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Imaz: garantiza "la lealtad del PNV con Zapatero"

Por Narrador - 18 de Abril, 2006, 20:55, Categoría: General

Josu Jon Imaz, se declara convencido en una entrevista concedida a EL CORREO de que la oportunidad de conseguir la paz abierta con la declaración de alto el fuego de ETA "va a ser la buena", y por eso compromete la lealtad de su partido al presidente del Gobierno. "La lealtad del PNV está asegurada, a veces tragando muchos sapos. Pero es bueno hacerlo si eso contribuye a llegar a situaciones como la que estamos viviendo". Como no podía ser de otro modo Imaz reclama "un papel relevante" en este proceso para las instituciones vascas y el propio lehenkakari. Con perdón, sin tiene más cara que espalda ¿Dónde está la guerra? ¿Qué paz es esa?

 

Imaz: «La lealtad del PNV con Zapatero está asegurada y no tiene contrapartidas»

  

  

El presidente del PNV, convencido de que esta oportunidad «va a ser la buena», defiende el papel del lehendakari y aboga por distanciar la paz y la normalización

 

El miércoles, cuando escuchó junto a Íñigo Urkullu la confirmación del alto el fuego de ETA, el primer pensamiento de Josu Jon Imaz fue para su tercera hija, a punto de nacer «en una Euskadi en paz». La vida parece renovar a veces sus oportunidades. Su primer vástago también vino al mundo con otra tregua, la fallida de 1998. «Recordé la tragedia de estos años, de aquellos que han sido asesinados. Pero creo que ésta va a ser la buena, aunque no vaya a resultar un camino sencillo», asegura Imaz con un punto de emoción. El líder del PNV compromete la lealtad de su partido con el Gobierno de Zapatero y reivindica el «papel relevante» del lehendakari en una futura mesa de partidos, cuya constitución distancia del inicio de la pacificación.

 

-¿Tendrá precio el final de ETA?

 

-Lo que tiene que tener es el compromiso de todos de hacer lo posible por asentarlo y que sea irreversible. Deberemos marcar las separaciones conceptuales y en el tiempo entre la paz y la búsqueda de un pacto integrador que sea rubricado por la ciudadanía. Por higiene democrática, es importante que los acuerdos políticos no sean consecuencia directa nunca de una situación de paz ni de un diálogo con una organización terrorista.

 

-Y eso, ¿cómo se desarrolla?

 

-Tiene que haber mucho procedimiento compartido en la verificación del cese de la violencia y también en cómo articulamos las mesas de diálogo en el tiempo. Tan malo es que vinculemos ese proceso de acuerdo entre partidos a un diálogo con ETA para su final, como que en una sociedad en paz y libertad los partidos demoren los debates políticos 'ad calendas graecas'. No quiero entrar en si tiene que ser en septiembre, noviembre, julio o enero, tendremos que trabajarlo. Y las instituciones vascas tienen que tener un papel relevante en la paz y la normalización.

 

-¿Qué significa exactamente un papel relevante?

 

-Lógicamente, el que vayamos acordando entre todos en el camino. Pero no podemos, de un manotazo, sacar a las instituciones vascas de este proceso. He escuchado de dirigentes como Patxi López un trato despectivo hacia el papel de las instituciones y del lehendakari. Si queremos iniciar un proceso democrático, no podemos hacerlo despreciando los procedimientos democráticos. Y es importante que se respete la voluntad futura de los vascos, pero también que se respete la voluntad expresada hasta este momento.

 

-¿El PNV va a defender que el lehendakari presida la mesa?

 

-No quiero hacer cuestión de aspectos sobre los que tenemos que buscar acuerdos amplios, de una forma serena. Cómo se concreta el importante papel que deben jugar las instituciones y el lehendakari deberá ser acordado por los partidos.

 

-Pero ustedes son partidarios de que Ibarretxe esté presente.

 

-Las instituciones y el lehendakari tienen que tener algún tipo de papel en la mesa, pero los pasos que tengamos que dar deben contar con el suficiente acuerdo entre los partidos. Hay materias como la observancia de los derechos humanos, la verificación del cese de la violencia, los procesos complejos de apoyo a las víctimas que van a exigir una implicación institucional fuerte. Y también como facilitadores, catalizadores y garantes institucionales democráticos de los procesos de diálogo y acuerdo.

 

-Se ha reprochado al lehendakari que intente recobrar protagonismo acelerando los pasos a dar.

 

-Yo también hablé de la mesa en la declaración del EBB tras el alto el fuego. Por lo tanto, coparticipo de esa misma reflexión.

 

-Pero con menos premura.

 

-No, lo que el lehendakari plantea es de sentido común: que los partidos tenemos que empezar a dialogar. Eso no quiere decir que la mesa vaya a ser ni mañana, ni pasado, ni en dos meses. Vamos a tener que trabajar para que eso sea posible, pero tampoco nos pilla el toro sin los deberes hechos. Y al lehendakari no se le puede hurtar su papel. ¿Cómo en democracia, y ante la materia más importante, que es la paz, podemos estar tratando de desplazar de un manotazo a las instituciones vascas y al lehendakari? Pediría un poco de reflexión sobre procedimientos democráticos a los que utilizan ese discurso.

 

«Tragando sapos»

 

-¿Tiene el presidente del Gobierno la garantía de que el PNV va a actuar con total lealtad?

 

-Algún día, cuando todo esto pase y esté suficientemente asentado, podremos hablar todos de todo; he callado muchas cosas en los últimos 18 meses y las voy a seguir callando, por responsabilidad. Hemos jugado una partida con mucha lealtad, nadie implicado en todo esto podrá negárnosla nunca, y vamos a seguir haciéndolo para asegurar la apuesta prioritaria en este país, que es alcanzar la paz. La lealtad del PNV está asegurada, a veces tragando muchos sapos. Pero es bueno hacerlo si eso contribuye a llegar a situaciones como la que estamos viviendo.

 

-¿La contrapartida es que Zapatero encauzará la normalización con ustedes?

 

-No hay contrapartidas a esa lealtad. La única es que el PNV podrá tener la cabeza bien alta ante la sociedad vasca, porque, cuando se estaba jugando la posibilidad de que viniese la paz, supo orillar muchas cosas para jugar lealmente y con compromiso esta partida.

 

-¿Lo ha echado en falta al otro lado?

 

-No, no es el momento de reproches, hay que mirar hacia delante. Los partidos debemos competir y, a veces, se rompen los límites del respeto; y eso no es bueno. Pero el PNV ha sido y va a ser leal con este proceso, independientemente de lo que los demás hagan.

 

-¿Qué movimientos esperan ahora del presidente del Gobierno?

 

-Lo que corresponde en estos momentos es aplicar la resolución del Congreso que negociamos y acordamos en mayo de 2005, y verificar que la violencia ha desaparecido. En la política penitenciaria hay aspectos que deberían haber sido abordados hace tiempo, porque no hablamos de contrapartidas, sino de cumplimiento de derechos. Cualquier movimiento es positivo y necesario.

 

-Entre el PNV pragmático y el más soberanista ¿Cuál toca ahora?

 

-El PNV comprometido con la identidad de este país, con el autogobierno, con que los vascos tengan libertad para decidir su futuro, ha ido siempre acompañado de un PNV capaz de liderar las mayorías sociales. Ésa es nuestra historia. Y lo que toca es también eso: un PNV firmemente convencido de los avances que este país tiene que llevar a cabo, fundamentalmente en el reconocimiento de su capacidad de decisión, con un PNV que entiende el mensaje de la sociedad vasca para que este proyecto lo abordemos con la cooperación entre todos y buscando un acuerdo integrador.

 

-¿Y cuenta con todo su partido detrás en este viaje, sin fisuras?

 

-Sí. Tanto es así que esta posición está avalada por un EBB que aprobó por unanimidad el documento sobre paz y normalización. Releyéndolo, está bastante centrado en la 'hoja de ruta' que nos espera.

 

-¿Se puede avanzar esta legislatura o el camino se prolongará?

 

-Lo primero es ponernos manos a la obra, porque va a ser un proceso complejo. Y cuando se forme la mesa, será con muchas complicidades previamente trenzadas, porque es muy difícil sentarte y luego levantarte. Deberíamos todos hacer lo posible para avanzar en el camino, pero no me atrevo a lanzar un calendario, porque tan irresponsable me parece decir que esto lo abordaremos en 2012, como que lo tenemos que terminar en 2007.

 

-El cese de la violencia reajustará el mapa nacionalista. ¿Se anticipa una lucha electoral fratricida entre el PNV y Batasuna?

 

-Ojalá llegue el día en que podamos ir a las elecciones sin más elemento de confrontación que las diferencias políticas. Bienvenido sea. Pero el PNV no está pensando en batallas electorales fratricidas. Tenemos un proyecto de liderazgo y queremos trabajarlo.

 

-¿Van a mediar para intentar atraer al PP al diálogo?

 

-Un partido como el PP no necesita mediación, pero el PNV sí va a favorecer que esté presente en el diálogo político sobre el futuro del país. No es fácil, porque el PP se encuentra en el monte, pero ni la sociedad vasca ni la española lo entienden; me atrevería a decir que sectores relevantes del propio partido no están entendiendo tampoco el desconcierto de sus dirigentes. Y es importante que el PP esté en futuros acuerdos para garantizar que el proceso transcurra adecuadamente, porque en 2008 hay elecciones generales.

 

-Usted ha dicho que todos tendrán que dejar pelos en la gatera. Pero 40 años, mil asesinados, cientos de presos después, ¿para qué?

 

-(Pausa) ¿Todo eso? Para nada. Para la tragedia. El día del alto el fuego me acordaba de personas allegadas que han sido asesinadas y pensaba: 'Y esto ahora, tarde, demasiado tarde'. ETA tenía que haber tomado esta decisión en 1977, cuando los partidos, y en concreto el PNV en la famosa reunión de Txiberta, apuestan por un proceso democrático. No existe la segunda oportunidad: aquella ya pasó y ahora hay otra nueva, 28 años más tarde. La tragedia queda ahí y es nuestra responsabilidad, guardando en la memoria lo ocurrido, que nuestros hijos conozcan la paz.

 

-¿Con vencedores y vencidos?

 

-No me gustan esos términos, no son bases sanas para la reconciliación. Sí me gusta hablar de que de este proceso van a salir ideas vencedoras: el respeto escrupuloso a los derechos humanos de las personas, empezando por el derecho a la vida, y el respeto al que piensa diferente. Y también ideas vencidas: que la vida puede estar al albur de que alguien pegue un tiro por defender una presunta idea política, que un proyecto totalitario puede ser llevado adelante sin apoyo democrático a través del uso de la violencia. El mejor homenaje que debemos y podemos hacer a las víctimas de esta tragedia es construir una sociedad reconciliada, sin vencedores ni vencidos, pero con ideas democráticas vencedoras e ideas totalitarias vencidas.

 

-La derrota de las ideas implica también a sus protagonistas. La derrota de ETA.

 

-Posiblemente no es el momento de hablar de ello. Pero, cuando hablo de totalitarismo vencido, creo que lo explicito suficientemente.

 

-Cuando se mira al espejo, ¿tiene algo que reprocharse el partido en todos estos años?

 

-Aciertos y errores los tenemos todos, también el PNV. Pero acertamos en la apuesta histórica por institucionalizar Euskadi.

 

-Le pido casi una reflexión personal. Si no lamentan no haber sido a veces más beligerantes contra los violentos, o no haber arropado lo suficiente a las víctimas.

 

-Creo, honestamente, que en el tema de las víctimas todos tenemos mucho que reprocharnos, porque no estuvo como tal en la agenda política de nadie hasta 1999. Evidentemente, la reconciliación no puede hacerse sin reconocimiento social y político de la víctima ni desde el olvido. Por eso me estoy quedando gratamente sorprendido de la generosidad de muchas víctimas, abriendo una puerta a la esperanza que a ellas les arrancaron. Y me siento muy orgulloso de pertenecer a un partido que en 1978 llevó a cabo la primera manifestación contra ETA, cuando eso aquí era muy duro. El PNV ha jugando todas las posibles partidas para tratar de asentar la paz; la última, Lizarra, sin éxito, aunque sin ella no estaríamos en la situación actual.

  

  

Una información de Lourdes Pérez publicada en el diario EL CORREO el lunes 27 de marzo de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente el texto.

 

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