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La reacción nacional (léase institucuional)

Por Narrador - 6 de Abril, 2006, 4:21, Categoría: General

 

Zapatero, satisfecho, busca el apoyo unánime del Congreso

 

 

El presidente concede importancia a que no se hable de tregua sino de «alto el fuego permanente», tal y como hizo el IRA. El martes se reúne con Rajoy        

 

MADRID.- José Luis Rodríguez Zapatero buscará en las próximas semanas el apoyo unánime del Pleno del Congreso de los Diputados para iniciar el proceso de paz, tras el anuncio de «alto el fuego permanente» de ETA.

 

Lo hará, entre otras cosas, porque asegura que se trata de un proceso que durará varias legislaturas y, por tanto, debe contar con el respaldo de todos los partidos y, especialmente, con el PP, el único que junto al PSOE está teóricamente en condiciones de gobernar.

 

El presidente del Gobierno hizo ayer ya una primera ronda de contactos, incluyendo al propio Mariano Rajoy. La próxima semana se reunirá con ellos, empezando el martes por el líder del PP, y a todos les propondrá dar cumplimiento a la moción aprobada en mayo de 2005 en el Congreso, según la cual la Cámara Baja debía autorizar cualquier proceso de diálogo, siempre sobre la base de que no se pague precio político.

 

Zapatero intentará un acuerdo de mínimos, que sea asumible para el PP y que no sirva para dividir aún más al Parlamento. Si hay dudas, lo dejaría para una moción de las que cierran el debate sobre el Estado de la Nación a principios de mayo, en lugar de forzar un Pleno específico.

 

El presidente del Gobierno dio orden ayer a los suyos para que calmaran la euforia. El mismo suele evitar sin inmutarse que su optimismo desbordante se visualice en inquietud y suele alardear de su capacidad para controlar los tiempos.

 

Públicamente dijo que recorrerá el camino «con calma, con prudencia, cubriendo cada etapa y cada paso, con el máximo concurso de fuerzas políticas y, por supuesto, siempre en el ámbito de lo que es la democracia y la legalidad, que son, en definitiva, las que tienen que dar el empuje definitivo al fin de la violencia».

 

Por eso, fue cauteloso para no asegurar en su comparecencia pública que el comunicado de ETA cumple ya las exigencias de la moción del Congreso. Aseguró que lo estudiará sin prisa, entre otras cosas porque hasta el viernes no se inicia el alto el fuego y para contrastarlo con la información de las Fuerzas de Seguridad y los servicios secretos.

 

«Me tomaré mi tiempo para contrastar lo que fue la resolución del Congreso sobre un final dialogado con la banda terrorista. Me tomaré mi tiempo», dijo en su comparencia en el Congreso.

 

Sin embargo, Zapatero sí cree que se cumplen las exigencias de la moción, que hablaba de «clara voluntad de poner fin a la violencia».Por distintas vías, el presidente del Gobierno ya ha constatado en las últimas semanas que existía esa voluntad, a falta de que se hiciera en un comunicado público.

 

El presidente del Gobierno utiliza últimamente en privado la expresión vértigo para explicar la resistencia de los dirigentes de la izquierda abertzale a dar el paso de sustituir la violencia por política. La palabra vértigo la utilizó un ex lehendakari en una conversación reciente con Zapatero, y éste la ha hecho suya.

 

Zapatero esperaba en los últimos días el comunicado de ETA y ayer lo conoció, a través del CNI, poco antes de hacerse público, cuando estaba reunido en La Moncloa con Miguel Angel Fernández Ordóñez, ex secretario de Estado de Hacienda y nuevo consejero del Banco de España.

 

El presidente concede especial importancia al hecho de que ETA no utilice la palabra tregua, sino la expresión «alto el fuego permanente».

 

Considera que supone un salto sustancial, ya que es la misma expresión que usó el IRA irlandés cuando se inició el proceso de paz en aquel país. Siguiendo el paralelismo con Irlanda, el presidente del Gobierno augura un proceso «largo y difícil», porque apenas se ha visto nada más que la voluntad de ETA de seguir ese camino, pero quedando siempre muy claro que falta el comunicado de disolución o de entrega de las armas que se producirá al final del proceso, previsiblemente en la próxima legislatura. Zapatero puso en marcha ayer la hoja de ruta que había preparado con muy pocos colaboradores en los últimos meses.Habló con la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega; con los ministros José Antonio Alonso, Juan Fernando López Aguilar y José Bono; con su jefe de Gabinete, José Enrique Serrano, y con los responsables de la Secretaría de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda y Julián Lacalle; con los dirigentes socialistas Alfredo Pérez Rubalcaba -de nuevo clave- y José Blanco; con líderes del PSE y con las pocas personas con las que discretamente ha despachado estos meses.

 

Lo primero será forjar el consenso para que actúe el Congreso y le respalde en el inicio del proceso de paz. Por eso habló con el lehendakari y con otros dirigentes políticos y de todos obtuvo apoyo expreso, salvo del PP. Respecto a Rajoy, el presidente percibió un cierto cambio en la sesión del Congreso, a falta de que el «trasatlántico termine de virar». Por eso, Zapatero está convencido de que el líder del PP terminará por apoyar sus gestiones o, en el peor de los casos, no será beligerante.

 

Ya en las últimas semanas, Zapatero asegura que había visto un ligero matiz porque Rajoy excluyó el terrorismo de su discurso de cierre de la Convención y porque el PP llevaba tres semanas sin preguntar sobre ETA en la sesión de control.

 

Zapatero resumió esta esperanza en su breve comparecencia de ayer en el Congreso al expresar su «máxima confianza en el señor Rajoy y en el PP para esa tarea común que tenemos por delante».

 

En todo caso, el proceso previsto se iniciará cuando el Congreso dé su apoyo, entre mayo y abril. En este momento existe ya un cauce establecido para ese futuro proceso. Es decir, que ETA y su entorno saben dónde tienen que llamar para contactar con el Gobierno y viceversa.

 

Dos mesas aceptadas

 

Tanto el presidente como la izquierda abertzale y ETA aceptan que las reglas del juego serán las de un diálogo con la organización terrorista sólo sobre presos y prófugos, y otra estrictamente política que tomaría la forma de reforma estatutaria.

 

Esa reforma tendría la garantía del final exitoso del proceso de Cataluña, con las muchas diferencias políticas que tiene con el País Vasco. De hecho, éste es el único paralelismo que el presidente del Gobierno admite con Cataluña: el ejemplo de que era capaz de llevar a cabo una reforma estatutaria.

 

No concede importancia al párrafo del comunicado según el cual «al final de ese proceso los ciudadanos vascos deben tener la palabra y la decisión sobre su futuro», porque, más allá de la retórica habitual de la banda, es obvio que el final de una reforma estatutaria es un referéndum como el que ocurrió en Cataluña y, en su caso, en el País Vasco.

 

Zapatero no sólo no tiene ningún inconveniente en que, en ausencia de violencia, Arnaldo Otegi y Rafael Díez Usabiaga puedan ser interlocutores, sino que concede mucha importancia al papel que puedan jugar los «políticos de la izquierda abertzale».

 

El presidente tiene garantías del margen de maniobra que pueden tener esos dirigentes frente a ETA. Y los cauces están tan establecidos y admitidos como que la actuación judicial contra ellos no paraliza el proceso, aunque pueda dificultarlo.

 

LA 'HOJA DE RUTA' DEL PRESIDENTE

 

Considera que es un proceso «para dos legislaturas». Por eso, su primera iniciativa será lograr el apoyo de todos los partidos, sobre todo del PP, y pedir el respaldo al Pleno del Congreso. Luego, aceptará una mesa de partidos legales y otra de diálogo con ETA sólo sobre presos y prófugos.

 

 

Una información de Fernando Garea publicada en el diario EL MUNDO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

'Alto el fuego' en el Hemiciclo

 

 

Zapatero le dice a Rajoy que el PP «es esencial» en el proceso, y el líder de la oposición modula su discurso y ofrece colaboración, pero con condiciones      

        

MADRID.- Silencio en La Maestranza. Un silencio que no se había dado en dos años en el Hemiciclo del Congreso. Un silencio respetuoso, tenso, de perspectiva histórica, que apabulló a todos los presentes.

 

Fue en la sesión de control al Gobierno en la Cámara Baja, que ayer se saltó todos los reglamentos porque el presidente, Manuel Marín, entendió, correctamente, que la situación lo merecía.

 

El coordinador de IU, Gaspar Llamazares, interpeló sobre el «alto el fuego permanente» decretado por ETA, y no iba a preguntar por eso. El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, también, aunque mantuvo tímidamente su pregunta. Y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, hizo una declaración fijando posiciones ante la nueva situación, sin utilizar el turno de réplica -ya se lo había anunciado a Marín- y modulando posiciones.

 

El alto el fuego político, al menos provisional, también entró en vigor ayer en el Congreso.

 

Rodríguez Zapatero llegó a la Cámara Baja con una tonelada de responsabilidad en su rostro. Así salió del coche oficial. Así estuvo en su intervención parlamentaria. Y así se reflejó en la conferencia de prensa.

 

Llamazares, primero, le dio su apoyo en el proceso, lo que también quisieron hacer PNV, EA y otros partidos del Grupo Mixto, pero que no les fue posible al no tener cupo en la sesión de control.

 

«Hoy se abre la puerta y el camino para la paz, una puerta y un camino que serán largos y difíciles, pero que ya están aquí», dijo el líder de Izquierda Unida.

 

Zapatero le brindó su primera reflexión: «La posición del Gobierno es de cautela y prudencia. Todo proceso de paz será largo y difícil, difícil y largo. Por tanto, creo que a ese proceso estamos todos convocados y todos obligados. Confío en que ahora nos una la esperanza, y nos una a todos la verdad. Esa va ser la posición y la manera de trabajar del Gobierno».

 

Duran Lleida hizo lo mismo que Llamazares. Dio su pleno respaldo al Ejecutivo. «Quiero expresar el apoyo al Gobierno y pedirle la prudencia necesaria. Ustedes tienen el derecho y el deber de intentarlo, incluso el derecho y deber de fracasar, si ese fuera el caso, pero en cualquiera de los supuestos, tendrá el apoyo de este Grupo Parlamentario».

 

Zapatero le brindó su agradecimiento: «Gracias por sus palabras, que responden a una trayectoria de su grupo, que en la lucha contra la violencia siempre ha mantenido una actitud de responsabilidad, de ayuda y de cooperación a todos los gobiernos de la Nación».

 

Pero todo el Hemiciclo esperaba oír a Rajoy. El líder del PP, serenamente, se levantó y, tras recordar que la misiva de ETA no era el comunicado «que nos hubiera gustado», fijó de forma clara sus condiciones para la colaboración con el Gobierno en el proceso que, irremediablemente, se abrirá.

 

«Primero», dijo, «no se puede negociar políticamente, ni pagar ningún precio político a una organización terrorista, porque en ese caso el terrorismo se convertiría en un instrumento para hacer política y los terroristas habrían ganado la batalla».

 

«En segundo lugar», continuó, «quiero decir que el Estado de Derecho, entendiendo por tal las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el Poder Judicial, deben seguir funcionando aplicando la ley».

 

Y terminó con una frase clara y contundente, que fue la que más se valoró en el Gobierno: «Con estas condiciones, brindo mi apoyo y el de mi grupo al Gobierno para no pagar precio político, para apoyar a las víctimas y para que el Estado de Derecho siga funcionando; y mi más estrecha colaboración dentro de los principios que marca el Pacto contra el Terrorismo».

 

El silencio seguía siendo total. Zapatero se levantó. Nada más empezar a hablar, hubo algunos murmullos en las filas populares, y el propio Jesús Posada, ex ministro del PP, pidió silencio a los suyos.

 

«Todos sabemos que nos han separado muchas cosas en los últimos tiempos», dijo Zapatero mirando a Rajoy, «pero tengo el convencimiento y la confianza en que ustedes desean, igual que todos los españoles, el fin de la violencia; que lo desean hacer a través de la democracia, de la legalidad y de la sensatez».

 

Pero Zapatero fue más allá y pidió expresamente el apoyo del PP, que considera vital.

 

«Señor Rajoy, mi actitud con usted y con su grupo va a ser de máxima información, de máxima colaboración para que podamos ver ese horizonte de esperanza que nos una. Quienes representan a un número tan importante de ciudadanos son esenciales para que este proceso concluya como todos deseamos».

 

Incluso, Zapatero acabó elogiando a los populares. «Tengo confianza en ustedes, que han luchado mucho por el fin del terrorismo, que han sabido mantener los principios de libertad y principios de democracia y de Constitución. Como todos representamos esos valores, como tenemos el mismo afán...».

 

Marín cortó la frase final del presidente. No pasó nada, ya estaba todo dicho. Volvió el silencio.

 

 

Una información de Manuel Sanchez publicada en el diario EL MUNDO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

El PP desconfía del Gobierno ante una tregua como la del 98       

 

 

Rajoy pone tres condiciones a su «apoyo» a Zapatero: no pagar precio político, aplicar la Ley y respaldar a las víctimas          

        

MADRID.- Hacia fuera, prudencia. De puertas adentro, una convicción, la de que no hay otra diferencia entre la «tregua» del 98 y el «alto el fuego» de 2006 que la incertidumbre, en este caso, sobre la actitud que vaya a adoptar el actual presidente, José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Los populares, que dejaron ayer a Mariano Rajoy todo el protagonismo para fijar su posición frente al comunicado de ETA, están persuadidos de que la banda ha dicho, con eufemismos, lo mismo de siempre. Donde hasta hace pocas fechas decía «autodeterminación», ahora escribe «decisión de los vascos»; donde antes hablaba de «territorialidad», ahora exige el «reconocimiento de España y Francia» de la referida voluntad de los vascos.

 

El propio título de la declaración de los terroristas -«alto el fuego permanente»- representa para las fuentes consultadas en el PP un mero esfuerzo -quién sabe si pactado- por marcar la diferencia con la «tregua indefinida» -ya sólo recordada, en expresión de Mayor Oreja-, como «tregua trampa». Si acaso, no faltaba ayer quien temía que el nuevo «alto el fuego» excluya de modo más explícito que la propia «tregua» la extorsión económica de ETA a través del llamado impuesto revolucionario.

 

No es de extrañar, tras esta primera lectura política que, en su primera declaración de carácter institucional -que luego casi calcó en el Congreso de los Diputados-, Rajoy calificara de «pausa» y «no renuncia» el anunciado cese de las actividades de ETA.El presidente del PP puso el acento en la repetición del gesto etarra al declarar que «es la cuarta vez que se nos anuncia un alto el fuego, tras dos años de tregua en Cataluña y otra declarada el año pasado a los cargos electos». Además, puso negro sobre blanco que el pretendido «proceso de paz» al que ETA llama a los vascos a implicarse, no es, a sus ojos y los de su partido, más que un «proceso de autodeterminación» con «las condiciones de siempre».

 

Sea como fuere, no fueron los eufemismos utilizados por ETA en su declaración lo que ayer preocupó a los populares, sino el «calendario» que, aún a la espera de lo que hoy concrete la banda en su segundo comunicado, advirtieron en el primero. Así, la inicial invocación de ETA a un «nuevo marco» fue traducido inmediatamente en el PP como un próximo y «nuevo Estatuto» distinto del de Gernika y más parecido al plan Ibarretxe; su referencia a la «posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas» se aplicó, literalmente, a la legalización de Batasuna y su vuelta a los municipios en 2007. En cuanto al emplazamiento a «dejar de lado la represión», los populares advirtieron un guiño explícito, no sólo a la inacción de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado sino también de la Fiscalía y de la política penitenciaria, incluido el acercamiento de presos etarras al País Vasco.

 

Y es que lo que alertaba ayer a los populares de este comunicado no es tanto el rosario de exigencias que de él se desprende, sino la relación de sus muy concretas expectativas para un futuro mediato. Más allá de la declaración institucional, el PP se movía en la sospecha -o en la certeza, para ser más exactos-, de que buena parte de lo pretendido por ETA en su comunicado ya se ha hablado en los contactos reconocidos entre abertzales y socialistas.

 

Para el PP, la mesa de partidos con una Batasuna rehabilitada y sentada entre ellos y un segundo plan Ibarretxe con pretensiones soberanistas se entrevén sin dificultad en el horizonte dibujado por ETA, cuya declaración, a pesar de la prudencia, fue saludada sin objeciones concretas por parte del Gobierno. Además, en la cúpula del PP a nadie escapó la «manifiesta correlación cronológica» que -como mínimo- se dio ayer entre el comunicado etarra y el reconocimiento que hizo el Congreso de la nación catalana, la víspera misma, durante la votación del Preámbulo del Estatuto de Cataluña. «Han optimizado lo de ayer», decía un dirigente del PP.

 

La expresa vinculación que los populares hacen entre el llamado «proceso de paz» y la aceptación de las «naciones» vasca y catalana ha dejado de ser una tesis minoritaria, abanderada por el eurodiputado Jaime Mayor Oreja, para ser pacíficamente admitida por los dos sectores -el duro y el moderado- que ahora pugnan en el seno del partido.

 

Pero éstos coinciden en el diagnóstico, no aún en la estrategia. Rajoy se limitó ayer a colocar en Zapatero la responsabilidad de la respuesta al alto el fuego de ETA y a ofrecerle su «apoyo» y «colaboración» en el marco del Pacto Antiterrorista y con tres condiciones: no pagar un precio político a los terroristas «porque entonces habrían ganado»; que el «Estado de Derecho siga cumpliendo con sus obligaciones»; y que se respalde a las víctimas.

 

Así, y a la espera de su entrevista con Zapatero, confirmada para el próximo martes, Rajoy optó ayer por mantener el perfil menos combativo -a pesar de lo ya dicho- hacia el presidente del Gobierno. La desconfianza hacia la promesa que hizo ayer el jefe del Ejecutivo de que dará la «máxima» información al líder del PP era manifiesta en el partido. Pero la decisión de Rajoy y de su círculo más estrecho fue esperar y escucharle. Si la entrevista fracasa y se confirman las expectativas sobre «la falta de fiabilidad de Zapatero», algunos no descartan que el propio Rajoy dé el paso, en el pleno del día 30 sobre el Estatuto de Cataluña, de reprochar al presidente el reconocimiento de la «nación» como una suerte de pago político anticipado en el anunciado proceso de «paz».

 

INTERPRETACION DEL 'ALTO EL FUEGO'

 

«Supone reafirmar su voluntad de seguir existiendo, no se arrepiente de nada y no pide perdón a las víctimas. Su objetivo es el derecho de autodeterminación e impone las condiciones de siempre. En estas circunstancias no se puede pagar ningún precio político porque habrían ganado».

 

 

Una información de Carmen Remirez de Ganuza publicada en el diario EL MUNDO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Unidad de todos y apoyo al Ejecutivo

        

 

MADRID.- Gaspar Llamazares aplaudió ayer el anuncio de ETA y pidió, por encima de todo, «la unidad» de los partidos frente al terrorismo y una actitud «responsable» del Gobierno.

 

En nombre del grupo de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds (IU-ICV) en el Congreso de los Diputados, afirmó que este anuncio «no colma las aspiraciones» de su grupo, porque deseaban una declaración de cese definitivo de la violencia sin condiciones. No obstante, añadió: «Hoy se abre una oportunidad para la paz y una puerta para el punto final».

 

Indicó que este anuncio demuestra que lo que dijo el presidente del Gobierno hace unas semanas sobre «el inicio del fin de la violencia» era solvente y, además, que la estrategia que aprobó el Congreso -debatir sobre un proceso de paz si ETA deja las armas- «ha sido la correcta». Pidió el apoyo de todas las fuerzas al Ejecutivo socialista.

 

El proceso de paz que ahora se vislumbra exigirá, según Llamazares, medidas para facilitar la distensión y la convivencia en el País Vasco. «Si el alto el fuego se convierte en un desarme, habrá que desarmar también la legislación», añadió, en referencia a una derogación de la Ley de Partidos. Todo ello, dijo, sin olvidar nunca a las víctimas.

 

 

Una información de Agustin Yanel publicada en el diario EL MUNDO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Acercar los presos al País Vasco

 

 

MADRID.- Francisco Rodríguez, diputado del Bloque Nacionalista Galego (BNG), calificó de «una buenísima noticia» el anuncio de ETA. «Esperemos que sea recibida de forma positiva por el Gobierno y todos los partidos», dijo.

 

Este diputado nacionalista gallego indicó que el Gobierno socialista va a contar con su partido «para lograr la desaparición de ETA por vías democráticas».

 

«Se abre una etapa muy esperanzadora, y el BNG va a contribuir con todas sus fuerzas a que sea para el final de las manifestaciones terroristas en todo el Estado español», añadió.

 

Hizo un llamamiento para que, ante esta oportunidad, «acabe la utilización del terrorismo con fines partidistas», en referencia al PP, aunque sin citarlo.

 

Por su parte, la diputada de Nafarroa Bai (NB), Uxue Barkos, opinó que tras este anuncio de ETA, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero debe acercar los presos de la organización terrorista a las cárceles del País Vasco.

 

Esta diputada hizo un llamamiento a todas las partes implicadas en el proceso de paz, para que actúen de manera «seria y responsable» ante lo que calificó como «una de las mejores noticias» para empezar a trabajar por la consecución de la paz en el País Vasco.

 

 

Una información de Agustin Yanel publicada en el diario EL MUNDO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Aznar reprocha al Gobierno la «visión derrotista» del «trato» con ETA 

 

 

MADRID.- El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, reprochó ayer al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, a los pocos minutos de conocerse el alto el fuego de ETA, que «regresa a aquella visión tan derrotista del trato con los terroristas».

 

Aznar, que intervino junto a Manuel Fraga y Mariano Rajoy en la presentación del libro de Manuel Penella sobre Los orígenes y la evolución del Partido Popular -editado por Caja Duero-, renunció de manera expresa a hacer cualquier otra declaración, a preguntas de los periodistas, acerca del comunicado de ETA.

 

Lo que sí hizo durante su alocución fue contrastar el derrotismo del Gobierno con la convicción del PP de «la posibilidad cierta y demostrada de que nuestra democracia le gane definitivamente la partida a quienes desde hace 40 años quieren acabar con ella».

 

Manuel Fraga, por su parte, se limitó a advertir frente a la posibilidad de que persista la extorsión económica de ETA a pesar de la declaración del alto el fuego.

 

 

Una información de Carmen Remirez de Ganuza publicada en el diario EL MUNDO el jueves 23 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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