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Columnas de Opinión (30 de octubre de 2006): Losantos, Sinova, Dávila, Yanke.

Por Narrador - 30 de Octubre, 2006, 6:30, Categoría: Opinión en Prensa

“La codictadura” por Federico Jiménez Losantos

Lo que están discutiendo socialistas y nacionalistas vascos no es la cosoberanía sino la codictadura. Lo que ayer revelaba EL MUNDO que negocia Zapatero con la ETA a espaldas del pueblo español, hasta ahora soberano, y por ende del pueblo vasco, hasta ahora parte inseparable e indiscutible del pueblo español, sólo puede ser cómo convertir el País Vasco en una dictadura nacionalista aceptable para la Unión Europea y para el resto de España, que comenzaría así la liquidación de su Estado y su desmantelamiento nacional. Pero como no es posible aceptar por las buenas la dictadura nacionalista en una parte de la Nación, la única forma de hacerla aceptable será inevitablemente por las malas. Es decir, implantando una dictadura en toda España. Tratarán de que parezca una democracia, con plebiscitos periódicos a guisa de elecciones, pero la deslegitimación del Poder será tan radical que la argentinización primero, la mejicanización después, la venezolanización más tarde y, finalmente, la colombianización serán los hitos inevitables del proceso republicano que sellará el final de nuestra civilización política. Porque España era una de las formas más notables de la civilización occidental. «Era»: pretérito imperfecto. Por nuestra cobardía y nuestra idiotez, pronto diremos «ha sido»: pretérito perfecto. Pronto todos seremos pretéritos. Y pasado el futuro de nuestros hijos.

Dada la condición claramente liberticida de las fuerzas políticas comprometidas en este llamado proceso de paz que es el gorigori de nuestras libertades cívicas y el entierro de la España liberal, mucho más que un golpe de Estado, en algún momento darán el tajo institucional y decapitarán la monarquía parlamentaria. Si llegamos a las próximas elecciones generales y las gana la izquierda, lo normal es que traiga pronto la república. Y si las pierde, lo normal es que con la ayuda de los nacionalistas trate de implantarla de inmediato. Dada la reciedumbre mostrada por el Rey y por el PP, no es difícil que lo consigan. Unos volverán a Alicante y los nerones autonómicos tocarán el arpa mientras arde España. Es muy acertada la metáfora mitrofánica de Pedro Jota, porque sólo un oso tan alcoholizado como el pobre Mitrofán podía tenerse en pie totalmente borracho para que los cazadores, monarcosos o republicanos, resacosos o cantamañanos, pudieran matarlo como si lo cazaran. Y sólo una España emborrachada de demagogia pacifista, alcoholizada de antiliberalismo progre, sometida al lavado de cerebro más sutil y masivo de toda nuestra Historia y con una oposición políticamente eunuca podría dejarse llevar así al matadero.Pero al matadero vamos. Al de la Nación por la vía de la cosoberanía y al de la Constitución por la vía de la codictadura. Polanco estará satisfecho: aún llegaría a Presidente de la República. Pero todo deprisa, deprisa.

Publicado por el diario EL MUNDO el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El verificador” por Justino Sinova

El Gobierno dice que todavía debe verificar la voluntad de ETA, mientras avanza por la senda de lo que ha mal llamado proceso de paz. El verificador del Gobierno es ciego y sordo, está desconectado del exterior, no se entera de lo que es evidente para quien presta un poco de atención.

Según lo que dice el Gobierno, el verificador aún no se ha informado de que la banda terrorista ETA no tiene la más mínima intención de abandonar el recurso a la violencia si no se le admiten sus imposiciones, por las que ha estado asesinando desde hace cuarenta años.

El verificador tampoco se ha enterado de que la banda terrorista ETA no ha reducido un ápice de sus exigencias, concretadas en la independencia del País Vasco, el rapto de Navarra y la implantación en lo que llama Euskal Herria del socialismo, que, conociendo a los etarras, es equivalente a la más dura expresión de las viejas dictaduras de Rumanía y de Albania y de la actual tiranía de Corea del Norte.

El verificador tampoco se ha percatado de que la banda terrorista ni ha pedido ni tiene la intención de pedir perdón a los miles de españoles que, directa o indirectamente, han sido víctimas de sus bombas, de sus pistolas, de sus extorsiones, de sus amenazas y en general de su régimen de terror.

El verificador tampoco ha advertido que la banda terrorista ETA sigue cometiendo terrorismo, como son los atentados callejeros -que porque sean menos dañinos que los asesinatos no dejan de ser terrorismo nocivo- y el chantaje a profesionales en Euskadi y en Navarra, a quienes expolia bajo la amenaza de sufrir su violencia.

El verificador tampoco ha percibido la actitud chulesca e intolerante de los etarras, que actúan ya como si hubieran sometido al Gobierno, exigen la derogación del Estado de Derecho -lo que ni siquiera conmueve al presidente de este Gobierno- y proceden como si hubieran ganado la partida y esperaran sólo el anuncio de su victoria.

El verificador se comporta como un incapaz que insulta a la inteligencia con la negación de la realidad. Si nunca se dieron las condiciones para que el Gobierno iniciara una negociación con la banda terrorista ETA, cada día que pasa la situación es peor. Ni siquiera el robo de unas pistolas por etarras en Francia ha hecho salir de su parálisis al verificador. Esto es una escandalosa estafa a los españoles. El único que aparece contento con el trabajo del verificador es el presidente Zapatero, que mantiene la negociación con la banda terrorista ETA. Digan ustedes si no es para echarse a temblar.

Publicado por el diario EL MUNDO el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La pipa de la paz” por David Torres

En España, cada cierto tiempo, se oye hablar de paz. Es una palabra resonante, pomposa, que llena la boca del que la pronuncia. Que estalla en la boca, diría Gironella. Una palabra que no admite diminutivos ni bromas. La última vez que estrenamos paz en España nos costó una guerra civil y medio millón largo de muertos. Bueno, la última no, la penúltima, porque no hay que olvidar esa campaña llamada 25 años de paz que fue algo así como la pasarela Cibeles del general Franco.

Como es sabido en el refranero, los apóstoles de la paz suelen llevar las manos cargadas de revólveres. Aquí, además de balas, los revólveres están cargados de razones. De Juana Chaos asegura que sus escritos amenazando a jueces y funcionarios de prisiones sólo eran crítica política. Hombre, entonces las explosiones y los balazos en la nuca sólo eran argumentos de derecho. A tal punto ha llegado la deconstrucción del sentido común en un país donde los muertos se acumulan en las notas a pie de página. Habrá que corregir a Ramón Gómez de la Serna, que escribió que las ametralladoras son las máquinas de escribir de la muerte. Y de la paz, amigo Ramón, esa enorme palabra.

Zapatero se ha sacado la paz de la chistera como un mago una paloma. Como símbolo universal, ese níveo pajarraco que tanto le gustaba a Picasso tiene muchas funciones, pero la principal, conocida por todo el mundo, es cagarse en las estatuas. En este caso, en las estatuas de todos los cementerios fundados por obra y gracia de ETA, que son unos cuantos. Pero es que además la paloma, como símbolo, funciona en todos los niveles. Lejos de ese cursi cometido, que tantos idiotas le atribuyen, de llevar ramitas de olivo en el pico, la paloma es un ave inmunda y caníbal, una rata con alas que a veces arranca las cabezas de sus congéneres y se alimenta de sus compañeras muertas. Después del robo de 300 pistolas, mejor le iría a ETA con una paloma picoteando un hacha y a Zapatero sacándose una serpiente de la chistera. Al fin y al cabo, como aprendimos en Parque Jurásico, las aves provienen de los reptiles, y entre una serpiente y una paloma hay menos diferencia que entre un asesino en serie y un crítico político.

Hay que ser muy imbécil y muy ignorante para creer a la gente que siempre lleva la paz en la boca. Como bien sabía Toro Sentado, la paz no se habla: se fuma. Pero qué podemos hacer con un Gobierno que cree que los criminales convictos son hombres de paz y los fumadores asesinos en potencia. Un Gobierno que firma tratados de paz con sangre humana y que, como Franco, no fuma. Hitler en Checoslovaquia, Franco en Madrid y el general Custer en los tratados indios eran hombres de paz, hombres a los que la paz no se les caía de la boca ni siquiera cuando estaban afilando el hacha. Ojalá Zapatero aprendiera de una vez que la paz, La Paz con mayúsculas, como decían Les Luthiers, sólo está en Bolivia.

Publicado por el diario EL MUNDO el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“¿Qué demonios es el proceso de paz?” por Germán Yanke

«Es de los que están por el proceso de paz, es de los que están por el proceso de paz». Si uno se coloca en la posición del mero observador, como si no le fuera nada en ello, puede imaginarse al presidente del Gobierno repitiéndose en voz baja, después de la estrafalaria aventura carcelaria y judicial de De Juana Chaos, eso de que es de los que están por el proceso de paz. Y llega luego a San Leonardo de Yagüe, paraíso micológico, le tiembla la piel ante la vista impresionante de los farallones rocosos del Cañón del Río Lobos, y dice en voz alta casi sin darse cuenta: «Es de los que están por el proceso de paz». Son cosas que pasan: uno desea que ocurra algo, se lo va rumiando a solas y, en cuanto se descuida, lo dice en voz alta. Creo que hay psicoanalistas que tienen explicaciones muy serias para este fenómeno.

Por el contrario, podría pensar el espectador, como el presidente no va por las dependencias del Palacio de La Moncloa, de decoración tan artificial, todo tan de cartón piedra, repitiendo en voz baja cuáles van a ser «las consecuencias» del robo de pistolas y revólveres con secuestro incluido, no se le escapan las conclusiones de tan profunda reflexión ni cuando en Tarragona termina por aburrirse de las profecías de José Montilla. «Es una persona de fiar» -dice cansinamente- y vuelve a la murga de la extrema derecha, que debe ser también uno de los estribillos que le rebotan en la mente mientras juega al baloncesto.

Pero quizá, viendo el asunto más de cerca, o de modo más implicado, lo del terrorista encarcelado -lo de que está «por el proceso de paz»- no es un deseo bienintencionado que se le escapa inopinadamente viendo los pinares que se elevan por las sierras de Urbión y de la Demanda. Quizás esté convencido, quizás esté en lo cierto incluso, y lo dice conscientemente en ese preciso momento en el que al portavoz del Consejo General del Poder Judicial le parece inoportuno, es decir, cuando se inicia el juicio en la Audiencia Nacional contra De Juana Chaos. Esta segunda posibilidad es todavía más clarificadora porque coloca la cuestión en su verdadera dimensión: el problema no es tanto analizar el optimismo y los deseos del presidente como saber qué demonios se entiende por «proceso de paz».

De los silencios y confidencias periodísticas de Rodríguez Zapatero tenemos, además, la versión oficial de la vicepresidenta y portavoz del Gobierno tras el último Consejo de Ministros. El «proceso» avanza; el asunto, con todas las dificultades y con toda la lentitud necesaria, se mueve, el Gobierno está implicado, hará todo lo que esté en su mano. Las «consecuencias» del robo en Francia que la Policía atribuye a ETA, a pesar de ser un hecho que desmorona toda la arquitectura teórica del «proceso», no se van a hacer públicas por el momento.

¿Qué es, entonces, el «proceso de paz»? Porque a lo mejor es lógico que De Juana Chaos esté de acuerdo con él. La doctrina del terrorista, incluso en su versión edulcorada para librarse de una sentencia mayor, no es otra que afirmar que, aunque ahora no mate («¿Pertenece usted a ETA?», le pregunta el juez. «En el 85, sí», responde), la violencia no es condenable. Es más, no era condenable cuando él mismo mataba y no lo es si, como ha escrito, las «ilusiones y el esfuerzo de décadas» de lo que llama «izquierda abertzale» están en peligro de ser «devoradas». Aclaro para los entusiastas del proceso que «izquierda abertzale» no significa nacionalismo vasco sin ETA, sino el conjunto de todo ello que ETA, incluida, comanda. Si todo consiste en que ETA mantenga, a su manera, el «alto el fuego permanente» a cambio de que sus totalitarias reivindicaciones no sean devoradas, puede muy bien De Juan Chaos estar «por el proceso».

Subrayemos dos episodios de este mismo fin de semana. En Andoain, en donde fueron asesinados Joseba Pagazaurtundúa y José Luis López de la Calle, se inauguraba el sábado una Casa del Pueblo bajo el forzado nombre de «Espacio de Libertad Joseba Pagazaurtundúa». Un homenaje sin duda, pero lo significativo, más allá de la ausencia de los familiares del militante honrado, es que junto a las menciones nominales tampoco estaba presente lo que ambos defendieron en público y en privado. La «paz», en el lenguaje socialista, se ha convertido en que «ETA no mata» desde hace más de tres años -que sería, en todo caso, un logro del anterior Gobierno, bajo cuyo mandato ETA dejó de matar- y no en la consecución de la libertad y el Estado de Derecho que los dos asesinados persiguieron hasta su muerte. Al mismo tiempo, en San Sebastián, los dirigentes de Batasuna, amparados en su legalización de hecho, explicaban que apuestan «por dar una respuesta democrática al conflicto» y que si ETA ha robado armas se trataría de un «síntoma» de la grave situación por la que atraviesa «el proceso». El terrorista citado por el presidente, no se olvide, considera, con el escarnio que merece la comparación, que la salida adecuada es desmontar un Estado con «razones sin límite ético y moral».

Así que, según cómo se entienda el invento, se podría decir que De Juana Chaos está muy, pero que muy, «por el proceso». Y lo que el portavoz del CGPJ y tantos otros deberían pedir al presidente Rodríguez Zapatero es, más que prudencia, una explicación pública y racional (no, por tanto, seudoreligiosa, basada en la fe en el líder) de lo que es y significa realmente eso del «proceso». Si se trata de dar la razón a Pagazaurtundúa y López de la Calle o de que ETA siga sin matar, pero no devorada.

Publicado por el diario ABC el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Terrorismo en el Parlamento” por José María Marco

Los socialistas piensan que su país no tiene entidad para impulsar una política por sí mismo

Hay varios elementos perturbadores en la sesión del Parlamento Europeo en la que se respaldó, aunque por una mayoría ínfima, las negociaciones del Gobierno socialista con los etarras. Destacaré dos. El primero es la búsqueda de una legitimidad exterior para un asunto nacional. Obviamente, se trata de un gesto de propaganda, para exhibir en casa el apoyo de los de fuera. Pero hay algo más, y es la pervivencia de una actitud muy propia del progresismo español. Para los progresistas, España no es una nación respetable de por sí, equivalente en su entidad y soberanía a las demás naciones europeas. Al gobierno socialista le ha traicionado la cultura de la que es heredero y que explica la presencia de los nacionalismos en nuestro país. Los socialistas siguen pensando que su país -el nuestro, el de todos- no tiene suficiente entidad por sí mismo para sacar adelante una política. El gesto resulta humillante y revelador. En el fondo, el gobierno desprecia la opinión pública española. El segundo es el descrédito que recae sobre las instituciones europeas. El simple hecho de aceptar el debate, y no digamos ya el que una mayoría haya respaldado la negociación con los terroristas, significa que buena parte de la clase política europea sigue sin entender el significado cabal del terrorismo. No es sólo la violencia en sí, ni la atrocidad de su resultado inmediato, es decir las víctimas. El terrorismo persigue que la sociedad en su conjunto acepte lo inaceptable. Aspira a corromper y a pudrir el mismo vínculo social, lo que debería unirnos a todos si queremos vivir en una sociedad libre. El Parlamento Europeo, por iniciativa del grupo socialista español, ha aceptado la existencia de ese cáncer. Está dispuesto a tolerarlo. Tampoco parece habérsele ocurrido que tras el terrorismo nacionalista viene el islamista. Pero los terroristas islamistas habrán tomado buena nota, como los etarras, de que el Parlamento Europeo está dispuesto a hablar con ellos. Tanto en el plano nacional como en el europeo, ¡en qué manos estamos!

Publicado por el diario LA RAZON el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Otro hombre de paz” por Carlos Dávila

In memoriam. Eugene Kurt-Brown (septiembre del 85), Alberto Alonso, Juan Catón, Javier Domínguez, Juan Carlos González y Juan Mateo (abril del 86), Sáenz de Ynestrillas, Carlos Besteiro y Francisco Casillas (junio del 86), y Jesús Jimeno, José Joaquín García, Antonio Larrainchaco, Andrés Fernández, José Calvo, Miguel Ángel Cornejo, Carmelo Bella, Jesús Freixes, Santiago Iglesia, Javier Esteban, Miguel de la Huguera e Ignacio Calvo (julio del 87). Todos fueron asesinados por Juan Ignacio de Juana Chaos. En la relación faltan aún cuatro víctimas más. De Juana, uno de los criminales más furiosos de la repugnante historia de ETA, es hoy para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, también un hombre de paz.

Exactamente como su compinche de cacerías humanas Otegi, el pistolero que intentó asesinar al diputado, entonces de UCD, Gabriel Cisneros. Es de suponer que cuando en la Guardia Civil se haya leído la penosa apreciación de Zapatero en Soria: «De Juana está a favor del proceso de paz», un vómito general habrá revuelto las enteras tripas de la Benemérita y más concretamente de los 16 guardias civiles que se salvaron por los pelos en el verano del 85 de la bomba que terminó con un americano, Kurt-Brown, cuyo gran delito fue pasear por una plaza madrileña en el día fatal en que el hombre de paz De Juana accionó el dispositivo mortal que pretendía acabar con la vida de cinco alumnos de la institución armada.

A este rufián asesino el Gobierno socialista quiere verle en casa por Navidad. Por lo pronto, Zapatero ya ha logrado que un fiscal amaestrado, Fernando Burgos, rebaje la pena al susodicho matón hasta apenas cuatro años, un ínfimo castigo que, con certeza, no va a cumplir porque De Juana es uno de los presos emblemáticos que ETA quiere ver en la calle cuanto antes. El canalla ya se está preparando para el acontecimiento y ha dicho: «Será duro encontrarme con mis torturadores». Es posible sin embargo que con quien se tope sea con sus víctimas, no, claro está, con las 26 personas de bien que él mandó al otro mundo cuando era el cabecilla más sanguinario del «comando Madrid», sino con sus familiares, con sus amigos. Uno de ellos ya le ha avisado: Sáenz de Ynestrillas, hijo del comandante frito a tiros por de Juana no le quiere perdonar. Ynestrillas hijo, antes que un exaltado fascista (denominación del complejo gubernamental Prisa) es descendiente directo de un militar asesinado por De Juana. Nadie va a comprender sus furibundas reacciones, pero el que suscribe sí entiende su odio por el criminal que terminó con su padre.

De Juana, hombre de paz según Zapatero, tiene, aparte de su historial humanicida, una biografía de traidor. Perteneció a una de las primeras promociones de la Ertzaintza y en la Policía Autónoma robó de todo: desde dinero en metálico a munición. En enero del 83 figuraba en la abigarrada relación de ertzaintzas que Diario 16 demostró que tenían antecedentes policiales de todo tipo. Pero siguió en la Ertzaintza mientras el presidente del PNV en la época, el simpar Arzalluz, amenazaba con todo tipo de querellas, nunca interpuestas, por cierto, contra el firmante de la información, es decir, el mismo que aparece en la primera línea de esta denuncia de hoy. Los batasunos de entonces, tan etarras por lo menos como el propio De Juana, no perdieron el tiempo en supuestas acciones judiciales, simplemente incluyeron al autor de la información (Carlos Dávila siento la propia mención en un asunto así) en la negra lista de objetivos preferidos. El «zutabe» de marzo del 83 recogió el aviso. Nadie del PNV gimió un solo lamento por la amenaza; es más, el jefe de prensa del partido, probablemente se apellidaba Bordegaray, recomendó al periodista: «Es mejor que no vuelvas por aquí». «Aquí» era, naturalmente, el País Vasco.

Pero De Juana, como los asesinos de Julio César en boca de Marco Antonio, era un «hombre de paz». Tan de paz era que junto con Troitiño, Belén González y el ahora arrepentido Soares Gamboa, se sintió frustrado, en lloro permanente, por no haber cumplido con una de las «ekintzas», acciones criminales, ordenadas por sus jefes: la voladura de algunos periodistas. Ése es el hombre de paz de Zapatero, el que desde el banquillo de la Audiencia Nacional proclama que su único interés cuando salga de la cárcel (estuvo condenado a 3.000 años que, en este momento, ya son únicamente un recuerdo) es «escribir», «yo -ha dicho el criminal- soy básicamente un escritor», oficio que le habrá emocionado probablemente a Zapatero porque él también se reconoce, en la intimidad, como un aficionado impenitente a la poesía.

Nunca, nadie, nadie en sus cabales, nadie decente, diría de un sujeto de esta calaña que es un hombre de paz, o lo que es lo mismo, que «está a favor del proceso de paz», después de haberse cargado como si fueran moscas a una treintena de personas, después de haber robado, vía chantaje económico, a una multitud más, después de haber brindado con risas y cava por la muerte de los Jiménez Becerril, después de seguir amenazando desde el periódico en el que publican sus «colaboraciones» infectas, el «Gara», a todo español que se precie, después, en definitiva, de haber sometido al país entero, y a Madrid muy particularmente, a un régimen de terror incalculable. ¿Hasta dónde puede llegar la ignorancia, la ceguera, la maldad o la complicidad de un presidente que adjetiva como «hombre de paz» a un asesino en serie como De Juana? Pues hasta ese punto: ya lo estamos viendo.

Publicado por el diario LA RAZON el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Incontrolados” por Ignacio Camacho

Desconcertado por no hallar explicación a un gesto tan manifiestamente hostil, el Gobierno se agarra como a un clavo ardiendo a la vaga teoría de los incontrolados para justificar el robo de las pistolas en Francia. Se esperaba un comunicado favorable, una respuesta benévola a los guiños y piruetas del Estado ante las exigencias del terrorismo, una compensación que diera oxígeno al presidente tras pasar por el trágala de Estrasburgo, y en vez de eso, justo en vísperas del sainete de la Eurocámara, resulta que lo que llega es un explícito y brutal aprovisionamiento masivo de las armas que se supone están a punto de ser depuestas. En vez de propiciar la distensión, ETA estira al límite la cuerda del «proceso» ante un Gobierno perplejo que, sin embargo, persiste en humillarse con la insólita declaración de Zapatero sobre De Juana Chaos, avalando moralmente al más terco de los matarifes de la banda.

Pero la monserga de los incontrolados tampoco resulta en absoluto tranquilizadora. Primero porque es difícil de creer, y segundo, y sobre todo, porque aunque fuese cierta sólo empeoraría las cosas. Significaría lo siguiente: que el Gobierno ha cedido en casi todo lo que podía ceder, que está negociando un precio político, que ha aflojado la presión policial, que ha ablandado a los fiscales, que ha ofendido a las víctimas, que ha roto el Pacto Antiterrorista, que parece dispuesto a abrir la puerta a la autodeterminación o a la cosoberanía, que ha hecho la vista gorda a la kale borroka, que ha cabreado a la mitad o más de los ciudadanos, que ha pedido ayuda a Europa, que ha negociado con Ternera, que ha puesto al Estado de rodillas para... ¡tratar de llegar a un acuerdo con media ETA! ¿Y la otra media? Ah, se siente, ésa está incontrolada.

Pues menuda tranquilidad. Y menudo negocio. O sea, que vamos a rendirnos, a poner patas arriba la estructura territorial y a pagar un precio moralmente inaceptable para ver si a cambio los señores terroristas tienen a bien perdonarnos la vida, y encima nadie se compromete al otro lado a respetar su parte del abusivo contrato. Hombre, pues no. Lo menos que se puede exigir es que una banda que presume de estar organizada militarmente se haga responsable de su solda-desca. Porque las nucas amenazadas por esas pistolas no entienden de matices de obediencia.

En resumen, que si ha sido la ETA propiamente dicha, malo, y si han sido disidentes de su estrategia, peor. En uno u otro caso, ahora hay aún menos garantías que antes de que toda esta gratuita e irresponsable deriva conduzca a algún sitio razonable. Con el agravante de que, además, da la impresión de que la eficacia policial ha descendido considerablemente. En algún lugar próximo a la frontera, trescientas flamantes pistolas escondidas denuncian que lo que de verdad está fuera de control es ese «proceso» que Zapatero ha abierto sin calcular sus fuerzas.

Publicado por el diario ABC el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La política contra el derecho” por Ignacio Sánchez Cámara

El Ejecutivo no puede mercadear con la ley, ya que es su siervo y no su señor

La situación de la Fiscalía se complica ante la renuncia del fiscal del caso a solicitar una pena de 6 años para De Juana Chaos, en lugar de los 96 que habían sido solicitados, por sus superiores y por él, sólo tres meses atrás. El motivo para tan drástica y sospechosa rebaja sería la nueva calificación de los hechos que, entre otras, excluiría la imputación del delito de integración en banda armada. El fiscal Jesús Alonso ha actuado de manera coherente, valiente y ejemplar, cumpliendo con su deber jurídico profesional.

La Fiscalía General del Estado parece empeñada en contribuir a su manera al mal llamado “proceso de paz”. Y esto es algo más que una conjetura, pues Conde-Pumpido ya declaró hace poco que los jueces y fiscales deberían hacer su trabajo a favor de “la paz social”, cuando en realidad sólo deben hacer su trabajo a favor de la ley, ya que la paz social no será sino una consecuencia de la aplicación de la ley, nunca el resultado de su vulneración. En suma, que la paz social nunca puede ser la consecuencia de la ilegalidad, a menos que se trate de una ley injusta.

El Tribunal Supremo, mientras tanto, exhibe una actitud jurídica radicalmente distinta al seguir adelante con la liquidación de bienes de Batasuna y procesar a su cúpula por integración en banda armada. No todo está jurídicamente perdido.

Si la Constitución, que es la norma jurídica suprema, se fundamenta en la unidad indisoluble de la Nación española, no puede resultar extraño que cuando empiezan a pulular naciones y realidades nacionales (valga la redundancia), se cuartee el edificio constitucional, si el Tribunal Constitucional no lo remedia, y se destruya el derecho o, al menos, se degrade.

Naturalmente, en este proceso de sometimiento del derecho a la política tiene mucho que ver el interés del poder en no detener su camino ante obstáculos jurídicos. Pero también hay en él mucho de coherencia con una forma espuria de entender la realidad del Estado de Derecho y la naturaleza y funcionamiento de la democracia, propia de quienes o no entienden o no quieren entender que la democracia es, quizá ante todo, un sistema de frenos y contrapesos que se oponen al poder para limitarlo, y no una tiranía con fecha de caducidad. Pues abundan quienes, adhiriéndose al despotismo, que el derecho se identifica con la voluntad de la eventual mayoría parlamentaria y piensan que cualquier contenido puede ser derecho si así lo decreta el Gobierno legítimo. Ignoran que si tal cosa hace, deja de ser legítimo.

La omnipotencia de cualquier institución, incluido el Parlamento, entraña la destrucción de la libertad y la democracia. Por ejemplo, muchos piensan que la autorización del Congreso al Gobierno para emprender una negociación con ETA asegura por sí sola la legalidad de la empresa. Pues no, necesariamente. El Parlamento también puede vulnerar la ley (no digo que lo haya hecho ni que haya dejado de hacerlo en ese caso concreto; sólo que puede hacerlo) y está sometido a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.

El Poder judicial debe aplicar las leyes, no someterse a los intereses y consignas del Gobierno, no puede convertirse en pieza servil en manos del único poder arbitrario que lo decide todo. La “realidad social” es algo que, según nuestra legislación, debe ser tenido en cuenta por los jueces al interpretar e integrar la ley, pero no es patente para dejar de aplicarla.

La aplicación de la ley no puede ser mercancía de intercambio en ninguna negociación del Gobierno, ya que es la ley el único ámbito de actuación posible de los poderes del Estado. El Ejecutivo no puede mercadear con la ley, ya que es su siervo y no su señor.

El principio de legalidad penal exige que la pena que se imponga a un delincuente sea la resultante de la aplicación prudente de la ley y no que dependa de lo que hagan o dejen de hacer otros delincuentes, ya sea emitir comunicados o robar pistolas. La democracia y la libertad política dependen de que los tres poderes del Estado se sometan al imperio de la ley.

El maquiavelismo, tal como se entiende vulgarmente, y la razón de Estado son incompatibles con la transparencia y el Estado de derecho. La lucha contra el terrorismo debe estar sometida, como toda la acción del Estado, al imperio de la ley. Aquí no valen ni guerras sucias, ni claudicaciones sucias, ni beneficios ilegales sucios, ni precios políticos sucios. Sólo vale la limpieza de la ley.

El Estado de derecho no se puede aceptar bajo condición o a beneficio de inventario gubernamental. Cuando la política se impone sobre derecho, éste decae y se degrada, y, con él, también la libertad, la democracia y los derechos. Buena parte del envilecimiento social que padecemos tiene que ver con este olvido y desprecio del sentido del derecho.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


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