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Los editoriales sobre la Manifestación de la AVT

Por Narrador - 2 de Octubre, 2006, 8:00, Categoría: Manifestaciones

"Sevilla también con las víctimas" (Editorial de EL MUNDO)

Decenas de miles de personas se manifestaron ayer en Sevilla, convocadas por la AVT, para mostrar su rotunda oposición al proceso negociador abierto por Zapatero con la banda terrorista ETA. La afluencia de manifestantes, que marcharon por las calles sevillanas con normalidad y sin incidentes, puso en evidencia, una vez más, que las víctimas del terrorismo son el mayor referente moral de la sociedad española y que los ciudadanos están con ellas. Los asistentes pudieron escuchar el testimonio de personas con valor y coraje, como la hermana del concejal Alberto Jiménez Becerril, asesinado junto a su esposa. Numerosos dirigentes del PP acompañaron a los manifestantes y Javier Arenas lamentó la ausencia del alcalde de la ciudad y de algún representante del PSOE. Desgraciadamente, la ausencia de dirigentes no es lo más lamentable de la actuación de los responsables socialistas sobre esta manifestación. El delegado del Gobierno puso todo tipo de trabas para que se celebrara, alegando que los manifestantes harían mucho ruido. Una actuación particularmente vergonzosa teniendo en cuenta que en la misma Sevilla se celebró de madrugada un botellón, sin que el Ayuntamiento ni la delegación del Gobierno establecieran cautelas sobre el ruido ambiental.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el lunes 2 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Sin las víctimas no hay proceso" (Editorial de LA RAZON)

El PSOE no asiste a la marcha de la AVT la misma semana que decide llevar a ETA a la eurocámara

Sacar adelante una negociación, cualquiera que sea su naturaleza, con la oposición frontal de una de las partes más directamente afectadas es tarea inútil. Como inviable será el proceso abierto por el Gobierno con ETA si no cuenta con el apoyo de las víctimas de la banda terrorista. Y a juzgar por la manifestación que recorrió ayer el centro de Sevilla, la distancia entre el equipo de Zapatero y las principales asociaciones de víctimas, lejos de templarse, no deja de agrandarse. El comportamiento de los dirigentes socialistas hacia este colectivo no sale de un error y ya cae en otro mayor. En los preparativos de la marcha de ayer, el delegado del Gobierno amenazó a los organizadores con medir los decibelios de los gritos de los manifestantes. Fue una sobreactuación ridícula, a las que parece muy aficionado López Garzón, pero no tan grave como que a las víctimas no se sumara ningún representante del PSOE. El servilismo de un delegado gubernamental es inocuo, pero el desapego de la dirección socialista hacia las víctimas de cuarenta años de terrrorismo es un hecho lamentable y de gran preocupación. Lo de menos es que, con esa actitud, el PSOE las deje en las exclusivas manos del PP; lo de más es que se transmite la imagen de que el Gobierno se muestra más condescendiente y solícito con las exigencias de Batasuna y ETA que con sus mil víctimas. La imagen puede ser falsa, pero no parece que el gabinete de Zapatero haga muchos esfuerzos por desmentirla. Y si no, ¿cómo interpretar que en esta misma semana los socialistas hayan cedido a una exigencia batasuna, como es llevar al Parlamento Europeo la cuestión etarra, y se hayan negado a acompañar a las víctimas en Sevilla? No es suficiente que el presidente Zapatero invoque la paz, con mayúsculas, en cada mitin, como el de ayer en la madrileña localidad de Alcorcón. Nadie en su sano juicio está en contra de la paz. Por tanto, no es con retóricas mitineras como se podrá convencer a las víctimas de ETA que se sumen al proceso. Llegado a este punto, con una divergencia que parece insalvable entre unas y otro, lo sensato sería que el Gobierno no diera un paso más sin el apoyo de las víctimas. No será fácil recomponer las relaciones que estropeó la desastrosa gestión de Peces-Barba, pero es imprescidible hacerlo si se pretende llevar a buen puerto la negociación con ETA. Sin un acuerdo básico, cada paso que dé el Gobierno le alejará más de ellas y, en consecuencia, de una solución asumible por la gran mayoría de los ciudadanos. El discurso oficial de Moncloa insiste en que la desaparición de ETA es tarea de todos, por encima de partidos políticos, legislaturas y protagonismos. El ciudadano se creerá proclamas de tan altas miras el día en que las víctimas entren en La Moncloa para hablar con el presidente y salgan de ella manifestando su pleno apoyo al Gobierno.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el lunes 2 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Otra vez los ciudadanos" (Editorial de ABC)

Las víctimas del terrorismo defienden una causa justa. Más allá de cualquier consideración política o ideológica, millones de españoles apoyan a las personas que han sufrido en sus propias carnes el zarpazo de la violencia criminal. Ningún reconocimiento material o simbólico puede volver atrás la máquina del tiempo y recuperar unas vidas irrepetibles truncadas por el fanatismo, pero una sociedad democrática se dignifica a sí misma cuando tiene la grandeza moral de rendir homenaje a los que más han sufrido en nombre de la libertad de todos. Entre los mejores frutos del añorado Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, arrinconado por el Gobierno en su actual estrategia partidista, figura sin duda esa apuesta por prestar apoyo a quienes lo merecen más que nadie. Miles de personas (ayer en Sevilla, antes en Madrid y en otros lugares de España) han salido a la calle una y otra vez para estar junto a las víctimas y recordar a Rodríguez Zapatero cuál es su deber y su responsabilidad ante los ciudadanos.

Sólo una visión oportunista y sectaria permite ignorar el clamor de los españoles. Esta vez, Sevilla recordaba especialmente las agresiones sufridas, como bien expresa entre otros Teresa Jiménez-Becerril con su palabra sencilla y certera: «El Gobierno alimenta el recelo contra las víctimas de ETA», decía ayer en ABC. Las trabas políticas y burocráticas al legítimo ejercicio del derecho de manifestación de tantos miles de ciudadanos por la capital andaluza sólo han servido -como era de prever- para animar a muchos indecisos. De este modo, el Ejecutivo añade la torpeza a una frialdad injustificable, reflejada en la ausencia de los más altos cargos de la Junta de Andalucía (cuyo presidente, Manuel Chaves, lo es también del PSOE) y del propio alcalde de Sevilla. Ni esta ni otras contingencias empañan, por supuesto, el éxito cívico de una marcha multitudinaria que recuerda a los gobernantes que la gente no acepta su planteamiento sobre el sedicente «proceso de paz» y reclama un respeto absoluto hacia los valores y principios de la España constitucional ante la negociación con ETA. Un respeto que se pierde cuando se pretende «internacionalizar» el «conflicto», como ocurre con el debate del Parlamento europeo previsto -a instancias de los socialistas- para el próximo día 25.

La situación actual del proceso no invita al optimismo, que el presidente del Gobierno intenta mantener vivo de forma artificial. Los presos de ETA presionan ante una organización que parece más interesada en discutir sobre el eventual derecho de autodeterminación que en lograr el acercamiento de los suyos al País Vasco o la aplicación de beneficios penitenciarios. Crece la violencia callejera mientras los escoltas se mantienen en alerta y se refuerzan los sistemas de seguridad personal. El espectáculo lamentable de amenazas y tiros al aire ante la pasividad de los encargados de mantener el orden público ha sembrado el desconcierto en un Gobierno cuyo ministro del Interior deja transcurrir el plazo fijado sin informar, como había prometido, a los portavoces de los grupos parlamentarios. La única respuesta que se le ocurre a Zapatero es persistir en el empeño de aislar al PP en los márgenes del escenario político: ayer mismo insistió en ahondar en la división aparente entre una derecha razonable y una derecha «extrema» y para dar lecciones sobre respeto a las instituciones y al Poder Judicial. Por supuesto, ha preferido no escuchar la respuesta muy concreta de Rajoy ante los últimos acontecimientos judiciales, en el sentido de que no es responsabilidad de la oposición valorar las decisiones de los jueces. Se anuncian nuevas movilizaciones de las víctimas en otros lugares de España y también en Estrasburgo, ante el inoportuno debate planteado en la Eurocámara. Es una buena prueba de la vitalidad de la reacción social ante un Gobierno que sigue a lo suyo, más preocupado por explotar las estrategias cruzadas dentro del PP que por buscar una salida en este complejo laberinto.

Editorial publicado por el diario ABC el lunes 2 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


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