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11 de Agosto, 2006

Atentados en Londres: El Análisis

Por Sin Pancarta - 11 de Agosto, 2006, 7:07, Categoría: General

Todos los ciudadanos de bien ayer recibíamos una gran noticia. La policía británica detenía a más de una veintena de terroristas que pretendían hacer explotar una decena de aviones en pleno vuelo sobre el Atlántico. Pronto la satisfacción se truncaba en preocupación. Son muchos los factores a tener en cuenta. Esta vez miles de inocentes se han salvado ¿La próxima? El enemigo está dentro, es una autentica quinta columna, los terroristas eran nacidos en el Reino Unido.

 

Estas lógicas preocupaciones no son las mismas que se plantea el diario de PRISA, éste prefiere incidir en la carencia de medidas integradoras para las comunidades islámicas. Bush no entiende que la solución está en ‘La Alianza de Civilizaciones’. Para EL PERIODICO (que ya no es de Franco) lo presenta como que “el arresto de islamistas en el Reino Unido reaviva el debate sobre seguridad a cambio de menos libertad”. Yo no se si esta gente no sabe lo que dice o trabaja activamente como quintacolumnista, en cualquier caso es la demostración palpable de que el enemigo lo tenemos en nuestra casa.

 

“Pánico transatlántico” (Editorial de EL PAIS)

  

 

La policía y los servicios de información del Reino Unido, con cooperación internacional, han abortado una cadena de atentados terroristas que habrían horripilado al mundo tanto o más, si cabe, que el ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001. Con la detención de al menos 24 presuntos implicados en una trama que presuntamente pretendía hacer estallar aviones de pasajeros en pleno vuelo, los agentes británicos han abortado lo que sus superiores calificaron de "inminente matanza de dimensiones inimaginables".

 

Según lo conocido ayer, este grupo terrorista -cuya vinculación con Al Qaeda es, como suele ocurrir en estos casos, imprecisa- planeaba derribar sobre el Atlántico entre 6 y 10 aviones comerciales. La mera idea de que un número indeterminado de aeronaves desaparecieran simultáneamente en medio del mar refleja de forma brutal las dimensiones de semejante atentado. El presidente Bush lo atribuyó ayer de forma categórica a los "fascistas islámicos", pero eludió, una vez más, cualquier alusión a la necesidad de una política más integradora de las comunidades islámicas en las sociedades occidentales. La eficacia policial es imprescindible frente a la minoría fanática, pero también lo es evitar la adhesión a esa minoría de una parte de la población de origen musulmán que habita en nuestras ciudades. Es evidente que en esto hay un fracaso.

 

Si el ataque a las Torres Gemelas tenía una profunda carga simbólica, la ruptura del eje y la comunicación transatlánticos tendría unos efectos psicológicos devastadores. De momento, la operación antiterrorista de ayer generó un inmenso caos en los aeropuertos no ya de Londres y Estados Unidos, sino de todo el hemisferio occidental. Centenares de miles de pasajeros vieron frustrados sus planes de viaje, rotas sus expectativas de reencuentro familiar o destrozados sus contactos de negocios. Pese a todo, soportaron ejemplarmente tanta incomodidad, conscientes de la amenaza terrorista. La Bolsa volvió a revelarse como un baremo de la estabilidad emocional de las sociedades modernas y todos volvimos a sentir esa profunda vulnerabilidad. Alarma el hecho de que, como parece, los detenidos en Londres son en su mayoría del Reino Unido, como los autores de los brutales atentados de julio de 2005. Las sociedades democráticas y abiertas han de ser conscientes de que, dentro y fuera de su seno, surgen enemigos que se alimentan de nuestras debilidades y contradicciones para sembrar el dolor, el caos y el terror indiscriminado.

 

Ayer, la policía británica, en cooperación con otras policías de sociedades democráticas, abortó un disparate de dimensiones planetarias cuyo objetivo era instalarnos, una vez más, en el terror y hacernos menos libres en la medida que más vulnerables. Parece que esta vez han fracasado. Y debemos estar decididos a que siempre sea así, por mucho que lo intenten.

  

Editorial publicado en el diario EL PAIS el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“Una hecatombe frustrada que revela nuestra vulnerabilidad” (Editorial EL MUNDO)

 

 

«Asesinato en masa de nivel incalculable». Ésta es la calificación que empleó ayer uno de los jefes de Scotland Yard para definir los atentados que planeaba un grupo radical islámico, que, según el Gobierno británico, quería hacer estallar 10 aviones en vuelo de Londres a EEUU, provocando miles de muertos.

 

El aeropuerto de Londres estuvo ayer prácticamente cerrado por razones de seguridad, lo que provocó un efecto dominó en las compañías aéreas, que tuvieron que cancelar una parte de sus vuelos internacionales. Mientras, la Policía británica detenía al menos a 24 personas en la capital y varias ciudades del país. Según explicaron el ministro de Interior, John Reid, y el jefe de la lucha antiterrorista, Peter Clarke, los terroristas pretendían acceder a los aviones con explosivos líquidos camuflados en sus equipajes de mano y no detectables por los sistemas de control del aeropuerto.

 

Afortunadamente, las Fuerzas de Seguridad británicas han logrado esta vez anticiparse a los terroristas, un año después de la masacre del 7 de julio en Londres. Pero nadie duda de que lo volverán a intentar, sea en la capital británica o en cualquier otra gran ciudad europea. El fanatismo islámico pone en evidencia la vulnerabilidad de las sociedades occidentales, donde existe la libre circulación de personas y donde decenas de millones de ciudadanos se desplazan cada día en tren, avión o barco. No es posible controlar a todos esos viajeros.

 

La novedad de lo sucedido ayer es que los terroristas planeaban segar cientos o miles de vidas humanas con unos explosivos introducidos en equipajes de mano. De ahora en adelante, será inevitable la inspección de las bolsas que cada pasajero introduce en el avión, lo que supondrá una nueva incomodidad para viajar. Y no es descartable que las autoridades opten por prohibir el equipaje de mano para prevenir estos nuevos métodos terroristas.

 

Gran Bretaña es probablemente el país de Europa más vulnerable al terrorismo islámico por dos razones. La primera es el alineamiento de Blair con la política exterior de Bush. Gran Bretaña ha enviado soldados a Afganistán e Irak y ha respaldado sin fisuras las posiciones de EEUU. Ello ha provocado que Al Qaeda coloque a este país como su objetivo preferente en Europa.

 

El segundo motivo es que en Gran Bretaña existe un población musulmana de varios millones de personas, con un bajo nivel de integración. Timothy Garton Ash hacía referencia ayer en The Guardian a una encuesta en la que la mitad de los musulmanes británicos respondía que no se siente identificada con su patria de acogida. Una tercera parte de los jóvenes musulmanes afirmaba preferir la sharia al sistema de vida británico. A la luz de estas respuestas, se entiende que el fanatismo islámico dispone de un excelente caldo de cultivo en este ambiente.

 

Gran Bretaña y Europa son cada vez más vulnerables, como resaltaba recientemente en nuestras páginas el contralmirante Chris Parry, que sostiene que las migraciones harán caer Europa al igual que los bárbaros provocaron el hundimiento del Imperio Romano. Una tesis catastrofista pero que podría hacerse realidad si los Gobiernos europeos no aciertan con sus políticas y el islamismo radical sigue extendiéndose en nuestro continente como una mancha de aceite.

  

Editorial publicado en el diario EL MUNDO el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“La amenaza continúa” (Editorial de ABC)

  

 

La Policía británica afirma haber desactivado un terrible atentado terrorista que, según se ha descrito, habría provocado «un asesinato masivo, a una escala inimaginable». La labor preventiva es siempre la que mejores frutos da y en este caso las Fuerzas de Seguridad británicas merecen un elogio que tal vez habría sido más discutido en otras operaciones antiterroristas. Por desgracia, las sociedades occidentales están obligadas a pagar el peaje de la incomodidad por las medidas de seguridad en las zonas especialmente sensibles, como los aeropuertos, y lo único que podemos decir con certeza es que eso tendrá que ser así durante mucho tiempo. En estas circunstancias no podemos dejar de colaborar con quienes se esfuerzan por evitar los atentados terroristas, que, como se demuestra constantemente, siguen siendo una amenaza real.

 

De hecho, sucesos como éste nos vuelven a recordar que el mundo civilizado continúa haciendo frente a una ofensiva implacable por parte de las fuerzas del fanatismo. Las sociedades libres están amenazadas expresamente por los partidarios del terror oscurantista, y el hecho de que esta vez la Policía haya podido llegar antes de que se cumpliesen los siniestros planes de los asesinos no resta en modo alguno relevancia al ataque del que todos (puesto que cualquiera podría haberse encontrado en esos aviones) éramos objetivos. Ignorarlo no nos hace inmunes a los ataques de los que quieren imponer a todo el mundo sus retorcidas visiones de la religión islámica. De este tipo de violencia son víctimas tanto los iraquíes como los norteamericanos, no hay nacionalidad ni religión que esté libre de peligro.

 

Tal vez este atentado pretendiese ser una venganza contra Occidente por la sensación de injusticia que muchos árabes y musulmanes pudieran percibir por lo que sucede en el conflicto de Oriente Próximo. Tal vez pretendiera ser una respuesta a lo que está pasando en estos momentos en Líbano. Nada de ello podría suministrar el menor grado de legitimidad a tales acciones, ni justificar la violencia contra personas inocentes. El terrorismo es siempre condenable, es un ejercicio criminal de ciego salvajismo y nunca puede ser considerado como un mecanismo de acción política.

 

Sería un error que en España el Gobierno se confundiera por un exceso de optimismo, creyendo que solamente esa quimera bucólica del diálogo de civilizaciones sirve para protegernos de este peligro evidente. En nuestro caso es tan cierto que hasta los portavoces reconocidos de Al Qaida han manifestado claramente su deseo de obrar por la vuelta del Al-Andalus de la mitología árabe clásica, es decir, España, al dominio musulmán. Ya es bastante inquietante asistir a ese insensato optimismo con el que el Ejecutivo disminuye expresamente la importancia del riesgo del terrorismo etarra como para pensar que se está bajando la guardia en materia de prevención de terrorismo islámico, algo que sería extremadamente grave.

 

El mundo va a tener que hacer frente todavía durante mucho tiempo a esta amenaza, y los expertos consideran que aún no hemos visto lo peor. La posibilidad de que haya terroristas que se procuren armas de destrucción masiva es el mayor riesgo que deberemos combatir en el futuro y para ello sigue siendo crucial que no haya más Estados fracasados en los que tales planes puedan desarrollarse bajo una cobertura oficial. A veces es difícil comprender que estamos en guerra cuando el enemigo no se ve; aunque el campo de batalla está en nuestras propias ciudades, hemos desarrollado una capacidad para borrar en cuestión de horas todo rastro de los ataques de los que somos objeto. Como se demuestra en este nuevo ataque contra Londres, afortunadamente podemos incluso llegar a evitar que tales embestidas se produzcan. Pero eso no debe invitar al relajo. Porque la amenaza sigue existiendo y los enemigos de la libertad continúan empeñados en ponernos de rodillas.

  

Editorial publicado en el diario ABC el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“El terrorismo más ciego y más atroz” (Editorial de LA RAZON)

 

 

Una labor eficaz conjunta de los servicios de Inteligencia británicos con el apoyo de los EE UU permitió evitar ayer al mundo occidental otra jornada de dolor y sangre. El terrorismo islamista, fiel a sus promesas, a sus amenazas y a sus propósitos de derribar todo lo que representa la cultura, la civilización y la forma de vida de los sistemas democráticos, había ideado un nuevo zarpazo tan brutal, tan despiadado y tan sofisticado como el del 11-S, del que dentro de unas semanas se cumplirán cinco años. La yihad no se detiene. Recluta a sus militantes enceguecidos allí donde los necesita. Ayer, en Londres, una impecable labor policial evitó la gran tragedia. Pero podía haber ocurrido. Otra vez, como en el 7-J, un puñado de ciudadanos británicos de origen paquistaní y de creencia musulmana, buscó un baño de sangre por un sistema hasta ahora desconocido. De haber culminado sus objetivos, la explosión en el aire de diez aviones que hacían la ruta entre Londres y distintas ciudades de los Estados Unidos, habría provocado una matanza abrumadora. Entre dos y tres mil personas podrían haber perdido la vida si el terrorífico plan de estos sanguinarios kamikaces hubiera alcanzado sus objetivos. En esta ocasión, no lo lograron. La democracia está librando una guerra global contra un enemigo poderoso y fanatizado. No es una pugna convencional. Es la guerra contra el terrorismo. En los aeropuertos europeos, en los rascacielos estadounidenses, en las estaciones de Metro de Madrid, en los desiertos de Afganistán, en las fronteras de Israel, en el vientre mismo de Irán... Es una guerra sin treguas ni trincheras, en la que uno de los ejércitos, populoso y febril, muestra cada día su imagen más feroz. Sin clemencia, sin titubeos. En el otro lado, hay gobiernos dispuestos a defender sus valores y sus principios con firmeza y rigor. Pero otros todavía titubean a la hora de asumir sus responsabilidades y juguetean enarbolando teorías singulares sobre la «Alianza de Civilizaciones» o coquetean con pañoletas fedayines. ¿Existe alguna solución para poner coto y derrotar a esta ofensiva del mal? Aislar a los islamistas fanáticos de los islamistas moderados. Es la teoría más instalada en los núcleos del pensamiento occidental, donde se trabaja por impulsar la democratización de los regímenes más porosos a la posibilidad de una evolución hacia horizontes más abiertos, plurales y democráticos. Se trata, con todo, de un empeño endiablado y, de momento, casi inaccesible. Pero es el único camino. Y mientras se alcanza, no cabe otra posibilidad que seguir haciendo frente, sin pestañear, a todos los desafíos que, en forma de brutales atentados, de guerras terroristas, de subversiones enquistadas, desarrollan los impulsores de la sangre y el horror.

 

Washington señaló ayer a Al Quaida como el responsable último de la masacre desbaratada en Londres. Dentro de unos días tendremos la solución al enigma. De momento, esta arremetida la ha ganado el mundo democrático y libre. Pero la guerra continúa. Y el campo de batalla es todo el planeta. «Desde Al Andalus hasta Irán», decía en su último comunicado el vicecónsul de los terroristas. Ya estamos más que advertidos.

  

 

Editorial publicado en el diario LA RAZON el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

El Atentado en la Prensa de Provincias (Opiniones)

Por Narrador - 11 de Agosto, 2006, 6:55, Categoría: General

 

“A vida o muerte” (Editorial de LA VANGUARDIA)

   

 

La amenaza del terrorismo internacional no cesa. La policía británica abortó en la madrugada de ayer un sofisticado ataque “de dimensiones globales” y “de una escala sin precedentes”, según algunas declaraciones. La acción estaba organizada por una trama terrorista con el objetivo de atentar contra una docena de vuelos transatlánticos entre aeropuertos de Gran Bretaña y de Estados Unidos, de acuerdo con la escasa información proporcionada por el Ministerio del Interior y Scotland Yard.

 

Según la policía, el complot terrorista se habría perpetrado con explosivos líquidos, introducidos en los aviones por medio del equipaje de mano, y deflagrados durante el vuelo, lo que habría causado un pavoroso número de víctimas. El hecho de que las autoridades británicas, que practicaron una veintena de detenciones, actuaran ayer de forma tan expeditiva, hasta el punto de ordenar el cierre parcial durante varias horas del neurálgico aeropuerto de Heathrow, en Londres, indica que los terroristas podían estar en condiciones de perpetrar su matanza inmediatamente, quizás ayer mismo. También es significativo de esta inmediatez el hecho de que las detenciones y la alerta antiterrorista sorprendiera al primer ministro Tony Blair de vacaciones en el Caribe, un viaje que ya había retrasado a causa del conflicto en Líbano.

 

La poca información que, hasta el momento, han facilitado las autoridades británicas sobre esta amenaza de atentados en cadena no permite ir más allá de las conjeturas. No se sabe todavía mucho acerca de quiénes son los terroristas ni de los grupos que les apoyan. Tampoco se conoce con precisión el número de vuelos en los que tenían previsto introducir sus explosivos. De hecho, la policía ha dado a entender que la operación no está cerrada y que durará todavía unos días. Pero por las indicaciones que se transmitieron durante toda la jornada, al parecer se trata de un grupo organizado de terroristas islamistas, según el presidente Bush, que desde hace meses venían preparando un rosario de atentados que, de haberlos efectuado, habrían constituido una tragedia de las dimensiones del 11-S en Estados Unidos o del 11-M en Madrid. De hecho, el ministro del Interior británico, John Reid, había alertado anteayer mismo de la amenaza “más grave para el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial”.

 

La severidad de las medidas tomadas en la mañana de ayer, en aplicación de la alerta antiterrorista máxima, afectó a buena parte del espacio aéreo y de los aeropuertos europeos, la cancelación de numerosos vuelos y el caos y la confusión en los aeropuertos británicos. Además, la amenaza ha obligado a tomar una serie de precauciones de seguridad que afectan a la forma de acceder los viajeros a los aviones y a los equipajes de mano, que fueron restringidos al mínimo, lo que provocó que los pocos vuelos que se efectuaron lo hicieran después de tediosas y largas colas.

 

Es evidente que el terrorismo internacional sigue constituyendo una amenaza seria y cierta y que la protección de los ciudadanos obliga a los gobiernos a tomar decisiones que suponen incomodidades. Hay que asumir que la lucha contra el terrorismo global ha cambiado algunos aspectos de la vida de los ciudadanos, que deben ser conscientes de que se hallan ante una batalla planteada a vida o muerte.

  

Editorial publicado en el diario LA VANGUARDIA el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“Occidente, otra vez en estado de ansiedad” (Editorial de EL PERIODICO)

 

 

• El arresto de islamistas en el Reino Unido reaviva el debate sobre seguridad a cambio de menos libertad

 

La detención en el Reino Unido de 21 presuntos implicados en un plan para hacer estallar en vuelo hasta una decena de aviones con destino en aeropuertos de Estados Unidos ha despertado una vez más todos los temores e inseguridades de Occidente. Solo 13 meses después de los atentados contra el metro y los autobuses de Londres, otra vez el terrorismo fundamentalista ha hecho disparar todas las alarmas en la sociedad británica, ha inquietado a la norteamericana y ha puesto en estado de ansiedad a buena parte del resto del planeta. Los peores vaticinios sobre la dislocación del sistema de relaciones internacionales después de la guerra fría llevan camino de cumplirse.

 

LOS DESAFÍOS POLÍTICOS. Después de cada golpe del terrorismo global --Nueva York, Bali, Madrid, Bombay y tantos otros lugares--, se ha apoderado de Occidente la tentación de someter a las servidumbres de la guerra las exigencias de la ética. De forma que a la tragedia humana de las muertes sin sentido se ha sumado la tragedia moral de una guerra en la cual las operaciones encubiertas, los manejos de los servicios de inteligencia y el clima de sospecha generalizada convierten a los ciudadanos en rehenes de sus ansias de seguridad. La consecuencia inmediata es que la cooperación internacional en materia de seguridad se antepone hoy a cualquier otra idea de cooperación multilateral, las partidas presupuestarias dedicadas a seguridad obligan a contraer el gasto social y las ayudas del mundo próspero a los países subdesarrollados crecen con exasperante lentitud.

 

EL ECO EN ORIENTE PRÓXIMO. La repercusión del último episodio de terrorismo global será especialmente relevante en Oriente Próximo porque alimenta la estrategia de los sectores más duros. En Israel, porque reforzará la posición de quienes encuadran la lucha contra Hamás --en Gaza-- y contra Hizbulá --en el Líbano-- en el esquema general de la lucha antiterrorista diseñada por Estados Unidos; en las filas islamistas, porque la causa de cualquier franquicia de Al Qaeda es también la suya. Es decir, que Israel podrá resaltar, más si cabe de lo que lo ha hecho hasta la fecha, la complementariedad de sus guerras con los intereses de Occidente y su combate contra el islam radical.

 

LOS TEMORES COTIDIANOS. Pero acaso la peor de todas las consecuencias, después de jornadas como la de ayer en el Reino Unido, sea el aumento de los partidarios del paradigma reaccionario: tener mayor seguridad justifica tener menos libertad. En definitiva, crece en las opiniones públicas de Occidente la sensación de que hace falta endurecer las leyes para preservar su modo de vida. Y, al mismo tiempo, se asientan en el imaginario colectivo los peores tópicos, se justifica el racismo y se observa con recelo a quienes son depositarios de otras culturas. En última instancia, se adueña de los espíritus la exigencia de una vida cotidiana sin riesgos cueste lo que cueste.

   

Editorial publicado en el diario EL PERIODICO el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“Terrorismo global” (Editorial de EL CORREO)

  

 

Un año después de los atentados en el metro y autobuses urbanos de Londres que costaron la vida a 52 personas y graves heridas a un centenar, el anuncio por parte de las autoridades británicas de que han descubierto un compló para abatir aviones en vuelo y provocar un asesinato en masa devuelve al primer plano de la preocupación la amenaza del terrorismo global. Los servicios secretos optaron por no divulgar detalles de la identidad de los detenidos en Gran Bretaña. Aún así, hay que confiar en que Londres sólo se ha decidido a comunicar que había evitado una cadena de ataques tras recibir sólidos elementos de convicción. La noticia desencadenó el caos en los aeropuertos londinenses -y una reacción en cadena en todo el mundo-, además de aconsejar la imposición de unas medidas de seguridad en el control de equipajes que complican hasta el límite la ya difícil operación de embarcar.

 

Las autoridades policiales y políticas del Reino Unido, con el ministro de Interior, John Reid, a la cabeza, expresaron la seguridad de haber abortado una operación múltiple de derribo de aviones con destino a Estados Unidos mediante la utilización de explosivos líquidos transportados manualmente. El primer ministro, Tony Blair, confirmó los extremos de la conspiración y su contacto permanente con George W. Bush. Sólo el presidente estadounidense, en una breve declaración, recordó que su país está en guerra contra el terrorismo y mencionó con claridad la supuesta presencia islamista en el compló. La mayoría de los analistas y expertos coincidieron en que todos los indicios apuntan a la inspiración de Al-Qaida, teniendo en cuenta que es la única organización capaz de desplegar los medios necesarios para activar una conspiración de semejante ambición criminal.

 

La profesionalidad de los servicios de seguridad británicos habría evitado en esta ocasión una gran tragedia perseguida de nuevo por el terrorismo global, pero ha puesto también al descubierto uno de los puntos débiles de la seguridad aérea, cuyos sistemas de protección resultan hoy inviables para detectar explosivos en estado líquido. Y es preciso eliminar esas grietas, porque la evidente persistencia de la amenaza terrorista exige no desfallecer en el objetivo de preservar al máximo posible la seguridad de los ciudadanos.

   

 

Editorial publicado en el diario EL CORREO el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

Londres frustra una serie de atentados aéreos que buscaban «una matanza inimaginable»

Por Narrador - 11 de Agosto, 2006, 6:35, Categoría: General

 

LONDRES. El Reino Unido volvió a sentir la espada del terror sobre su cuello. La Policía británica desbarató un complot terrorista contra vuelos de líneas aéreas norteamericanas entre el Reino Unido y Estados Unidos que provocó un grave caos ayer en los aeropuertos británicos.

 

Según las autoridades inglesas, el grupo terrorista planeaba provocar una «matanza inimaginable» con una serie de atentados contra 10 vuelos distintos en los próximos días. La Policía detuvo a 21 personas y el ministro de Asuntos Interiores, John Reid, manifestó que los personajes clave del complot se encontraban bajo arresto. Sin embargo, Reid indicó que el nivel de riesgo de atentado terrorista seguía siendo «crítico», es decir, que el Reino Unido seguía preparado para la posibilidad de un atentado «inminente». La misma valoración que hizo al otro lado del Atlántico el secretario de Seguridad Interior estadounidense Michael Chertoff quien elevó la alarma de amenaza al máximo nivel, «rojo», y señaló que el peligro del atentado no había pasado del todo. Ambos Gobiernos indicaron que el primer ministro Tony Blair, de vacaciones en Barbados, había informado al presidente George Bush del operativo policial en curso. Al cierre de esta edición continuaban los registros en domicilios presuntamente implicados del Reino Unido.

 

En el equipaje de mano

 

La Policía británica dijo que el grupo terrorista planeaba abordar los aviones con el material explosivo oculto en el equipaje de mano para detonarlo a la mitad de vuelo entre ambos países. Según fuentes de seguridad citadas por la BBC, el plan era ejecutar tres olas de atentados utilizando líquidos químicos de alto potencial explosivo que podían ser transportados en latas o botellas de bebidas gaseosas, e informó de que podría tratarse de explosivos sumamente sofisticados y extremadamente efectivos.

 

Las actuaciones policiales de ayer se adelantaron, según un portavoz del cuerpo, con base en ciertas informaciones de Inteligencia recibidas en los últimos días, ante la certeza de que algunos elementos del entramado no terminaban de encajar, por lo que se hizo necesario intervenir de inmediato.

 

Una de las historias que circuló con más fuerza era que los terroristas planeaban armar los explosivos en pleno vuelo con los diferentes elementos que, camuflados, trataban de introducir en los aviones. El blanco del ataque eran tres líneas aéreas estadounidenses: United, Continental y American.

 

En cuanto a la identidad de los presuntos terroristas las autoridades se comportaron con gran discreción. El número dos de la Policía metropolitana, el subinspector Paul Stephenson, señaló que se trataba de gente que «se sumerge en el corazón de las minorías» del Reino Unido para poder planear y ejecutar atentados. Las autoridades suelen usar estos giros idiomáticos para no herir la sensibilidad de la minoría musulmana (unos dos millones de personas) sugiriendo que no se trata de la comunidad sino de elementos extremistas. Fuentes de Seguridad citadas por la prensa local fueron más explícitas y afirmaron que se trata de británicos de origen paquistaní.

 

Al otro lado del mar

 

En Francia, el ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, confirmó que los responsables eran británicos de origen paquistaní y de la misma manera se manifestaron las autoridades en Estados Unidos, donde el secretario de Seguridad Interior señaló que todo parecía indicar que se trataba de una operación de Al Qaida. «Es un plan sofisticado, con muchos integrantes e indudable alcance internacional. Pero por el momento no podemos decir nada definitivo porque aún se está investigando lo sucedido», señaló Chertoff. Asimismo Washington anunció que incrementará el número de agentes en los vuelos hacia el Reino Unido. En mayo Al Qaida amenazó con atacar aviones estadounidenses y británicos para vengar a Irak y Afganistán.

 

La alerta terrorista causó un gravísimo caos en los aeropuertos británicos. El mayor de Londres y con más tráfico de toda Europa, Heathrow, permanece cerrado. El segundo, Gatwick, también se vio obligado a cerrar en medio de la confusión y desconsuelo de muchos pasajeros que perdían el comienzo de sus vacaciones. La información era escasa y sólo a lo largo del día la gente se apercibió de que se trataba de una emergencia mayor.

 

Entre los pasajeros que hacían cola se repartieron bolsas transparentes al prohibirse llevar equipaje de mano. Sólo se autorizó a bordo documentos, pasaje, medicamentos no líquidos, equipo médico esencial para diabéticos, gafas sin estuches, biberones y leche para bebés, siempre que su contenido fuera verificado, productos sanitarios femeninos sin empaquetar y llaves sin dispositivos eléctricos. Una fuerte presencia policial y el tableteo de los helicópteros fueron claras señales del estado de alarma que se vivía ante la posibilidad del peor de los desenlaces.

 

Forzada normalidad

 

En algunos aeropuertos hubo cierta normalidad -Belfast o Birmingham- aunque se registraron también grandes demoras. En otros, especializados en vuelos baratos como el de Stanstead, hubo numerosas cancelaciones y demoras. La mayoría de las personas intentaban sobreponerse al caos reinante y se resignaron a una larga espera. Entre los testimonios muy pocos mostraron cierto optimismo. «No me preocupa para nada. Con todo el despliegue de Fuerzas de Seguridad, es el día en que se puede viajar más tranquilo», señaló a la prensa local un pasajero, Robert Ashton, que se iba de vacaciones a Turquía. Iberia, American Airlines, Lufthansa y Olimpic cancelaron sus vuelos.

 

Recuerdos del 7-J

 

Mientras tanto, en las calles de Londres se vivió con resignada incredulidad el regreso del terror. En la memoria de los británicos los atentados del 7 de julio del año pasado ocupan el mismo lugar que los del 11 de marzo en España. La alerta terrorista revivió aquellos días de miedo y espanto que siguieron a las bombas de los cuatro atacantes suicidas en tres líneas de metro y un autobús que dejaron un saldo de 56 muertos y 700 heridos.

 

En las líneas de metro y ferroviarias los altavoces difundían con renovada frecuencia el mismo mensaje de alerta. «No deje paquetes abandonados en los andenes. Cualquier paquete sin dueño visible será inmediatamente retirado y destruido»; es el clima que parece repetirse cíclicamente desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Las acciones de las aerolíneas y las compañías de viaje cayeron en picado después de que se anunciara el complot terrorista.

   

Una información de Marcelo Justo publicada en el diario ABC el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

Garzón actuará contra los dirigentes batasunos si se celebra la marcha

Por Narrador - 11 de Agosto, 2006, 6:33, Categoría: General

 

El magistrado los considerará «convocantes» de una manifestación «ilegal» y ya desconvocada, aunque descarta la prisión preventiva

 

Madrid- Tras la declaración de Pernando Barrena, portavoz de Batasuna, y sus cuatro compañeros, citados ayer en la Audiencia Nacional por su presunta relación con la marcha ilegal convocada para el domingo en San Sebastián por el particular José Luis Sayes Alzua, el juez Baltasar Garzón consideró que «no ha lugar» al ingreso en prisión de ninguno de ellos. La manifestación ha sido ya desconvocada y Barrena y los suyos se desdijeron de todo lo dicho.

 

Prisión era lo que solicitaba Dignidad y Justicia, la acusación popular, a través de su abogado, José María Ruiz. El motivo para ello era que, según manifestó el letrado, «llevamos ya varios años con este proceso y se siguen produciendo marchas de Batasuna». Y en vista de que medidas cautelares como las fianzas no parecen surtir efecto, «tendremos que pedir medidas más fuertes».

 

Advertencias. Pero el juez estimó que no procede tal medida. Garzón dijo, además, que el motivo de la citación no era otro que el de advertir a los imputados de que si participan en la marcha el domingo, su situación personal podría cambiar radicalmente, ya que consideraría que Batasuna habría asumido «en exclusiva» la convocatoria de la marcha. Esta advertencia la realizó a los cinco citados verbalmente y de manera individual durante la vista, además de por escrito mediante un requerimiento. También hizo la advertencia «extensiva a todos los dirigentes de Batasuna».

 

En los requerimientos que recibió cada imputado, el juez les hizo responsables de los carteles en los que Batasuna llamaba a manifestarse o a concentrarse y ordenó que se retirasen, además de advertirles de que la celebración de la manifestación o de cualquier acto de esa categoría será de su responsabilidad personal o de los dirigentes. Precisamente, el abogado José María Ruiz quiso insistir ayer en que si se llevara a cabo la marcha el domingo, Dignidad y Justicia pediría el ingreso en prisión incondicional de Barrena y sus compañeros por haber sido ellos los que la convocaron.

 

Sobre la celebración de otro tipo de actos que aparecían anunciados en una circular interna de Batasuna, consistentes en encierros en algún lugar durante el fin de semana, el juez les recordó que también serían considerados ilegales y que, de participar alguno de los citados a declarar en ellos, podría actuar en consecuencia.

 

Barrena se desvincula. En su declaración, Barrena se desvinculó de la manifestación del domingo. Añadió también que cuando realizó la rueda de prensa anteayer, en la que hizo pública la convocatoria para la manifestación, «desconocía» que ésta había sido desconvocada. Por último, el portavoz abertzale señaló que Batasuna no había convocado la manifestación, sino que simplemente se limitó a adherirse a ella.

 

Barrena fue el primero de los cinco imputados en declarar. Los otros cuatro miembros de Batasuna, Ángel María Elkano, Aizpea Abrisketa, Asier Arraiz y Mikel Zubimendi, se limitaron a adherirse a las manifestaciones de su portavoz, sin añadir nada nuevo con sus testimonios.

 

El último en declarar ante el magistrado, pero en calidad de testigo, fue el convocante-desconvocante de la concentración del domingo, José Luis Sayes Alzua. Sayes dijo que convocó la marcha «porque es lo tradicional todos los años», añadiendo que el año pasado por estas fechas se celebró una muy parecida.

 

Preguntado por las razones por las que desconvocó la manifestación, dijo que se vio «desbordado por la situación». Negó, además, cualquier relación con Batasuna.

 

La Fiscalía, contra la marcha. Horas antes de la comparecencia de los representantes abertzales ante Garzón, la Fiscalía anunciaba que solicitará la adopción de medidas cautelares para los cinco si finalmente se celebra la manifestación. Además, pidió al titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 que prohíba la manifestación de San Sebastián, o cualquier otro «acto alternativo» que pudiera producirse, según anunció en Santander el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Alberto Zaragoza Aguado.

 

A este respecto, Garzón dictó anoche una providencia en la que pide a la Consejería vasca de Interior que le informe sobre la manifestación convocada para mañana por María Jesús Aguirre Aristegui, para determinar «si se trata de un acto que pretende sustituir al desconvocado y apoyado por Batasuna, o no guarda relación con éste».

 

En la resolución, Garzón dice que la manifestación convocada ahora es «de similares características a la desconvocada ayer [por el miércoles]», por lo que necesita que la consejería que dirige Javier Balza determine «si hay coincidencias de horarios, itinerarios, convocantes y demás circunstancias». El magistrado también pide que se remita un mandamiento urgente a la Unidad Central de Información (UCI) de la Policía y a la Guardia Civil para que presenten sus informes respectivos. Anuncia el juez que «una vez consten estos datos se resolverá sobre la citación y comparecencia» de la persona que ahora convoca esta nueva manifestación.

 

El magistrado también ha decidido unir a la causa los informes remitidos por la UCI relativos a la rueda de prensa celebrada ayer, la ofrecida por el portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi, «a los efectos oportunos».

 

La llegada a la Audiencia Nacional de los imputados se produjo sin apenas contratiempos. Tan sólo alrededor de medio centenar de personas acudieron a las inmediaciones del edificio, en pleno centro de Madrid, para esperar la llegada del dirigente batasuno Pernando Barrena y el resto de miembros de la coalición ilegalizada. Ésta se produjo al filo de las cinco y diez de la tarde, cuando llegaron mostrando un aspecto confiado y tranquilo.

 

Insultos. Nada más aparecer en la entrada, fueron increpados por un grupo de ultraderechistas, unas diez personas que portaban banderas de España con el escudo preconstitucional y llamaron a los imputados «asesinos».

   

Una información de Augusto Guitard publicada en el diario LA RAZON el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

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