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Para Franco 'la culpa es del PP' siempre

Por Narrador - 29 de Marzo, 2006, 0:27, Categoría: General

El periódico de Franco sólo dedica cuatro columnas al tema del ‘alto el fuego permanente’. Cuestiones como la Guerra de Irak marcan la actualidad para este grupo sectario hasta al nausea. También hay una loa al ‘Presidente Accidental’ y el habitual ataque al Partido Popular, Aznar y Rajoy. Más de lo de siempre.

 

“Media vida esperando el momento” por Josep Pernau

 

 

Algún día quizá se sabrán los detalles de la gestación del alto el fuego de ETA, que confirma que estaban justificadas todas las esperanzas que se expresaron en los últimos meses. Sospecho que la constancia de que será permanente debió motivar un debate. Pero como no se levanta acta en los cónclaves terroristas, me quedaré con las ganas de saber cómo se razonó la necesidad de la permanencia, que es más que indefinida, como era la última vez. La indefinición es, únicamente, que no se precisaba lo que duraría.

 

Permanente, supongo, para que no se confunda con la anterior, que la dirección de la banda decidió romper cuando le dio la gana. Con una palabra quiere hacerla ahora creíble. La credibilidad le importó hasta ahora muy poco a ETA. Si la busca en este momento es porque la necesita, y algo puede haber cambiado en la organización. Pero quiero creer que hay otro motivo importante para declarar que no será flor de un día. Significa que permanecerá, a pesar de los desconfiados, de los que recelen de una posible trampa, como dicen que ocurrió la última vez. Los que opinan así están en su derecho de decir lo que piensan. Los mandamases de la metralleta anuncian un tregua a prueba de los que sospechan que sea una trampa.

Pienso que quizá peco de optimista. Si es así, será el resultado de tantos años de espera. Ha pasado la mitad justa de mi vida, desde que, en un mes de agosto, de vacaciones en Praga, tuve noticia del primer asesinato de ETA. Sabíamos que llegaría el final y quizá las ganas de que sea pronto nos alimenta la esperanza -y la ilusión- de que podemos estar en el comienzo del proceso que ha de conducir al fin. Quizá las ganas nos lo hacen ver así. Si me equivoco, no estaré solo. Estoy seguro de que seremos multitud.

 

 

Publicado en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“José Luis R. Zapatero” por Ángel Sánchez

 

 

El pasado 10 de febrero, José Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid, 4-8-1960) proclamó: "Vivimos unas circunstancias que me permiten tener la convicción de que podemos estar en el principio del fin de la violencia de ETA. Será una tarea larga, difícil y dura". Muchos, sobre todo los del PP, creyeron que era un farol sin ningún fundamento. Días después, en la convención de su partido en Madrid, Aznar acusó al presidente del Gobierno de "doblar la rodilla", de "humillarse" y de "mendigar" un cese de la violencia. Ayer, ETA anunció un "alto el fuego permanente" que representa la posibilidad más seria jamás habida del principio del fin de esta pesadilla. Zapatero no hablaba por boca de ganso.

 

También en febrero, en una extensa entrevista al director del ABC, el máximo dirigente del PSOE hacía pedagogía con los lectores del diario madrileño, nada proclives a dialogar con la organización armada. "Sería un error histórico tener prisa -dijo-. Esto nos llevará años y habrá momentos difíciles". Ahora resulta decepcionante que Rajoy diga que la decisión de ETA no es la esperada. ¿Qué esperaba? Que ETA se arrepintiera. ¡Uf!

 

 

Publicado en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“El reconocimiento de la derrota” por Javier Pérez Royo

 

 

• Por primera vez, ETA tiene que admitir que el terrorismo ha dejado de ser un instrumento con el que intervenir en la política

 

Una de las cosas que no se ha subrayado nunca lo suficiente es que España tuvo que constituirse democráticamente en medio de una presión terrorista inusualmente intensa. Esto es algo que no ha ocurrido en ningún otro país europeo. Nuestra primera experiencia democrática estable, ya que la de la Segunda República fue de una duración muy breve y convulsa no ha dejado de estar acompañada en ningún momento por el terrorismo. Las ilusiones que nos pudimos hacer acerca de la posible desaparición del terrorismo una vez que, aprobada la ley de amnistía, estuviera implantada la democracia, y que, con el ejercicio del derecho a la autonomía, se constituyera un Gobierno nacionalista en el País Vasco, no duraron apenas nada. El terrorismo en España ha sido básicamente un terrorismo contra la democracia. Ni cuantitativa ni cualitativamente se puede comparar la acción terrorista contra el régimen del general Franco con la acción terrorista contra la democracia constitucional.

 

Es verdad que ha habido momentos desde la entrada en vigor de la Constitución en que pareció que se podía estar aproximando el fin del terrorismo. Quien repase las hemerotecas podrá comprobar hasta qué punto se abrieron esperanzas de poner fin al terrorismo con la firma del Pacto de Ajuria Enea a finales de los años 80. Y quien repase los barómetros del CIS se sorprenderá de qué lugar tan bajo ocupaba el terrorismo entre las preocupaciones ciudadanas en 1993, tras la caída de la cúpula de ETA en Bidart. Y todos tenemos en la memoria la última tregua declarada por ETA durante el primer Gobierno de José María Aznar y las esperanzas que se abrieron con la negociación que el presidente del Gobierno ordenó abrir con la banda terrorista. Como consecuencia de la combinación de la eficacia policial y de iniciativas políticas ha habido ocasiones en el pasado en que pareció vislumbrarse el final del terrorismo etarra.

 

Nunca se llegó a alcanzar ese objetivo. La esperanza del fin de ETA resultó ser en el pasado un espejismo. La sociedad española parecía resignada a convivir de manera indefinida con la presencia del terrorismo, aunque fuera con un terrorismo debilitado como consecuencia de la eficacia de la acción de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y de las condenas judiciales.

 

En ésas estábamos hasta que se produjo el atentado del 11-M del 2004. Desde esa fecha se ha producido un cambio en la percepción del terrorismo en todos los países europeos en general, y en España en particular, que es sobradamente conocido. No se ha llamado la atención, sin embargo, sobre algo que, en mi opinión, ha debido de tener una influencia determinante en la decisión de ETA de declarar un alto el fuego permanente conocida ayer. Se trata de lo siguiente: la dirección de ETA y de Batasuna tuvieron ocasión de comprobar el propio 11-M que prácticamente toda la sociedad española consideraba que ETA era capaz de cometer un atentado tan brutal como ése. ETA no lo cometió, pero los ciudadanos españoles pensamos inicialmente -antes de que el Gobierno mintiera de manera deliberada-, es decir, espontáneamente, que había sido ETA. En consecuencia, la dirección de ETA y Batasuna sabían que el canon por el que los juzgaríamos en el futuro no sería el anterior al del 11-M, sino el posterior a esa fecha y que, en consecuencia, cualquier atentado a partir de ese momento supondría el fin de cualquier posibilidad de diálogo.

 

No cabe duda de que ETA está muy debilitada y que tiene muchas más dificultades que en el pasado para continuar matando, pero tampoco creo que quepan muchas dudas acerca de su capacidad para poder hacerlo. La ausencia de atentados con víctimas mortales desde hace casi tres años es consecuencia de una decisión política. De una decisión que no ha sido libre, sino que le ha venido impuesta por las circunstancias. ETA y Batasuna saben que ya no pueden matar, que tienen la capacidad para poder hacerlo, pero que no pueden hacerlo. ETA y Batasuna saben que, tras el 11-M, quien cometa un atentado terrorista no se pone solamente fuera de la ley, sino que dejará de ser considerado por la sociedad española como parte de ella misma. A partir de ese momento sólo cabe la erradicación por el Estado de la organización terrorista, sin posibilidad de que se pueda explorar siquiera algún tipo de fin que no sea exclusivamente policial y penitenciario. Podría ser largo y doloroso para la sociedad española, pero el camino de la erradicación de ETA sería un camino sin retorno.

 

En esta convicción de ETA/Batasuna es donde está el origen del comunicado de alto el fuego definitivo dado ayer. ETA/Batasuna han llegado a la conclusión de que ya no pueden posponer por más tiempo el reconocimiento de su derrota, porque ya no tienen ninguna baza que jugar.

 

Esto es lo que, muy probablemente, quería decir el presidente del Gobierno al hablar del comienzo del principio del fin de ETA. Una guerra no se acaba cuando lo decide el que la gana, sino cuando el que la ha perdido acepta su derrota. Lo estamos viendo en Irak. El presidente Bush declaró que la guerra había terminado a los tres meses de haberla empezado. No fue ésa la opinión de la insurgencia iraquí y así están las cosas en Irak. Con el terrorismo de ETA ocurre algo parecido. No es el Estado español el que puede decidir cuándo se ha ganado la guerra, sino que es ETA la que tiene que reconocer su derrota, la que tiene que reconocer que el terrorismo ha dejado de ser un instrumento con el que poder intervenir en la política española. Es lo que acaba de hacer por primera vez desde que se dio a conocer como organización terrorista.

 

Es evidente que entre lo que ETA ha decidido y lo establecido en la resolución del Congreso de los Diputados para empezar a hablar hay una distancia, y una distancia no pequeña. Queda, por tanto, todavía un camino por recorrer que no va a resultar fácil para nadie. Entre otras cosas porque hay mucho dolor acumulado, mucha desconfianza por parte de la sociedad española y una realidad judicial y penitenciaria que puede resultar muy resistente a una negociación de naturaleza política.

 

Pero esta vez sí parece que nos aproximamos al fin de la pesadilla de estos últimos 40 años. Las manifestaciones de alegría ciudadana con que fue recibido en la sociedad vasca el comunicado de ayer de ETA así parecen indicarlo. Esto no ha ocurrido nunca en el pasado. Los ciudadanos vascos, sobre todo, saben que esto no es una simple tregua. Es el reconocimiento de una derrota. Es la aceptación por ETA/Batasuna de que, aunque no les guste, no tienen otra opción que abandonar las armas y hacer política. Justamente por eso es más que probable que esta vez vaya a ser que sí.

 

Javier Pérez Royo es Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla

 

 

Publicado en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

“El fuego de Prometeo” por Joan Barril

 

 

Unos señores nos anuncian un alto el fuego permanente. Otros señores dicen que eso no es nada, que lo que de verdad importa es un alto el fuego definitivo. El fuego y la ira se van acabando en España. ¿O es que no se acaban? Porque el fuego y la bomba han cambiado de autor, pero continuamos buscando mochilas abandonadas entre las multitudes. Y la ira. ¿Cuántos políticos resentidos no continúan en el estado de la ira permanente? La bomba y el tiro en la nuca acaban con las vidas de la gente. Sin embargo, la ira permanente acaba con la esperanza. Curiosos tiempos. La paz debería ser una experiencia permanente. Pero cuando un alto el fuego es noticia, la paz se convierte en algo excepcional.

 

Nos guste o no, el alto el fuego (¿permanente?) de ayer tiene muchos padres. Nos guste o no, uno de sus padres se llama Bin Laden y lo que él representa. La barbarie de Madrid fue un detonante para la conciencia de los terroristas locales y la evidencia de que si un pueblo podía resistir a este tipo de matanzas era evidente que estaban lanzando la violencia en saco roto. Otro de sus padres, y eso es duro reconocerlo pero tal vez es justo hacerlo, fue el cerco al que los gobiernos centrales sometieron a los apoyos civiles del terrorismo. Al fenómeno terrorista se le persigue y se le convence. Digan lo que digan ahora Aznar y sus herederos, también ellos practicaron la pesca al curricán. Se lanza el sedal y, cuando se ha detectado a la presa, se afloja y se tira del carrete. Al pez espada o al tiburón común se le cansa y se le demuestra quién manda, se suelta hilo y, cuando ya está confiado, se tira de él.

 

Pero hay una tercera paternidad. Y está muy cerca. Durante muchos años los movimientos más radicales de Catalunya, incluso los moderados, han tenido en Euskadi un espejo deformante. La fascinación por todo lo vasco continúa siendo una seña de identidad de una cierta catalanidad. Se trata de una fascinación en absoluto recíproca. Para determinados políticos catalanes, los vascos eran hermanos. Para los vascos, los políticos catalanes sólo eran primos lejanos. Y sin embargo, Esquerra Republicana, un partido que, cuando le conviene, oculta o enarbola la bandera del independentismo, experimentaba un crecimiento tal que le permitía llegar al poder con la cara bien alta. Cuando esto sucedió, la paupérrima política vasca del atentado sin condena empezó a cambiar. Había una posibilidad de acción política sin sangre que podía explorarse. Por primera vez, Catalunya mostró un camino a una gente que había hecho de los proyectiles Parabellum la sagrada forma de su comunión. El alto el fuego permanente está también ejemplificado.

 

Alguien dijo que ETA era como un avión con problemas que pedía pista para aterrizar. Zapatero, con mediadores desconocidos, ha allanado el terreno. Quedan cosas por hacer, víctimas por satisfacer, reinserciones, entusiasmo por las urnas. El alto el fuego vincula sólo a los dioses del fuego. Pero un Prometeo democrático les ha robado el fuego para extinguirlo de una vez por todas. Es una buena noticia. Y hay algunos que confunden la esperanza con la traición.

 

 

Publicado en el diario EL PERIODICO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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