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Para ABC si existen las víctimas de ETA

Por Narrador - 4 de Abril, 2006, 4:29, Categoría: General

 

Más recelo que satisfacción

 

 

El comunicado de ETA no aplacó la desconfianza de las víctimas, escarmentadas tras muchas decepciones. Dicen que la justicia es condición para la paz

 

MADRID. Ayer era jornada de trabajo en el Ayuntamiento de Azcoitia y, en plena reunión matinal de todos los concejales, Pilar Elías recibió una llamada. Esta vez la bomba era la propia noticia. En un primer momento no compartió lo que le habían contado escuetamente, por prudencia, hasta que fue el teléfono del alcalde, el peneuvista Asier Aranbarri, el que sonó y le hizo salir de la sala. Entonces Pilar sí comunicó a sus compañeros lo ocurrido, mientras el regidor permanecía fuera: «Le están informando de que hay tregua de ETA», dijo a los demás. Aranbarri volvió, visiblemente contento, y relató lo que había, aunque le sorprendió la respuesta de «ya lo sabemos». Ahora Pilar cree que hay que coger la noticia con pinzas: «Contenta estoy, sí, aunque no he tenido tiempo de analizar en qué términos es la tregua, ya sé que ni hablan de entrega de armas ni de arrepentimiento, y eso tiene que ser lo primero». «Yo lo que me pregunto -dice- es por qué precisamente hace un rato me he encontrado a éste (se refiere a Cándido Azpiazu, el asesino de su marido) cargando tranquilamente su furgoneta, cuando se supone que le han embargado la cristalería. Tan pancho sigue. A mí no me dan tregua».

 

A José Alcaraz piensa que hay sobradas razones para poner este «alto el fuego» en cuarentena. Para el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) los acontecimientos siguen al pie de la letra «un guión escrito ya desde hace tiempo. En ese comunicado está latente la inminente legalización de Batasuna y la autodeterminación». Recuerda que estamos en la tregua número quince de ETA, «lo que ya habla por sí solo», y comenta que «sólo empezaré a pensar que el Gobierno se cree esta «paz» cuando vea que todos los cargos socialistas en el País Vasco dejan de llevar escolta». Considera también que «mientras no entreguen las armas siguen siendo una banda de asesinos», por lo que alerta sobre esta «situación condicionada, en la que son ellos los que llevan la iniciativa». Los pasos siguientes los ve muy claros: «Seguro que el comunicado ampliado que se espera para hoy será más explícito. Los tiempos son los que son. Se están poniendo las condiciones para que Batasuna se legalice con el margen suficiente para concurrir a las elecciones autonómicas y municipales del año que viene, y, una vez que disfrute de ese oxígeno institucional, el nacionalismo armará su mayoría y ya tendrá un espejo donde mirarse: Cataluña».

 

A Consuelo Ordóñez, hermana del dirigente del PP Gregorio Ordóñez, recuerda que su peor etapa como ciudadana de a pie en San Sebastián, su ciudad, la vivió precisamente durante la tregua-trampa: «Fue cuando más me insultaron por la calle, cuando más pintadas hicieron, cuando intentaron amedrentarme con varios cócteles molotov... Cuando más chulos estaban, en resumen». Por eso dice que ha recibido el «alto el fuego permanente» con alivio pero, desde luego, «con menos alegría que la tregua anterior, porque entonces no teníamos los argumentos para no creérnosla que tenemos ahora: que al final fue un engaño».

 

Sobre los términos en los que ETA ha redactado su comunicado, lamenta «que no anuncie su disolución, que es lo que tiene que hacer, en vez de mantener sus clásicas reivindicaciones». Precisamente su asociación, la que agrupa a la mayor parte de las víctimas del País Vasco (Covite), «estaba a punto de emitir una nota para denunciar la presión que se está ejerciendo sobre la Justicia, que es nuestra gran esperanza, cuando ha irrumpido esto». Por eso considera que ahora «nos queda esperar y ver, porque si hay precio político pactado, ETA se encargará de hacérnoslo saber muy pronto».

 

A Irene Villa y su madre, María Jesús González, vivieron este anuncio de ETA después de bajar del AVE Madrid-Zaragoza, ya que Irene dio el martes una conferencia en la capital aragonesa. «El móvil -explican- lo llevábamos apagado para no molestar en el tren». Así que, comentaban ayer, «lo hemos sabido con un par de horas de retraso y aún no hemos tenido tiempo de asimilarlo». Sí ofrecieron algunas primeras impresiones: «Esto nos deja a la expectativa. Cuando entreguen todas las armas y los explosivos, y revelen quiénes son los asesinos a los que aún no se ha detenido y juzgado, seremos las mujeres más felices, no antes». Irene tiene muy claro que ha aprendido de sus errores y que, si se mostró muy optimista con la tregua de 1999, ahora alberga menos esperanzas, «después de que se demostró que era una trampa». Su motivo de mayor satisfacción, dentro del escepticismo, fue que «el presidente del Gobierno ha dicho que respetará estrictamente la Justicia y el Estado de Derecho». Eso le vale mucho más que lo que proclame ETA, «en la medida en que le compromete».

 

A Maite Pagazaurtundúa prefirió ayer guardar silencio. Como presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y con tantos interrogantes abiertos se refugió en la prudencia.

 

A Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, también opinó ayer, en declaraciones a Efe, que el anuncio de la banda terrorista es «un paso insuficiente en principio, porque también tienen que cesar la extorsión y la kale borroka». Rodríguez, una de las voces que entre las víctimas ha dado un mayor margen de confianza al Gobierno, pidió también que «no se quite la protección a los amenazados hasta que todo esté bien comprobado».

 

A Grupos cívicos. En un comunicado, el Foro de Ermua consideró que este «alto el fuego» es un engaño más, porque «en ningún momento se anuncia el abandono de las armas, ni la renuncia al terrorismo como instrumento de acción política, ni la disolución de la banda terrorista». Por su parte Teo Uriarte, gerente de la Fundación para la Libertad, considera el anuncio etarra como «un éxito de propaganda» de la banda, que se ha limitado a «dar más énfasis a una situación sin asesinatos en la que ya llevamos bastante tiempo, sin que se trate de algo que pueda ser puesto en relación con la realidad, sino simplemente un señuelo mediático para recobrar el protagonismo». Dice también que ETA va avanzando en su objetivo de «vincular el no ejercicio del asesinato con los logros soberanistas».

 

 

Una información de Blanca Torquemada publicada en el diario ABC el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

La esperanza de vivir sin sombra

 

 

Un juez, un ertzaina y dos ediles -uno del PSE y una del PP- hablan de su experiencia, sus ilusiones y sus temores tras el anuncio de la banda terrorista

 

BILBAO. Para aquellos sobre los que se cierne la amenaza permanente de ser «objetivo potencial» de ETA, el anuncio hecho público ayer supone cierto alivio -todos esperan recuperar su libertad de movimientos-, pero también despierta reservas y recelos. Ninguno olvida la tregua del 98, durante la cual la violencia de la persecución y los actos de «kale borroka» no sólo no cesaron sino que arreciaron. Aunque piensen de forma diferente, todos desean que ahora sea distinto.

 

Estanis Amutxastegi, teniente de alcalde del PSE en Andoain, volvió a casa en octubre pasado. Los violentos le obligaron a dejarla el 19 de noviembre de 2003. Un cohete pirotécnico estalló a medio metro de su hija de 23 años, que repasaba tranquilamente un trabajo de clase y acabó atendida por una crisis nerviosa. Dos largos años de obras y reparaciones más tarde, pudo regresar. Con un historial angustioso de ataques y sabotajes a sus espaldas y los asesinatos de su compañero Joseba «Pagaza» y de José Luis López de Lacalle en la retina, no es de extrañar que el edil necesite tiempo para digerir el cese de la violencia de ETA. Deseoso de poder «vivir como una persona normal», quiere estar seguro de que esta vez será la definitiva y tiene claro que la paz no puede en ningún caso ser fruto de «concesiones políticas». Pero él confía en el presidente del Gobierno y cree que el actual es el momento «apropiado» para consolidar la paz.

 

No hay paz sin libertad

 

Edmundo Rodríguez es juez de lo Mercantil en Bilbao y portavoz de Jueces para la Democracia. Su primer pensamiento es para José María Lidón -cuyo asesinato hizo tomar definitiva conciencia al colectivo judicial en Euskadi de que, más que nunca, estaba en la diana de ETA-, pero también para un puñado de veteranos «resistentes» que con su «ejemplo» y coraje, subraya, contribuyeron a frenar la «espantada» de magistrados en Euskadi, precisamente lo que ETA perseguía con su campaña de atentados contra la Judicatura. Optimista para el futuro, subraya que, en el nuevo tiempo que ahora se abre, los jueces se limitarán a cumplir con su obligación y a aplicar el ordenamiento jurídico.

 

A Marisa Arrúe le pone «de los nervios» la palabra «paz» a secas, porque para ella la paz nunca será real mientras no haya «libertad». «El día en que pueda ir tranquilamente a ciertas zonas de Algorta donde hoy por hoy no puedo ir, el día que pueda estar segura de que a mi hermana no le van a lanzar un «cóctel» y quemarle la casa, el día que sepa que estoy en igualdad de condiciones con todos los demás para hacer campaña, ese día podremos hablar de paz». Por esa y por otras razones, la veterana concejal del PP de Guecho se confiesa «escéptica» y «pesimista» ante el cese de la violencia que ETA declaró ayer. No ve «signos» de que su vida vaya a cambiar, igual que no cambió cuando la banda terrorista declaró el alto el fuego de septiembre del 98. «Menos mal que estábamos en tregua, porque si no nos fusilan», recuerda. «Todos queremos que esto se acabe, tengo unas ganas tremendas de no tener que vivir todo el día con una sombra, pero lo que no quiero es que unos matones me perdonen la vida», explica. Le preocupan, además, los posibles «efectos colaterales» de la etapa que acaba de abrirse. «Con la ilegalización de Batasuna en los ayuntamientos habíamos ganado un espacio de libertad. Sólo de pensar que pueden volver me pongo enferma».

 

Pese al recién declarado alto el fuego, Javier todavía mantiene intactas ciertas costumbres arraigadas durante años de amenaza terrorista, como, por ejemplo, no dar su nombre verdadero «hasta que no veamos en qué queda todo esto». Javier en realidad no se llama Javier, y es ertzaina en una comisaría vasca. Asegura el agente que en los últimos meses sembrados de bombas ni a él ni a sus compañeros les había abandonado la sensación de vivir una situación «complicada y peligrosa, de riesgo real». Por eso cree que ahora «no podemos relajarnos ni bajar la guardia», sino que «debemos seguir a lo nuestro, cumplir con nuestro cometido».

 

Eso sí, Javier separa su impresión como miembro de un colectivo que ha perdido a varios de sus miembros a manos de ETA de la «alegría» que siente «como ciudadano» por acercarse por fin a algo «parecido a la normalidad». «Pero hay un precedente, el de la tregua del 98, que nos deja a todos un poco fríos. Hay que ser cautos».

 

 

Una información de Olatz Barriuso Fotos publicada en el diario ABC el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

«Señor presidente, no nos traicione» por Salvador Ulayar

 

 

Señor presidente:

 

Ya lo tiene, los terroristas hicieron público ayer el comunicado. Decisión magnánima: nos perdonan la vida, por el momento. He de decirle que siento el alivio que me merece la promesa terrorista de no matarnos ahora. Pero no olvido ocasiones en las que, tras acumular fuerzas, han vuelto a matar. Es decir, siempre. Y en todos los casos han culpado de ello al Gobierno de España. A la odiosa España, nación que a usted le resulta tan relativa.

 

No hablan de entregar las armas con las que mataron a 850 españoles y dejaron miles de heridos en cuerpo y alma. Ningún arrepentimiento por la sangre derramada, por el amedrentamiento al que nos han sometido durante tantos años con el fin de doblegar nuestra voluntad ciudadana. Nada de eso. Se permiten hacer «un llamamiento a todos los agentes para que actúen con responsabilidad». Los matarifes piden responsabilidad a sus amenazados, a los partidos, a la ciudadanía, a las víctimas. Vomitivo. El tipo que acribilló a mi padre a la puerta de casa y delante de mí cuando yo tenía trece años me pide responsabilidad. Con este comunicado, con estas migajas que los asesinos han dejado caer, algunos de los suyos saltan alborozados, presidente. Odón Elorza hizo ayer un festín de las migajas y lo regó con cava. Además brindó por los «ausentes involuntarios», ahora se dice así. Víctima, qué vocablo tan feo, ¿eh? Ya sólo son «ausentes». Odón celebrando como si el Estado de Derecho ya hubiera derrotado a los terroristas, cuando la realidad es que en su partido hay interés en una paz como sea, injusta, sin vencedores ni vencidos, sin libertad. Traducido: la derrota de la ciudadanía y, por supuesto, de las víctimas. En esas está el PSE. Y el PSOE, que usted no les ha afeado la conducta precisamente. Caldera y Fernández de la Vega avalaron ese «sin vencedores ni vencidos» que Llamazares repica desde que usted le contara su secreto en Moncloa. El fino instinto de la vicepresidenta le llevó ayer a pedir prudencia. Pero Odón es así.

 

Señor presidente, si se sienta a negociar formalmente (bajo la mesa el tema es viejo y su cacareada transparencia ya quebró), como ciudadano y víctima del terrorismo le exijo que no insista en el error. Error que abunda el del Congreso de los Diputados de mayo de 2005. Allí abrió expectativas para una banda que se encontraba asfixiada, en estado terminal en lo operativo y en lo político. Hoy están crecidos y con una capacidad de marcar la agenda política que resulta humillante para la ciudadanía. ¿Nos explicará algún día por qué ha permitido y alentado que esto suceda? No puede haber contrapartidas por matar ni por dejar de matar, no nos traicione. Aplique ese Estado de Derecho que venía triunfando y que los asesinos se han empeñado en tumbar a base de la sangre de sus ciudadanos.

 

Salvador Ulayar fue testigo del asesinato de su padre en Echarri-Aranaz en 1979

 

 

Carta Abierta dirigida por Salvador Ulayar al Presidente del Gobierno y publicada en el diario ABC el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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