejar de matar. Esto no es aceptable. Lo decimos a menudo; matar no tiene precio y dejar de matar, tampoco.

 

La organización terrorista ETA mantiene sus exigencias, sus objetivos de siempre y, lo peor, persiste en su intención de tutelar la vida política y democrática de nuestro país. Las condiciones son las de siempre y nosotros pensamos sinceramente que no se puede pagar un precio político, un precio que algunos parecen dispuestos a pagar.

 

¿Qué es lo primero que ha hecho el lehendakari Juan José Ibarretxe? Poner en marcha la mesa de partidos que reclaman la ilegalizada Batasuna y ETA. Ibarretxe está ya convocando a los partidos vascos para preparar una mesa de partidos en la que el guión político lo marcan los terroristas. Éste es ya el primero de los precios que quieren pagar a los violentos.

 

Vuelta al Pacto por las Libertades. Nosotros ofrecemos todo el apoyo al Gobierno central para recuperar el Pacto por las Libertades y la política que se ha mostrado eficaz en el debilitamiento de los terroristas y sus apoyos. Y esperamos que el comunicado no condicione la actuación de la Justicia ni la persecución policial de los terroristas. Hemos sufrido mucho y aguantado demasiado como para que el terrorismo venza a la razón, la dignidad y la democracia.

 

María San Gil es Presidenta del Partido Popular en el País Vasco

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

La Justicia no puede estar en tregua” por Juan Pablo González

 

 

La organización criminal ETA ha anunciado su decisión de declarar «un alto el fuego permanente» como condición para la apertura de un proceso de pacificación. La noticia, largamente esperada, ha conmocionado profundamente a una sociedad esperanzada ante la posibilidad de poner fin a la lacra del terrorismo etarra que ha causado tanto sufrimiento y dolor a nuestros conciudadanos durante los últimos 40 años. Como en 1998, cuando ETA anunció su tregua trampa, la natural esperanza de paz alimenta las expectativas de numerosos sectores sociales.

 

En ese contexto las miradas se vuelven una vez más hacia el papel que en este momento deben de-sempeñar jueces y magistrados, y se reproducen las llamadas a los jueces para que no obstaculicen ese hipotético proceso de paz. No podemos ignorar que el Poder Judicial tiene asignadas evidentes responsabilidades en lo relativo a los procesos penales actualmente abiertos contra el entramado ETA-Batasuna así como en relación a la ejecución de las sentencias dictadas por la Audiencia Nacional.

 

El Gobierno de la Nación no puede derivar su responsabilidad política hacia un sistema judicial que como condición de legitimidad está estrictamente vinculado al respeto del principio de legalidad y que no puede comprometer su posición institucional sobre la base de especulaciones o cálculos políticos o de oportunidad de incierto resultado. El Gobierno deberá, por tanto, asumir la responsabilidad que se derive de sus decisiones, y, si considera en algún momento que las leyes actualmente en vigor no son las idóneas, promover su modificación.

 

La Justicia y el Estado de derecho no pueden estar en tregua. Los Tribunales están obligados a aplicar la ley penal vigente, pues para ellos la situación legal no se ha modificado como consecuencia de la declaración de ETA. Es preciso confiar en la fortaleza de nuestras instituciones. Cada cual debe asumir su papel constitucional. La Justicia, como en la época de la Transición, será, en opinión de algunos, un obstáculo para la consecución de sus objetivos, y para otros, un baluarte en la defensa de los valores constitucionales. En todo caso, su labor se limitará a cumplir esa función constitucional, es decir, cumplir y hacer cumplir la ley persiguiendo los delitos y los crímenes en el marco establecido por el ordenamiento jurídico. Se equivocan quienes pretenden que los jueces desempeñen un papel político. Las reglas de su actuación están perfectamente delimitadas en la Constitución y en las Leyes y por eso harán lo que siempre han hecho: cumplir la ley con rigor y plena independencia.

 

Juan Pablo González es Vocal del CGPJ para el País Vasco

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“La trampa de satisfacer a ETA” por Daniel Portero

 

 

Ayer, 22 de marzo, una organización criminal llamada ETA anunció el comienzo de un mal llamado «proceso de paz» con Euskal Herria a partir del viernes, 24 de marzo, día en el que Arnaldo Otegi, dirigente de Batasuna-ETA, tiene que declarar ante el juez Grande Marlaska en la Audiencia Nacional por sus vinculaciones en la organización de todas las huelgas, jornadas de lucha y explosiones que, junto a la banda terrorista y la izquierda abertzale, se auspiciaron durante el mes de marzo.

 

Esta curiosa coincidencia se da en una situación muy difícil para toda la Justicia española, sobre todo después de las declaraciones públicas realizadas por el Fiscal General del Estado el pasado fin de semana, donde indicaba que si ETA declaraba un «alto el fuego», el Ministerio Fiscal, encabezado en su persona, tomaría una actitud diferente a la que está llevando a cabo en todos los procedimientos judiciales contra el entorno de ETA.

 

Sin embargo, la acusación popular que ejerce la asociación Dignidad y Justicia en todos estos juicios y sumarios abiertos contra el entorno abertzale va a seguir aportando todo el esfuerzo y las pruebas necesarias para demostrar que ETA no es únicamente una banda de pistoleros y artificieros asesinos, sino que precisa de una logística política, económica, internacional, mediática y de masas para que toda la organización criminal siga funcionando y viviendo de la extorsión, subvenciones y empresas que crearon en los comienzos de la democracia.

 

No podemos creer las palabras que vienen de una organización que, a lo largo de sus 47 años de existencia, no hecho otra cosa más que matar, extorsionar, amenazar y organizar actos violentos en las calles del País Vasco. No podemos creer a una banda criminal que, a lo largo de su historia, ha justificado sus asesinatos basándose en que nos encontrábamos inmersos en una dictadura franquista y que, cuando alcanzamos la democracia, ejecutó las acciones terroristas más sanguinarias de nuestro país. No podemos creer a ETA porque durante la tregua indefinida de 1998 y 1999 se dedicó a rearmarse y fortalecerse.

 

Pero tampoco podemos caer en la trampa de que con la tregua que comenzará el próximo día 24 de marzo, el Gobierno de España tendrá que dar algún paso para satisfacer los objetivos de la banda terrorista, como podría ser dejar en libertad al batasuno Otegi.

 

El principal objetivo de ETA es la autodeterminación del País Vasco, algo imposible dentro de las leyes que rigen nuestro ordenamiento jurídico y la legalidad internacional.

 

Como víctima del terrorismo me siento confundido al ver la euforia que se ha generado en el seno del Gobierno porque dicen que se ha abierto un camino para vencer al terrorismo, un falso y retorcido camino que no contempla prácticamente nada de lo que reivindicamos las víctimas del terrorismo, es decir, el fin de la violencia de ETA -asesinatos, atentados, extorsiones, amenazas-, el cumplimiento de las leyes y, por tanto, el cumplimiento íntegro de las penas y la petición de perdón a todas las víctimas del terrorismo.

 

Desde esta asociación no vamos a bajar la guardia en los tribunales de justicia ya

que, como acusación popular en los juicios de los suma-rios Batasuna, Herriko Tabernas, Egunkaria, 18/98 y Jarrai siempre pondremos todo el esfuerzo para demostrar que todas estas organizaciones han seguido los dictados de ETA y han estructurado toda una organización criminal.

 

Dignidad y Justicia no está en tregua.

 

Daniel Portero es Presidente de Asociación Dignidad y Justicia

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“Del terror (II)” por Carlos Alsina

 

                 

En la intimidad de su oficina, donde leyó la última carta de extorsión que le envió ETA, el hombre grueso conoce, por la radio, que la banda anuncia una tregua. Escucha al locutor reproducir el comunicado, deteniéndose en algunas palabras, «permanente», «alto el fuego», «voluntad del pueblo vasco». El hombre intenta prestar atención. Trata de entender, como hace el locutor, si «permanente» significa «para siempre», si el «alto el fuego» encierra, o no, la intención de abandonar las armas. Pero la mente del hombre se resiste. Viaja sola. Le lleva hasta la última carta, la que guarda en un cajón, bajo llave. «Es la última advertencia. No habrá más». El hombre grueso se pregunta cómo le afecta a él este comunicado. Si a partir de mañana, una vez que ETA baje las armas, él seguirá siendo una víctima. Se pregunta si la condición de «víctima» caduca, si la tregua es la carta de libertad, el levantamiento de la pena. El hombre había escuchado muchas veces que ETA, algún día, anunciaría una tregua. Se había imaginado a sí mismo alegrándose cuando se produjera. Telefoneando a su esposa, comentando ambos el futuro en paz que disfrutará su hija de cinco años, revelando ahora a su mujer el chantaje a que han sido sometidos. Pero el hombre se mira a sí mismo y comprueba que no siente nada. Él desearía sentir la emoción de quien ve cumplida una esperanza. Siempre pensó que ésa sería su reacción cuando llegara el «principio del fin». Pero, ahora, el hombre grueso no consigue alegrarse. Lo asume: no siente nada. La radio ofrece ahora la voz de una mujer, encapuchada -explican-, haciendo llamamientos y sugiriendo precios. Comienzan, luego, los análisis. Políticos y periodistas hacen memoria. Enfrían las euforias excesivas. Pero se felicitan por el cambio de escenario. La noticia es positiva, en eso están todos de acuerdo. Ellos también se hacen preguntas: qué viene ahora; cuál será la respuesta del Estado; si servirá esta nueva situación para reconstruir los puentes entre el Gobierno y el PP, o estarán todos tan ciegos que ni siquiera así alcancen a ponerse de acuerdo.

 

El hombre, a estas alturas, ya no piensa en él. Contempla la imagen de su niña, la foto junto al mar, en su quinto cumpleaños. Se pregunta cómo será todo cuando ella haya crecido, cuando ella sea madre y él, abuelo. Quiere creer que todo habrá acabado para entonces. Mira la foto, y se obliga a sí mismo a aferrarse a la esperanza. Él desearía alegrarse de la tregua, en lo más hondo, sí, pero no le sale. Se alegrará el día que esto termine. El día que, de nuevo, pueda abrazarla a ella sin sentir, como aún siente ahora, el miedo a perderla. También sabe que ese día, cuando ETA ya no exista y los terroristas hayan entregado las armas, no cambiará su opinión sobre ellos. Nunca sentirá gratitud, ni por un «alto el fuego», ni por una «tregua permanente», ni siquiera por un cierre definitivo del negocio. Entonces, como ahora, seguirá pensando que los terroristas son miserables. Derrotados, pero miserables. El hombre grueso se pregunta si mañana el juez Grande-Marlaska enviará a prisión a Arnaldo Otegi. Tendrá la radio encendida. Intuye que, cuando escuche la noticia, también desde lo más hondo, se alegrará.

 

 

Publicado en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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