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El Atentado en la Prensa de Provincias (Opiniones)

Por Narrador - 11 de Agosto, 2006, 6:55, Categoría: General

 

“A vida o muerte” (Editorial de LA VANGUARDIA)

   

 

La amenaza del terrorismo internacional no cesa. La policía británica abortó en la madrugada de ayer un sofisticado ataque “de dimensiones globales” y “de una escala sin precedentes”, según algunas declaraciones. La acción estaba organizada por una trama terrorista con el objetivo de atentar contra una docena de vuelos transatlánticos entre aeropuertos de Gran Bretaña y de Estados Unidos, de acuerdo con la escasa información proporcionada por el Ministerio del Interior y Scotland Yard.

 

Según la policía, el complot terrorista se habría perpetrado con explosivos líquidos, introducidos en los aviones por medio del equipaje de mano, y deflagrados durante el vuelo, lo que habría causado un pavoroso número de víctimas. El hecho de que las autoridades británicas, que practicaron una veintena de detenciones, actuaran ayer de forma tan expeditiva, hasta el punto de ordenar el cierre parcial durante varias horas del neurálgico aeropuerto de Heathrow, en Londres, indica que los terroristas podían estar en condiciones de perpetrar su matanza inmediatamente, quizás ayer mismo. También es significativo de esta inmediatez el hecho de que las detenciones y la alerta antiterrorista sorprendiera al primer ministro Tony Blair de vacaciones en el Caribe, un viaje que ya había retrasado a causa del conflicto en Líbano.

 

La poca información que, hasta el momento, han facilitado las autoridades británicas sobre esta amenaza de atentados en cadena no permite ir más allá de las conjeturas. No se sabe todavía mucho acerca de quiénes son los terroristas ni de los grupos que les apoyan. Tampoco se conoce con precisión el número de vuelos en los que tenían previsto introducir sus explosivos. De hecho, la policía ha dado a entender que la operación no está cerrada y que durará todavía unos días. Pero por las indicaciones que se transmitieron durante toda la jornada, al parecer se trata de un grupo organizado de terroristas islamistas, según el presidente Bush, que desde hace meses venían preparando un rosario de atentados que, de haberlos efectuado, habrían constituido una tragedia de las dimensiones del 11-S en Estados Unidos o del 11-M en Madrid. De hecho, el ministro del Interior británico, John Reid, había alertado anteayer mismo de la amenaza “más grave para el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial”.

 

La severidad de las medidas tomadas en la mañana de ayer, en aplicación de la alerta antiterrorista máxima, afectó a buena parte del espacio aéreo y de los aeropuertos europeos, la cancelación de numerosos vuelos y el caos y la confusión en los aeropuertos británicos. Además, la amenaza ha obligado a tomar una serie de precauciones de seguridad que afectan a la forma de acceder los viajeros a los aviones y a los equipajes de mano, que fueron restringidos al mínimo, lo que provocó que los pocos vuelos que se efectuaron lo hicieran después de tediosas y largas colas.

 

Es evidente que el terrorismo internacional sigue constituyendo una amenaza seria y cierta y que la protección de los ciudadanos obliga a los gobiernos a tomar decisiones que suponen incomodidades. Hay que asumir que la lucha contra el terrorismo global ha cambiado algunos aspectos de la vida de los ciudadanos, que deben ser conscientes de que se hallan ante una batalla planteada a vida o muerte.

  

Editorial publicado en el diario LA VANGUARDIA el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“Occidente, otra vez en estado de ansiedad” (Editorial de EL PERIODICO)

 

 

• El arresto de islamistas en el Reino Unido reaviva el debate sobre seguridad a cambio de menos libertad

 

La detención en el Reino Unido de 21 presuntos implicados en un plan para hacer estallar en vuelo hasta una decena de aviones con destino en aeropuertos de Estados Unidos ha despertado una vez más todos los temores e inseguridades de Occidente. Solo 13 meses después de los atentados contra el metro y los autobuses de Londres, otra vez el terrorismo fundamentalista ha hecho disparar todas las alarmas en la sociedad británica, ha inquietado a la norteamericana y ha puesto en estado de ansiedad a buena parte del resto del planeta. Los peores vaticinios sobre la dislocación del sistema de relaciones internacionales después de la guerra fría llevan camino de cumplirse.

 

LOS DESAFÍOS POLÍTICOS. Después de cada golpe del terrorismo global --Nueva York, Bali, Madrid, Bombay y tantos otros lugares--, se ha apoderado de Occidente la tentación de someter a las servidumbres de la guerra las exigencias de la ética. De forma que a la tragedia humana de las muertes sin sentido se ha sumado la tragedia moral de una guerra en la cual las operaciones encubiertas, los manejos de los servicios de inteligencia y el clima de sospecha generalizada convierten a los ciudadanos en rehenes de sus ansias de seguridad. La consecuencia inmediata es que la cooperación internacional en materia de seguridad se antepone hoy a cualquier otra idea de cooperación multilateral, las partidas presupuestarias dedicadas a seguridad obligan a contraer el gasto social y las ayudas del mundo próspero a los países subdesarrollados crecen con exasperante lentitud.

 

EL ECO EN ORIENTE PRÓXIMO. La repercusión del último episodio de terrorismo global será especialmente relevante en Oriente Próximo porque alimenta la estrategia de los sectores más duros. En Israel, porque reforzará la posición de quienes encuadran la lucha contra Hamás --en Gaza-- y contra Hizbulá --en el Líbano-- en el esquema general de la lucha antiterrorista diseñada por Estados Unidos; en las filas islamistas, porque la causa de cualquier franquicia de Al Qaeda es también la suya. Es decir, que Israel podrá resaltar, más si cabe de lo que lo ha hecho hasta la fecha, la complementariedad de sus guerras con los intereses de Occidente y su combate contra el islam radical.

 

LOS TEMORES COTIDIANOS. Pero acaso la peor de todas las consecuencias, después de jornadas como la de ayer en el Reino Unido, sea el aumento de los partidarios del paradigma reaccionario: tener mayor seguridad justifica tener menos libertad. En definitiva, crece en las opiniones públicas de Occidente la sensación de que hace falta endurecer las leyes para preservar su modo de vida. Y, al mismo tiempo, se asientan en el imaginario colectivo los peores tópicos, se justifica el racismo y se observa con recelo a quienes son depositarios de otras culturas. En última instancia, se adueña de los espíritus la exigencia de una vida cotidiana sin riesgos cueste lo que cueste.

   

Editorial publicado en el diario EL PERIODICO el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“Terrorismo global” (Editorial de EL CORREO)

  

 

Un año después de los atentados en el metro y autobuses urbanos de Londres que costaron la vida a 52 personas y graves heridas a un centenar, el anuncio por parte de las autoridades británicas de que han descubierto un compló para abatir aviones en vuelo y provocar un asesinato en masa devuelve al primer plano de la preocupación la amenaza del terrorismo global. Los servicios secretos optaron por no divulgar detalles de la identidad de los detenidos en Gran Bretaña. Aún así, hay que confiar en que Londres sólo se ha decidido a comunicar que había evitado una cadena de ataques tras recibir sólidos elementos de convicción. La noticia desencadenó el caos en los aeropuertos londinenses -y una reacción en cadena en todo el mundo-, además de aconsejar la imposición de unas medidas de seguridad en el control de equipajes que complican hasta el límite la ya difícil operación de embarcar.

 

Las autoridades policiales y políticas del Reino Unido, con el ministro de Interior, John Reid, a la cabeza, expresaron la seguridad de haber abortado una operación múltiple de derribo de aviones con destino a Estados Unidos mediante la utilización de explosivos líquidos transportados manualmente. El primer ministro, Tony Blair, confirmó los extremos de la conspiración y su contacto permanente con George W. Bush. Sólo el presidente estadounidense, en una breve declaración, recordó que su país está en guerra contra el terrorismo y mencionó con claridad la supuesta presencia islamista en el compló. La mayoría de los analistas y expertos coincidieron en que todos los indicios apuntan a la inspiración de Al-Qaida, teniendo en cuenta que es la única organización capaz de desplegar los medios necesarios para activar una conspiración de semejante ambición criminal.

 

La profesionalidad de los servicios de seguridad británicos habría evitado en esta ocasión una gran tragedia perseguida de nuevo por el terrorismo global, pero ha puesto también al descubierto uno de los puntos débiles de la seguridad aérea, cuyos sistemas de protección resultan hoy inviables para detectar explosivos en estado líquido. Y es preciso eliminar esas grietas, porque la evidente persistencia de la amenaza terrorista exige no desfallecer en el objetivo de preservar al máximo posible la seguridad de los ciudadanos.

   

 

Editorial publicado en el diario EL CORREO el viernes 11 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

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