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12 de Enero, 2007

Terrorismo Etarra: Editoriales (12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Opinión en Prensa

“En pleno desconcierto sin acuerdo posible” por Sin Pancarta

Todos los periódicos nacionales (excepto LA VANGUARDIA) y vascos editorializan en el día de hoy sobre las secuelas del terrorismo, sobre el ‘lapsus’ del Presidente Accidental calificando el vil atentado terrorista de Barajas como un accidente y sobre las manifestaciones previstas para mañana.

La simple lectura de los textos da una perfecta idea de la división existente frente al terrorismo criminal que padecemos desde hace décadas. El partido en el gobierno y sus satélites no desprecian ocasión alguna para cargar contra el PP intentando trasmitir la imagen de un falso aislamiento del partido de la oposición.

Dicen los convocantes de las manifestaciones de mañana que su objetivo es evidenciar la repulsa contra el atentado terrorista de Barajas pero sus declaraciones critican mucho más la sensata y legítima postura del Partido Popular que la acción criminal de ETA y sus cómplices.

¿Alguien en su sano juicio piensa que el PP se puede manifestar junto a los ‘farsantes contra la guerra’ encabezados por la tal Pilar Barden? ¿Junto a los paniguados del ‘Nunca Mais’? ¿Nos toma este gobierno por imbéciles? ¿Se han olvidado de las consignas que durante más de un año calificaban como asesinos a José María Aznar, Mariano Rajoy y todos los dirigentes del PP? ¿No recuerdan las rosas blancas entregadas a miembros de la organización criminal ETA-Batasuna?

Lean y deduzcan por si mismos lo que se esconde realmente tras las supuestas manifestaciones de repulsa del terrorismo.


De los lapsus de Zapatero a la tibieza de Ibarretxe (Editorial de EL MUNDO)

Sigmund Freud atribuyó en su teoría del psicoanálisis una gran importancia a los lapsus verbales, que, según el médico vienés, reflejaban los aspectos ocultos del inconsciente, una especie de verdad que la conciencia se negaba a reconocer.

José Luis Rodríguez Zapatero se refirió ayer al atentado de ETA en Barajas como «un trágico accidente», palabras que él mismo calificó de «lapsus» debido al cansancio, pidiendo que nadie juzgue con «intencionalidad política» lo que fue un simple error. No es la primera vez que el presidente incurre en idéntico desliz: el pasado 29 de diciembre calificó en su comparecencia ante los medios de «accidentes mortales» los atentados de ETA. La reacción de sus portavoces fue muy similar: restar importancia a lo dicho, lo mismo que hicieron anteayer cuando la vicepresidenta calificó de «papelito» el Pacto Antiterrorista.

Contra lo que dicen sus colaboradores, ¿no será que estos lapsus espontáneos reflejan lo que verdaderamente piensan o sienten Zapatero, Fernández de la Vega y otros dirigentes socialistas?

Si Freud está en lo cierto, la contumacia y la reiteración de estos lapsus ponen en evidencia que la cúpula del Gobierno está convencida de que los atentados de ETA son meros «accidentes» o inevitables incidentes en «el largo, duro y difícil» recorrido de la negociación con la banda. Ésta podría ser la explicación de la ambigüedad de Zapatero, que se niega a dar por cerrado definitivamente el diálogo con ETA porque en su fuero interno alberga la esperanza de que la negociación es todavía viable.

Todo ello se inscribe en el terreno de las hipótesis, pero lo que es un hecho innegable es que el presidente del Gobierno -como resalta hoy Esperanza Aguirre en el Foro de EL MUNDO- ha tenido numerosas oportunidades de rectificar, pero ha preferido instalarse en frases vaporosas que a poco le comprometen.

Zapatero tiene el próximo lunes en su comparecencia en el Congreso la gran ocasión de disipar ese comportamiento equívoco que le hemos reprochado también en estas páginas. Lo que una gran mayoría de los ciudadanos espera es muy sencillo: que diga que los atentados son actos criminales execrables y que se comprometa a luchar a fondo contra la banda terrorista, dando por cerrada cualquier posibilidad de diálogo mientras él sea presidente.

La misma exigencia es extensible -salvando las diferencias- al lehendakari Ibarretxe, cuya ambigüedad ha dado lugar a un penoso espectáculo de división entre los partidos vascos. Anoche tuvo que cambiar el lema de la manifestación de mañana en Bilbao para evitar la presencia de Batasuna. Ibarretxe debería haber sido mucho más claro en su repudio a ETA y jamás debería haber apelado al «diálogo» para sacar a la calle a los ciudadanos vascos, una invocación inaceptable en unos momentos en los que la banda vuelve a matar.

La ambigüedad de Zapatero e Ibarretxe ha desunido a las fuerzas democráticas y ha propiciado la falta de consenso en las manifestaciones de mañana que, pese a las buenas intenciones de algunos de sus promotores, se han convertido en el retrato de una España lamentablemente dividida frente al terrorismo. Ésa es la triste paradoja de unos actos que pretendían repudiar la violencia de ETA, pero que van a servir para testimoniar las dificultades de recuperar la política de consenso contra la banda.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El turbio vodevil de Ibarretxe” (Editorial de LA RAZON)

Igual que han forzado el cambio de pancarta en Bilbao, el PSOE debe cambiar la de Madrid

El vodevil en el que se ha convertido la manifestación convocada por Ibarretxe para este sábado en Bilbao, con la entrada y salida de diferentes personajes, con disputas sobre el libreto y el título a mitad de función, es el pago justo a una iniciativa que desde el principio fue sectaria, deliberadamente ambigua y diseñada para mantener la negociación con ETA, pese al atentado. El líder de los socialistas vascos, Patxi López, cuya miopía política gana dioptrías con pasmosa rapidez, aceptó sumarse a una marcha cuyo eslogan, «Por la paz y el diálogo», era perfectamente asumible por Batasuna sin temor a que la banda le tirara a Otegi de las orejas. Sólo cuando se ha visto que los proetarras también querían sujetar la pancarta, Ibarretxe la ha cambiado para incluir la expresión, en letra menor: «Exigimos a ETA el fin de la violencia». Lástima que ambos, el lendakari y Patxi López, no tuvieran los mismos escrúpulos cuando se reunieron a la luz del día con Otegi y compañía en septiembre pasado. En todo caso, y consumada la operación estética, esta manifestación está orientada no tanto a enseñarle los dientes a los terroristas, cuanto a fortalecer el eje PNV-PSE como actores únicos de la política vasca. No merece mucha mejor opinión la manifestación convocada en Madrid por la UGT, con el apoyo de CC OO y una asociación de inmigrantes ecuatorianos. El absurdo empecinamiento de Cándido Méndez en no incluir la palabra «libertad» en la pancarta, además de incomprensible en un sindicalista, rompe una constante en las manifestaciones contra ETA. Como demostraba gráficamente ayer LA RAZÓN, la palabra «libertad» ha estado muy presente en este tipo de protestas por la sencilla razón de que, después del derecho a la vida, la segunda víctima de ETA es la libertad. Que los cargos públicos, los políticos, los periodistas, los profesores e intelectuales, los empresarios y los artistas tengan que vivir con escolta policial es la fidedigna expresión de una sociedad vigilada, atemorizada y sin libertad. Si ya es difícil entender por qué no se cita a ETA, como se hará en Bilbao, es totalmente incomprensible que no se haga defensa expresa de la libertad. Perdidos entre Bilbao y Madrid, los dirigentes socialistas están incurriendo en una grave contradicción: primero aceptaron ir a ciegas a una manifestación en la capital vizcaína, aunque el lema les desagradaba, en «aras de la unidad democrática»; luego forzaron el cambio para impedir la presencia contaminante de Batasuna; pero se niegan a hacer un esfuerzo mucho menor, como escribir la palabra «libertad», para favorecer la unidad de los demócratas en la capital del Reino. Se diría con toda lógica que para el PSOE, Batasuna y el PP merecen el mismo trato. A la vista de todo esto, tal vez deberían sincerarse los dirigentes socialistas y, como ha hecho Patxi López con Otegi, afirmar públicamente que nunca desearon que el PP participara en la manifestación del sábado.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“«Lapsus» y manifestaciones” (Editorial de ABC)

Si el Gobierno y el PSOE quieren medir su liderazgo político en este momento crucial para la lucha antiterrorista, no tienen más que comprobar la desunión que reflejarán las dos manifestaciones convocadas en Madrid y en Bilbao con motivo del atentado etarra en el aeropuerto de Barajas. La crisis de la unidad democrática se va a mostrar con toda su dramática crudeza y lejos de servir de reproche al PP, al recordar el apoyo socialista al Gobierno de Aznar, señala directamente la responsabilidad personal de Rodríguez Zapatero, primero por romper aquella unidad que heredó; y, segundo, por hacer todo lo posible para frustrar su restauración. La incapacidad del Gobierno para gestionar con un mínimo de sentido común la grave crisis de confianza que han provocado sus errores de apreciación y decisión en el proceso de negociación con ETA sigue desplegando sus efectos y exterminando las escasas posibilidades de ofrecer a los españoles una política fiable de lucha y derrota de los terroristas. Más aún cuando el jefe del Ejecutivo, por tercera vez, volvió a calificar ayer de «accidentes» los atentados de ETA. Demasiados «lapsus» que evidencian que el Gobierno, sobrepasado por su propia impericia, no controla la situación en un momento que requiere, más que nunca, sosiego y firmeza para no otorgar más bazas a la banda asesina.

La calculada indefinición del presidente del Gobierno sobre lo que hará en el futuro -incertidumbre, en sí misma, desastrosa para un Estado que no debió dejar de estar volcado en la persecución implacable de ETA- alimenta las estrategias más inicuas de quienes, de ninguna forma, quieren cancelar el proceso de diálogo con los terroristas. Y por esto mismo, las manifestaciones del sábado son producto del oportunismo del PNV, verdadero experto en la materia, y de la resistencia inmoral de una parte de la izquierda a aceptar el fracaso, ocupándose más de hostigar al PP que a ETA. Es toda una lección para el PSOE que los reparos de los socialistas vascos a la manifestación convocada por el lendakari vayan paralelos a las razones por las que el PP y el Foro de Ermua, entre otros, no asistirán a la organizada por UGT y CC.OO. Si ahora Patxi López exige claridad en el lema de la manifestación de Bilbao -variado a última hora de ayer para tratar de dejar fuera a Batasuna-, el PP no ha hecho otra cosa que reclamar claridad para que la derrota de ETA y la recuperación de la libertad disuadieran a quienes quieren hacer del acto en la capital de España un lavado de cara del «proceso de paz». Los socialistas vascos han probado la medicina que en Madrid querían hacer tragar al Partido Popular, con UGT de señuelo: una apariencia de unidad, una parodia de consenso.

Más allá de la foto fija de las discordias y la desunión, el problema sigue siendo que no hay respuesta que permita saber qué va hacer el Gobierno contra ETA. Y el hecho de no saberlo indica que la negociación y el diálogo con los terroristas ha calado de tal manera en el discernimiento del PSOE y del Ejecutivo que lastran no ya una rectificación política que les acerque al PP, sino también, y principalmente, la toma de decisiones que den más seguridad y tranquilidad a los españoles. No es una exageración afirmar que España siente indefensión en estos momentos porque el Gobierno es una fuente de temores e incertidumbres frente a la amenaza terrorista. Y por eso las manifestaciones del sábado no son unitarias, porque el Gobierno no ha fijado objetivos claros y capaces de convocar nítidamente a unos y obligar a otros a disipar sus ambigüedades.

Así, el PP se siente excluido de la manifestación en Madrid por la intransigencia oficialista de UGT -presto a un papel instrumental realmente impropio de un sindicato-; y el PNV, por su parte, se siente legitimado para volver a jugar a dos bandas -ETA y PSOE- y a utilizar dos discursos -el de Josu Jon Imaz y el de Joseba Egibar-, que le aseguren no perder el control del poder. Y entretanto, Rodríguez Zapatero parece incapaz de salir del laberinto en el que se ha metido voluntariamente.

Editorial publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifestación y barullo” (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Vemos desesperanzados que media España se apresta a venir a las manos con la otra media”, escribía Ortega y Gasset en 1919. Pero la imagen de las dos Españas viene aún de más atrás. Lo que no es razonable es que esa confrontación siga alimentándose. La vicepresidenta del Gobierno, en “el desayuno del papelito”, repitió una vez más el tópico de que hay que profundizar en lo que nos une y no en lo que nos separa. Pero en su posterior discurso, María Teresa Fernández de la Vega confirmó que hoy es más lo que divide que lo que une.

Que de la Conferencia de Presidentes, que debiera servir para coordinar mejor el Estado de las Autonomías, lo más reseñable sea un nuevo lapsus de Rodríguez Zapatero, denominando accidente a un mortal atentado, da idea de hasta dónde llega el desconcierto nacional. Ni siquiera una manifestación de protesta contra el último crimen de ETA ha conseguido aparcar las diferencias. Al contrario. UGT se ha negado a incluir en la pancarta la palabra “libertad”, lo que ha provocado lógicas ausencias, como la del PP, que ha pedido —sin éxito— un comunicado rechazando toda negociación con la banda criminal.

Parecida confusión rodea a la manifestación programada por el lehendakari Ibarretxe, a la que –en el colmo del barullo– pretende ir la ilegal Batasuna. El PSE estaba dispuesto a secundarla, pero hacerlo en compañía de un partido ilegal es demasiado. Como lo empieza a ser la acumulación de despropósitos que presenta la vida española, que invitan a una corrección radical y a una dirección más atinada de la política, si no se quiere acentuar aún más el divorcio de los ciudadanos con sus dirigentes.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Pretextos para dividir” (Editorial de EL PAIS)

Lo peor del espectáculo que estamos dando es el olvido de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, los dos jóvenes ecuatorianos asesinados por ETA y en solidaridad con los cuales surgió la iniciativa de celebrar en Madrid una manifestación contra la banda. La condena del atentado y la solidaridad con esas personas, que debería suscitar el apoyo sin reticencias de todo el mundo, se ha ido convirtiendo en mero pretexto para la bronca habitual. Y la manifestación convocada en Bilbao por el lehendakari bajo el lema "Por la paz y el diálogo" ha confirmado que toda idea confusa tiende a contagiar la confusión por doquier.

La manifestación de Madrid fue convocada por asociaciones de ecuatorianos en España y las uniones regionales de CC OO y UGT de la capital, y a ella se adhirieron PSOE e IU. Tras algunas dudas, Rajoy condicionó la participación de su partido a la inclusión en el lema de la marcha ("Por la paz y contra el terrorismo") de la consigna de libertad. Es una consigna coherente con el sentido de la convocatoria, y no debería haber habido dificultad mayor para aceptarla. Sin embargo, algunos sectores del PP se pusieron la venda antes de la herida y acusaron a los organizadores de resistirse a aceptarla para convertir la manifestación en un acto de apoyo a la negociación política con ETA.

La acusación es un proceso de intenciones, pero, con buen criterio, CC OO abogó por incluir la consigna para favorecer la adhesión del PP. UGT-Madrid se opuso de entrada con argumentos de poco peso, como que los carteles ya estaban impresos. Es una situación absurda: hay acuerdo sobre el fondo, como demuestra que la consigna de libertad se haya incluido en el manifiesto que se leerá al final, pero los sectarismos recíprocos impiden que se plasme en una convocatoria unitaria. Unos la condicionan a apuntarse el tanto de conseguir modificar el lema, y los otros a no ceder a presiones. En las horas que quedan debe evitarse el ridículo de la incapacidad para ponerse de acuerdo en algo tan elemental.

Lo de Bilbao es más complicado porque el lema propuesto por Ibarretxe, contra el criterio de la dirección de su partido, sí resultaba deliberadamente confuso: unir paz y diálogo tras el atentado de Barajas transmite un mensaje de continuidad del proceso que ahora es inaceptable, según han opinado todos los partidos. Esa confusión la aumentó el PSE al decir que aunque estaba en desacuerdo participaría para no agravar la división, pero que dejarían de hacerlo si se sumaba Batasuna. Gran ocasión para que los de Otegi decidieran sumarse y proclamar su apoyo al lema discutido. El barullo aconsejó ayer al lehendakari añadir la exigencia a ETA de abandono de la violencia, y pidiendo a Batasuna que se abstuviera de participar si no estaba de acuerdo con ese añadido. Está bien. ¿Pero qué pasa si a pesar de todo Batasuna decide participar, como quería hacerlo el PSE, con sus propias consignas, es decir, las inicialmente propuestas por Ibarretxe? Demasiada confusión cuando lo que correspondía era sencillamente mostrar el rechazo ciudadano a los asesinatos de ETA.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Batasuna, fuera” (Editorial de EL PERIODICO)

Ibarretxe se apresuró anoche a corregir el lema de la manifestación que ha convocado para mañana en Bilbao para hacer imposible que Batasuna se codee con los demócratas en ese acto contra la banda terrorista. El lendakari, consciente o inconscientemente, había cometido el error -o mejor, la estupidez- de excluir la condena explícita del terrorismo de ETA del lema propuesto para la marcha. Esta iba a celebrarse "por la paz" y "el diálogo", lo que había permitido a Batasuna sumarse cínicamente a la convocatoria. Afortunadamente, el PSE, IU y el propio PNV pusieron el grito en el cielo y amenazaron con no acudir a la manifestación si iba también Batasuna. En esas circunstancias la movilización dejaba de tener sentido.

El nuevo lema incluirá la frase: "Exigimos a ETA el fin de la violencia". Como Batasuna no comparte esa exigencia, lo mejor que puede hacer es quedarse en casa y dejar de enredar y confundir. Ojalá llegue el día en que Otegi y su gente la hagan suya, porque muchas cosas habrían cambiado entonces en Euskadi.

La otra manifestación, la convocada también para este sábado en Madrid, es víctima asimismo de la polémica. La negativa de los convocantes originales -la Federación Nacional de Ecuatorianos de España, y las organizaciones de UGT y CCOO en Madrid- a incluir el término "libertad" en el lema inicialmente acordado -"Por la paz y contra el terrorismo", que es el habitual de ocasiones precedentes- ha sido utilizada como excusa por el PP y organizaciones de su órbita para desengancharse. El partido de Rajoy tiene como norte acorralar al Gobierno, negarle el consenso antiterrorista, dejarle sin aire. Es un sarcasmo que para esa estrategia se utilice la reclamación de libertad.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifiesta confusión” (Editorial de EL CORREO)

El bochornoso espectáculo a que ha dado lugar la intencionada ambigüedad del lehendakari Ibarretxe y su empecinamiento al convocar una manifestación para mañana con el lema 'Por la paz y el diálogo', lo que propició que Batasuna decidiera sumarse a la movilización, se une a una descorazonadora secuencia de despropósitos que desembocarán este sábado en sendas muestras de confusión y desunión, en Bilbao y en Madrid. Fueron muchas las voces que discreparon del lehendakari advirtiéndole de que no se le podía escamotear a la sociedad vasca la posibilidad de condenar expresamente el crimen de ETA, así como la oportunidad de solidarizarse con las víctimas por él causadas, bajo el disfraz de unas palabras que, como de hecho ha sucedido, podrían ser suscritas incluso por quienes dan cobertura al terrorismo. El propio lehendakari tenía razones para temer que, como le ocurriera en diciembre de 2004 con la votación de su plan en el Parlamento vasco, la izquierda abertzale podría sumársele a un eslogan que admitía innumerables interpretaciones. Pero lo que resulta aún más indignante es que tuviera que ser el oportunismo de la izquierda abertzale lo que obligara ayer a Ibarretxe a hacer lo que no quiso hacer a requerimiento del PSE-EE, el PP o Gesto por la Paz: modificar tan ambivalente lema. Al añadirle la frase 'Exigimos a ETA el fin de la violencia' el lehendakari trató de eludir la incómoda compañía de Batasuna en la manifestación de mañana. Pero debió recordar mucho antes que es la ciudadanía la que espera de sus instituciones un liderazgo sin equívocos para terminar con la banda terrorista para siempre. Un liderazgo que hoy se ve afectado en el caso de la primera institución de Euskadi cada vez que su titular trata de orientar el anhelo de una sociedad que desea el final inmediato y definitivo de ETA hacia las aspiraciones contenidas en su proyecto soberanista.

Por su parte, la decisión del Partido Popular de no secundar la llamada a la manifestación de mañana en Madrid constituye una mala noticia que confirma y agudiza la división existente al hacer frente al desafío etarra. La indisposición mostrada por los convocantes para aunar posturas puede explicar la negativa popular. Pero ni la exigente actitud de los primeros justifica la negativa de los segundos a añadir la palabra 'libertad' al lema propuesto, ni la cerrazón de los segundos exime al PP de la responsabilidad en que incurre. Muchos serán los que piensen que detrás de tan fútiles razones se ocultan deseos inconfesados, por inconfesables, de aprovechar la trágica circunstancia para mantener distancias. Sólo cabe desear que el desarrollo de las movilizaciones y las valoraciones que hagan quienes se han negado a sumar sus siglas a las de los convocantes no contribuyan a la crispación de tan deplorables desavenencias.

Editorial publicado por el diario EL CORREO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“«Exigimos a ETA el fin de la violencia»” (Editorial de DEIA)

Una nueva pirueta de Batasuna, a las que tan acostumbrados estamos en Euskadi, y una nueva rabieta del PSE-EE, más preocupado en lanzar órdagos que en lograr el consenso, han estado a punto de reventar la manifestación que mañana recorrerá Bilbao en favor de la paz y el diálogo. La lógica intervención del lehendakari Juan José Ibarretxe al ampliar el lema de la marcha para "exigir a ETA el fin de la violencia" ha devuelto la cordura a una situación desquiciante e ininteligible para el conjunto de la ciudadanía, hastiada de tanto interés espurio en muchos dirigentes políticos. El lema de la manifestación era claro y contundente y había sido explicado con detalle por el lehendakari. Pero Batasuna no quiso perder la oportunidad de convertirse de nuevo en protagonista del esperpento, habida cuenta de la absoluta falta de credibilidad que tiene ya en el seno de la sociedad vasca.

El anuncio de la izquierda abertzale de que secundaba la manifestación "Por la paz y el diálogo" no fue una sorpresa. Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que quienes no son capaces de decirle a ETA que abandone la violencia quieran ir de la mano para pedir la paz con el PSOE y «el PNV de Imaz», quienes, según el delirante comunicado de la organización terrorista, son los culpables de la opresión que sufre Euskal Herria y, en consecuencia, de que no haya avanzado el proceso. Batasuna buscaba reventar o, en su caso, convertirse en la protagonista de la manifestación. Casi lo logra, gracias a la reacción del PSE-EE, partido que no está de acuerdo con el lema y se permite arremeter contra su convocante, pero se adhiere para luego exigirle que lo cambie. Inconcebible.

Lo positivo de esta situación es que cada uno se ha retratado y se retratará mañana en las calles de Bilbao. La manifestación será multitudinaria, sin duda, para exigir a ETA el fin de la violencia, por la la paz y el diálogo. Los socialistas y Batasuna harán lo que «de buena fe» crean conveniente, pero ya no hay confusión posible.

Editorial publicado por el diario DEIA el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Salvar el proceso, no la manifestación” (Editorial de GARA)

Cualquier persona que comparta la idea o el compromiso de que es necesario desarrollar un diálogo y un proceso político resolutivo que dé una salida real al conflicto y que, a su vez, construya un escenario de paz justa, estable y duradera en Euskal Herria, debería poder tener, al menos, el derecho de asistir a un acto cuyo lema era «por la paz y el diálogo». Especialmente cuando esa manifestación es convocada por un lehendakari (elegido, debiera recordarlo, gracias a dos votos de la izquierda abertzale) al que, como mínimo, debería suponérsele que busca representar al conjunto de la ciudadanía. Parecía lógico pensar, asimismo, que esa convocatoria, con su lema inicial, iba dirigida a la sociedad y que, como sería de sentido común, buscaba la participación del mayor número de asistentes para reforzar lo que decía defender y recabar la mayor adhesión para conseguir tan loable objetivo. Y debería haber podido buscar todo ello sin permitir injerencias partidistas que exigieran derechos de admisión. Pero quizás estemos pecando de ingenuidad. Porque todos esos supuestos chocan hoy, y aquí, con la más absoluta falta del interés común que, en buena lógica, podía reflejar el lema inicial de la cita, y que exige el delicado momento político que atravesamos. La jornada de ayer fue pródiga en situaciones y declaraciones surrealistas y un buen ejemplo a no seguir. No es de recibo pretender regular la libertad de expresión y los derechos políticos de los ciudadanos, y eso es lo que, finalmente, ha vuelto a ocurrir.

Todo esto abre más interrogantes que respuestas. ¿Cuál era el objetivo real, desde su inicio, de esa manifestación? ¿Buscaba aunar, o dividir? ¿A quién convocaba, exactamente, el Gobierno de Lakua? ¿Es que marginando y vetando puede buscarse la paz y pretender lanzar un mensaje a favor de un proceso de resolución dialogado y negociado, que debe desarrollarse lógicamente en ausencia de todo tipo de violencia? ¿En qué posición queda ahora Juan José Ibarretxe?

No parecen éstos los contenidos ni las formas para abordar lo realmente urgente, que no es, desde luego, salvar esta manifestación, sino el proceso. Para dotarlo de bases sólidas hay que ser capaces de trabajar entre todos los agentes y con mucha más seriedad que la demostrada. Esa labor no puede hacerse desde la exclusión de una parte significativa de esta sociedad.

Editorial publicado por el diario GARA el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (EL MUNDO, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:50, Categoría: Opinión en Prensa

“Trágico presidente” por Federico Jiménez Losantos

José Luis Rodríguez Zapatero, al que un diario anglosajón acertó a definir como «presidente por accidente», en alusión a su llegada al poder manipulando la masacre del 11-M, está a punto de convertirse en uno de esos personajes trágicos cuya estadía en el poder acarrea desgracias a un país durante varias generaciones, tal es el daño producido por unas decisiones políticas tan obcecadas como erróneas.

Fernando VII, al abolir la heroica Constitución de Cádiz, desterrar a los liberales por dos veces y no aclarar su sucesión, es quizás el más terrible ejemplo de cómo la nación española puede arrastrar durante tres generaciones y tres guerras civiles entre liberales y carlistas una desdicha tan terrible como la de haber tenido a Tigrekán I, El Rey Felón, entre sus monarcas.

Pues bien, Zapatero va camino de convertirse en el Fernando VII de nuestra moderna democracia. En apenas tres años ya ha destrozado el régimen constitucional de 1978, acaso el más sólidamente fundado desde la Pepa de 1812. «La musa del escarmiento» que invocaba Azaña en sus Memorias hizo que los españoles entendieran la lección de la Guerra Civil y la dictadura posterior, no menos dictadura si hubiera ganado el otro bando. De ahí el consenso, la Transición, la Constitución del 78 y una alternancia en el poder que sólo en 2004 tuvo aspectos dudosamente legítimos, aunque legales.

Pero desde que llegó a La Moncloa, acaso antes, Zapatero está empeñado en la creación de un régimen al estilo del PRI o de esa II República que, de la mano del PSOE, nos llevó a la Guerra Civil. Su empeño en forjar una alianza infame con ETA y los separatistas para marginar al PP e impedir cualquier alternancia democrática nos ha llevado a la miserable cadena de hechos que culminaban, hasta ahora, en el atentado de Barajas.

Pero todos los días, como Fernando VII, Zapatero hace más siniestro su legado. Ayer volvió a definir la hazaña de ETA en el aeropuerto de Madrid como un «trágico accidente», demostrando que, o no está en condiciones psicológicas de asumir sus responsabilidades, o carece la más elemental altura ética para dirigir a la nación por las tormentas que él mismo ha desatado. Ha dicho muy certeramente Alcaraz, el presidente de la AVT al que Zapatero ha perseguido desde que llegó al poder, que «habla, siente y padece como los propios terroristas y quienes les apoyan». Y es muy cierto.

En su descargo, podría alegarse que vive en estado de shock desde el ridículo cosechado cuando le volaron el parking de Barajas 12 horas después de que anunciara un año aún mejor que el anterior en lo que al terrorismo se refiere. Roto el consenso, rota la unidad antiterrorista, rotas cada una de las manifestaciones en respuesta a la ETA, rota la nación, Zapatero, trágico presidente por accidente, es el Fernando VII del siglo XXI.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El lapsus” por David Gistau

Ya se nos hizo saber que 'Zetapé' no comete errores, a diferencia de ese «resto de los mortales» por encima del cual le colocó Jordi Sevilla, rendido como una de esas groupies que arrojan bragas al escenario. Como mucho, los costaleros que lo sostienen están dispuestos a admitir que al presidente de vez en cuando se le escapa algún lapsus. Como éste tan reciente de calificar el atentado de la T-4 como un «trágico accidente», como una especie de broma del azar debida si acaso a una repentina fatiga de los materiales en el parking de Barajas. Los lapsus, que a George Bush le convirtieron en el tarado oval y en el tonto oficial zarandeado por la progresía, no deberían en este caso impedirnos creer que Zetapé es un hombre capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo.

Como pensar y comer chicle. O como hablar para las víctimas y los verdugos al mismo tiempo, queriendo contentar a ambas partes. Zetapé tiene tan interiorizado el discurso que conviene a los terroristas, el que impuso para completar una inversión de valores que los rehabilitara, que aún no ha logrado reprogramarse el disco duro y los eufemismos le brotan en cuanto baja la guardia como si fueran reminiscencias. Le ocurre lo mismo que al perro de Pavlov.

Adquirido el reflejo, es oír ¡Boum! y dice: «¡Accidente!». Es oír «De Juana Chaos» y dice: «Hombre de paz». Tengámosle paciencia, pues ya sabemos, también por Jordi Sevilla, que para enterarse de las cosas necesita al menos dos tardes.

Para Freud, el lapsus es un deseo que esquiva la censura ejercida por la conciencia y se manifiesta como si se hubiera fugado. En el fondo, Zetapé sabe que lo de la T-4 fue un atentado. Tuvo muchos días de encierro en Doñana para hacerse a la idea. Pero el lapsus le traiciona, y resulta que permanece aferrado al deseo de que hubiera sido un accidente, e incluso al de hacerlo pasar por accidente, para así ignorar todos los argumentos que rebaten un proceso que se resiste a cerrar.

De ahí la ambigüedad y el ausentismo que han guiado sus pasos en los días posteriores al atentado, justo cuando la nación más necesitaba un liderazgo explícito y solvente, a salvo de lapsus, que arremolinara la reacción colectiva alrededor de todos los espíritus a los que fuimos renunciando durante el trapicheo con ETA. Y de ahí, también, que las manifestaciones de protesta previstas para este fin de semana, aquéllas que debieran haber sido una renovación de las manos pintadas de blanco, hayan terminado convirtiéndose en una manipulación del tejido social urdida por un Gobierno más necesitado de una coartada que de una fortaleza cimentada en la unidad.

El lapsus es un aviso para navegantes: en Zetapé importa más lo que desea que lo que constata.

O verifica.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Zapatero sueña con mantener su proceso” por Justino Sinova

Lo último que desearía Zapatero es romper el canal de comunicación con ETA. Lo que intenta desde el bombazo terrorista de Barajas es condescender en lo posible para mantener vivo el proceso de negociación. Por eso ha sido menos contundente en la condena que su ministro Rubalcaba, que ha hablado como tenía que haber hablado un presidente. Por eso trata a Rajoy como modelo para la foto y no le cuenta nada. Por eso maquina para que al Partido Popular le sea imposible asistir a la manifestación de condena, o de lo que sea, convocada en Madrid, hasta el punto de conducir a la UGT a negarse a incluir en el lema de pancarta la palabra libertad, que es -Dios mío, ¿hay que recordarlo?- el valor que secuestran los terroristas porque odian la autonomía y la voluntad de los demás.

(¿Cómo hace, por cierto, Cándido Méndez ese papelón de interventor de pancarta en lugar de servir de puente y de pacificador para que todos los demócratas se sientan cómodos en la manifestación? ¿Hasta tal punto le domina, también a él, Zapatero?).

Por complacer a los interlocutores rompe Zapatero el Pacto Antiterrorista, que es una gran noticia que los etarras, con Otegi a la cabeza, deseaban recibir. El Pacto ha sido el mejor instrumento del Estado de Derecho contra ETA. Bajo su amparo se acorraló a la banda, a la que se expulsó del ámbito de los demócratas al tiempo que la policía mostraba una eficacia envidiable y los fiscales y los jueces pensaban sólo en aplicar la ley con la contundencia que exige la justicia. No es verdad que el Pacto fuera excluyente, pues convocaba a todos los partidos sinceramente demócratas y antiterroristas.

Lo rubricaron el PP y el PSOE, además de los sindicatos y algún grupo minoritario. No lo refrendaron el PNV de Arzalluz, que había firmado un pacto previo con ETA, ni la ERC de Carod-Rovira, que en cuanto pudo fue a tratar con los terroristas. No lo firmaron otros pequeños grupos más por complejo que por convicción. Enterrarlo ahora es un favor que además facilita el objetivo de rechazar a los del PP, esos réprobos a los que hay que sacar del terreno de juego, maniobra tan vieja en las oscuridades de las escaramuzas políticas como antidemocrática.

El sueño de Zapatero le lleva a cometer reveladores lapsus, como calificar de «accidente» el feroz atentado de Barajas y otros crímenes etarras. Un lapsus repetido es una prueba del pensamiento. ¿O es también una cesión?

Un viejo político conocedor de los entresijos de los servicios de información asegura que, según algunos profesionales, «los negociadores no se han levantado de la mesa». O sea que, según eso, el proceso sigue. Será un sueño de Zapatero, pero es sobre todo un plan letal. Antes del bombazo del día 30, el proceso era jugar con fuego; después de dos muertos más y de la manifiesta intención etarra de no abandonar la violencia, es obligarse a agarrar con las manos un hierro incandescente. Es peor que un error. Es lo más parecido a un suicidio.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El 'plan B' del Gobierno frente al terrorismo” por Antonio Basagoiti

El terrible atentado del 30 de diciembre en Barajas ha hecho volar por los aires el proceso de negociación entre el Ejecutivo socialista y ETA. Mientras, la ciudadanía, los medios de comunicación y los políticos reflexionan sobre lo ocurrido y su incidencia en la política antiterrorista, y se preguntan qué va a hacer el Gobierno a partir de ahora.

Buena parte de la incertidumbre que existe sobre el camino que emprenderá Rodríguez Zapatero está motivada por su actuación en el proceso, por sus declaraciones en el día previo al estallido de la bomba, por su ambigua respuesta en su comparecencia el mismo día del atentado, por las posteriores voces matizadoras desde Ferraz y desde el Ministerio del Interior, así como por la reciente difusión de un comunicado de ETA en el que insta al Gobierno a cumplir «sus compromisos», al mismo tiempo que anuncia un alto el fuego aderezado de atentados, sin renunciar a su voluntad de seguir negociando.

Con la experiencia que me otorga ser un político vasco que ha vivido desde su responsabilidad municipal dos treguas, varias negociaciones, distintas estrategias de partidos, además de padecer a Batasuna y a ETA demasiado de cerca, trataré de desbrozar algunas claves sobre lo que puede deparar a partir de ahora la relación abierta entre el Gobierno y la banda terrorista

Y lo primero que hay que aclarar es que se ha llegado hasta aquí porque la negociación planteada por el Ejecutivo ha fracasado. El proceso de paz, tal y como lo diseñó Zapatero, refrendado por el Congreso de los Diputados, no ha servido para cumplir sus objetivos. Es evidente que la paz no se ha alcanzado y, mucho menos, la libertad. Sin que haga falta recordar nuevamente el atentado de Barajas, no hay que olvidar que, en el periodo de siete meses de supuesta tregua, no han cesado la extorsión ni el terrorismo callejero. Los bienintencionados que realmente querían negociación para alcanzar la paz -que no dudo que los hay en las filas socialistas-, han visto absolutamente frustrado el objetivo.

Este proceso no ha contribuido a alcanzar la paz porque para ETA el final del terrorismo era sólo un señuelo sin perder de vista ni uno solo de sus objetivos. La banda pretendía y pretende seducir a la sociedad con el anzuelo de la paz para conseguir sus objetivos de independencia y territorialidad, además de pactar cierto espacio de impunidad para sus activistas. Y al Gobierno le gusta también el señuelo del fin de la violencia. No cuestiono el deseo de Zapatero de que ETA desaparezca, pero los pensantes de Moncloa han interpretado que, aunque esto sea pan para hoy y hambre para mañana, contribuye a presentar al presidente como el adalid de la paz y el que tiene que seguir gobernando este país. ETA y el Gobierno sí se han encontrado en la intención de utilizar la paz para seducir.

Compartiendo esto, ni a unos ni a otros las cosas les han salido como pensaban. La sociedad española no ha tragado con lo de dar a ETA ningún regalo para que deje de matar. O lo que es lo mismo, la ciudadanía no ha asumido la intención de premiar a la organización terrorista por haber matado a casi un millar de hombres y mujeres. Y fruto de ello se produce un colapso en la negociación. El Gobierno no puede avanzar en la cesión. Es cierto que la apunta, y en ocasiones la consuma, con el fiscal del Estado cambiando sus peticiones de penas para terroristas, avalando reuniones entre Batasuna y la dirección del PSE, o con la propia aceptación de la creación de una mesa de partidos vascos.

Y lo único que consigue el Gobierno es enfadar a los terroristas, que deciden aumentar la presión al Gobierno, bien sea con la publicación de nuevos comunicados o de forma más directa a través del terrorismo callejero. Todo ello culminó con el bombazo de Barajas y con el asesinato de dos jóvenes ecuatorianos. Las cosas han salido peor que mal antes de lo previsto.

Las dos partes negociantes, y ésta es la clave para entender qué harán en el futuro inmediato, sabían que el Partido Popular era un escollo para avanzar en la negociación. Entendieron, y entendieron bien, que no estaríamos de acuerdo con ningún espacio de impunidad para el terrorismo, ni con un poco o un mucho de cambiar la actual España ni con vaciar el Estado para ir saciando a ETA. Pero calibraron mal e interpretaron que el partido de Rajoy, sin Aznar, sin el poder y con poco eco en los medios, se iba a venir abajo y no conseguiría que su mensaje calara en la sociedad. Pensaron que había que aislarnos, pero que no éramos mucho problema, porque estábamos débiles, porque conseguirían dividirnos y porque sus tácticas terminarían por apartarnos del terreno de juego y de nuestros millones de votantes. Metieron la pata despreciando al PP y minusvalorando a muchos españoles.

Llegados a este punto, con un Gobierno dirigido por una persona a la que no parece importarle que en la Transición ya se hiciera un enorme esfuerzo por pactar la España en la que cabemos todos, y de la mano de unos estrategas que sólo piensan en cómo conseguir que el Partido Popular no gobierne en los próximos 20 años, hay mimbres para que impulsen otro proceso, pongan el nombre que quieran. En esta ocasión tendrán que pasar al Plan B.

Éste debe conseguir que a ETA se le dé parte de lo que pide, sin que la ciudadanía proteste. Al menos hasta que lleguen las siguientes elecciones generales, tienen que intentar que la banda no mate para que el deseo de paz de los votantes les aseguren una mayoría parlamentaria. Y a los terroristas también les interesa seguir en algún tipo de proceso porque así podrán lograr algo de lo que no han conseguido con las armas y tratar de escapar de las consecuencias de la persecución del Estado de Derecho, que les había colocado ante su inminente desaparición. Juntándose como se juntan el hambre y las ganas de comer, es imposible que no continúen en la negociación, aunque quiera llamarse a ésta de otra manera.

El Plan B que pondrán en marcha necesita más que nunca aislar al Partido Popular, ahora con más efectividad que hace un año, y anestesiar a la sociedad para que no perciba lo que pasa o, en todo caso, para que le parezca poco importante lo que se cede. Ahora tendrán que acosar más al PP porque saben de su verdadero aguante; se tendrán que acercar aún más a las formaciones nacionalistas para dejarnos solos, usarán con más fuerza contra nosotros a algunos voceros. En esta ocasión deberán tener más cuidado para que lo que es -la rendición-, no parezca lo que es. En este Plan B tendrán que ir más despacio y se les tendrá que ver menos. La única pata que enseñarán, cada uno por su interés, es la de las expectativas de la paz. Nos dirán que hay que dialogar para que no haya mas atentados como el de Barajas.

Se van a volver a equivocar en el procedimiento y en el objetivo final, como también van a volver a errar en el cálculo de la fuerza del PP. Si no han podido con nosotros matándonos, menos van a poder aislándonos. Por mucho Plan B que impulsen nunca van a conseguir que olvidemos y que no contemos que ETA es batible y perfectamente vencible, porque lo hemos visto con nuestros propios ojos.

Antonio Basagoiti es concejal popular del Ayuntamiento de Bilbao.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (LA RAZON, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:40, Categoría: Opinión en Prensa

“En este basurero” por Gabriel Albiac

Yo no soy nadie. Nada. Simplemente, no iré. Ellos, los de Ermua, sí tienen autoridad para exigirlo 

No irán los del Foro Ermua. Yo, tampoco. No veo cómo alguien en quien perviva un átomo de decencia pudiera manifestarse junto a los responsables políticos y morales de esta putrefacción en que vivimos y de la cual la salvajada -«accidente», para Zapatero- de la T-4 no es sino síntoma; por el momento, el más sangriento. Vendrán otros. Todos serán accidentes, claro. Todos. Para él. Para ellos. Para los Zapateros, De la «Vogues», Rubalcabas, Calderas, Blancos... Para toda esa gente que no hunde lo político en el fango, sencillamente porque, en el fango, lo político fue hundido para siempre en años ominosos, cuando un tal Rubalcaba era altavoz de los más depravados asesinos de Estado de la España contemporánea. Después del GAL de Glez, todo es posible. Hasta esta repugnancia que consiste en usar a los más desvalidos, los emigrantes, para escupir sobre los cadáveres de sus asesinados.

No irán los del Foro Ermua. Yo, tampoco. Rumiaré mi desolación ante una sociedad moralmente anestesiada. Y mi ausencia de esperanza. Los mismos que votaron por rendirse tras el asesinato en masa con que los yihadistas truncaran el curso apacible de una sociedad que parecía en camino de salir de su eterna condena a ser sierva: ésos irán. La malísima gente que se benefició -políticamente algunos, económicamente casi todos- de aquel golpe medido que quebró el Estado, hasta dejarnos en este vacío pesadillesco de poder en el cual malvivimos. Ésos irán. La peor gente: cinismo cristalino de los Zapateros, De la «Vogues», Blancos, Calderas, Rosas Blancas con cargo al presupuesto público, paniaguados sindicales, artesanos de la subvención: artistas, gustan llamarse ellos... Está bien que así sea. Y que podemos verlos a todos -todos- juntos: Zapateros, Bardemes, De la «Vogues», Rubalcabas, Calderas, Blancos... A lo mejor, y con suerte, hasta Rafaeles Veras o Pepes Barrionuevos. Los inequívocos.

Yo no soy nadie. Nada. Simplemente, no iré. Ellos, los de Ermua, sí tienen autoridad para exigirlo. Les cedo aquí mi espacio. Con el grave respeto que se debe a todos los que se juegan la vida:

«Hasta aquí hemos llegado. Por el sectarismo mostrado por el sindicato socialista, por la apelación a una paz que se utiliza como anestesia para legitimar cualquier cesión o diálogo con ETA, por la negativa expresa a defender la libertad que garantizan la Constitución y el Estado de Derecho y, en definitiva, por la expresa voluntad de dividir, excluir e impedir el consenso de los ciudadanos que repudian el terrorismo, el Foro Ermua, que ha realizado todo tipo de cesiones y esfuerzos por buscar la unidad, no puede mantener su apoyo a la manifestación. De esta manera, el Foro Ermua ha decidido no acudir a la convocatoria del día 13 de enero de 2007 en Madrid. Y advierte a los ciudadanos de que, como en su día hizo Ibarretxe con la marcha posterior al asesinato de D. Fernando Buesa y su escolta D. Jorge Díez Elorza, el Sindicato UGT ha convertido la de Madrid, no en un acto solidario contra ETA y por la libertad, sino en un gesto de apoyo a Rodríguez Zapatero».

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Instrumentos y fundamentos” por Aleix Vidal-Quadras

ETA se adapta al medio con viscosa facilidad y responde a la incongruencia con la incongruencia

Después del brutal y mortal atentado en el aeropuerto de Barajas, la ceremonia de la confusión en la que vivimos inmersos no ha dejado de aumentar en nivel y contenido. Ahora nos encontramos con una banda terrorista que declara enfáticamente que «mantiene» un alto el fuego permanente tras haber volado una instalación valorada en centenares de millones y asesinado a dos desprevenidos ciudadanos, y que, además, nos comunica que este alto el fuego es compatible con la comisión de nuevos y feroces ataques si el Estado de Derecho no se pliega a sus delirantes e irrealizables exigencias. De entrada, se podría afirmar que la organización mafiosa incurre en contradicción flagrante y que semejantes despropósitos son propios de enajenados. Sin embargo, un examen algo más cuidadoso del asunto, nos lleva a una conclusión inquietante: lo que está haciendo ETA es simplemente ponerse en consonancia con el absurdo que percibe en el otro lado, en el de las autoridades democráticas y la sociedad civil. ETA se adapta al medio con viscosa facilidad y responde a la incongruencia con la incongruencia y a la incoherencia con la incoherencia. Si el melifluo Zapatero, entre los pavorosos escombros de la T-4, proclama que su objetivo sigue siendo la paz y que va a dar lo mejor de sí mismo para rendir nuestro ordenamiento constitucional ante ETA, si el preclaro prócer que pastorea el PSE nos invita a comprender la parte de razón que pueda asistir a una pandilla de matarifes a sueldo, si los píos dirigentes del PNV no cesan de reclamar diálogo sin que les afecte el bramido de las explosiones o el fulgor de los incendios, si el Partido Popular, que es el único que se niega a entrar en este juego de cobardías y renuncias, insiste en el regreso a un Pacto Antiterrorista que ya es historia en vez de movilizar a la Nación para salvarnos del desastre, como sucedió en 1808 o en 1978, los encapuchados se apuntan a la fiesta y también profieren sinsentidos. El problema no son ya los instrumentos, sino la recuperación de los fundamentos.

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un proceso sumergido” por María San Gil

De la situación creada tras el atentado criminal de ETA en Barajas, podemos sacar dos conclusiones: que el Gobierno de Zapatero, al igual que Ibarretxe y el PNV de Imaz, pretende mantenerse en el error de la negociación con los terroristas, y que la banda no quiere la «paz» ni deponer las armas y renunciar a imponer sus objetivos por la fuerza, sino seguir con sus crímenes y chantaje. Nosotros lo decimos claro: el proceso del Gobierno con ETA no está «roto» ni «liquidado», como dijo Rubalcaba. Está sencillamente sumergido. Zapatero está a la espera de que pase la conmoción para reflotar una negociación que el Gobierno no da por cerrada. No clarifica su política contra ETA y deja cada vez más claro que su propósito es la negociación y el diálogo con la banda. El Gobierno no rectifica, no asume el error de haber resucitado a una ETA y a sus apoyos que se encontraban debilitados al máximo por la acción decidida del Estado de Derecho.

Hemos pasado del falso proceso de paz a la falsa unidad de los demócratas que propone el Gobierno, que no es más que asumir la tesis nacionalista del final dialogado y pactado con ETA. La unidad democrática existía ya en el Pacto por las Libertades, en el que cabían todos los demócratas. Zapatero e Ibarretxe, y los señores López e Imaz comparten la postura indecente de conceder valor político a quien no lo tiene, a una Batasuna que sigue sin cumplir con lo mínimo: condenar el terrorismo.

No nos vale ahora que Ibarretxe, Imaz y López rechacen acudir a una manifestación con Batasuna, porque lo esencial es que hagan valer la Ley de Partidos y Batasuna no esté en las elecciones. Desde el PP vamos a seguir denunciando una política, la del Gobierno de Zapatero, la del PNV de Imaz y el Ejecutivo de Ibarretxe, que se basa en el diálogo y el pacto con ETA, en lugar de en su derrota. Seguiremos reclamando el regreso a la única política que ha dado resultados objetivos en la lucha contra el terrorismo y en el avance de la democracia y la libertad.

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Carta a Cándido Méndez” por Iñaki Ezkerra

Le escribo estas líneas por la perplejidad que me despierta que un sindicato que se dice «de los trabajadores» y «de izquierdas» haya rechazado incluir la palabra «libertad» en el lema de la manifestación convocada para el sábado por la Federación Española de Ecuatorianos a la que ustedes se sumaron, por cierto, después que nosotros. Me es difícil entender que quienes han avalado al Gobierno en el mal llamado «proceso de paz», es decir quienes están dispuestos a dialogar con ETA no sean capaces de dialogar con el Foro Ermua y más tratándose de un concepto tan básico. No entiendo cómo desde su sindicato se pueden decir cosas como que «la paz lo engloba todo» cuando la paz no engloba otra cosa más que no sea el propio concepto de paz y cuando la experiencia histórica de la dictadura franquista ha sido un dramático y aleccionador ejemplo de cómo puede haber «paz sin libertad». Al hacer de la paz un valor supremo la UGT actúa como aquel dictador al que cada vez que se le preguntaba por la libertad sacaba a colación los veinticinco, los treinta y cinco años de paz. La paz puede ser impuesta militarmente y puede ser una paz como la que nos trajo la Constitución de 1978. Aquí ni usted ni nadie nos va a traer una paz que ya existe. Aquí hace falta libertad. Al rechazar esa palabra se han quitado la máscara. Bien, eso era lo que queríamos, hacer pedagogía democrática. Sepa usted que pensamos en sugerir para el lema de «su» manifestación otras expresiones mínimas como Constitución o Pacto por las Libertades, pero decidimos quedarnos con la más mínima de todas, la más elemental. Sepa que hubo en ese debate quien dijo: «Son tan brutos que hasta la libertad les puede parecer una imposición». Nosotros no imponemos nada y estábamos dispuestos hasta a pasar el mal rato de oír a Rosa Regás leer el manifi esto de la marcha. Nosotros sí tenemos «talante». Sin él no existiríamos después de lo que nos ha tocado pasar. No es nuestro estilo imponer nada de un modo chulesco como han hecho ustedes con una manifestación que no era suya.

Habría sido una gran ocasión para cerrar la herida del 11-M, de aquel atentado que dividió a los españoles como una Guerra Civil, pero ustedes no han querido. Háganse ustedes los machitos no con nosotros ni con los ecuatorianos sino con ETA. Sean tan firmes con los nacionalistas como lo han sido con nosotros y con esa palabra que nombra lo que hace vivible la vida.

La libertad debe de ser algo muy grande para que, por soñar sólo con ella, hayamos desatado siempre tanto odio. La libertad debe de ser un tesoro muy valioso –intuimos los que nunca la hemos conocido instaurada– a la vista de lo que hemos pagado por ella. La libertad puede, sí, unirnos a la Vía Láctea y puede también convocar dragones, hidras, cíclopes, delirantes venganzas o el rechazo y la huida de los que la temen.

Iñaki Ezkerra, Escritor y vicepresidente portavoz del Foro Ermua

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (ABC, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:30, Categoría: Opinión en Prensa

“El accidente del presidente” por Carlos Herrera

José Luis Rodríguez se empeña en llamar «accidentes» a los atentados. Dice su servicio de corrección, exégesis y propaganda que es un simple lapsus, un tropezón verbal, un descuido en la transmisión neuronal cerebro-lengua sin mayor importancia. Para excusarlo acude Chaves en su auxilio y, absolutamente pasmado, me pregunto si eso es lo más indicado habida cuenta el abigarrado historial de despistes lingüísticos que atesora el presidente andaluz, alguno de ellos de auténtica antología del disparate. ¿Tenía que ser precisamente Don Manuel el que interviniese para disculpar el nuevo patinazo de «El Fenómeno»? ¿Seguro que no había otro? El presidente de la Junta de Andalucía ha sido capaz de retorcer el lenguaje de tal manera que un observador no avisado del nivel medio de la política española podría creer encontrarse ante un genio de la expresión, cuando todos sabemos que no es el caso.

Virtudes tendrá, pero la oratoria no es una de ellas. Cuenta el magnífico Pepe Esteban en su «Vituperio y algún Elogio de la Errata» que ha habido poemas que han mejorado notablemente gracias al error tipográfico, y pone como ejemplo aquellos versos que comenzaban diciendo «Mar abajo de tu frente...» que no eran sino la versión errónea del original «Más abajo de tu frente...». El errado estaba infinitamente mejor. A Chaves le ha pasado algo parecido en alguna ocasión. Cuando se debatía la memoria histórica en el Parlamento andaluz, increpó a la oposición por ejercer de tal y le dijo que le iba a salir «el tiro por la cuneta». De haberlo hecho con idea no dejaba de ser un acierto ya que es en las cunetas donde se simboliza el enterramiento masivo de los asesinados, pero no se ilusionen sus seguidores: quería decir «el tiro por la culata».

Tampoco se emocionen cuando lean que en un debate económico llamó «Señora Per Cápita» a Teófila Martínez, justo al poco de debatir acerca de los niveles de renta de los ciudadanos de la comunidad. Podría ser una genialidad, sí, pero no lo era, era un lapsus. Todavía tiembla la Cámara andaluz el día que, en discurso programático, aseguró que su empeño no era otro que «el enriquecimiento de los socialistas», en lugar del enriquecimiento de los andaluces -enriquecimiento del que no es en absoluto sospechoso, ya que su honradez es manifiesta-; como tiembla todavía de la carcajada que consiguió arrancar la noche de fin de año en la que discursó acerca de las cualidades de la juventud andaluza: en lugar de hacer referencia a ellos, se lió y deseó que «éstos sepan mostrar todas las virtudes que atesoro». Lo bueno es que no pararon la grabación para corregir el patinazo.

Una de las mejores ocurrió en otra sesión conjunta de presidentes autonómicos: cuando hubo de referirse al señor Valcárcel, lo hizo como «El presidente de la Comunidad Marciana», que no murciana, lo que llevó a la sala a la hilaridad no contenida a la totalidad de los presentes ante la oportunidad única de conocer a un colega recién llegado de Marte. Cómo será la cosa que los monigotes del Plus, con su mala leche histórica y su talento evidente, han caracterizado a nuestro hombre a través de dos palabras que han triunfado cotidianamente entre sus seguidores: «Andasulía» y «Minolles».

Estos y muchos otros despistes son inherentes a la figura de Chaves -como el día en que la revista «Cambio 16» le premió como «Político del Año», no recuerdo en virtud de qué méritos, y abrió su discurso agradeciendo de corazón el premio a la revista «Cambio Diecisiete»-, razón por la cual si él llama «accidentes» a los atentados me puedo creer que es un lapsus y puedo, incluso, pasarlo por alto de inmediato. Los de por aquí abajo conocemos su historial y no creo que le fuéramos a dar más importancia. Pero en boca del presidente del Gobierno -al que algunos perversos llaman «presidente por accidente»-, se hace especialmente chirriante al ser la tercera vez que confunde términos tan distintos uno y otro.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La traición del ventrílocuo” por Ignacio Camacho

Peligro: el presidente ha perdido el control. Está desconcertado ante una situación crítica y ofrece serias muestras de aturdimiento. El subconsciente se le filtra a través del lenguaje y habla por él como si fuera un ventrílocuo. Y lo malo es que se empeña en llamarle «accidente» al atentado, con una contumacia preocupante que provoca sobresaltos en un panorama particularmente delicado. Los pretorianos de Moncloa, los Moraleda, Fernández de la Vega y Ru-balcaba, azacanean a su alrededor desesperados como bomberos a los que se les queda corta la manguera. Cada vez que abre la boca para articular un discurso a la medida de las circunstancias, su otro yo emerge de algún sitio y se abre paso por entre las telarañas de la conciencia para retratar la impostura y descubrir el estado de confusión de un gobernante sumido en la zozobra, que se resiste en su interior a aceptar el fracaso de su principal apuesta política.

El resultado de estos lapsus recurrentes es una pérdida completa de credibilidad. Si ya costaba trabajo confiar en su intención de finiquitar el diálogo con ETA, la insistencia de sus deslices mentales apuntala en la opinión pública una convicción que sobrepasa la sospecha. No se puede creer a un hombre que da la sensación de no creerse a sí mismo. La gravedad de los hechos parece haber puesto en crisis su capacidad de simulación, y le provoca un desorden que transparenta su estado emocional. Se le ve el cartón.

Pero es que, cuando logra controlar al ventrílocuo, cuando domina los demonios desbocados de su psique, los síntomas no resultan menos inquietantes. Dos semanas después del «accidente» de Barajas aún no ha sido capaz de articular una respuesta clara. No pronuncia la palabra «terrorismo», ni mucho menos formula con nitidez una propuesta de combatirlo con firmeza. Sencillamente, no le sale. Se parapeta detrás de sintagmas ambiguos como el del «fin de la violencia», que valen para la negociación y para la lucha, para la entrega y para la resistencia, para antes y para después de que ETA le destrozase su proceso. Prefirió «suspenderlo» a «cancelarlo» -lo que provocó una alarmada catarata de puntualizaciones a cargo de sus edecanes-, y transita entre alambicadas indeterminaciones que sugieren la intención de ganar tiempo y evocan la posibilidad de un portillo entreabierto.

Su actitud recuerda un célebre cuadro de Magritte, titulado «La traición de las imágenes»; en él se ve una pipa y un letrero que dice «esto no es una pipa». El inconsciente de Zapatero insiste en que lo de Barajas no fue un atentado, aunque se vea un atentado: la bomba de un atentado, los escombros de un atentado, los muertos de un atentado. Pero al mismo tiempo, su imagen empequeñecida, titubeante y ofuscada proyecta ante la opinión pública la sugerencia de otra traición visual: se ve a un presidente, pero esto no es un presidente.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El sofisma” por César Alonso de los Ríos

Corre la idea de que todo gobierno debe contar con el apoyo de la oposición en política antiterrorista. Es uno de esos tremendos disparates derivados de la creencia en el consenso como tal al margen de los contenidos. Zapatero quiso aprovecharse de esa falacia hasta el punto de que llegó a creer que su «proceso de paz» debería ser secundado acríticamente por Rajoy.

A estas alturas del fracaso trágico del «proceso de paz» hay que decir que, a pesar de sus indecisiones, Rajoy no cayó en la trampa de la fidelidad al Gobierno a cualquier precio.

A pesar de las llamadas a la «unidad» de acción, el PP supo ver con claridad que la principal obligación de la oposición es analizar la política antiterrorista del Gobierno y, a partir de ahí, apoyarla, corregirla o condenarla. Es cierto también que no era muy aventurado rechazar el proyecto de Zapatero, ya que el llamado «proceso de paz» estaba basado en la solución del terrorismo a partir de la negociación con ETA sin que ésta fuera precedida por la entrega de las armas. No sólo esto: el «proceso de paz» se convirtió inmediatamente en motivo de alarma pública al traducirse en una política de convivencia cotidiana con la ilegal Batasuna con grave daño para el Estado de Derecho: aceptación del terrorismo callejero, hegemonía social de las fuerzas independentistas, renuncia a las obligadas acciones fiscales y policiales, rearme descarado de la banda...

¿Cómo en estas circunstancias se podría defender una política antiterrorista común? ¿O acaso no era evidente que la estrategia de ZP tenía tan sólo el objetivo de convertir la autonomía del País Vasco en la soñada Euskal Herría, esto es, en la «paz»? El terrible castigo de Barajas es la advertencia salvaje que ETA hace al Gobierno a partir de los acuerdos a los que han podido llegar, desconocidos no sólo por la sociedad, sino por gentes muy próximas a Zapatero... Así que habrá más Barajas sin que por ello alguien pueda concluir que se ha roto el alto el fuego. En estas circunstancias, el PP estaba obligado a oponerse a la política «antiterrorista» del Gobierno. La unidad de acción habría sido la aceptación de un sofisma que conduce al infierno.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Foto fija” por Mikel Iriondo

Después del terrible atentado de Barajas ha faltado tiempo para asistir a todo tipo de declaraciones tipo «ya lo decía yo...» y similares. Era evidente que existían voces, no precisamente «enemigas de la paz» como se las tildaba, que vaticinaban lo peor, pero el problema con el que ahora nos encontramos no estriba en cotejar los aciertos en los vaticinios, sino en restaurar cierta confianza, cierto consenso, la lucha solidaria contra un enemigo común.

Siempre han existido políticos y «expertos» esperanzados y benevolentes con el mundo etarra. No en vano nos han repetido por doquier y durante años aquello de que «algo se mueve en el mundo abertzale», «parece que esta vez sí, que quieren dejarlo», etcétera. El espejismo de otear movilidad en ese terreno cenagoso del fanatismo termina siempre por producir movimiento, pero no entre ellos sino en el seno de las fuerzas democráticas y la ciudadanía en general. No nos engañemos, el atentado y el reciente comunicado de ETA lo dejan meridianamente claro: los batasunos y etarras están en el mismo lugar de siempre, exigen lo mismo, proceden imponiendo el miedo y el terror y consiguen, a la postre, que las gentes en el País Vasco callen y se ocupen de otras cosas. Si durante el tristemente llamado «proceso de paz» los vecinos, antes silenciosos, eran capaces de indignarse públicamente por la extorsión y los actos de «kale borroka», la misma tarde del atentado de Barajas, cerraron nuevamente la boca. Mientras paseaba por la Parte Vieja donostiarra, atestada de gente, pude poner la oreja en bares y corrillos de alegres «txiquiteros» que comenzaban a despedir el año, y no escuché en dos largas horas una sola conversación que hiciera referencia al brutal atentado de la mañana. Una familiar adolescente que había pasado el día con sus amigos, se enteró del atentado al llegar a casa, a las 9,30 de la noche. Nadie en la cuadrilla había dicho nada.

Así pues, parece que actuemos según el estado de ánimo de los terroristas. Cuando están débiles y flaqueando, muchos ingenuos piensan que los etarras tienen clara intención de dejarlo y apuestan por el entendimiento y el diálogo porque supuestamente se han movido de sitio. Cuando ocurre lo peor, el atentado y/o asesinato, se evidencia que la foto es fija, que siguen donde siempre, que han aprovechado para reorganizarse y volver a mostrar su carácter criminal. A pesar de ello, los más comprensivos consideran todavía que para que se muevan habríamos de movernos nosotros primero, reafirmando que no se puede romper el proceso, que la sociedad vasca quiere soluciones, que el Gobierno tenía que haber hecho algún gesto, que la posición inmovilista del PP tiene parte de culpa, etcétera. En consecuencia, y como claro ejemplo de lo dicho, el lendakari Ibarreche tiene la osadía de culminar estos despropósitos convocando una manifestación «por la paz y el diálogo».

Ante lo peor siempre nos encontraremos con los «pacificadores integrados», aquellos que están dispuestos a ver vestigios de respeto democrático en este entorno de canallas totalitarios y retrógrados, recordándonos: «Es que el comunicado dice que no han roto la tregua», «aseguran que no querían matar». Hasta el propio ministro del Interior, en una entrevista concedida al New York Times (9-1-07), afirma que el atentado les ha pillado por sorpresa y añade: «ETA tomó la decisión en el 2003 de dejar de matar, lo que nos preguntamos ahora es si esta decisión está siendo reconsiderada. No lo sabemos». Parece que la simple evidencia de la bomba, los dos asesinatos y el amonal encontrado en Vizcaya no son datos suficientes para el Gobierno, se necesita saber lo que dicen los terroristas, se les sigue concediendo iniciativa política. Pues bien, ahora que hemos conocido este último comunicado de ETA, sospecho que el Gobierno sigue confiando en el proceso. Será interesante comprobar cómo nos lo venden.

Por todo lo dicho, pienso que el Gobierno de Zapatero ha pecado, y peca, no de ingenuidad sino de soberbia al proceder como un grupo de iluminados en resolución de conflictos. Me explicaré. Tengo la convicción de que el Gobierno actual, a través de sus interlocutores, hizo abrigar esperanzas en la organización terrorista de que algunos de sus objetivos históricos (autodeterminación, presos, Navarra, etc.) se podían gestionar y canalizar a satisfacción de ambas partes y de muchos de los españoles cansados de este asunto. Así, de soslayo, se pretendía ganar tiempo y dando largas a los terroristas conseguir que un dilatado plazo sin bombas ni asesinatos (evidentemente persistían otros inequívocos signos de violencia, no lo olvido) impidiera a los etarras volver a atentar. A medida que pasaba el tiempo parecía más difícil que algo como lo de Barajas pudiera ocurrir y, mientras tanto, se hablaba con los terroristas dirigiéndoles alentadoras palabras respecto a sus reivindicaciones.

Pero hay cosas que no pueden ser, por mucho que uno gobierne, y la realidad termina por poner las cosas en su sitio. Existen estamentos judiciales independientes, o por lo menos hay jueces que lo son, que creen firmemente en su labor y continúan dictando sentencias poco gratas para los De Juana y compañía. Existen poderes económicos y políticos en Navarra, y existen evidentemente los propios navarros, que no están dispuestos a tragar con componendas espurias gestionadas a sus espaldas. Conviene recordar nuevamente y comprender, que el carácter antidemocrático y totalitario del mundo abertzale radical (y algunas veces del no tan radical) suele llevarles a pensar que el que gobierna lo puede todo y que un gobierno democrático es capaz de sujetar a jueces, instituciones, empresarios, bancos y a todo quisque. Pero esto no es así y hay muchas cosas que están por encima, afortunadamente, de cualquier negociador avalado por el presidente de Gobierno.

Demostrar que este Gobierno ha pecado de esta curiosa mezcla de prepotencia e ingenuidad es poco menos que imposible, además Rubalcaba ya ha presentado el atentado de Barajas como evidencia de que el Gobierno no ha cedido, tratando así de propinar un batacazo a la oposición y a sus continuas denuncias de rendición frente a las exigencias de ETA. A pesar de ello, el atentado es sencillamente otra vuelta de tuerca más, una exigencia al Gobierno de que ha de dar pasos en la dirección exigida por la banda, una muestra de que los terroristas han venido escuchando bonitas palabras de futuro pero no han visto nada palpable concretado. La bomba y el comunicado de la banda, son nuevamente una apelación al movimiento: muévase señor Zapatero que nosotros seguimos en lo mismo.

Es sabido que el presidente de Gobierno había escuchado incontables veces, y no precisamente de la oposición, estas advertencias de que el mundo abertzale es siempre el mismo y que no cambia, pues a los críticos los matan o los depuran. Sin embargo, ha preferido optar por moverse, por dar esperanzas a los batasunos, y se ha equivocado. Pero, desgraciadamente, el movimiento del Gobierno en este sentido nos ha removido a todos, hasta a los que dicen haber permanecido firmes, e incluso ha provocado el encono entre muchos amigos en la lucha contra ETA. Es ésta otra tragedia y provecho para los terroristas. ¿Dónde estamos ahora? ¿Cómo vamos a proceder frente a esta lacra? ¿Es posible rehacer la respuesta cívica y algunos movimientos organizados en su seno? ¿Tiene intención el Gobierno de retomar el Pacto Antiterrorista?

El consenso de todos los partidos está muy bien, pero de seguro provocará la inagotable emergencia de los pacificadores a toda costa, una mayor escalada, si cabe, en el lanzamiento de trastos entre Gobierno y oposición y, la pelea entre las «expertas» voces de los tertulianos y creadores de opinión. Una merienda indigerible, que hará bramar de satisfacción a los etarras: «Los hemos movido de nuevo», dirán. No parece por otra parte difícil de lograr, utilizando cientos de kilos de explosivos y matando a dos personas, mientras los demás no nos ponemos mínimamente de acuerdo. Hay cosas que son evidentes, y en este caso conviene no olvidar que cuanto más nos movamos, alejemos, del pacto antiterrorista, más oxígeno reciben los totalitarios. En lo sustancial, conviene permanecer firmes y aplicar la Ley hasta que abandonen definitivamente las armas. Esta es la base inequívoca de cualquier posible diálogo.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (LA GACETA DE LOS NEGOCIOS, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:20, Categoría: Opinión en Prensa

“¿División sin remedio?” por Álvaro Delgado-Gal

Puede que el PSE termine por no juntar garbanzos con Ibarretxe, si lo último implica ir del brazo con HB

¿Tarea principal del presidente? Llegar al día del debate con las cosas claras. Esto último significa: en desacuerdo irreversible con el PP. No se explica de otra manera el modo como se ha montado la manifestación del sábado. Es cierto que la convoca la UGT. Pero no parece verosímil que el sindicato socialista haya adoptado determinadas decisiones por su cuenta. Si el propósito hubiese sido buscar la unidad, no se habría escogido, como rostro visible de la manifestación, a Rosa Regás, cuyo oficio, es más, cuyo destino, parece ser el de insultar a los populares. Sólo puede haber designado a esta girl scout otoñal, o un estúpido, o alguien con ganas de bronca.

Pronunciémonos por la primera hipótesis, por no interrumpir prematuramente el análisis. Permanece, como enigma insondable, la composición del lema que presidirá la manifestación. Los convocantes no han querido incluir en la pancarta la palabra “libertad”. Esto... es inaudito. Absolutamente inaudito. El colectivo de ecuatorianos, a los que se está tratando con una memorable falta de cortesía, se ha dividido a su vez, y ya tenemos a miembros de la Fenadee que se suman al acto del sábado, y a miembros de la Fenadee que declinan su asistencia. Ayer pude oír en la radio a uno de los líderes anuentes. Afirmó que la palabra “paz” y no sé qué, resume eficazmente los sentimientos de la sociedad española. De momento, estaba avalando los términos en que se convoca la manifestación. Sin solución de continuidad, apuntó que todos los españoles saben que se está defendiendo la paz y la libertad. La incomodidad del portavoz era evidente. Resulta estrambótico, absurdo, no incluir esa palabra. ¿Por qué no se incluye? Supongamos que el PP no tenga demasiadas ganas de mezclarse con los socialistas. Imaginemos que está buscando pretextos para desvincularse de éstos. El caso es que se le están ofreciendo coartadas aparatosas. Se diría que lo único importante, lo único urgente, es poner tierra por medio, quemar puentes.

Cabe aplicar la misma clave interpretativa al episodio de la marcha convocada por el lehendakari. Sólo desde la mala fe puede ponerse en duda que el objetivo de la marcha, preparada antes del comunicado de ETA, era apoyar la continuación del proceso de paz. El hecho era tan clamorosamente evidente, que Patxi López, al tiempo que anunciaba la presencia del PSE en la manifestación, ponía en claro que no estaba de acuerdo, ni con el fondo, ni con la forma. ¿Por qué ir entonces? El reparo de López a su propia decisión, ininteligible en sí mismo, lleva a maliciar que la iniciativa no era tanto de López como de Zapatero. La idea era confirmar las alianzas que habían tutelado el proceso, y abortar una alianza alternativa con el PP. No sólo el presidente no desea dar su brazo a torcer. Aprecia, y aprecia con razón, que él, él mismo, es políticamente incompatible con un replanteamiento a fondo del proceso. Puede que el PSE termine por no juntar garbanzos con Ibarretxe, si lo último implica ir del brazo con HB. Hay cosas que, todavía, no se pueden hacer. Pero la situación no abre resquicios a la duda. Lo que se va a escenificar el día 15 no es la manera de acabar con ETA, sino el enfrentamiento irreversible entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Entramos en una fase de división civil, en que el enemigo a batir es menos el enemigo real, que el aliado virtual contra el enemigo real.

¿Qué hará el PP? Explotar las contradicciones del PSOE para acelerar la ruina política de Zapatero. En este sentido, Zapatero y el PP está de acuerdo: ninguno desea la feliz armonía. Hagámonos, a continuación, una pregunta cándida: ¿qué haría un partido altruista? ¿Un partido que antepusiera los intereses generales a su éxito a corto plazo?

Contesto a esta pregunta cándida de una manera igualmente cándida. La unidad sólo tiene sentido cuando se sabe para qué se está unidos. Una unidad no es una unidad, si es artificial, esto es, si se levanta sobre una discrepancia de fondo sobre los objetivos que conviene alcanzar. El problema, la tragedia, es que no está claro en qué términos Zapatero quiere alcanzar la paz. No se adivina qué considera realmente negociable. En un país normal, la oposición aceptaría el liderazgo del Gobierno. No existirían incertidumbres radicales sobre cuáles son las prioridades de éste. Este requisito no se cumple en el caso de Zapatero, y por tanto, la desavenencia abierta está justificada, aunque los motivos que la impulsan no sean puramente altruistas.

La táctica afeará un desmarque que avala la razón. Los españoles que no han perdido del todo la sindéresis deberán mantener el contacto con ciertas verdades elementales. Por mucho que se hallen disimuladas tras el ruido feroz que producen los partidos.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifestaciones” por Ignacio Sánchez Cámara

La manifestación que mañana se celebrará en Madrid es un fracaso; la que tendrá lugar en Bilbao es un puro error y, en parte, una burla. Es un fracaso porque ha generado división. Fracaso derivado de un doble error: el origen de la convocatoria y el lema. La manifestación debió ser convocada por el Gobierno y el PP, bajo el único objetivo de la repulsa del terrorismo de ETA. El lema es ambiguo y equivocado: “Por la paz y contra el terrorismo”. Y el error aumenta con la negativa a incluir la referencia a la libertad.

En este contexto, hablar de paz induce a una ambigüedad, deliberada o no. En primer lugar, porque sugiere la existencia de una guerra. Por lo demás, si se entiende que existe una guerra, la respuesta estatal debería ser otra. En segundo lugar, porque la referencia a la paz sugiere una adhesión al llamado proceso de paz auspiciado por el Gobierno y sus aliados. Era, pues, mejor hablar de vida y libertad. No es extraño que el PP, la AVT y la asociación de inmigrantes ecuatorianos de Madrid hayan rechazado su participación. La de Bilbao es aún más disparatada, pues defiende la negociación y, además, Batasuna, es decir, ETA, ha anunciado su participación. Como no es posible que ETA se manifieste contra ETA, la marcha de Bilbao no puede entenderse como una manifestación contra el terrorismo. El camino es otro: la resurrección del difunto pacto antiterrorista y la adhesión de todos aquellos partidos que lo deseen, y, a partir de ahí, introducir las modificaciones que, unánimemente, se estimen pertinentes.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (EL PAIS, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:10, Categoría: Opinión en Prensa

 

"Hartos de ejercer de coros griegos" por Soledad Gallego-Díaz

En términos electorales, es muy posible que, cara a las municipales de mayo, los dos grandes partidos, PP y PSOE, prefieran el enfrentamiento sobre ETA, la tregua y el diálogo, que sobre la corrupción urbanística. El primer tema moviliza a los militantes y simpatizantes, los enardece y reafirma en dos o tres ideas y les empuja a reagruparse en la defensa de sus siglas y de sus líderes. El segundo, mucho más enraizado en la injusta, pero muy poderosa, idea de que todos son iguales a la hora de recalificar terrenos y de crear fortunas de la noche la mañana, desmoviliza a unos y a otros e incomoda a los dirigentes, incapaces de solucionar esas dudas con las mismas frases publicitarias que son tan eficaces en el otro enfrentamiento.

Lo mejor para los ciudadanos sería, sin embargo, que el debate sobre las políticas antiterroristas se amortiguara a partir del próximo lunes, con la gran sesión del Congreso de los Diputados. Un debate en el que el presidente del Gobierno explicará el camino recorrido y sus planes para el futuro, y en el que los distintos grupos le comunicarán sus críticas y sus posiciones cara a esa nueva situación. Lo más increíble es que, si todos ellos reprodujeran en el Parlamento lo que han venido diciendo estos días ante los medios de comunicación, los ciudadanos podríamos llegar a la sorprendente conclusión de que, hoy por hoy, existe más unidad de análisis y de propósito de lo que ellos mismos se empeñan en hacernos creer.

Por primera vez en mucho tiempo, todos los partidos con representación parlamentaria, sin excepción, han defendido estos días un mismo análisis respecto a ETA: el último atentado ha colocado la pelota en el lado de la organización terrorista, de forma que, a partir de ahora, la única manera de desbloquear la situación es que los etarras anuncien el abandono definitivo de las armas y ofrezcan garantías al respecto. Ningún contacto será posible sin esa condición previa y ningún diálogo será posible, ni con ETA ni con Batasuna, sin que esa circunstancia haya sido establecida de forma fehaciente, coinciden todos y cada uno de los partidos reseñados.

Lo acepta la dirección del PNV, la de ERC y la de EA. Lo defiende el PP y el PSOE. Existe, pues, una unidad extraordinaria en uno de los asuntos que había despertado hasta ahora más enfrentamientos: si se puede o no dialogar, y en qué momento. Ahora, ese paso ya no está en manos de los demócratas, sino de ETA y de su capacidad para anunciar su propia desaparición.

¿Cómo es posible que en estas circunstancias sea imposible ofrecer ante los ciudadanos una mínima imagen de unidad? ¿Cómo es posible que los partidos alienten manifestaciones enfrentadas? Los ciudadanos deberíamos ya estar hartos de ejercer el papel de coros griegos en esas estrategias. Por lo menos, deberíamos empezar a entonar otros cantos y otras estrofas por nuestra cuenta, exigiendo a los protagonistas que expliquen sus acciones.

Exigir a UGT y al PSOE que expliquen por qué se han negado a incluir la palabra libertad en la pancarta de la manifestación del sábado, una estupidez que debe provocar dolor de estómago a todos los socialistas de este país.

Exigir al PP que acuda a esa misma manifestación del sábado, sin pretexto que valga, porque ha sido convocada por los inmigrantes ecuatorianos y porque resulta miserable negarse a acompañarles en la calle, como si su dolor no fuera con nosotros, como si no fuéramos nosotros los causantes de ese dolor. Por encima de cualquier otra consideración, debería estar la decencia. Y el PP sabe que, al no ir, actúa de manera indecente

Exigir a los ciudadanos vascos que expulsen ellos mismos de su manifestación, a gritos si es necesario, a los simpatizantes de Batasuna y de ETA, y que se pongan rojos de la vergüenza porque conciudadanos suyos, ahítos de todo, gente rica y opulenta, se atreve a matar a pobres faltos de lo imprescindible, simplemente porque ansían todavía más poder y más riqueza. Sería un gran canto.

Publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

"Una esperanza a prueba de bomba" por José Andrés Torres Mora

Es imprudente explicar los hechos sociales por sus consecuencias. El que la actividad de ETA en la Transición sirviera para dar argumentos a los militares golpistas, no implica que ETA fuera una creación de los generales de Franco. Sólo un paranoico podría creer una idea como ésta. De igual modo, sólo un paranoico podría pensar que ETA puso la bomba en la T-4 para mejorar tres décimas la maltrecha valoración de Rajoy. Y sólo un paranoico desvergonzado se atrevería a insinuar que detrás de la bomba de la T-4 hay oscuras tramas ligadas al PP. Por desgracia, el Gobierno socialista ha venido sufriendo insidias basadas en hipótesis parecidas a lo largo de toda la actual legislatura. Hipótesis desvergonzadas que no tienen su origen en la locura, sino en el método. Un método basado en la mentira y la furia, miles de veces multiplicadas por el poder de sus medios.

Muy pocas personas pondrían su esperanza en una bomba. Muy pocas personas dirían: si estalla una bomba, se demostrará que tengo razón. Y muchas menos se atreverían a colocarla y hacerla estallar. Sólo los terroristas y quienes los apoyan son capaces de poner sus esperanzas políticas en una bomba. Entre otras cosas porque las bombas, más pronto que tarde, acaban volviéndose contra los que ponen sus esperanzas en ellas. Y sabiendo eso, lo razonable es poner la esperanza en que no estalle ninguna bomba. Lo sensato es apostar la razón de uno, su proyecto político, su esperanza, a que no estalle una bomba. Y eso es lo que ha hecho el presidente Rodríguez Zapatero.

No se equivoca, a la corta o a la larga, ésa es la apuesta ganadora. ETA está derrotada. La consolidación de la democracia en España arruinó sus esperanzas de provocar un golpe de Estado y la dejó sin estrategia política. El GAL le dio argumentos para ir tirando unos años. Pero, finalmente, la generalización de la mentalidad democrática en la vida política acabó con cualquier atisbo de sentido de la lucha armada. El fenómeno del terrorismo fundamentalista terminó por complicar la pura supervivencia militar de la banda. Ya no les ofrece a sus presos la esperanza de una victoria a cambio de su sufrimiento, sólo la propuesta degradante de un absurdo e inhumano intercambio de sufrimientos. Pero, a pesar de todo, nada impide que media docena de individuos puedan organizar una tragedia de proporciones gigantescas. La conciencia de la derrota de su proyecto político no impide a ETA morir matando.

Es obligación de todo Gobierno intentar acabar con el terrorismo. Y un Gobierno democrático utilizará para ello todos los medios que la ley y la política le proporcionan. Si progresa en la lucha antiterrorista, es muy probable que en algún momento se encuentre ante la posibilidad de lograr un final dialogado. Puede intentar aprovechar esa oportunidad o desdeñarla y procurar la aniquilación de la banda. Sin duda ambas opciones son inciertas y ambas tienen un coste; ninguna es segura ni gratuita. El objetivo de ambas es la victoria de la democracia y del Estado de derecho; la cuestión es elegir la opción que ahorre más vidas y más sufrimiento de todos. Intuitivamente parece claro que el diálogo debería ser la primera opción.

Es posible que el contexto emocional de dolor y rabia tras un atentado pueda explicar ciertas afirmaciones sobre la estrategia que debemos seguir frente al terrorismo. Pero ni siquiera ese contexto emocional las justifica en un responsable político. Decirle a la gente que con los violentos no se dialoga es algo que desmiente cualquier asalto a una sucursal bancaria. La policía manda negociadores, no un tanque para volar la sucursal con criminales y rehenes dentro. No es propio de sistemas democráticos lo que hizo el presidente Putin con los terroristas chechenos en el colegio de Beslán y en el teatro Dubrovka. Y no es eficaz: el terrorismo continúa, y se hace más desesperado y brutal. Ni lo es la doctrina neoconservadora de Bush, que tanto gusta al PP, respecto al terrorismo fundamentalista islámico. Esa mezcla de silogismos simplistas, brutalidad tecnológica y retórica inflamada es peligrosa y contraproducente. No dudo de que la consigna "a por ellos" enardezca a algunos, y a lo mejor como himno de la selección podría valer. Pero, desde luego, no se puede decir que en sí misma sea una estrategia novedosa y suficiente para acabar con el terrorismo.

Hay que tener muy poca fe en la democracia para creer que la democracia se prostituye o se debilita al hablar con los terroristas. No es la democracia la que traiciona su esencia dialogando con los terroristas. Es el terrorismo el que transforma su naturaleza al dialogar. El instrumento de la democracia es el diálogo, el de los terroristas la violencia, son ellos los que abandonan su campo al dialogar. Con el crimen de la T-4, los terroristas no sólo han puesto punto y final al diálogo, sino que se han arruinado como portadores de un proyecto político.

Los que dicen que ETA está ahora más fuerte que hace tres años, no explican cómo miden la fuerza de ETA. ¿Es que hace tres años ETA no podía poner una bomba y matar a dos personas? Ningún partido se atrevería a poner en su programa electoral que garantiza que ETA no matará durante su legislatura. Durante todo este tiempo los mecanismos del Estado de derecho no han dejado de actuar, la policía ha detenido a más terroristas y la fiscalía ha formulado el triple de acusaciones que durante la tregua de 1999. No se ha retirado ni un solo recurso legal o policial en la lucha contra ETA durante este tiempo. El diálogo no ha sustituido ni un solo recurso de la lucha contra el terrorismo, sino que se ha sumado a los ya existentes. ¿Alguien se atreve a decir que si no hubiera habido diálogo hoy habría menos muertos?

La verdadera razón de las críticas del PP no es que consideren que el presidente haya cometido un error explorando la vía del diálogo. Ellos mismos lo hicieron en el pasado, y lo harían en el futuro, como es natural. Sin complejos. Sin miedo a contradecirse, sin vergüenza alguna por cómo se han comportado en este proceso. Saben que no es un error poner todos los medios democráticos para ahorrar sufrimiento a los españoles.

La verdadera razón de las críticas del PP es que consideran que la política antiterrorista es un asunto que les da réditos electorales; un tema, además, sobre el que se arrogan el monopolio de una extraña legitimidad para hacer lo que les plazca en el Gobierno y en la oposición.

Muchas personas recordarán cómo, en los primeros ochenta, una parte de la derecha abucheaba a los ministros socialistas en los entierros de las víctimas de ETA. Más personas aún recordarán cómo Aznar afirmaba en 1996 que la manifestación contra el asesinato de Francisco Tomás y Valiente era una manifestación contra la política antiterrorista del Gobierno de Felipe González. El mismo Aznar que en 1999 llamaría, en una concesión retórica, Movimiento Vasco de Liberación a la banda terrorista. Y el mismo Aznar que más allá de la retórica acercó presos y permitió la vuelta del extranjero de miembros de ETA. Y la misma derecha que estos días se moviliza contra Zapatero con más rabia que contra la propia ETA. Quizá, además, por parecidas razones por las que insultaban al presidente Suárez cuando, al comienzo de la democracia, asistía a los entierros de las víctimas de ETA.

No es que Zapatero esté haciendo algo distinto de lo que hicieron los anteriores presidentes de la democracia, es que el PP está haciendo lo mismo que hizo siempre, lo mismo que hizo la otra vez para llegar al poder: hacer oposición en materia antiterrorista. Un comportamiento poco leal y un mal negocio. Sólo quienes no creen en la democracia pueden pensar que en España las bombas cambian los Gobiernos, o las políticas de los Gobiernos.

Tan ciegos están en su querencia que ni siquiera se han preguntado qué efectos ha podido tener su comportamiento a lo largo de estos meses en el desarrollo y desenlace del proceso. Porque una cosa es que sean una oposición irresponsable y otra muy distinta es que sean una oposición inocua. Lejos de mi intención culpar al PP de lo que sólo son culpables los viles asesinos de ETA, sólo pretendo que se sitúen frente al espejo deformante que nos presentan a los demás, para que comprendan por qué tampoco nosotros nos reconocemos en ese espejo. Por otra parte, no hacemos ningún favor a nadie dejando que sobre nuestro silencio se apilen acusaciones infundadas, juicios de intenciones y lisas y llanas mentiras.

Históricamente ha sido una desgracia para España tener una derecha tan nacionalista y tan poco patriota. Tan inflamada en la retórica y tan mezquina en los hechos, tan deprimida, que hasta le reprocha al presidente que cultive la esperanza. Y sin embargo, toda la historia de nuestra democracia sólo se explica porque los demócratas tenemos una esperanza a prueba de bomba.

José Andrés Torres Mora es diputado y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE

Publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

ETA ha fijado un plazo al Gobierno para que cumpla los «compromisos» del alto el fuego

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:00, Categoría: General

En caso contrario, la banda cometería nuevos atentados y podría llegar a romper «oficialmente» la tregua

MADRID - ETA va a hacer llegar al Gobierno, si no lo ha hecho ya, un mensaje con un plazo perentorio para que empiece a cumplir con los «compromisos» que, según la banda, acordaron sus representantes con los del Ejecutivo en febrero del año pasado, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. En caso contrario, continuarán los atentados y se podría llegar a una ruptura «oficial» del alto el fuego.

En el comunicado que la organización criminal hizo público el pasado martes, los pistoleros amenazaban con responder con «determinación total» a los «ataques» (detenciones, acciones judiciales, etcétera) que sufriera «Euskal Herria. Las decisiones de ETA y sus respuestas serán consecuentes con el comportamiento del Gobierno de España». Estas advertencias hay que entenderlas, por lo tanto, referidas también a esos supuestos incumplimientos.

Mensaje privado

El mensaje, transmitido a través de los interlocutores que han participado en las conversaciones, es uno más de los que se han cruzado entre ambas partes durante el alto el fuego. En este caso, como ocurrió durante el pasado mes de julio, cuando ETA lanzó privadamente un primer ultimátum al Gobierno, no se hace público con el fin de dar al Ejecutivo un cierto margen de maniobra del que no dispondría si se conociera que los terroristas han puesto un plazo fijo para que se atiendan sus exigencias.

El diario «Gara», en su edición del pasado miércoles, publicaba el contenido de esos supuestos acuerdos, que ya anticipó el pasado 10 de julio, y que se resumen en que el Gobierno se comprometía «a respetar las decisiones que adopte la ciudadanía vasca y a cumplir garantías como no efectuar detenciones y normalizar la vida política» mientras que «ETA aceptó no realizar acciones armadas ni de abastecimiento».

De ser cierto, ambas partes habrían incumplido de forma reiterada esos supuestos y, después de la última operación policial en Francia, en la que fueron arrestados dos miembros de la banda terrorista, no se puede descartar un nuevo atentado.

El citado diario precisaba que los acuerdos eran consecuencia de «ocho meses de conversaciones discretas» y que ETA se había comprometido «efectivamente a no realizar acciones contra personas ni bienes, así como a no realizar acciones de abastecimiento de armas ni explosivos a partir de la declaración del alto el fuego permanente».

«El Ejecutivo español, por su parte, -agregaba “Gara”- aceptó que respetaría las decisiones que adoptaran libremente los ciudadanos vascos sobre su futuro. En este punto, se especificaba que el Ejecutivo español entiende que los acuerdos para ello se deberán alcanzar entre los partidos políticos vascos, así como entre los agentes sociales, económicos y sindicales vascos. Se recogía además que los acuerdos se refieren al futuro de los ciudadanos de Araba (Álava), Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa (Navarra)».

El diario aseguraba también que «el Ejecutivo de Zapatero aceptó que no se efectuaran detenciones por parte de la Guardia Civil, la Policía española, la Ertzaintza ni la Policía francesa, así como que disminuyera la presencia policial. También se ha incumplido el compromiso de aceptar de facto que las organizaciones de la izquierda abertzale pudieran realizar su labor política en igualdad de condiciones».

El Gobierno ha negado siempre haber suscrito esos acuerdos pero, al menos hasta el momento, la persona a la que se atribuye un papel protagonista en las conversaciones con la banda, el socialista Jesús Eguiguren, no ha abierto la boca ni aclarado, por tanto, si se comprometió a algo con José Antonio Urruticoechea, «Josu Ternera», portavoz de ETA. O si de sus palabras, el citado cabecilla pudo deducir que el Ejecutivo al que representaba (al menos así lo entendía la banda, porque en caso contrario no hubiera anunciado el alto el fuego) estaba dispuesto a cumplir las exigencias que los terroristas ponían encima de la mesa.

Las fuentes consultadas llaman la atención sobre la insistencia de ETA en reclamar unos acuerdos hasta el punto de romper, sin previo aviso, sus propios compromisos de no robar armas (sustracción de pistolas y revólveres en Vauvert, Francia) y cometer un atentado de grandes dimensiones, como el perpetrado el 30 de diciembre en el aeropuerto de Madrid Barajas. «Para no ser cierto están poniendo mucho empeño», agregaron.

Una información de J. M. Zuloaga publicada por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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