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Un poco de historia para LA RAZON

Por Narrador - 5 de Abril, 2006, 3:18, Categoría: General

 

Los precedentes: siete contactos, seis fracasos

 

 

Sólo el diálogo con ETA-Pm en 1980 llegó a buen puerto, aunque no hubo entrega de armas

 

Madrid - En los últimos años, todos los gobiernos, independientemente de su tendencia, han tratado de acabar con ETA negociando. Los primeros intentos se remontan a 1976, con el Ejecutivo de la UCD, cuando un comandante de los servicios de información se reunió en Ginebra con responsables de ETA militar y ETA político-militar y les propuso una tregua a cambio de discutir la liberación de presos y el retorno de exiliados. La banda continuó con su actividad y en 1978 supeditó cualquier negociación a la «Alternativa KAS», que incluía el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Ese año, Interior hizo llegar a ETA una propuesta, que no prosperó, para reunirse en Ginebra, y las conversaciones se rompieron tras el asesinato de José María Portell, que hizo de mediador.

 

Renuncia de ETA-pm. A finales del verano de 1980, el entonces ministro del Interior, Juan José Rosón, y el secretario general de EE, Mario Onaindía, iniciaron contactos para abrir vías de integración social para los miembros de ETA decididos al abandono de las armas. Al hilo de ello, ETA-pm, cinco días después del 23-F, anunció un alto el fuego sin condiciones y el 28 de mayo anunciaba la paralización de su actividad armada. Pero el 22 de febrero de 1982 un sector de ETA-pm, autodenominado VIII Asamblea, se escindió y rompió la tregua, mientras el 30 de septiembre ETA-pm VII Asamblea se disolvía.

 

Pasaron de nuevo dos años hasta que los contactos se retomaron. Fue a través de un grupo de jesuitas, encabezados por José María Martín Patiño, que se ofreció como mediador. Su gestión fue autorizada y se llevó a cabo en colaboración con el embajador francés en España, Pierre Guidoni, sin resultados.

 

Tampoco prosperó el diálogo abierto en noviembre de 1986, cuando el abogado Jorge Argote se entrevistó en Argelia con Domingo Iturbe Abasolo, «Txomin», interlocutor también de la banda en las conversaciones del 11 y el 12 de enero del año siguiente junto con la abogada Christianne Fando. A ellas, por parte del Gobierno, asistieron el secretario de Estado Julián Sancristóbal y los comisarios Manuel Ballesteros y Pedro Martínez. El diálogo se truncó por la muerte de «Txomin», pero se retomó con Eugenio Etxebeste, «Antxon», antes de una nueva ruptura por el atentado de diciembre de 1987 contra la casa cuartel de Zaragoza.

 

El 29 de enero de 1988 ETA hizo público un comunicado en el que se mostraba dispuesta a una «tregua parcial» a cambio de conversaciones en las que el Gobierno argelino sería mediador. El entonces delegado del Gobierno en el País Vasco, Julen Elgorriaga, viajó a Argel y se reunió con «Antxon» sin éxito cuatro días antes de que ETA secuestrara a Emiliano Revilla.

 

Los contactos se retomaron en octubre, cuando comenzaron a gestarse las «conversaciones de Argel». En la ciudad africana se reunieron Rafael Vera y Juan Manuel Eguiagaray con «Antxon», Ignacio Aracama y Belén González. Las conversaciones llevaron a que ETA, en un comunicado del 28 de marzo, asegurara que había acuerdo sobre ocho puntos, entre ellos, la creación de una mesa negociadora entre PSOE y HB, que provocó el rechazo de los partidos y la posterior garantía del Gobierno de que ese punto no había sido aceptado. ETA instó al Ejecutivo a rectificar y, al no conseguirlo, el 4 de abril declaró abiertos «todos los frentes», perpetrando un atentado cuatro días después.

 

Tras este fracaso, los nuevos responsables de Interior bloquearon cualquier intento de diálogo. Antoni Asunción dio por cerradas todas las vías que mantuvo abiertas Vera, y su sucesor, Juan Alberto Belloch, se negó a cualquier negociación mientras ETA no abandonara las armas. Sin embargo, en el verano de 1995, el premio Nobel de la Paz Alfredo Pérez Esquivel trasladó al Gobierno una carta de la banda, pero los contactos concluyeron con la victoria del PP en las generales de 1996.

 

Las últimas conversaciones fueron consecuencia de la «tregua unilateral e indefinida» del 16 de septiembre de 1998. Aunque el Ejecutivo la acogió con escepticismo, José María Aznar autorizó el 3 de noviembre una «toma de temperatura» para comprobar la voluntad de ETA. La reunión tuvo lugar en Suiza, el 20 de mayo de 1999, y en la misma, aunque no se produjo un acercamiento, se acordó continuar con los canales abiertos. Sin embargo, el 28 de noviembre los terroristas dieron por roto el alto el fuego.

 

 

Una información de R. L. V. publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

1994: el «alto el fuego permanente» del IRA

 

 

Madrid- Entre la ingente avalancha de reacciones y comentarios que provocó ayer el anuncio de ETA, fue precisamente Josep Lluis Carod Rovira quien se encargó de llamar la atención sobre la similitud del comunicado etarra con el que emitió el IRA en 1994. Entonces, como ahora, los terroristas decretaron un «alto el fuego permanente» que puso la base para el proceso de paz en Irlanda del Norte que concluyó con la entrega de las armas.

 

¿Mismas palabras, mismo resultado? Eso parece opinar el líder de ERC, y aunque todavía es demasiado pronto para decirlo, lo cierto es que no parece que ETA haya escogido esta expresión al azar. El entorno abertzale siempre se ha mirado en el espejo del terrorismo norirlandés, y tiene muy presente lo que ocurrió hace ya más de una década.

 

Desde 1990 a 1993, el IRA suspendió sus «actividades militares ofensivas» durante 72 horas coincidiendo con las fiestas navideñas. Este último año comenzaron los contactos secretos entre el grupo terrorista y el Gobierno británico, pero al final las bombas siempre volvían a imponer su siniestra ley. En abril de 1994 hubo una nueva tregua bilateral de tres días que, sin cambiar nada sustancial respecto a sus predecesoras, empezó a crear la expectativa de que «algo» estaba a punto de pasar, una situación muy parecida a la que se ha vivido en nuestro país en las últimas semanas. El 31 de agosto ese «algo» cristalizó en el anuncio del «alto el fuego permanente» por parte del IRA. Sobre ese matiz de permanencia pivotó gran parte de las reacciones de los responsables del Gobierno británico e irlandés. El por entonces primer ministro John Mayor exigió inmediatamente aclaraciones sobre la duración de la tregua, mientras que su homólogo de Irlanda, Albert Reynolds, lanzo precipitadamente las campanas al vuelo y no tuvo reparos en declarar que los días de violencia del Ejército Republicano Irlandés habían terminado. Salvando las lógicas distancias, estas posiciones no difieren demasiado de las expresadas ayer por algunos líderes políticos. ¿Y qué dijo HB, precursora de la actual Batasuna? Al portavoz de su Mesa Nacional de aquel entonces, el ya fallecido Jon Idígoras, le faltó tiempo para emitir un comunicado en el que los abertzales acogían «con esperanza y optimismo» el proceso de paz en el Ulster, además de elogiar la «lógica del Gobierno de Major» -que contraponía a la posición «cerrada y hostil» del Gobierno español»- y la «valentía» del IRA al dar ese paso. El tiempo demostró que el proceso para conseguir el abandono de las armas estuvo lleno de inconvenientes y fue duro, largo y muy difícil. Exactamente el mismo diagnóstico que hace Zapatero.

 

 

Una información de R. N. publicada en el diario LA RAZON el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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