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9 de Enero, 2007

ETA afirma que el alto el fuego permanente iniciado el 24 de marzo de 2006 continúa vigente

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 14:30, Categoría: Documentos de ETA

En un comunicado enviado a la redacción de GARA, ETA afirma que el alto el fuego permanente iniciado el 24 de marzo de 2006 sigue en vigor. ETA se reafirma en los objetivos expresados en la Declaración del 22 de marzo (en la que mostraba su disposición a «impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden y asegurando de cara al futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas»). En el comunicado, ETA asume la autoría del atentado de Barajas.

DONOSTIA-. En este extenso comunicado, redactado íntegramente en euskara, ETA hace una lectura de la situación política nueve meses después de haber declarado el alto el fuego. Afirma que han sido el Gobierno español y el PSOE quienes, «poniendo obstáculos sin cesar al proceso democrático», han provocado esta grave situación. ETA critica también al PNV: «Queremos denunciar la actitud mostrada por el PNV de Imaz en estos últimos meses, ya que ha actuado contra la izquierda abertzale alimentando la línea del Gobierno español».

Afirma, además, que el Ejecutivo español continúa sin cumplir sus compromisos de alto el fuego.

De cara al futuro, el comunicado recuerda que la oportunidad para desarrollar el proceso democrático «llegará a través de un acuerdo político que recoja los derechos y mínimos democráticos que se le deben a Euskal Herria», y emplaza a desterrar fórmulas policiales y políticas fracasadas y sin salida.

Por otra parte, la organización asume la colocación del coche-bomba que estalló el pasado 30 de diciembre en un aparcamiento del aeropuerto internacional de la capital española, y agrega que sus decisiones y respuestas serán acordes a las actitudes del Gobierno español. En ese sentido, y tras afirmar con claridad su voluntad de reforzar e impulsar el proceso, añade que, en la medida en que persista la situación de agresión contra Euskal Herria, ETA tiene también la firme determinación de responder, tal y como anunciaron en el comunicado de agosto. En relación al atentado de Barajas, la organización afirma con rotundidad que «el objetivo de esa acción armada no era causar víctimas», y denuncia que no se hubiera desalojado el aparcamiento a pesar de las tres llamadas realizadas, con más de una hora de antelación, detallando la ubicación exacta del artefacto explosivo.

Texto publicado por el diario GARA el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

La Portada de EL MUNDO

PSE y Batasuna se reúnen en secreto para tratar de salvar el 'proceso' con ETA

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Negociación (Rendición)

El representante de Batasuna pidió al Gobierno que le dé unas semanas para encauzar la situación.  Otegi consultó con ETA el comunicado en el que pide a la banda que vuelva a su compromiso de marzo

MADRID.- Miembros de la dirección del Partido Socialista de Euskadi (PSE) y de Batasuna se reunieron después del atentado del día 30 de diciembre en Madrid que costó la vida a dos personas. Los contactos, que en un primer momento fueron indirectos y que culminaron con un encuentro secreto al máximo nivel, se han venido produciendo a lo largo de la última semana, a pesar de las declaraciones efectuadas por el presidente del Gobierno asegurando que, tras el atentado contra el Aeropuerto de Barajas, el «diálogo» que era la base del proceso había «llegado a su fin».

En los contactos habidos entre la dirección de ambos partidos, los representantes radicales solicitaron al Gobierno unas semanas de tiempo para tantear cuál era su propia situación respecto a ETA y tratar de encauzar a sus bases más recalcitrantes. Esa solicitud, que debía efectuarse a través de los socialistas vascos, ocupó parte de la conversación y la representación abertzale, tras plantearla, deslizó la idea de lo difícil que podía volverse la situación si no se le concedía ese plazo.

De los encuentros que los dirigentes de Batasuna, con su portavoz Arnaldo Otegi a la cabeza, han tenido en la última semana con el resto de los partidos políticos y con el lehendakari, Juan José Ibarretxe, éste es sin duda el más controvertido de todos. Porque mientras el resto, incluido el Gobierno vasco, desde inmediatamente después del atentado, mostró su apuesta por que las negociaciones prosiguiesen, tanto el Partido Socialista como el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, aun manejando hábil y ambiguamente en algunas ocasiones las posibilidades semánticas sobre la continuidad o no del proceso, sí han querido trasladar la imposibilidad de que el diálogo con la formación ilegalizada fuese a proseguir.

En los contactos que se han producido, además de la petición de tiempo para intentar reconducir la situación y de la reflexión sobre lo difícil que se volvería ésta en caso de que al final de dicho plazo nada se hubiese conseguido, la dirección de Batasuna también se comprometió a intentar pactar con la banda una respuesta relativamente autónoma respecto al atentado.

Se trataba de realizar una formulación que no llegaría a la condena del asesinato de los dos ciudadanos ecuatorianos pero que, según los interlocutores abertzales, iría más lejos de lo que nunca había ido la formación ilegalizada.

El portavoz de Batasuna, efectivamente, realizó sus consultas entre los miembros de la Mesa Nacional y también, y esto es fundamental, con algunos de los más destacados miembros de Ekin, organismo en el que está incluida ETA. En definitiva, la declaración leída ayer en un hotel de San Sebastián fue consultada previamente y se le puso el tope a Otegi de hasta dónde podía llegar.

No en vano, Otegi pidió ayer a ETA que «mantenga intactos los compromisos» del comunicado de alto el fuego hecho público en marzo pero sin realizar alusión alguna -ni mucho menos de condena-, al atentado de Barajas. Otegi propuso, así, que se haga borrón y cuenta nueva, que se vuelva al principio de la tregua como si el atentado no se hubiese producido, para así poder centrarse en lo único en lo que Batasuna es protagonista y de lo que puede sacar rentabilidad, que es la mesa de partidos en la que estaba previsto que se abordaran las cotas de mayor autogobierno para Euskadi.

Las negociaciones secretas para la constitución de la mesa han resultado un foro que, además, ha convertido a sus dirigentes en interlocutores, una condición que ha librado a algunos de ellos de sufrir las consecuencias inmediatas de algunos de los procedimientos judiciales que tienen abiertos. En su comparecencia, Otegi, le puso al Ejecutivo las condiciones que se deben cumplir: que se mantenga a distancia de los acuerdos políticos, que pare las medidas judiciales y policiales y que si los partidos vascos apuestan por la autodeterminación o la independencia, se comprometa a que estas decisiones van a poder ponerse en marcha.

En esas condiciones, por tanto, la banda terrorista estaría de acuerdo en volver a los términos del mes de marzo. Pero esto no garantiza necesariamente que no se vayan a producir nuevos atentados dado que, según ha podido saber este periódico de fuentes solventes, ETA, al menos hoy por hoy -y cuando hasta la izquierda abertzale está esperando que haga público de manera inminente un comunicado-, no tiene la intención de anunciar que renuncia de manera expresa a la violencia.

La organización terrorista está manejando otros tiempos, considera que este proceso no se debe circunscribir necesariamente a una legislatura, y el método de trabajo que va a intentar imponer es el de -en caso de que se reinicien las negociaciones-, enviar un toque de atención al Ejecutivo en caso de que éste no cumplimente determinadas expectativas.

Ayer, en su comparecencia, Otegi, flanqueado por los miembros de la mesa de interlocución, Rufi Etxebarria y Arantxa Santiesteban, como si se tratara de una declaración solemne, desde un atril y en presencia de las banderas del País Vasco y Navarra, le perdonó la vida al Gobierno públicamente. Aseguro que el Ejecutivo había realizado una «gestión pésima de la tregua» pero que la izquierda abertzale sabe que no es ocasión de «buscar el desgaste» o el «reproche». Aseguró que los partidos con los que se había reunido le recordaron que tenía «especial responsabilidad en lo que había ocurrido» y él quiso entender que le estaban pidiendo, no que se distanciase de ETA, sino que «recondujese» la situación.

«Materializables»

Así pues, recogió «el guante», asegurando que todo diálogo se debe hacer «en ausencia de violencia» -otorgó a esta frase la misma interpretación que le dio en Anoeta y que tan escaso efecto ha tenido-; pidiéndole a ETA y al Gobierno que «manifiesten su compromiso con el diálogo político multilateral» -es decir que no boicoteen la mesa de partidos en la que sólo éstos, incluida Batasuna, han de tener la decisión-; y exigiéndole al Ejecutivo que garantice «que los proyectos han de ser no sólo defendibles sino materializables».

Las últimas semanas del proceso han generado ciertas tensiones en un sector de los socialistas vascos que no se han sentido identificados con decisiones adoptadas desde el Ministerio del Interior como las detenciones posteriores al robo de armas o el endurecimiento de la postura inicial de «suspensión» del proceso -que no ruptura- que expresó el presidente tras el atentado.

Una información exclusiva de Angeles Escriva publicada por el diario EL MUNDO el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Encuentro ZP-Rajoy: Editoriales

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 11:00, Categoría: Opinión en Prensa

“La foto y nada más” por Sin Pancarta

Toda la prensa de Madrid se hace eco de la (inútil) reunión que en el día de ayer mantenía el Presidente del Gobierno y el Líder de la Oposición. Como era previsible los acuerdos fueron nulos y el diálogo podría calificarse como propio de sordos. Rajoy mantiene sus razonables peticiones que se pueden resumir en la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Por el contrario el ‘Presidente Accidental’ continúa en su habitual senda de la ambigüedad calculada sin afirmar absolutamente, sin ofrecer compromisos serios, perdiéndose en un mar de vaguedades difícilmente asumibles por un interlocutor mínimamente serio.

En el colmo del despropósito, mientras Mariano Rajoy comparecía ante la prensa en la Sede del Partido Popular, en la sala de prensa de Moncloa aparecía la Vice Presidenta Primera del Gobierno para ‘explicar’ la posición del gobierno que básicamente se puede resumir en culpabilizar al Partido Popular de todos los males exigiendo un apoyo ciego e incondicional a la delirante política zapatera.

La prensa de Madrid, máxime después de conocer la información que adelanta el diario EL MUNDO según la cual miembros del Partidos Socialista se habrían reunido con Batasuna escasas fechas después del criminal atentado etarra en Barajas, se posiciona a favor de Rajoy denunciado el nuevo ‘engaño presidencial’. Sólo hay una excepción, el diario de PRISA que trata de vendernos la posibilidad de acuerdo entre las dos formaciones mayoritarias, postura que el domingo alguno de sus insignes columnistas daban como imposible. 


Zapatero abusa de Rajoy en un nuevo ejercicio de doble juego (Editorial de EL MUNDO)

Nos hubiera gustado comenzar este editorial saludando la rectificación del Gobierno y felicitando a Zapatero por escuchar las voces juiciosas y sensatas que le reclamaban un giro en la política antiterrorista. Pero el encuentro de ayer con Mariano Rajoy en La Moncloa revela que el presidente no quiere rectificar y va en la dirección contraria de lo que dicta el interés general y el sentido común.

La reunión entre los dos líderes políticos no sólo sirvió para evidenciar por segunda vez en poco más de dos semanas sus enormes diferencias en política antiterrorista, sino que además escenificó el nuevo intento del Gobierno de aislar al PP y presentarlo como un partido intolerante, que se niega a cualquier tipo de diálogo y que se desmarca del resto de las formaciones. Éste era, muy probablemente, el principal objetivo de la convocatoria a juzgar por las declaraciones de la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega.

Si lo que quería el Gobierno era recomponer el consenso con el PP, fuera de forma unilateral o en un marco multilateral, la reunión de ayer fue totalmente contraproducente. Resulta insólito que el presidente convoque al líder de la oposición y la vicepresidenta le descalifique poco menos que cuando está saliendo por la puerta. Fernández de la Vega llegó a acusar a Rajoy de haber «utilizado» el terrorismo para «desgastar» al Gobierno, advirtiéndole a continuación de que «hará un flaco favor a los intereses generales, a su propio partido y [¡¡] a sí mismo» si ahora no secunda a Zapatero. Hacía tiempo que no se escuchaba nada tan impropio como esta mezcla de reproches y admoniciones dirigidas a un invitado. Por mucho menos Aznar decidió sustituir a Miguel Angel Rodríguez cuando se permitió burlarse de Jordi Pujol el mismo día que acudía a Moncloa. No sugerimos que ahora deba ocurrir lo mismo -sólo le faltaba eso al Gobierno-, pero el que una persona habitualmente prudente como la vicepresidenta no guardara ayer ni las normas de la cortesía política es la mejor prueba de hasta qué punto la cúpula del poder sigue sin recuperarse del impacto emocional de la explosión en la T-4 de Barajas.

Sin propuestas concretas

Zapatero ofreció ayer al PP un diálogo en abstracto, pero no realizó propuesta concreta alguna y menos la recomposición del Pacto Antiterrorista, que, según las palabras de la vicepresidenta, ha quedado superado por el paso del tiempo.

Zapatero quiere que Rajoy se sume a una política de consenso con el resto de las fuerzas políticas, pero no acepta ni el menor error en su estrategia de negociación, ni se compromete a romper definitivamente el diálogo con ETA, ni se desmarca de la ambigüedad de socios como el PNV y ERC. Pide, en definitiva, al PP que rectifique, cuando quien tiene que rectificar es él después del atentado de ETA en Barajas.

La prueba de que Zapatero pretendía arrinconar de nuevo al PP y presentarlo como la gran coartada de su fracaso es la noticia que publicamos hoy en nuestra portada: los contactos secretos mantenidos hace muy pocos días entre el PSE y Batasuna al más alto nivel.

A través de su interlocutor, Batasuna le pidió al Gobierno que no rompiera el proceso de paz a cambio de la declaración de ayer de Otegi, en la que éste solicitó a la banda que «mantenga el alto el fuego permanente». Esa comunicación del líder de Batasuna fue pactada con la dirección de ETA.

Contraste con la realidad

Es inimaginable que Zapatero -que, por supuesto, no le dijo ayer ni una palabra a Rajoy al respecto- no estuviera al tanto de este encuentro. De hecho, en las actuales circunstancias, todo indica que la cúpula del PSE tuvo que tener su autorización previa. ¿Cómo encaja eso con su enfático anuncio del sábado 30 de diciembre: «He ordenado suspender todas las iniciativas para desarrollar ese diálogo»? ¿Qué podemos esperar de este Gobierno si ni siquiera un compromiso tan superficial y débil no resiste el contraste con la realidad más allá de una semana? ¿Es que de nuevo Zapatero quiere jugar con las palabras, pensando que todas se las llevará el viento y que nada de lo que se dice tiene importancia alguna? Así es como se destruye la credibilidad de un gobernante.

Pero peor aun es el fondo del asunto. El PSE se reunió con Batasuna por la misma razón por la que Patxi López se apresuró a secundar la manifestación de Ibarretxe a favor del «diálogo» , por la misma razón que se ha frenado en seco el esbozo de autocrítica de José Blanco y por la misma razón por la que Zapatero se niega a convocar el Pacto Antiterrorista: porque, aunque parezca inverosímil, el presidente quiere mantener los puentes abiertos para tener la opción de volver a las andadas en cuanto se disipe el humo de la bomba, se retiren los escombros y se proteste un poco por los muertos. Entre tanto, para ganar tiempo, necesita crear una gran marejada no contra ETA sino contra el PP.

Rajoy -que ya fue engañado por Zapatero en el debate sobre el estado de la Nación cuando también le ocultó una futura reunión del PSE con Batasuna- no se merece ese doble juego del Gobierno. Y tampoco se merece el descortés trato que recibió ayer. Si Zapatero quiere seguir convocándole a Moncloa, lo menos que debe garantizar al líder de la oposición es un elemental respeto a las reglas de la buena educación.

La reunión de ayer sólo sirvió para agrandar las ya abismales diferencias entre el PSOE y el PP, lo cual favorece a ETA y augura fuertes tensiones entre los dos partidos en un periodo preelectoral.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Zapatero no busca derrotar a ETA” (Editorial de LA RAZON)

El presidente del Gobierno se niega a rectificar y a volver al Pacto Antiterrorista, como pide el PP

Como si de una maldición se tratara, el tercer encuentro entre Zapatero y Rajoy sobre la política antiterrorista (séptimo en el cómputo global) terminó ayer como los anteriores: sin acuerdo alguno, salvo en predicar las bondades del diálogo y el pacto. La manera sigilosa y urgente en que fue convocado alentó la esperanza de que el atentado de ETA hubiera abierto los ojos al presidente del Gobierno y provocado un cambio sustancial en su estrategia sobre la banda. Vanas esperanzas. Si la de ayer fue otra reunión fracasada no se debe a maldición alguna, sino al empecinamiento de Zapatero en no moverse del sitio; es decir, en no rectificar, en no pactar con el principal partido de la oposición y en no buscar la derrota policial y judicial de ETA.

Para lo único que sirvió el encuentro de ayer fue para que un presidente de Gobierno acorralado por la opinión pública encubra su descalabro fotografiándose con su oponente político. Pura operación de lavado y maquillaje a la que la vicepresidenta prestó sus mejores armas estéticas. La intervención de De la Vega tras la reunión de ayer fue antes un mitin de partido que el resumen de una entrevista institucional. La número dos del Gobierno se dedicó en exclusiva a defender la desastrosa gestión de Zapatero, a arroparlo contra las críticas con la supuesta solidaridad de «millones de españoles» y a canonizarlo como mártir de la causa de la paz. Lo peor, sin embargo, fue que, además de rechazar la propuesta de pacto del PP, acusó al partido de Rajoy de negarse al diálogo para que el Gobierno lograra el fin de la violencia. Dicho de otro modo, se dedicó a culpar a los dirigentes populares del fracaso de Zapatero, estratagema que, aún siendo zafia, trata de calar en la ciudadanía menos avisada.

Como quedó bien claro el día de la Pascua Militar, Zapatero no siente la obligación de rectificar porque está seguro de no haber cometido error alguno. El argumento machacón del Gobierno, reiterado ayer por De la Vega, es que si la negociación con ETA ha terminado en sangriento desastre no ha sido por culpa de Zapatero, sino de los terroristas. Por tanto, no hay motivo para cambiar de política; por contra, hay que extremar la acusación contra el PP de no querer ayudar. En suma, el presidente se niega a reconocer fallo alguno, se resiste a romper totalmente con la banda y si ésta ha cerrado la puerta, él quiere abrir una ventana. Para ello, se apresta a recabar el apoyo de sus socios en el Congreso (incluida ERC, que no dudó en elogiar a ETA tras el día 30) y pretende agarrarse a clavos ardiendo, como el de Otegi o el de un Josu Ternera «desolado» por el atentado. Poco antes de que Zapatero y Rajoy se vieran, el líder batasuno dio una «oportuna» rueda de Prensa para suplicar a ETA que siga en tregua. Más que una exigencia, fue la petición servil de quien en vez de condenar el asesinato de dos personas prefiere implorar clemencia al verdugo. Y de paso, revalidar la simpatía del Gobierno para evitar la prisión.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Operación de imagen de Zapatero” (Editorial de ABC)

La reunión apresurada que ayer mantuvieron en la Moncloa José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue una nueva demostración del sentido oportunista con el que el presidente del Gobierno maneja sus relaciones con el principal partido de la oposición. Lo que en cualquier democracia bien asentada merecería la máxima consideración institucional y política, aquí se ha convertido en un comodín de las necesidades de imagen de Zapatero, al que Rajoy responde con una lealtad digna de todo elogio, pero que empieza a plantear problemas de compatibilidad con la consideración que debe reclamar para sí el presidente del partido que representa a casi diez millones de votantes.

Las formas de la convocatoria a Mariano Rajoy son las propias de un acto improvisado y fruto del nerviosismo, una cita en la que no se respetó la gravedad de la situación que atraviesa España, nuevamente atacada de la peor manera por ETA, ni el papel que la oposición tiene asignado en una democracia parlamentaria. Desde que comenzó la legislatura, los usos más valiosos del sistema democrático español se han degradado por una acción de gobierno partidista y sectaria, que sigue empeñada en el objetivo estratégico fundamental de Rodríguez Zapatero: el aislamiento a toda costa del Partido Popular.

El breve encuentro de ayer en La Moncloa estaba al servicio de la campaña del Gobierno para ganar tiempo, aparentar movimientos que nada cambian e intentar neutralizar a Mariano Rajoy con una red de gestos y discursos tramposos que pongan a prueba el moderantismo del líder popular y le disuadan de mantener la posición firme y exigente que requiere el momento. Ayer no se avanzó en una reconstitución del consenso antiterrorista porque no era éste el propósito de Zapatero, sino presentar a Rajoy como un político intolerante y reacio al diálogo, aun a costa de hacerlo con un discurso ya desprestigiado y con una maniobra torpe a la que la opinión pública ya ha quitado la careta. Para la gran mayoría de ciudadanos, no hay duda de que el ofrecimiento de diálogo a Rajoy por parte del Gobierno es un ejercicio de cinismo insuperable, después de dos años y medio de un mandato cuyo nervio central ha sido la quiebra intencionada de todos los consensos posibles con el PP, empezando por el antiterrorista. No obstante, a pesar de que las encuestas ya revelan el descrédito galopante del Gobierno, su estrategia de fondo sigue siendo mantener el mismo acuerdo parlamentario -con una versión que, adaptada a las circunstancias, fomente al PNV- en el que se basó la declaración del Congreso de los Diputados de mayo de 2005, con lo que el PSOE y el presidente del Gobierno están haciendo imposible de antemano el consenso con el PP. Y esto es lo que debe saber la opinión pública. El PP sólo puede y debe aceptar la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, el único que compromete la derrota incondicional de ETA. Ningún acuerdo es posible para el PP fuera de este objetivo, ni con partidos que claramente se oponen a la erradicación policial del terrorismo. Y mientras Rajoy mantenga este criterio, las maniobras del Gobierno estarán abocadas al fracaso.

Rajoy no cayó en la trampa de dar más cheques en blanco y denunció acertadamente la falta de respuestas y compromisos del presidente del Gobierno que impliquen una rectificación sustancial de su política antiterrorista. Ni la hubo ayer ni es previsible que la haya, porque Rodríguez Zapatero ha fundido su futuro político con el proceso de diálogo con ETA hasta el extremo de hacer imposible una rectificación sin que ésta suponga un reconocimiento del fracaso de su mandato. Por eso, los movimientos del Gobierno sólo están orientados a arañar días que enfríen a la opinión pública, alejen el atentado del 30-D y permitan a Zapatero replantear un acuerdo parlamentario suficiente para repescar el diálogo con ETA. La ambigua y calculada declaración hecha ayer por Otegi, pese a que no pide expresamente el mantenimiento del alto el fuego -porque la izquierda proetarra nunca ha pedido treguas a ETA- será utilizada a favor de ese relanzamiento del proceso a medio plazo.

En estas condiciones, el PP tiene un papel histórico y político que asumir. El Estado no ha reaccionado contra ETA porque el Gobierno se resiste a cancelar el proyecto del que depende la supervivencia política de Rodríguez Zapatero, y sólo el PP está condiciones de denunciarlo. Y debe hacerlo con liderazgo social, presencia pública y discursos inequívocos, sin temor a ser criticado por quienes, en este momento, sólo buscan su desaparición de la escena política y, de paso, salvar la cara ante la ciudadanía con espurias operaciones de imagen.

Editorial publicado por el diario ABC el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Palos de ciego” (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Ante el estrépito que ha producido la explosión de Barajas en las primeras encuestas, el presidente Zapatero ha querido hacer suyo ese refrán tan propio de estas fechas: "Año nuevo, vida nueva". Su reacción primera, para compensar la lentitud de reflejos con que se ha gestionado la crisis originada por el atentado del 30 de diciembre, ha sido llamar al líder de la oposición. Es algo, pero no es suficiente. Descubrir a estas alturas que no se puede avanzar en la lucha contra el terrorismo sin el concurso del PP no es descubrir la pólvora, precisamente, o el amonal, en este caso. Y confirma lo equivocado del desarrollo del proceso hasta ahora.

Volver a lo que ya había, a la legalidad vigente, al llamado Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, después de tanto alejamiento, no es nada fácil. Porque algunas cosas han cambiado, sin duda, desde que se firmó ese Pacto entre el PSOE y el PP en la legislatura anterior. Entre otras, que Zapatero ha buscado el diálogo con fuerzas políticas, como ETA y Batasuna, que no han dado pruebas hasta ahora de quererlo. Intentar ahora un pacto con todo el espectro del Congreso de los Diputados es querer reducir al PP, que representa en votantes a medio país, a la condición de simple figurante junto a fuerzas tan poco representativas, numéricamente, como el PNV o ERC, que, además, no está tan claro cómo entienden la lucha contra el terrorismo.

Tras la reunión de La Moncloa y del consabido diálogo de sordos, no hay motivo alguno para pensar que las cosas han cambiado sustancialmente en las relaciones entre los dos grandes partidos. El presidente ha empezado a andar, pero por ahora sólo ha dado palos de ciego.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Necesario y posible” (Editorial de EL PAIS)

El nuevo encuentro entre Zapatero y Rajoy, primero tras el brutal atentado de Barajas, sólo sirvió para que ambos repitieran sus discursos respectivos, a la espera cada uno de ellos de que sea el otro quien rectifique. Es lo que se deduce de las explicaciones paralelas ofrecidas por el líder del PP y la vicepresidenta del Gobierno al término de la entrevista. Así, la unidad que ambos reclaman es imposible. Y ello ocurre pese a que el momento es de los que requieren una respuesta de apoyo al Gobierno, organizada ante todo por los dos grandes partidos; por ejemplo, frente a lo que la declaración de Otegi de ayer parece anunciar: un próximo comunicado de ETA emplazando al Gobierno a reanudar las conversaciones.

Las exigencias de Otegi al Gobierno son las de siempre, pero esta vez se añade un llamamiento a ETA para que mantenga el alto el fuego anunciado el 22 de marzo. Sin embargo, no se puede mantener lo que ya no existe. A no ser que ETA pretenda que los muertos fueron una consecuencia no querida del atentado por lo que siguen vigentes la tregua y el diálogo. Aceptar tal planteamiento significaría dar por bueno que es posible un diálogo con atentados que pueden o no provocar muertes. El Gobierno no podría admitirlo, y es seguro que el PP compartiría la firmeza en el rechazo. Episodios colaterales como el repudio de los socialistas vascos al lema propuesto por Ibarretxe para una manifestación "por la paz y el diálogo" confirman que el partido del Gobierno considera imposible cualquier diálogo en las actuales circunstancias.

Pero indican también que hay quienes no piensan lo mismo, como el lehendakari. Sería conveniente que Zapatero y Rajoy, que representan al 80% de los ciudadanos, se pusieran de acuerdo en la respuesta a ésa y otras situaciones que se producirán ahora. Y de eso es de lo que deberían haber hablado ayer. Rajoy apeló nuevamente al Pacto Antiterrorista como marco de la unidad, a sabiendas de que los socialistas están ahora obligados a incluir a las formaciones que respaldaron la resolución parlamentaria de 2005 sobre el final pactado de ETA y especialmente al PNV. Ambos textos comparten el principio de la negativa a pagar precio político por el fin de la violencia, que podría ser el eje (en absoluto banal) de un nuevo pacto basado en la experiencia de lo ocurrido.

El que se firmó en 2000 excluía expresamente del consenso democrático a un PNV que no había abandonado la lógica de Lizarra, es decir, justamente, la legitimidad de reclamar un precio político. Sería absurdo mantener esa exclusión ahora que el sector mayoritario de ese partido ha renunciado a tal pretensión, pese a las resistencias internas. Ese motivo bastaría para intentar ahora un marco de acuerdo diferente, aunque incorporase gran parte del contenido de aquel: utilización de todos los instrumentos del Estado de derecho contra ETA, respeto a las reglas y procedimientos establecidos en eventuales reformas del marco institucional, eliminar de la confrontación partidista el problema terrorista, etc.

El principal obstáculo es la negativa a cualquier diálogo con ETA, implícito en el pacto de 2000. Pero es falaz contraponer derrota de ETA y final pactado, ya que lo primero es condición para lo segundo, y ahora hasta Aralar, escisión de Batasuna, defiende que no puede haber diálogo, ni hoy ni nunca, sin derrota, es decir, sin un compromiso irreversible y verificado de abandono definitivo de la violencia. Y ésa podría ser la respuesta compartida al comunicado que tal vez prepara ETA.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Reunión en la Moncloa” (Editorial de LA VANGUARDIA)

La primera reunión entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, tras el atentado de Barajas del pasado 30 de diciembre terminó sin un mínimo acuerdo. El jefe del Ejecutivo propuso al presidente del PP un diálogo para llegar a una nueva alianza contra el terrorismo con todos los grupos parlamentarios. Aquél le contestó que, para luchar contra ETA, se debe regresar al pacto antiterrorista, al que pueden sumarse todos los demás partidos.

La posición de Rodríguez Zapatero, después de que la banda terrorista volara el aparcamiento de la T4 y segara la vida de dos inmigrantes ecuatorianos, fue criticada nuevamente ayer por Mariano Rajoy, quien afirmó salir de la Moncloa “sin una idea clara” de la política del Gobierno ni de por qué se produjo el atentado. El Ejecutivo sigue insistiendo, ayer a través de la vicepresidenta M.ª Teresa Fernández de la Vega, en que hizo lo que debía, sin el menor asomo de autocrítica.

Después de una larga y dramática semana, empleada en la búsqueda de los cadáveres de los infortunados inmigrantes bajo miles de toneladas de escombros, la oferta que hace el presidente del Gobierno a la oposición se limita a abrir un diálogo permanente para llegar a un nuevo acuerdo de todos contra el terrorismo.

Pero eso parece poco. Rodríguez Zapatero debe seguir tomando la iniciativa y concretar las bases sobre las que cree que habría que levantar este gran acuerdo entre todos, incluidos los partidos nacionalistas, a los que se marginó en diciembre del 2000 del pacto antiterrorista, por lo que únicamente lo firmaron el PP y el PSOE. Lo que se espera del Gobierno, después de lo sucedido, es que vaya más allá de una oferta de diálogo a todos los grupos parlamentarios. Es él quien debe concretar las propuestas y pactarlas con las demás fuerzas políticas a través del diálogo.

Mariano Rajoy, por su parte, se ha enrocado en el pacto antiterrorista, con lo que su grupo puede volver a quedarse solo en el Congreso de los Diputados. Además, con esa actitud, el líder del PP corre el riesgo de no ser comprendido por quienes, desde posiciones moderadas, entienden que la unidad es la base fundamental desde la que luchar contra el terrorismo y que no debe negarse a hacer concesiones y ser generoso para abrir el acuerdo al resto de las fuerzas políticas.

Ahora son momentos de claridad, firmeza y altura de miras. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

Editorial publicado por el diario LA VANGUARDIA el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


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