El Blog

Calendario

<<   Octubre 2006  >>
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31      

Sindicación

Foros

Un Suplemento de:

Alojado en
ZoomBlog

Javier Moreno, concejal del PP en Astigarraga (Guipúzcoa): «En mi pueblo no me hablan, me mandan cartas porque tienen miedo»

Por Narrador - 2 de Octubre, 2006, 7:00, Categoría: Entrevistas

«Llevo año y medio de concejal y es la primera vez que sufro en mis carnes el amedrentamiento de Batasuna»

Madrid - La localidad guipuzcoana de Astigarraga es bastión abertzale, gobernado por Batasuna hasta su ilegalización. El alto el fuego de ETA ha dado alas a sus herederos, la plataforma también ilegalizada «Astigarragatarrok», que aparece y desaparece en los plenos consistoriales con absoluta impunidad, como ocurre en tantos otros ayuntamientos vascos. Javier Moreno, 22 años, es el único concejal del PP en este pueblo de 4.500 habitantes, un microcosmos, por cierto, de la «nación vasca» nacionalista.

Este verano fue agredido e insultado por los batasunos al terminar el debate de una moción, le zarandearon y le escupieron en la cara. No se hablaba de presos ni de otra cuestión sensible para una crecida izquierda «abertzale», sino de la construcción de una incineradora de residuos. «Nadie puede querer el fin de ETA y la paz más que nosotros. Nadie. Pero no hay paz sin libertad y en juego no está sólo el supuesto fin de la violencia, sino también la libertad», advierte.

- ¿Cómo están los ánimos en el País Vasco? ¿Usted percibe mayor o menor confianza en el fin definitivo de la violencia?

- Es verdad que uno puede pensar que vive más tranquilo porque, de momento, ya no tiene miedo a que le peguen dos tiros en la nuca... Pero hay terrorismo callejero, han vuelto las amenazas a los concejales, la presión social se ha incrementado después de un tiempo en el que Batasuna se había visto obligada a esconderse y a replegarse a causa de su ilegalización. Quienes vivimos aquí notamos cada día cómo todo el entorno batasuno se siente fuerte y capaz de ganar su guerra. La política del Gobierno nos está haciendo volver a los tiempos en los que la mayoría consideraba a Batasuna como un partido más. Campan a sus anchas, aunque el Tribunal Supremo haya dictaminado que son ETA.

- Al menos, el alto el fuego le permitirá moverse con más libertad.

- Bueno, todo dentro de un límite. Hay que estar aquí para saber lo que es esto. Astigarraga es un pueblo muy difícil... Mantengo dos escoltas que me acompañan a todas partes cuando salgo de mi domicilio. Nunca te llegas a acostumbrar a las limitaciones que te impone la escolta y ojalá pudiera prescindir de ella hoy mismo, pero las cosas no hacen aconsejable esa decisión. La tregua ha hecho que haya quien te mire más raro de lo habitual y que incluso te recrimine que mantengas la protección, como si, por ello, estuvieras poniendo piedras al llamado «proceso».

- Pero si la tregua sigue vigente, ¿se planteará recuperar una vida normal?

- Han vuelto las amenazas en la calle, ha vuelto la presión y ha vuelto el terrorismo callejero. Cada vez con mayor frecuencia hay incidentes en los plenos de los Ayuntamientos... La situación es incómoda, como ya le he dicho, la escolta me limita por completo mi vida, pero no me planteo renunciar a ella.

- ¿Algún compañero suyo lo ha hecho?

- No, nadie. Aunque sí que he escuchado que algún socialista sí ha prescindido de la protección.

- Después de más de tres años sin muertos, después de más de seis meses de tregua, ¿usted todavía siente miedo?

- Debería decir que no, y es verdad que piensas que, de momento, no hay peligro del tiro en la nuca... Pero, por ejemplo, cuando asistes a los plenos en municipios como Astigarraga es inevitable sentir algo de miedo porque nunca sabes si los de Batasuna se van a presentar o no. Vienen y se van con total impunidad, y esto te obliga a estar tenso y nervioso.

- ¿Está habiendo últimamente muchos incidentes en su pueblo?

- Este verano montaron una bastante grande con el pretexto del debate de una incineradora de residuos. Se presentó la ex alcaldesa de HB con tres concejales más y reventaron el Pleno, sin que el alcalde, nacionalista, hiciese nada para impedirlo. Aquello ha sido la experiencia más humillante de mi vida, porque cuando se levantó la sesión nos estaban esperando en la calle y nos recibieron con escupitazos. Mientras los escoltas te sacan de allí sientes una impotencia absoluta porque no puedes hacer nada. Nos rodearon el coche y se liaron a puñetazos con él, nos gritaron que «esto se arreglaba con dos tiros»... Mi carrera política empezó a ser más intensa en la etapa en la que la presión «abertzale» había prácticamente desaparecido como consecuencia de la política del Gobierno de Aznar. Los frutos de esa política, que contaba entonces con la colaboración del PSOE, se sentían todavía en los inicios de esta legislatura, pero ahora es cuando, por primera vez, estoy viviendo en carne propia la estrategia batasuna del amedrentamiento.

- ¿En el Ayuntamiento de Astigarraga hay alguna representación permanente de Batasuna?

- Que sepa yo, el secretario interventor.

- ¿Y qué ha cambiado en el pueblo en el que ejerce de concejal desde que se declaró el alto el fuego?

- Yo no sólo voy a los plenos, sino que también intento frecuentar la calle y pasear, aunque sea incómodo. Llevamos seis meses de tregua, pero la gente tiene miedo de acercarse y es muy raro que te salude. De puertas para adentro es otra cosa, claro, pero la batalla por la libertad hay que darla de puertas para afuera, en público, y ahí no hay avances. Entre las cosas que más me han llamado la atención desde que tomé posesión como concejal están las numerosas cartas de vecinos que llegan al despacho. Utilizan esa vía tan discreta para informarte de que tienen problemas con esto o con aquello y que necesitan tu ayuda. Te adjuntan su teléfono para que seas tú quien contactes con ellos o incluso te piden que vayas a visitarlos a su domicilio y así ellos se evitan tener que venir al Ayuntamiento, dar la cara y preguntar directamente por el portavoz del Grupo Popular. Yo estoy todos los días en mi despacho trabajando, y nunca recibo visitas. Cartas, sí, muchas. Astigarraga es un municipio de 4.500 habitantes, que ha gobernado siempre Batasuna, en el que todo el mundo se conoce, y en el que se asume la regla de que relacionarse con los del PP está mal visto hasta para hablar de temas del día a día como pedir una licencia de obra o avisar de que la baldosa de la acera se ha levantado.

- Aun con todo, ¿mantiene alguna esperanza en que esto pueda terminar bien?

- Me he resistido a dejar de tener esperanzas hasta el desafiante mitin de Oiartzun. En mi opinión, eso marca un antes y un después que no se debe pasar por alto, aunque la propaganda del Gobierno haya dicho lo contrario.

- Dicen que si ustedes, los del PP, son tan críticos es para poner piedras en el camino porque no quieren que los socialistas se apunten un tanto.

- Nadie puede desear tanto como nosotros que llegue el fin definitivo de ETA y que el País Vasco sea una comunidad autónoma normal, como cualquier otra de España, en la que no haya un grupo que quiere silenciar al resto e imponerle totalitariamente su modelo de «nación». Los más de ochocientos muertos, los miles de heridos y todas las víctimas hacen inmoral una paz en la que ETA pueda obtener un precio político por dejar de matar. El camino es claro: entrega de armas y perdón a las víctimas. El PP siempre ha trabajado por esa paz, pero no por la de la rendición de la democracia.

- El rechazo de un importante sector social a su partido en el País Vasco, que salgan encuestas que dicen que crece el apoyo a la independencia... Alguna vez se habrá planteado tirar la toalla.

- Ninguna. La independencia es imposible, nunca la van a conseguir y tienen que asumirlo. Ningún Gobierno democrático puede dar nada a los terroristas, y si lo hace lo pagará muy caro.

- ¿Qué espera para el País Vasco?

- Que gane la libertad.

- ¿Cuando no lleva el traje de concejal del Partido Popular se siente más libre?

- Siempre llevo puesto el traje de concejal del PP. No es posible compatibilizar la dedicación a mi partido, aunque sea esporádica, con otras ocupaciones, porque aquí es muy difícil encontrar trabajo llevando escolta. A nadie le interesa tener en su empresa a una persona que va con protección porque está todo muy mezclado y puede ser que el compañero de al lado sea nacionalista o batasuno. No se quieren líos.

- Todo cambiaría si ETA se acaba, ¿no?

- Una paz a costa de olvidar a las víctimas, una paz a costa de arrinconar totalitariamente a quienes no son nacionalistas, no hará que cambie nada. Y ése es el riesgo que hay. El mal llamado «proceso de paz» se abrió de tal manera que generó grandes expectativas, y todavía hay mucha gente que está convencida de que ETA no va a volver a matar nunca más. Pero no vale con que ETA no mate, si no que tiene que hacerlo, como ya le he dicho, a cambio de nada, a cambio de aceptar que la democracia española la ha vencido. Por cierto, la explosión inicial de optimismo ha ido menguando, la gente se resiste a dejar de confiar en la paz, pero, poco a poco, está creciendo un escepticismo no confesado en público.

- ¿Qué margen tiene el Gobierno para ayudar a que avance la tregua?

- Ninguno. Hasta sería un error, en un momento como éste, que se hiciese algún gesto con los presos. Cuando la otra parte no es que no se haya movido ni un milímetro de sus planteamientos, sino que se cree que ha ganado terreno y que ha avanzado posiciones, cualquier gesto lo entenderá como una muestra de debilidad.

- Bien, pero un objetivo superior puede aconsejar huir de inmovilismos absolutos y justificar ciertos sacrificios.

- A estas alturas, y después de haber asfixiado a ETA como nunca lo había estado antes, los demócratas no tenemos que hacer ningún sacrificio. Y nadie nos lo puede pedir. El camino, ya se lo he dicho antes, es la entrega de las armas y el perdón a las víctimas. Y, por supuesto, cumplimiento íntegro de condenas para quienes están en la cárcel por haber cometido crímenes execrables de los que no se arrepienten en ningún caso.

- A su juicio, ¿qué es lo que mueve al presidente del Gobierno?

- Ganar las próximas elecciones generales. Suena duro, pero es lo que parece.

«Rajoy y San Gil dicen lo mismo»

- La dirección nacional del PP hace un discurso más modulado que el del PP vasco en relación al alto el fuego.

- Los discursos de Mariano Rajoy y de María San Gil dicen lo mismo. Tanto el mensaje que se transmite desde Madrid como desde el País Vasco es muy claro.

- ¿Y cree que la sociedad lo entiende o que ir contra la ilusión de la paz puede tener un alto coste?

- No puedo negar que en el País Vasco tenemos serias dificultades. Se nos presenta como el partido del «no», como el partido que no quiere ese llamado «proceso de paz», como los malos de la película. A la larga se demostrará que estamos diciendo la verdad y que nunca hemos hecho partidismo de un asunto tan grave como la lucha antiterrorista. Se demostrará que quien lleva la careta y que quien ha mentido es el PSOE, traicionando incluso sus principios tradicionales.

- Discutirá mucho de todas estas cosas con sus amigos nacionalistas.

- No tengo amigos nacionalistas. Antes sí tenía una pandilla con la que salía todos los días, pero cuando entré como concejal mi círculo de amistades se cerró. Bueno, se redujo, sin más remedio, a los compañeros del partido. Vas con la escolta y esto significa ya que la gente no quiere que la señalen por la calle y digan «mira éste que va con el concejal del Partido Popular».

Un vasco de Granada

Javier Moreno nació en Granada. Sus padres se mudaron al País Vasco por razones de trabajo cuando él tenía un año y allí siguen. La política no le viene de familia, pero a los catorce años ya estaba pegando carteles y colaborando con el llamado club juvenil del Partido Popular. Cuenta que en casa intentaron hacerle ver que esto de la política, en el País Vasco, y dentro del PP, era una «locura», pero fue él quien acabó «camelándoselos» para que dieran su bendición. Con 22 años, lleva desde junio de 2005 como concejal en Astigarraga, feudo «abertzale» que acogió reuniones de la asamblea de municipios que salió del pacto de los nacionalistas con ETA en 1998. El PP vasco echa mano de los más jóvenes para cubrir incómodos huecos en los bastiones batasunos y a él le tocó tapar la baja de una renuncia por miedo.

Una entrevista de C. Morodo publicada por el diario LA RAZON el lunes 2 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Blog alojado en ZoomBlog.com