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San Gil y Garzón sobre la 'tregua'

Por Narrador - 11 de Abril, 2006, 2:50, Categoría: General

María San Gil, afirma que para que el PP brinde su apoyo al Gobierno "Zapatero debe comprometerse a no avalar la creación de mesas extraparlamentarias para negociar el nuevo marco jurídico del País Vasco, debe afirmar que los jueces y los fiscales seguirán actuando como lo hicieron con la tregua del 98, debe dar su palabra de que Batasuna no va a regresar a los ayuntamientos…". Baltasar Garzón sostiene que, a pesar del alto el fuego declarado por ETA, "es absolutamente necesario que todas las instituciones, y particularmente el Gobierno, a través del Ministerio del Interior, y el Poder Judicial, hagamos lo que debemos. Es decir, sin que se altere para nada la línea de actuación del Estado de Derecho". "ETA no debe ganar esta partida".

 

María San Gil, presidenta del PP del País Vasco: «La única buena noticia es que el Estado venza finalmente a ETA»

 

 

María –así la llaman todos– alude siempre a las víctimas en primera persona del plural, como si fuera una más. Y lo es. Su motivación política nace de la figura de Gregorio Ordóñez, de quien era secretaria y con quien compartía almuerzo cuando fue asesinado por ETA. Aquello fue el principio de una vocación por la «causa de la libertad» y de una fulgurante carrera hasta llegar a la Presidencia del partido. Acostumbrada a ejercer de rebelde, se irrita con la «falsedad semántica» interiorizada «por todos». «¿Qué es la paz? Aquí ya vivimos en paz si nos callamos, y yo lo que quiero es ser libre. ¿Qué es eso de la tregua? Una tregua es entre dos que se están matando, entre dos bandos iguales...». María ha conseguido brillar al margen de la figura del «padre» con gestos como «no olvidar nunca reconocer el trabajo ajeno» o ser siempre «la primera en dar ejemplo de esfuerzo». Eso dicen sus colaboradores. En casa no llevan de buena gana su trabajo, pero es un sacrificio más que exige esa «causa de la libertad».

 

Madrid - La presidenta del Partido Popular vasco no duda, no se pierde en ambigüedades ni en retóricas, ni coloca acentos en función del interés del momento. En su análisis no entran cálculos electorales ni debates sobre cuestiones de formas o de talante. Para ella, el «alto el fuego» de ETA es una nueva «tregua-trampa» como la de 1998 y al PP no le queda más que «resistir», con un discurso inteligente, a la campaña de quienes van a intentar colgarle la etiqueta de que está en contra de la «supuesta paz». «Hay que tirar para adelante», afirma dentro de un mensaje en el que las víctimas siempre, de una manera o de otra, están presentes.

 

– ¿Le parece una buena noticia el anuncio del alto el fuego de ETA?

  

– Como tal no es una buena noticia. No creo que pueda ni deba ser considerada como un motivo para la euforia una frase en un comunicado de ETA en el que los terroristas no anuncian su disolución ni la entrega de las armas.

  

– Bueno, hay quienes lo han interpretado como un paso para la esperanza. Incluso dirigentes de su partido, como Ruiz-Gallardón o Jaume Matas hicieron un primer pronunciamiento calificándolo de «buena noticia».

  

– La buena noticia será que el Estado de Derecho venza finalmente a ETA.

 

– Se la ve muy escéptica. ¿Acaso Zapatero no tiene derecho a que se le conceda la misma oportunidad que a Aznar o a González para que intente acabar con el terrorismo etarra?

  

– Es que esto no es una cuestión de oportunidades, y plantearlo en esos términos es una perversión porque hay que leer la historia como fue, no como nos interesa decir que fue. El caso de la tregua del 98 no tiene nada que ver con la situación actual. Entonces hubo transparencia, el Gobierno informó minuto a minuto de lo que estaba pasando; se sentó para comprobar si ETA tenía realmente voluntad de abandonar las armas, vio que no era así y cerró la puerta a ningún otro contacto. Ahora nos estamos enterando por los medios de comunicación de que lo que venimos diciendo desde hace mucho tiempo es cierto: que el Gobierno socialista lleva ya más de un año de negociación en un proceso subterráneo que ha estado negando, una y otra vez, cuando le preguntábamos por él.

  

– Pero si Aznar lo intentó...

  

– Insisto en que los precedentes hay que tenerlos en cuenta. Volviendo al caso de Aznar, con él nos dimos cuenta de que a ETA se la puede derrotar con el Estado de Derecho, ¿y por qué ahora vamos a despreciar las lecciones de la historia y a dar marcha atrás en lo que se había avanzado? En el 98, el Gobierno no dejó de aplicar la ley y siguió además impulsando medidas que ha quedado demostrado que eran muy eficaces para conseguir acabar con el terrorismo.

  

– El presidente del Gobierno se ha comprometido a actuar con prudencia, en el ámbito de la democracia y la legalidad, y con el máximo concurso de fuerzas políticas, con un guiño explícito al PP.

  

– Bien, ¿pero por qué ha hecho en estos dos años todo lo contrario de lo que exige el objetivo de derrotar al terrorismo? Llevamos dos años en los que la situación en el País Vasco ha empeorado de manera considerable: tenemos al Partido Comunista de las Tierras Vascas sentado en el Parlamento, la «kale borroka» ha resurgido, Batasuna está más crecida que nunca..., ¡si hasta la estética de la calle es bien distinta de la que había al final de la pasada legislatura!

  

– ¿Cree que Zapatero está diciendo una cosa y va a hacer otra? ¿Tiene esa intuición?

  

– Mis intuiciones son demasiado subjetivas y prefiero dejarlas a un lado. Mi única certeza es la posición de mi partido, que ya ha cerrado la puerta a colaborar en cualquier proceso que suponga pagar un precio político a ETA. –Vamos, que no se fía...

  

– Hay que esperar a ver qué pasa el martes en la reunión que mantendrá con Rodríguez Zapatero el presidente de mi partido. Confío en que el jefe del Ejecutivo se haya dado cuenta de que es un error renunciar a la apuesta por acorralar a ETA, porque eso sólo servirá para alentar un régimen en el que estaremos bajo la tutela de los terroristas.

  

– ¿Pero qué tendría que decirle Zapatero a Rajoy para que no recelasen del proceso de paz?

 

– En el año 2003 conseguimos que la banda terrorista estuviese muy debilitada. En el País Vasco se percibía con claridad que se había cambiado de escenario, que los violentos estaban perdiendo terreno y que eran los demócratas quienes recuperábamos espacios de libertad. Pero todo lo que conseguimos avanzar con mucho esfuerzo y con muchas lágrimas se ha perdido. Ésa es la realidad desde la que partimos.

  

– Sí, pero yo le preguntaba sobre lo que debe hacer ahora Zapatero para que ustedes le brinden su apoyo.

  

– Ya, pero es que hay que mirar al futuro desde la experiencia del pasado. Zapatero debe comprometerse a no avalar la creación de mesas extraparlamentarias para negociar el nuevo marco jurídico del País Vasco, debe afirmar que los jueces y los fiscales seguirán actuando como lo hicieron con la tregua del 98, debe dar su palabra de que Batasuna no va a regresar a los ayuntamientos... Conviene tener siempre presente una pregunta: ¿queremos que esto avance desde el convencimiento de que gana la democracia o bajo la sensación de que quien está cediendo es la democracia para que gane ETA?

  

– Vienen tiempos en los que quizás convenga no ser demasiado cicatero en la oferta de apoyo al Gobierno para que a uno no le acusen de no querer la paz.

  

– Yo no estoy en esto para seguir el dictado de lo que en cada momento se considera políticamente correcto. Los hechos son los que son. El alto el fuego de ETA llega después de que el Gobierno ha estado mintiendo al principal partido de la oposición al negar que estuviese negociando, y con todo un repertorio de cesiones detrás: la Ley de Partidos ya no está operativa, el fiscal Fungairiño no está donde debía estar, Batasuna habría celebrado un congreso si no hubiese sido por mi partido y por el juez Grande-Marlaska...

  

– En una situación de ausencia de violencia, ¿el Gobierno no tiene ni siquiera derecho a intentar jugar la carta de la normalización política de Batasuna?

  

– Pero, ¿por qué hay que hacer ningún gesto con ETA?

  

– Ni presos.

  

– Tampoco. Estamos hablando de una banda de asesinos y una sociedad democrática no se puede plegar a los terroristas. Ya sabemos que podemos acabar con ETA con la ley en la mano y no puede haber precio por dejar de matar.

  

– ¿Qué le pedirá el PP vasco a Rajoy mañana ante su entrevista con Zapatero?

  

– Nada. Él sabe lo que tiene que hacer. Me alegro de que el presidente del Gobierno haya decidido reunirse con el jefe de la oposición porque estoy convencida de que la unidad de los demócratas es el mejor instrumento para derrotar a ETA.

  

– Cargar con el cartel de que ustedes no quieren la paz, o incluso de que ustedes son los responsables de que la paz no llegue, asusta a algunos dirigentes de su partido.

  

– Nosotros tenemos un papel fundamental que cumplir del que no nos podemos apartar ni un milímetro: intentar que no se pague un precio político. Todo lo demás es accesorio. Porque si se paga un precio político, por pequeño que sea, ETA nunca desaparecerá, sino que nos seguirá tutelando: mientras le vaya bien, no hará nada; y cuando crea que no le va tan bien, entonces volverá a lo suyo.

  

– ¿Por qué ese rechazo tan absoluto a la posibilidad de que ETA haya entrado en un proceso tan grande de degeneración que haga que esté dispuesta a aceptar cualquier salida? Igual que el IRA, como dice el Gobierno.

  

– ETA lleva 30 años matando y no va a dejar de hacerlo a cambio de nada, salvo que sea derrotada. Quien piense lo contrario es que no entiende de qué va esto. El terrorismo etarra no tiene nada que ver con el caso irlandés. Allí se mataban unos a los otros, había dos partes enfrentadas, mientras que esto no es una guerra ni hay muertos por los dos bandos, sino que unos han sido siempre los verdugos y otros, las víctimas. De ahí que sea inaceptable escuchar cosas como que «no tiene que haber vencedores ni vencidos»... ¡Claro que tiene que haberlos! Debe aplicarse la ley y quien la ha vulnerado tiene que pagar por ello. Cuando los asesinos se arrepientan y entreguen las armas, entonces podremos brindar.

  

– Después de tantos avisos de que «venía el lobo», al final ha llegado y les ha pillado un poco fuera de juego, ¿no? –A nosotros no. Es lógico que ETA diese un paso más pronto que tarde porque las «mesas» se tienen que poner en funcionamiento para avanzar en ese camino que abra la puerta a la nación vasca y, luego, a la autodeterminación.

  

– ¿Nada de lo que les explique Zapatero puede servir para que reconduzcan su decisión de no participar en la llamada «mesa de partidos»?

  

– Vamos a ver, hay cosas con las que no se puede jugar a distraer la atención o a amagar con que sí para que luego sea que no. A mí ya me ha llamado el lendakari Ibarretxe para convocarme a la ronda de contactos sobre su mesa multilateral, y yo ya le he dicho que no estoy para perder el tiempo. Mi postura se la he adelantado por teléfono. ¿Para qué voy a ir a hablar con él? ¿Para dar la sensación de que es que «sí» cuando es que «no»? ¿O para decirle que la mesa, en lugar de roble, prefiero que sea de haya? Entrar en el juego de las «mesas» es seguir el dictado de ETA.

  

– Desde Moncloa se está diciendo que hasta que no se verifique que el cese de la violencia es definitivo no se va a mover ninguna ficha.

  

– No tengo ninguna duda de que las «mesas» estarán en funcionamiento en unos cuantos meses. El PSE ya las legitimó en el documento que aprobó en febrero y todo se ha ido preparando para que el escenario estuviese listo para cuando llegase el momento.

  

– ¿No le da un poco de vértigo la soledad frente a una paz que la sociedad quiere «comprar»?

  

– Claro que la sociedad es receptiva, pero a los políticos nos corresponde hacer un frío análisis sobre en qué consiste la paz... Mi partido, por responsabilidad, tiene que hacer un papel muy complicado, que es el de poner el punto de realidad a la ensoñación en la que muchos quieren seguir estando. Cuando la gente nos venga diciendo que «ETA ha dejado de matar», nosotros tenemos que explicar a cambio de qué, tenemos que preguntar que si quieren que la contrapartida sea una Euskadi por fin independiente... Con mil muertos detrás no podemos ahora ceder.

  

– ¿Cree que hay una relación directa entre el alto el fuego de ETA y la definición de «nación» que recoge el Estatuto de Cataluña?

  

– No tengo ninguna duda. En Cataluña se ha impulsado un proceso de reforma estatutaria que es mucho más que eso. Y ahora que ya han conseguido ser una nación, ¿alguien cree que el País Vasco va a aceptar ser menos? Aquí llevan treinta años reivindicando ser nación y esto se presenta como la gran oportunidad.

  

– Sin embargo, no parece que entre los ciudadanos esté calando el mensaje de que España se rompe. Si ya parece que ni se lo cree la dirección de su partido cuando habla del Estatut.

  

– España no se rompe de la noche a la mañana. Si pudiésemos ver el futuro en una bola de cristal, la gente estaría mucho más preocupada. Seguro.

  

– ¿ETA volverá a matar?

  

– Espero que no. Pero para lograrlo hay que hacer muy bien los deberes, ser muy responsables y tener siempre presente que enfrente hay unos asesinos.

  

– ¿Se ha planteado si la paz puede tener un coste electoral para su partido?

  

– Éste es un asunto demasiado importante como para que hagamos ese tipo de cálculos. Es la hora de la política de Estado, de vigilar el cumplimiento de la ley y de velar por la democracia.

  

– ¿Qué le dicen las víctimas?

  

– Las que yo conozco aquí en el País Vasco son escépticas. Las realidades no se olvidan y está por ver qué va a pasar. Ojalá que, al menos, el presidente Rodríguez Zapatero nos confirme el próximo martes que se ha dado cuenta de que con quien tiene que compartir la política antiterrorista es con el principal partido de la oposición, y no con los nacionalistas.

  

«Aquí no estamos para debates del centro»

 

– ¿Cómo se ve desde el PP vasco el debate que alientan algunos dirigentes de su partido sobre el centro?

  

– No hay que hacer ni caso a ese debate del centro y de la moderación. Nosotros tenemos que seguir diciendo lo que estamos diciendo. No estamos aquí para dar gusto al PSOE o a los nacionalistas, sino para responder a las necesidades de los españoles.

  

– Pero al final la atención se la acaban llevando los que hacen ruido con esas cosas.

  

– Cada uno responde a las dificultades que tiene en sus respectivos feudos, pero sin olvidar que las discrepancias benefician a los socialistas. En las reuniones con los presidentes regionales no he visto nunca diferencias de calado.

  

– ¿Conviene ahora aplicar la norma de la moderación al discurso antiterrorista?

  

– En política no todo va a ser versallesco. A veces, en algunas cuestiones, es necesario decir algunas cosas más altas que otras. Aquí en el País Vasco nos estamos jugando mucho como para que se nos diga que nos callemos.

  

– ¿Ya se le ha pasado el enfado por la reunión de Rajoy con Imaz?

  

– Eso está zanjado.

 

 

Una entrevista de C. Morodo publicada en el diario LA RAZON el lunes 27 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

Baltasar Garzón: «ETA no debe ganar esta partida»

 

 

Desde Nueva York, sigue con gran interés lo que ocurre a este lado del Atlántico. Gran conocedor de ETA y de su entorno, pide prudencia y advierte que con los terroristas no cabe negociar

 

        

- Con el conocimiento que usted tiene de ETA y de la izquierda abertzale, ¿qué sugerencia le haría al presidente del Gobierno ante el anuncio de alto el fuego?

 

- No me atrevería a hacer sugerencias, sobre todo no conociendo los datos que se supone que el presidente del Gobierno tiene en su poder. Pero me uniría a lo que él mismo dijo: mucha prudencia y mucha cautela. Porque ETA y la izquierda abertzale buscarán sacar la máxima ventaja posible en la línea que siempre han defendido. ETA prácticamente dice lo mismo, pero con otras palabras, de lo que siempre ha dicho. Han cambiado las formas, ha cambiado quién lo dice, que por primera vez es una mujer, pero el fondo, si se estudia bien, es exactamente el mismo. De modo que hay que tener prudencia y hay que aguardar a conocer esas intenciones. Y esa prudencia la sugieren las propias palabras de la organización terrorista, que para nada dice que vaya a dejar de cometer hechos delictivos. El «alto el fuego» se refiere a atentados; pero supongo que el abastecimiento, la recaudación de fondos a través de la extorsión, el avituallamiento y la logística tienen que seguir manteniéndolos, y eso también es terrorismo. No nos ceguemos con que actos terroristas son exclusivamente los de sangre o los que suponen ataque a la integridad de las personas. La organización terrorista ETA va a seguir actuando y pedir, como hace, que se la deje tranquila y en paz es una aberración, y ni Francia ni España lo pueden permitir.

 

- Entonces cree que es una nueva «tregua táctica»?

 

- Con el anuncio del cese del fuego, parece que su intención es la de no realizar ataques contra las personas, contra la vida y la integridad mediante armas, explosivos o cualquier otro medio. Pero para nada dicen que vayan a cesar en todo el resto de actividades. Y yo vuelvo a decir que muchas veces se comete el error de entender que el terrorismo, tal y como ellos quieren, sólo es la acción armada. Pero ésta se nutre de todas las demás actividades, sin las cuales no tendría posibilidad de existir. Por eso es absolutamente necesario que todas las instituciones, y particularmente el Gobierno, a través del Ministerio de Interior, y el Poder Judicial, hagamos lo que debemos. Es decir, sin que se altere para nada la línea de actuación del Estado de Derecho.

 

- ¿Puede ser una trampa para rehabilitar a Batasuna ante las elecciones municipales de 2007?

 

- El anuncio de ETA habla de «alto el fuego», una expresión muy sugerente que desvela cuáles son sus intenciones. Para nada acepta su naturaleza como organización al margen de la ley y sigue tratando al Estado de tú a tú; y el Estado, desde luego, no debería entrar en ese juego. Cualquier manifestación del tipo que ha hecho es estratégica. Qué duda cabe de que quiere obtener un beneficio, y ese beneficio tiene varias vertientes. Una de ellas sería conseguir que Batasuna volviera a la legalidad y, de hecho, el anuncio veladamente lo menciona cuando habla de que todos los actores deberán intervenir. Lo que está diciendo ETA es que Batasuna debe ser rehabilitada. Otra cosa es que lo consiga, que los partidos políticos accedan a ese planteamiento. Hay que contar con otro aspecto importante: Batasuna no sólo fue ilegalizada por el Tribunal Supremo en aplicación de la ley de Partidos; además, sus actividades están suspendidas por la vía penal.

 

- ¿Cuáles son las otras vertientes del beneficio que ETA quiere obtener?

 

- La segunda es el referéndum, con el que veladamente se está refiriendo a un postulado que tampoco es nuevo: la autodeterminación. Lo dice con otras palabras, pero es así. Luego, se percibe una clara intencionalidad respecto a la Audiencia Nacional y sus investigaciones, uno de los puntos principales de su lista de peticiones. Para ellos la Audiencia Nacional es un organismo absolutamente perturbador, es el que más daño les ha hecho jurídicamente e intentarán que deje de ser así. Y, un punto más allá, la petición de que no se les persiga. Está claro en el comunicado, ¿no? Son peticiones que no pueden atenderse. En este momento, el respeto a la legalidad a la que aludiera el presidente del Gobierno impone que las instituciones, y especialmente la Justicia, continúen su camino. Alguna vez tiene que aprender esta gente que hay independencia de poderes en España.

 

- ¿Considera casual que el anuncio se haya producido un día después de que el Congreso sacara adelante el texto del nuevo Estatuto catalán?

 

- Creo que el hecho de que se adelantara el anuncio (en algunos círculos existía la impresión de que se iba a producir en abril) ha venido motivado por dos aspectos que quizás no tengan que ver con el Estatuto. Por una parte, la presión de las cárceles, un capítulo muy importante, no ya en la resolución del conflicto, sino en el desarrollo mismo del proceso. En segundo lugar, también las acciones judiciales que están en marcha deben haber tenido alguna influencia. No tengo elementos para considerar que esté relacionado con el Estatuto, sino más bien con la presión del «aparato de makos», de los presos, para que cuanto antes se hiciera público ese anuncio y se abriera la puerta a un cambio de su situación mediante el acercamiento al País Vasco; y, como he dicho, con la actividad judicial de la Audiencia Nacional.

 

- El anuncio sí guardaría relación, entonces, con la citación de Otegi, en un principio prevista el mismo día que ETA fijó para el comienzo de su alto el fuego...

 

- Más que esto en concreto, la actividad de la Audiencia Nacional en general. Se está celebrando, por ejemplo, el juicio de EKIN. Toda la actividad judicial ha podido influir en el adelanto del anuncio. Pero, sobre todo, la inactividad que se percibía desde prisión, que era ya bastante evidente y que da esa idea de que debía hacerse cuanto antes. ETA no hace nada por casualidad; ella lleva su «timing», su cronómetro para saber cuándo tiene que pulsar el dedo y hacer lo que quiere hacer. Si eligió esa fecha puede ser por estas o por otras razones, pero siempre con una finalidad estratégica muy clara.

 

- La política de Zapatero en este asunto, ¿es ingenua o valiente?

 

- He dicho ya en alguna ocasión (recientemente durante la presentación de mi último libro «La lucha contra el terrorismo y sus límites») que tengo que estar de acuerdo con él si lo que ha afirmado es que el diálogo con esa organización terrorista sólo se producirá cuando se cumpla la legalidad y haya un abandono de las armas. Cualquier Gobierno debe hacer todo lo necesario para conocer cuáles son las intenciones del enemigo que tenemos en frente. Esa es su obligación política, y hacerlo en defensa de la sociedad es necesario, siempre que sea dentro de la legalidad. No creo que sea ingenuidad, o no quiero calificarlo de tal. Lo único que digo, utilizando de nuevo sus palabras, es cautela y prudencia, porque la organización terrorista va a intentar sacar el máximo jugo posible a esta situación y no va a cambiar sus postulados. Y lo que tiene que quedar muy claro, desde mi punto de vista y creo que desde el de todos los demócratas, y sobre todo para la dignidad de las víctimas, es que la organización terrorista no puede ganar esta partida. Ha declarado ese cese del fuego pero por unas razones muy evidentes, y desde las instituciones debemos tener claro que no se trata de una negociación sino de que una organización criminal ha decidido terminar.

 

- ¿Estamos ante un proceso de pacificación o de autodeterminación?

 

- No sé hasta qué punto ETA considera que van separados uno de otro. Creo que, para ellos, el segundo incluye al primero. Es decir, cualquier posibilidad de pacificación pasa por esa consulta popular que ellos mencionan ahora sin citar el término autodeterminación, pero que lo identifica claramente. ETA vincula a esa situación cualquier posibilidad de solución. Por tanto, no creo que le importe mucho la pacificación si no es como consecuencia de la obtención de los fines que pretende. Habrá que estar atento al siguiente paso pero, desde luego, el que debe darse por parte de la clase política, aunque hasta ahora está reinando la prudencia porque ya hay muchas experiencias anteriores y no se quiere cometer ningún error, decía, el paso básico que se espera de ellos es la unidad.

 

- Ante el hipotético escenario de una negociación, ¿cree que sus esfuerzos contra el entramado político, social y mediático de ETA caerán en saco roto?

 

- Primero, me niego a aceptar que haya una negociación con una organización terrorista. Lo he dicho siempre. No creo que pueda darse una negociación con una organización criminal, sería un grave error. La negociación tiene que ser política y entre grupos políticos y el planteamiento con la organización terrorista, después de saber lo que quiere, es acomodar esas peticiones a las normas del ordenamiento jurídico español, ver si eso es posible dentro del marco constitucional y legal y, a partir de ahí, tomar decisiones. Vincular a una negociación los juicios que se celebran en la Audiencia Nacional sería ilegal. No creo que haya ningún mediador, ninguna persona que desde las instituciones, sea Gobierno sea Parlamento o cualesquiera, que pueda atreverse a cuestionar la acción del Poder Judicial. El Poder Judicial es independiente; la división de poderes es la base de la seguridad jurídica de los ciudadanos y eso es inalterable.

 

- ¿Deben producirse «gestos» por parte de la Justicia?

 

- No, no, no… La Justicia tiene que actuar de forma imparcial e independiente y no es correcto que se le pida ningún tipo de gesto porque se le estaría pidiendo casi que prevaricara. Cada juez sabe lo que tiene que hacer cuando se enfrenta a una petición concreta, a un hecho concreto en su investigación. Él, bajo su responsabilidad, con la ley enfrente y los hechos sobre la mesa, sabe lo que tiene que hacer a la hora de imponer una medida de prisión provisional o una condena. Son las pruebas en el juicio las que pueden destruir la presunción de inocencia y son los indicios los que cuentan en la instrucción sumarial. Dicho esto, cada juez debe valorar la aplicación de la norma en cada momento, así es.

 

- ¿Sería posible devolver a Batasuna a la legalidad?

 

- Desde mi punto de vista, radicalmente no. Hay una sentencia del Tribunal Supremo, ratificada por el Tribunal Constitucional, y hay una ley vigente. Evidentemente, podría pensarse en algún momento en su derogación por el Parlamento; no digo que eso no sea posible, porque dependerá de la voluntad mayoritaria de la Cámara. Pero en todo caso, hay también una investigación judicial en marcha, en la que desde el 26 de agosto de 2002 se acordó la suspensión de Batasuna, recientemente ratificada por el Juzgado. De modo que ese sumario tiene que seguir su curso hasta que desemboque en el juicio oral o, en su caso, hasta que se sobresea.

 

- Es decir, sólo podrían regresar a las instituciones con un nuevo partido. ¿Se puede esperar entonces cierta manga ancha, alguna concesión por esa vía?

 

- No lo sé ni me corresponde a mí decir lo que pueden o no hacer los grupos políticos. Cada uno tiene su responsabilidad y, cuando conozcan todos los datos de lo que está aconteciendo, podrán decidir, si es que llega a presentarse un nuevo partido político. Iniciativa que, de hecho, ya ha sido postulada por el Parlamento vasco, si no recuerdo mal, en las últimas semanas. Desde luego, con otra denominación y con otros líderes, se puede hacer. Ya se realizó con el PCTV, que está en las instituciones, sin perjuicio de que esté siendo investigado. Lo que yo digo es que Batasuna como tal no existe, es una formación ilegal por decisión del Tribunal Supremo en aplicación de la ley, y es una organización política suspendida por la implicación de varios de sus dirigentes y por su vinculación con el complejo terrorista liderado por ETA. Esos son los indicios, eso es lo que está establecido en los autos, y a eso es a lo que nos tenemos que sujetar. Mientras que esto sea así, es imposible, desde mi punto de vista, que esta organización, con sus estructuras existentes, pueda participar en ningún tipo de actividad pública.

 

- ¿Cómo se plantea su ya cercano regreso a la Audiencia Nacional?

 

- Sencillamente, incorporándome a primeros de julio. Tengo que hacer una mención ahora, porque me da vueltas a la cabeza y no quiero dejar de decirlo. Ayer me produjo un gran desasosiego ver que el New York Times, en su información sobre el alto el fuego, se refería a los terroristas como luchadores vascos. Es grave y revela el desconocimiento que impera en EE.UU sobre la realidad de la acción terrorista de ETA. Dicho esto, mi vuelta a la Audiencia Nacional la planteo igual que hace un año. Nunca tuve una idea diferente a la de volver a mi juzgado. Por tanto, cuando regrese haré lo que siempre he hecho: actuar dentro de mi independencia y de la legalidad y hacerlo lo mejor que pueda.

 

- ¿Sería aceptable un cambio en la política penitenciaria?

 

- Creo que es inminente, y es lógico. La primera medida que habrá, imagino, no es que yo tenga elementos para afirmar esto, es un acercamiento de presos en un número considerable, que podría estar por encima de los 50, hacia prisiones del País Vasco. La política penitenciaria ha cambiado durante todos estos años en sentidos esenciales algunas veces, y en aspectos accidentales, otras. Es decir, no necesariamente es una política inalterable, de modo que puede perfectamente modificarse en función de las necesidades y de la situación concreta en cada momento. Y si este momento es el de un acercamiento después del anuncio de ETA, supongo que será lo primero que se haga, y de forma pública. Pero como política que es, no afecta a la legalidad. La política del Gobierno puede cambiarse en lo que se considere necesario, dentro de la legalidad.

 

- ¿Hablamos también de la concesión de terceros grados?

 

- Sería temerario por mi parte pronunciarme. El único límite que hay, insisto, es el que marca la ley. La concesión de terceros grados está en manos de los jueces. Los jueces de vigilancia tienen que tomar sus decisiones y los tribunales vigilan la ejecución de las condenas. El engranaje de todo lo que se haga no es fácil y no puede ir más allá de lo que son movimientos internos en las prisiones. El proceso será largo y complicado, incluso en el caso de que haya una voluntad acordada por todas las instituciones. No es fácil. Los límites, las condenas, los tiempos, las decisiones judiciales no se pueden alterar así como así. Y, sobre todo, hay algo fundamental, que es el respeto a las víctimas.

 

- Ahora que menciona a las víctimas, ¿pueden o deben jugar algún papel en este proceso?

 

- No tengo una visión definitiva de cuál debería ser su participación, pero sí digo que esa participación debe existir. He dicho más de una vez que las víctimas son interlocutores necesarios en un proceso de pacificación, de finalización del terrorismo, cuando se intuye que van a hacerse concesiones. No puede despacharse a las víctimas simplemente diciendo que hay que respetarlas y que se las tendrá en cuenta en su dignidad y en las indemnizaciones que se les vayan a conceder. Para no cometer los errores del pasado, o los de otros países en los que las víctimas han hecho retrotraer muchas de las acciones políticas que se habían realizado, hay que contar con ellas desde el principio. ¿La forma? Tendrán que ser el Gobierno y los representantes de las víctimas los que lleguen a un acuerdo. Sería un grave error no contar con un colectivo que es, junto con la sociedad, pero en primera línea, el más afectado por lo que se vaya a hacer. Esa participación tiene que darse; es cuestión de ponerse a pensar en cómo.

 

 

Una entrevista de Nieves Colli publicada en el diario ABC el domingo 26 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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