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EL Comunicado Etarra valorado en la Prensa Nacional

Por Sin Pancarta - 19 de Agosto, 2006, 6:18, Categoría: General

La prensa de Madrid, EL PAIS incluido con algún matiz, no ha recibido muy bien el comunicado de la banda criminal. A diferencia de la prensa catalana que sigue en su morada virtual los cuatro periódicos han entendido el verdadero significado del mensaje, la amenaza más explícita. Lo hemos dicho por activa y pasiva ETA sólo busca la consecución de la llamada ‘Alternativa KAS’ enunciada hace 30 años. No se han movido de ahí. El diario de PRISA centra el problema en ETA, Batasuna y Otegi, olvidándose del gran responsable que no es otro que el ‘Presidente Accidental’ que engañando a todo el mundo ha negociado en secreto durante años suplicando una ‘tregua’. Lo dicen hasta los criminales de la ETA: ZP sólo busca utilizar este ‘proceso’ como medio para retener el poder. Esperamos acontecimientos, pero el asunto pinta muy, pero que muy mal.

 

“ETA marca territorio” (Editorial de EL PAIS)

  

 

La interpretación del mensaje de ETA llegó esta vez antes que el mensaje mismo: Otegi descifró el jueves lo que ETA iba a decir el viernes. La banda dijo ayer que "si continúan los ataques contra Euskal Herria, ETA responderá". La interpretación adelantada por el portavoz de Batasuna es que el proceso de paz peligra porque la represión que padece la izquierda abertzale y la falta de iniciativas para la negociación política suponen la ruptura de compromisos inherentes al alto el fuego. Este mensaje llega cuando, según las pistas adelantadas en su momento por el Gobierno, estarían produciéndose, o a punto de producirse, los contactos entre sus representantes y los de ETA, de cuyos resultados sólo se informaría a comienzos de otoño.

 

Los jefes de Batasuna insinúan que contaban con la suspensión de los juicios pendientes y la legalización de hecho en cuanto ETA anunciase el alto el fuego. Los socialistas niegan cualquier compromiso preciso, pero es verosímil suponer que si Batasuna hubiera dado pasos hacia su legalización mediante el procedimiento establecido, habría habido una cierta flexibilidad policial (y también judicial) sobre sus actividades en este periodo transitorio hasta la presentación de los nuevos estatutos. Por razones que se desconocen, Batasuna ha hecho lo contrario: no sólo dejar en suspenso la tramitación prevista, sino desafiar la legalidad exigiendo la derogación de la Ley de Partidos. La situación es absurda: actúan como si recobrar la legalidad fuera un favor que ellos hacen y no una oportunidad que se les ofrece.

 

Esto conecta con la pretensión de que se forme de inmediato una mesa de negociación política, y que incluya a los representantes de Navarra y del País Vasco francés. Tanto el Gobierno como el PNV habían venido dando por supuesto que la negociación política sólo podría tener lugar después de que ETA hubiera pactado con el Gobierno los términos de su disolución. La idea de mesa extraparlamentaria sólo sería admisible como situación transitoria hasta que Batasuna regresara a la Cámara tras las elecciones de 2009. Pero entendiéndose que el foro en que se sustanciasen las reformas políticas sería el Parlamento vasco. Al exigir una mesa extraparlamentaria inmediata y de toda Euskal Herria, Otegi da un paso atrás respecto a lo que admitió en Anoeta (o a la interpretación que el nacionalismo hizo de sus palabras): que había que "partir de la situación actual" de división territorial, con instituciones (y "niveles de conciencia", explica en su libro) diferentes.

 

El comunicado acusa a los demás partidos del bloqueo, y reitera que el proceso no es para acabar con la violencia, sino para "construir un marco democrático". ¿Cómo puede ser democrático un marco que se construya desde la violencia con que se amenaza si la mayoría no se pliega a los planteamientos de una banda que se resiste a dejar de ser armada? Que responda Otegi.

   

Editorial publicado en EL PAIS el sábado 19 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“ETA da otra vuelta de tuerca al Gobierno” (Editorial de EL MUNDO)

   

 

El último comunicado de ETA -el quinto desde que anunciara el alto el fuego- produce la misma indignación que los anteriores, pero además causa sorpresa y estupor. Se suponía que por estas fechas, el Gobierno habría iniciado los contactos con ETA anunciados por Zapatero con el fin de tratar posibles medidas de reinserción y acercamiento de presos a cambio del abandono definitivo la violencia. El ministro del Interior comunicó a las fuerzas políticas que en septiembre estaría en condiciones de informar sobre esos contactos.

 

Sin embargo, la banda se descuelga ahora con un comunicado en el que amenaza, de forma más explícita que nunca desde el alto el fuego, con volver a los atentados si el Gobierno no se pliega a sus exigencias políticas, que son las de siempre. Lo cual significa que o bien los contactos no existen o, si existen, no están fructificando. Puesto que el Gobierno ha decidido guardar silencio, las únicas referencias con las que cuenta la opinión pública acerca del diálogo que anunció Zapatero con la banda son las declaraciones de los proetarras y ahora este comunicado.

 

Y de lo que dicen se deduce con claridad que, como aseguró ayer el secretario general del PP, no estamos ante un «proceso de paz», sino de «chantaje» de una organización criminal al Estado de Derecho. El Gobierno queda en una situación cada vez más difícil y comprometida. Especialmente inquietante para Zapatero es que ETA y Batasuna aseguren que los socialistas no están cumpliendo «los compromisos» alcanzados en las conversaciones previas al alto el fuego. El Ejecutivo siempre ha negado oficialmente los contactos, aunque resulta muy patente que el PSOE y ETA han mantenido conversaciones desde hace varios años, en flagrante y desleal incumplimiento del Pacto Antiterrorista con el PP.

 

Lo más grave de este último comunicado es su contenido estrictamente político. De hecho, la redacción coincide punto por punto con las declaraciones de Otegi. Cuando se puso en marcha el denominado «proceso de paz», se hizo sobre la base de que la dirección de la banda sólo trataría con el Gobierno cuestiones operativas, mientras que los temas políticos tendrían que ser debatidas con los partidos vascos, sin intervención de ETA. Ese era el espíritu de Anoeta. Pues bien, ahora los terroristas pretenden erigirse en vigilantes de un presunto proceso de autodeterminación, por supuesto con la pistola en la mano.

 

Estamos, desde luego, ante un momento crítico. La clave reside en la legalización de Batasuna y en las expectativas que la actuación de Zapatero -comprometiéndose a respetar la voluntad de los vascos y permitiendo la reunión de Patxi López con Otegi- ha creado en el mundo proetarra. Es cierto que este verano está siendo menos caliente en las calles del País Vasco y que los radicales se han manifestado de forma inusualmente contenida, pero el chantaje y la amenaza son cada vez más patentes. El presidente del Gobierno todavía puede salir del lío en el que se ha metido. Basta con que vuelva a la unidad democrática con el PP para transmitir a la banda que el Estado nunca cederá al chantaje terrorista.

   

Editorial publicado en EL MUNDO el sábado 19 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“En un callejón sin salida” (Editorial de ABC)

   

 

Tras el último comunicado de ETA, el Gobierno ha perdido todo argumento político para defender la legitimidad del proceso de negociación con los terroristas. ETA maltrata al Ejecutivo socialista y al PSOE a sus anchas porque se siente superior políticamente y capaz de imponer un chantaje eficaz. Quizá se deba a esos cuatro años de «conversaciones secretas» que los socialistas vascos mantuvieron con Batasuna, mientras el Gobierno del PP se esforzaba en ganar definitivamente la lucha antiterrorista. De forma resumida, los terroristas advierten al Gobierno de que volverán a las armas si el proceso no avanza, de que la solución está en reconocer sus objetivos tradicionales de soberanía, autodeterminación, amnistía y Navarra y de que tiene que cumplir los «compromisos de alto el fuego» adquiridos. En este momento, la única opción que le queda a la negociación con ETA es la cesión a sus exigencias, porque los terroristas no se plantean que el fin de su violencia sea incondicional, ni que la «solución al conflicto» se alcance en el marco constitucional y estatutario. Es decir, la misma ETA de siempre, que se enfrenta, eso sí, a un Gobierno sin precedentes, entrampado en un laberinto de conversaciones clandestinas, compromisos ocultos y sobreentendidos imposibles.

 

Las explicaciones pueriles del PSOE conducen inevitablemente al pasmo, porque presentan a una ETA que miente a sus seguidores con mensajes de «consumo interno» o que fija artificialmente alto el listón de sus exigencias para luego bajarlo en la negociación. Esta actitud demuestra un peligroso desconocimiento acerca de ETA, cuya dirección no dudará en poner al Gobierno en precario tantas veces como sea preciso. Ya son varios los avisos de que está en condiciones de demostrar los compromisos negados por el Gobierno.

 

Sin duda, el proceso está en crisis. El presidente del Gobierno anunció en el mes de junio el inicio del diálogo con ETA, obsequiada con el compromiso de que respetará la libre decisión de los vascos, plagio notorio de la literatura etarra. En septiembre, el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, comparecerá para informar de los primeros resultados de la negociación con la banda. Sin embargo, el Gobierno que siempre iba a decir la verdad, no sólo guarda silencio ante el último comunicado etarra, sino que ha quedado en evidencia por haber diseñado esta fallida estrategia negociadora sobre el engaño a todos y en todo momento. Negó que el PSOE hubiera negociado con Batasuna en los años de plomo anteriores y posteriores a su ilegalización. Negó contactos previos con ETA para pactar la declaración de la tregua. Negó compromisos adquiridos para responder al alto el fuego unilateral de los terroristas. Todo lo que ha negado, al final, se ha revelado cierto o, en el mejor de los casos, muy probable. Pero el problema del Gobierno empieza a ser que no sólo el PP y los ciudadanos pueden sentirse engañados, sino que también ETA se siente así. Los terroristas se lo han advertido en más de una ocasión: ellos no son como ERC ni van a aceptar apaños como el del Estatuto catalán. Es decir, no han dado la tregua para que Zapatero salga victorioso, sino para vencer ellos.

 

La pregunta es qué le queda a este proceso de negociación. El Gobierno, al margen de lo que se comprometiera con ETA, siente ya los límites del Estado y de la Constitución: no se puede reconocer la autodeterminación en una mesa de partidos, no es posible anular completamente el Estado de Derecho -a lo sumo, al fiscal general del Estado-, no cabe la amnistía para los terroristas, aunque se le llame indulto. Y se haya producido o no un primer contacto con los etarras, el proceso probablemente ha tocado techo porque los socialistas han aceptado letras que no pueden pagar y los terroristas quieren para la tregua la rentabilidad prometida.

 

Conviene no perderse en disquisiciones. Esta irresponsable aventura política tiene nombres y apellidos. Es hora de una explicación política por el presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, sometido al control de la oposición y con publicidad ante la sociedad española. Rodríguez Zapatero debe poner fin a su absentismo vacacional, que no ha perdonado -salvo paréntesis perfectamente prescindibles- a pesar de la tragedia ecológica en Galicia (con cuatro muertos), el descontrol migratorio y la crisis regional en Oriente Próximo. Ahora se trata de su proyecto personal, la negociación con ETA, en el que ha implicado, sin consenso suficiente, a toda la sociedad y a las instituciones del Estado.

    

Editorial publicado en ABC el sábado 19 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

“El parte de ETA” (Editorial de LA RAZON)

  

 

El último comunicado de la banda se reitera en los tópicos y redunda en las amenazas

 

Quinto mes de alto el fuego y quinta nota de ETA sobre lo que se debe hacer, lo que no se puede hacer y lo que debe ser. La retórica de los terroristas no presenta el más leve atisbo de cambio: presos, legalización de Batasuna, territorialidad, impunidad y autodeterminación. Lo sustantivo, como casi siempre, es la amenaza de romper la tregua si no comienzan a cumplirse los supuestos compromisos. De la banda terrorista no pueden esperarse grandes sutilezas, y más dada su propensión a atribuir a la mano del Gobierno cualquier acción judicial o policial que afecte a sus integrantes, incluidos los considerados «políticos», a no distinguir entre poderes y procedimientos. La falta de cultura democrática es abrumadora, pero eso se sabe desde hace cuarenta años y se comprueba cada vez que Otegi o cualquier otro de los presuntos demiurgos de los caminos de ETA toma la palabra.

 

De la mera lectura del «análisis» terrorista cabría concluir que la ruptura de la tregua es inminente o, como mínimo, una posibilidad de que crece conforme no se producen signos y gestos que conforten a los presos mientras esperan una excarcelación masiva y sin contrapartidas, sin arrepentimiento ni propósito de enmienda, diríase que con honores. Precisamente los gestos con los presos terroristas es lo que reclaman los partidos nacionalistas vascos para desencallar una situación que en apariencia podría definirse como de «punto muerto».

 

En la superficie del denominado proceso, los intervinientes políticos reiteran sus presupuestos de partida sin que los gestos del PSE y del PNV con Batasuna hayan aparejado una mejora de la situación legal de la alianza de siglas proetarra. Sin embargo, no parece que en las interioridades de dicho proceso se detecten síntomas de estancamientos. Tampoco de lo contrario, pero el silencio momentáneo del Gobierno parece sugerir que el comunicado no es tan importante como la voluntad política por resolver el presunto contencioso vasco. El Ejecutivo acostumbra a aferrarse a la frase hecha de que el único comunicado que comentará será el de abandono definitivo de la violencia, pero no parece que ese texto esté ni siquiera esbozado en el disco duro de los amanuenses de la banda.

 

Tal vez el anticlímax pretenda ocultar los avances que estén a punto de producirse o sea, por el contrario, una nueva muestra de la linealidad etarra, lo que se suele traducir en el típico comentario de que los terroristas nunca mienten, una gran virtud sin duda, matizada por el hecho de que se han venido dedicando a actividades como el asesinato o la extorsión. En cualquier caso, el silencio oficial (que Zapatero podría abandonar hoy en un acto de partido ya previsto) no parece la mejor manera de responder a quienes confían en imponer todas sus condiciones en una negociación. Otro de los problemas de esta actitud de silencio es que cualquier medida que adopte el Gobierno de índole práctica puede ser interpretada como una cesión ante un comunicado tan amenazador como el último proferido por ETA. Los frentes abiertos ante el Gobierno, como el desastre ecológico gallego, el desbordamiento absoluto de la inmigración y el caos aeroportuario no deberían limitar la capacidad de respuesta del Ejecutivo.

     

Editorial publicado en LA RAZON el sábado 19 de agosto de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

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