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Rajoy 'juega' en campo ajeno

Por Sin Pancartas - 11 de Abril, 2006, 3:01, Categoría: General

El presidente del PP, Mariano Rajoy, manifiesta que "La obligación del Gobierno es la derrota de ETA. Ése debe ser el objetivo del Gobierno. No caigamos ahora en síndromes de Estocolmo" y recuerda que nos encontramos ante la cuarta tregua de ETA y "las experiencias anteriores no fueron buenas".

 

"Los socialistas están horrorizados con el Estatut"

 

 

Madrid - Después de casi siete meses de incomunicación, Mariano Rajoy (Santiago de Compostela, 1955) se entrevistará el martes con el presidente del Gobierno. El motivo, el anuncio de ETA de un alto el fuego permanente. En una entrevista el viernes para La Vanguardia, el presidente del PP analiza la nueva situación política y otros acontecimientos recientes, como la aprobación por el Congreso del Estatut, que ha profundizado la falta de entendimiento con José Luis Rodríguez Zapatero.

 

– Nos encontramos ante una encrucijada histórica que sin duda va a requerir inteligencia política por parte de todos.

 

– Sí, es verdad. En este momento lo más importante es tener mucha prudencia. Estamos ante la cuarta tregua de ETA y las experiencias anteriores no fueron buenas. Aunque sólo sea por eso, hay que tener mucha cautela y actuar con mucha inteligencia.

 

– Usted ha sido el dirigente político más escéptico sobre el anuncio de ETA. Es poco creíble que no esté más esperanzado que hace una semana.

 

– ETA tenía declaradas dos treguas parciales, una que afectaba a Catalunya y otra, a cargos electos. Lo único que debemos hacer, y que debe hacer el Gobierno, es constatar que ETA quiere dejar definitivamente las armas. Si esto se produce, el problema estará resuelto, pero yo tengo la obligación de decir la verdad, y la experiencia me aconseja ser muy cauto.

 

– Pero el PP lo hace con un discurso sin sitio para la esperanza.

 

– ETA sabe que no tiene ninguna posibilidad de ganar. ETA sabe que no puede imponer sus ideas por las armas, porque estamos en una Europa democrática y en el año 2006. En este sentido, creo que a ETA se la ha vencido ya, aunque pueda seguir matando, extorsionando y chantajeando. Y quien ha vencido a ETA es la sociedad española y, dentro de ella, aquellos que han aguantado el tipo con mayor entereza: primero las víctimas, luego muchos cargos electos y muchas personas en el País Vasco, que son los que peor lo han pasado y han visto condicionada su vida. También jueces que han sido muy eficaces y enormemente útiles, y luego quienes apoyaron todas las medidas que tenían por objeto derrotar a ETA. El problema más importante que tenemos ahora es que ETA puede tener la tentación de intentar conseguir, dejando de matar, lo que no ha conseguido matando.

 

– Ya, pero ¿por qué un discurso tan pesimista?

 

– No se puede caer en un síndrome de Estocolmo. Lo que me gustaría decir a los españoles es que a ETA no se le debe nada. Igual que a una persona que circula por un carril indebidamente no se le premia porque pase a circular por el carril adecuado, con ETA ocurre exactamente lo mismo.

 

– En eso no está usted muy lejos de lo que dice el presidente del Gobierno cuando señala que no se va a pagar precio político.

 

– El martes tendré una entrevista con el presidente del Gobierno, y después de esa charla podré emitir un juicio sobre su pensamiento. Para mí, y espero que para el presidente del Gobierno, no se puede pagar ningún precio político.

 

– Ha dicho que en todo este proceso la información que ha tenido del Gobierno ha sido nula, ¿qué espera del presidente el martes?

 

– Yo viví una tregua, la de 1998, que el gobierno conoció al mismo tiempo que el resto de los ciudadanos españoles, porque no había habido ningún contacto previo. Luego, al cabo de mucho tiempo, supimos que esa tregua fue producto de un acuerdo entre el PNV y ETA. Yo le voy a preguntar al presidente del Gobierno si hay algo que se haya negociado con la organización terrorista antes de que declarara la tregua, y luego le diré lo que en mi opinión hay que hacer. Que en ningún caso cabe ninguna negociación política, y que el Estado de derecho no está en tregua, y por tanto los jueces y las fuerzas de seguridad deben desarrollar su función. En tercer lugar, le diré que cuide a las víctimas, que son los auténticos vencedores y las personas que más han hecho para derrotar a la organización terrorista. Ésa va a ser mi posición, que transmitiré al presidente del Gobierno con la convicción de que el Gobierno es el que tiene que dirigir la política antiterrorista y llevar la iniciativa.

 

– ¿La unidad de las fuerzas democráticas sí ha de tener precio político? Es decir, en un asunto de Estado como éste, la gente se pregunta por qué el PP no apoya incondicionalmente al Gobierno como ocurrió en otros momentos y suele ocurrir en los países del entorno europeo. Muchos ciudadanos no acaban de entenderlo.

 

– Es que los apoyos incondicionales... La pregunta que yo me hago es: ¿haga lo que haga el Gobierno, la oposición debe apoyarle? Cuando nosotros estábamos en el gobierno, he sido ministro del Interior y vicepresidente primero, yo hablaba con el PSOE, compartía información, objetivos y estrategias. La puesta en marcha de la ley de Partidos se hizo en el verano del 2002, veraneando yo, y el señor Rodríguez Zapatero también, en Galicia. Allí decidimos poner en marcha la ley de Partidos, que terminó en la ilegalización de Batasuna. Lo que había entonces era una política absolutamente compartida, y eso es lo que a mí me gustaría.

 

– La sociedad vasca y la sociedad española han recibido con cautela pero con evidente satisfacción el anuncio de alto el fuego. Según cual sea su actitud, el PP va a correr el riesgo de parecer que pone palos en las ruedas o, cuando menos, y perdone la expresión, que actúa de aguafiestas.

 

– Mucha gente ha hecho el discurso de que ETA ya se ha terminado, de que esto se acabó, de que esto es un gran triunfo. Nosotros seguimos esperando un comunicado que anuncie la disolución de ETA. Por eso insisto en que ésta es la cuarta tregua. Ojalá sea la definitiva, pero hay que decirle a la gente que tenemos que ser prudentes, y que ahora se trata de que el Gobierno constate que ETA tiene la voluntad de dejar definitivamente las armas. Es el único paso que hay que dar en este momento.

 

– Mucha gente puede llegar a pensar que el PP adopta esta actitud distante con el Gobierno y respecto al proceso de paz porque está en la oposición y porque si el proceso acaba teniendo éxito, quien va a capitalizarlo será a lo mejor el presidente Zapatero.

 

– Estos asuntos jamás me los plantearé en términos de capitalización política o de interés partidista. He vivido las suficientes cosas, he acumulado el suficiente acerbo y he visto tanto, que jamás me puedo plantear esto en términos de utilización política. Sí quiero recordar que hay mucha gente que ha sufrido mucho y a la que la sociedad le debe mucho: las víctimas, los concejales no nacionalistas del País Vasco, que todavía siguen con escolta, jueces, miembros de las fuerzas de seguridad. Ellos, junto con la sociedad española que ha aguantado 30 años el chantaje, serán quienes habrán ganado la batalla, si esto se convierte en el final de ETA.

 

– ¿Hasta qué punto, señor Rajoy, su partido vive una situación de desgarro interior, por considerar que lo que ocurre es en buena medida el resultado de la política antiterrorista de los gobiernos del PP?

 

– Yo no lo vivo con ningún desgarro interior. Efectivamente, la política antiterrorista de los últimos ocho años fue buena. No era sólo del PP, era del gobierno y del PSOE, apoyada por las fuerzas de seguridad, por los jueces, y donde hubo una enorme colaboración internacional. Todos los que hicieron esa política en esos años han dado lugar a que la posición de ETA sea mucho más débil.

 

– Usted brinda su apoyo al presidente del Gobierno siempre que no pague precio político, como sería modificar el estatus político del País Vasco de acuerdo con las reivindicaciones de la izquierda abertzale, a lo que nadie parece dispuesto, pero ¿consideraría usted precio político introducir cambios en la política penitenciaria o medidas que permitan la excarcelación de presos mediante la interpretación magnánima de la ley?

 

– Sí. En este momento sería un error descomunal mandar un mensaje así. No se puede, desde el Estado de derecho, dar ni un solo mensaje en ese sentido, en estos momentos.

 

– El fiscal general del Estado ha dicho que habrá que tener en cuenta la nueva situación.

 

– No estoy de acuerdo. Llegó incluso a decir que se plantearía si iba a pedir o no prisión para Otegi. Rectificó y acertó, y hay que celebrarlo, porque el Estado de derecho no está en tregua.

 

– De todas maneras, señor Rajoy, ¿el final de la violencia puede ser dialogado, o no?

 

– ¿Qué quiere decir que puede ser dialogado? El final de la violencia se producirá cuando ETA deje definitivamente las armas. Aquí no se trata de hacer negociaciones políticas ni de nada. No debemos olvidar que no debemos nada a ETA. La sociedad no tiene una deuda con ETA. Quien tiene una deuda con la sociedad española es ETA. No se puede decir a la gente que vamos a ceder en nada, ¿en qué vamos a ceder?

 

– Una cosa es la negociación y otra el diálogo...

 

– Lo que tiene que hacer el Gobierno es constatar que ETA quiere dejar definitivamente las armas, y al Gobierno corresponde plantear qué quiere hacer para constatar eso. Espero que el martes el presidente me diga cuáles son sus planes y, puesto que al Gobierno le corresponde decidir la política antiterrorista, una vez conocidos los planes del Gobierno, me posicionaré. Quiero ser constructivo y lo seré para ayudar al Gobierno a lograr el fin de ETA.

 

– Se lo decía porque no existen modelos de referencia en ninguna parte del mundo de que un conflicto se resuelva sin diálogo.

 

– Eso tiene que plantearlo el Gobierno, pero insisto, precio, en ningún caso.

 

– ¿Estaría de acuerdo, señor Rajoy, en que se tiene que tener en cuenta el dolor de las víctimas, pero sabiendo que el objetivo es ganar la paz para que no haya más víctimas?

 

– La obligación del Gobierno es la derrota de ETA. Ése debe ser el objetivo del Gobierno. No caigamos ahora en síndromes de Estocolmo. A un señor que viola la ley se le sanciona, pero cuando luego la cumple no se le premia.

 

– ¿No hay alguna anomalía política en un país en que en cuestiones tan prioritarias como la política antiterrorista y la territorial hay posiciones tan discrepantes entre los dos grandes partidos?

 

– Es una anomalía. En el 2004, en la investidura, ofrecí pactos en cuatro asuntos: lucha contra el terrorismo, modelo de Estado, pacto de Toledo y política exterior. Yo no he roto el pacto antiterrorista, ni le he negado información a la oposición, ni he dejado a la oposición fuera de estas cosas. Yo soy la oposición. Me gustaría que Zapatero se diera cuenta y rectificara. Jamás en la historia, desde 1978, un Estatuto autonómico se aprobó sin el acuerdo de los grandes partidos nacionales. Es una equivocación, porque son reglas de juego, normas de convivencia. Creo que uno de los grandes errores de Zapatero es no querer pactar, modestia aparte, con una de las personas que ha llegado a más acuerdos en España en los temas fundamentales.

 

– El PP votó en contra del Estatut en el Parlament, en septiembre, y ha votado en contra en la comisión Constitucional del Congreso. Los dos textos no son iguales, son tan diferentes que hasta Esquerra Republicana, que votó en septiembre a favor, ha votado en contra en el Congreso. ¿No ha habido ninguna posibilidad de que ustedes se pudieran incorporar, dado que algunas cosas que les preocupaban en septiembre han desaparecido en el Congreso?

 

– Hemos votado algunas cosas con el PSOE, y hemos ayudado a arreglar algunos planteamientos. El problema del Estatut es que es ininteligible y ambiguo, porque Zapatero tiene que explicar en el resto de España que lo ha arreglado y Mas tiene que explicar en Catalunya que no ha cedido en nada. Es ininteligible lo que dice de la eutanasia, de la educación, pero además es claramente inconstitucional. Rompe el modelo autonómico de 1978. He pedido que se vuelva, en los temas que hacen referencia a la nación y la soberanía, a las definiciones del Estatuto de Núria de 1932 y el Estatuto de Sau de 1979, me vale cualquiera. Y lo peor es que es rematadamente malo para los ciudadanos. Es un Estatut que da un poder desmesurado a quien esté en la Generalitat, y se lo quita a la sociedad civil. El intervencionismo que destila es sorprendente. No tengo ningún prejuicio en este tema, he pactado muchas cosas a lo largo de mi vida, pero no puedo decir a la gente que esto es bueno, cuando gente como el propio presidente de la Generalitat lo ha criticado o un conseller lo ha calificado de desastre. Cuando un dirigente político como Duran Lleida ha dicho que ha sido fruto de puro tacticismo y que Maragall había querido ser más nacionalista que CiU, y CiU más que Esquerra. Todo ha sido un sinfín de disparates, y no voy a engañar a la gente. Pido que haya un debate de argumentos, y no de eslóganes.

 

– El president Maragall y el conseller Carretero lo han criticado porque lo consideran insuficiente, no porque sea demasiado amplio.

 

– Lo han criticado por diversas razones. La situación del presidente del Gobierno ha pasado del como venga al como sea. No tiene más objetivo que quitarse del medio el Estatut, “aparta de mí ese cáliz”. Aquí nadie se ha preocupado de los intereses generales, de en qué beneficia a la gente. Todos dicen una cosa en público y otra en privado. Jamás he oído a un dirigente socialista defender en privado este Estatut. CiU tampoco cree en una parte muy sustancial, ¿por qué entonces lo aprobamos?, porque no hay valentía y porque sólo beneficia a la clase política que está o pueda estar en la Generalitat.

 

– Decir que usted sí dice la verdad es tanto como decir que los partidos que apoyan el Estatut mienten, pero se han puesto de acuerdo desde los verdes de ICV hasta el PSOE; desde el PSC, que gobierna en Catalunya, hasta los nacionalistas moderados con los que ustedes han pactado.

 

– Sí, pero no se lo creen. Te lo dicen en privado. Saben que no es un buen Estatut, pero también que después del espectáculo de más de dos años la paciencia de la gente ya se ha agotado y tienen que sacarlo como sea. Alguien tiene que decirlo: pedir la retirada, o que se arregle.

 

– Podrán ustedes hacer las críticas que consideren oportunas, pero no estamos ante un Estatut que rompa España. De ninguna manera.

 

– Lo explicaba muy bien el otro día un importante catedrático de Ciencia Política, Antonio Elorza: hemos creado un Estado dual y si se generaliza, vamos hacia una confederación de estados. Es un Estatuto que impone al Gobierno la obligación de dialogar y pactar sus políticas con los estados autonómicos. Hacemos lo contrario de lo que están haciendo la señora Merkel y los socialdemócratas alemanes.

 

– ¿Se puede gobernar España o ser, el PP, alternativa de gobierno con el rechazo frontal de los principales partidos catalanes?

 

– Se puede ser alternativa al gobierno. Es mucho más fácil pactar con quien tiene principios, convicciones, quien dice las cosas claras, que con quien no sabe adónde va y está en el puro tacticismo y dice un día una cosa y al día siguiente la contraria. Es mucho más fácil entenderse con gente seria, de palabra, que con gente que lo fía todo a un relativismo. El relativismo con que se están comportando desde el Gobierno de España me produce miedo. El relativismo en el que nos ha introducido el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero es letal para España.

 

– Digáselo a los ciudadanos: cuando gobierne el PP, ¿tomará la iniciativa parlamentaria para reformar el nuevo Estatut? Y si sale como está ahora, ¿lo llevarán al Tribunal Constitucional?

 

– El problema es que no se va a poder aplicar. Se está jugando con la gente. No sé qué vamos a hacer. Veremos cómo sale del Senado, pero, en cualquier caso, cumpliremos con nuestra obligación y haremos lo mejor para el interés de los catalanes y de los españoles. Ahora bien, hoy el Estatut es contrario a la Constitución.

 

– Si hoy fuera el último día, ¿presentaría hoy recurso ante el Tribunal Constitucional?

 

– Hoy no es el último día, pero voy a presentar una propuesta para que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre este texto antes de ser sometido a referéndum, que haga un informe previo, después de ser aprobado por las Cortes.

 

– Las Cortes han reconocido la existencia política de la nación catalana; ¿está de acuerdo con esta aseveración?

 

– Evidentemente, la han reconocido. Lo ha dicho bien el líder de CiU, a pesar de que el PSOE diga lo contrario. Según el señor Mas, el término nación es un reconocimiento de las Cortes a un acto de soberanía del Parlament, mientras que, según el señor Zapatero, no significa nada. Tanto si no significa nada como si significa lo que dice el señor Mas, pido que se retire. Si no significa, porque es absurdo, y si significa, porque liquida la España constitucional.

 

– Pero ¿qué repercusiones le atribuye?

 

– Si los poderes emanan del pueblo catalán y Catalunya es una nación, es lógica una relación bilateral entre la Generalitat y el Estado; y que se fijen las competencias de una y del otro, y que haya un poder judicial propio... Los socialistas están horrorizados, y no quieren oír la verdad, pero la verdad es que si se aprueba el Estatut, estaremos en un Estado dual, y si se generaliza, como dicen los socialistas, en una auténtica confederación de estados. Nos convertiremos en un Estado débil, el más débil de Europa.  

 

 

Una entrevista de José Antich publicada en el diario LA VANGUARDIA el domingo 26 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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