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PSE y Batasuna se reúnen en secreto para tratar de salvar el 'proceso' con ETA

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Negociación (Rendición)

El representante de Batasuna pidió al Gobierno que le dé unas semanas para encauzar la situación.  Otegi consultó con ETA el comunicado en el que pide a la banda que vuelva a su compromiso de marzo

MADRID.- Miembros de la dirección del Partido Socialista de Euskadi (PSE) y de Batasuna se reunieron después del atentado del día 30 de diciembre en Madrid que costó la vida a dos personas. Los contactos, que en un primer momento fueron indirectos y que culminaron con un encuentro secreto al máximo nivel, se han venido produciendo a lo largo de la última semana, a pesar de las declaraciones efectuadas por el presidente del Gobierno asegurando que, tras el atentado contra el Aeropuerto de Barajas, el «diálogo» que era la base del proceso había «llegado a su fin».

En los contactos habidos entre la dirección de ambos partidos, los representantes radicales solicitaron al Gobierno unas semanas de tiempo para tantear cuál era su propia situación respecto a ETA y tratar de encauzar a sus bases más recalcitrantes. Esa solicitud, que debía efectuarse a través de los socialistas vascos, ocupó parte de la conversación y la representación abertzale, tras plantearla, deslizó la idea de lo difícil que podía volverse la situación si no se le concedía ese plazo.

De los encuentros que los dirigentes de Batasuna, con su portavoz Arnaldo Otegi a la cabeza, han tenido en la última semana con el resto de los partidos políticos y con el lehendakari, Juan José Ibarretxe, éste es sin duda el más controvertido de todos. Porque mientras el resto, incluido el Gobierno vasco, desde inmediatamente después del atentado, mostró su apuesta por que las negociaciones prosiguiesen, tanto el Partido Socialista como el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, aun manejando hábil y ambiguamente en algunas ocasiones las posibilidades semánticas sobre la continuidad o no del proceso, sí han querido trasladar la imposibilidad de que el diálogo con la formación ilegalizada fuese a proseguir.

En los contactos que se han producido, además de la petición de tiempo para intentar reconducir la situación y de la reflexión sobre lo difícil que se volvería ésta en caso de que al final de dicho plazo nada se hubiese conseguido, la dirección de Batasuna también se comprometió a intentar pactar con la banda una respuesta relativamente autónoma respecto al atentado.

Se trataba de realizar una formulación que no llegaría a la condena del asesinato de los dos ciudadanos ecuatorianos pero que, según los interlocutores abertzales, iría más lejos de lo que nunca había ido la formación ilegalizada.

El portavoz de Batasuna, efectivamente, realizó sus consultas entre los miembros de la Mesa Nacional y también, y esto es fundamental, con algunos de los más destacados miembros de Ekin, organismo en el que está incluida ETA. En definitiva, la declaración leída ayer en un hotel de San Sebastián fue consultada previamente y se le puso el tope a Otegi de hasta dónde podía llegar.

No en vano, Otegi pidió ayer a ETA que «mantenga intactos los compromisos» del comunicado de alto el fuego hecho público en marzo pero sin realizar alusión alguna -ni mucho menos de condena-, al atentado de Barajas. Otegi propuso, así, que se haga borrón y cuenta nueva, que se vuelva al principio de la tregua como si el atentado no se hubiese producido, para así poder centrarse en lo único en lo que Batasuna es protagonista y de lo que puede sacar rentabilidad, que es la mesa de partidos en la que estaba previsto que se abordaran las cotas de mayor autogobierno para Euskadi.

Las negociaciones secretas para la constitución de la mesa han resultado un foro que, además, ha convertido a sus dirigentes en interlocutores, una condición que ha librado a algunos de ellos de sufrir las consecuencias inmediatas de algunos de los procedimientos judiciales que tienen abiertos. En su comparecencia, Otegi, le puso al Ejecutivo las condiciones que se deben cumplir: que se mantenga a distancia de los acuerdos políticos, que pare las medidas judiciales y policiales y que si los partidos vascos apuestan por la autodeterminación o la independencia, se comprometa a que estas decisiones van a poder ponerse en marcha.

En esas condiciones, por tanto, la banda terrorista estaría de acuerdo en volver a los términos del mes de marzo. Pero esto no garantiza necesariamente que no se vayan a producir nuevos atentados dado que, según ha podido saber este periódico de fuentes solventes, ETA, al menos hoy por hoy -y cuando hasta la izquierda abertzale está esperando que haga público de manera inminente un comunicado-, no tiene la intención de anunciar que renuncia de manera expresa a la violencia.

La organización terrorista está manejando otros tiempos, considera que este proceso no se debe circunscribir necesariamente a una legislatura, y el método de trabajo que va a intentar imponer es el de -en caso de que se reinicien las negociaciones-, enviar un toque de atención al Ejecutivo en caso de que éste no cumplimente determinadas expectativas.

Ayer, en su comparecencia, Otegi, flanqueado por los miembros de la mesa de interlocución, Rufi Etxebarria y Arantxa Santiesteban, como si se tratara de una declaración solemne, desde un atril y en presencia de las banderas del País Vasco y Navarra, le perdonó la vida al Gobierno públicamente. Aseguro que el Ejecutivo había realizado una «gestión pésima de la tregua» pero que la izquierda abertzale sabe que no es ocasión de «buscar el desgaste» o el «reproche». Aseguró que los partidos con los que se había reunido le recordaron que tenía «especial responsabilidad en lo que había ocurrido» y él quiso entender que le estaban pidiendo, no que se distanciase de ETA, sino que «recondujese» la situación.

«Materializables»

Así pues, recogió «el guante», asegurando que todo diálogo se debe hacer «en ausencia de violencia» -otorgó a esta frase la misma interpretación que le dio en Anoeta y que tan escaso efecto ha tenido-; pidiéndole a ETA y al Gobierno que «manifiesten su compromiso con el diálogo político multilateral» -es decir que no boicoteen la mesa de partidos en la que sólo éstos, incluida Batasuna, han de tener la decisión-; y exigiéndole al Ejecutivo que garantice «que los proyectos han de ser no sólo defendibles sino materializables».

Las últimas semanas del proceso han generado ciertas tensiones en un sector de los socialistas vascos que no se han sentido identificados con decisiones adoptadas desde el Ministerio del Interior como las detenciones posteriores al robo de armas o el endurecimiento de la postura inicial de «suspensión» del proceso -que no ruptura- que expresó el presidente tras el atentado.

Una información exclusiva de Angeles Escriva publicada por el diario EL MUNDO el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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