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Terrorismo Etarra: Editoriales (12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Opinión en Prensa

“En pleno desconcierto sin acuerdo posible” por Sin Pancarta

Todos los periódicos nacionales (excepto LA VANGUARDIA) y vascos editorializan en el día de hoy sobre las secuelas del terrorismo, sobre el ‘lapsus’ del Presidente Accidental calificando el vil atentado terrorista de Barajas como un accidente y sobre las manifestaciones previstas para mañana.

La simple lectura de los textos da una perfecta idea de la división existente frente al terrorismo criminal que padecemos desde hace décadas. El partido en el gobierno y sus satélites no desprecian ocasión alguna para cargar contra el PP intentando trasmitir la imagen de un falso aislamiento del partido de la oposición.

Dicen los convocantes de las manifestaciones de mañana que su objetivo es evidenciar la repulsa contra el atentado terrorista de Barajas pero sus declaraciones critican mucho más la sensata y legítima postura del Partido Popular que la acción criminal de ETA y sus cómplices.

¿Alguien en su sano juicio piensa que el PP se puede manifestar junto a los ‘farsantes contra la guerra’ encabezados por la tal Pilar Barden? ¿Junto a los paniguados del ‘Nunca Mais’? ¿Nos toma este gobierno por imbéciles? ¿Se han olvidado de las consignas que durante más de un año calificaban como asesinos a José María Aznar, Mariano Rajoy y todos los dirigentes del PP? ¿No recuerdan las rosas blancas entregadas a miembros de la organización criminal ETA-Batasuna?

Lean y deduzcan por si mismos lo que se esconde realmente tras las supuestas manifestaciones de repulsa del terrorismo.


De los lapsus de Zapatero a la tibieza de Ibarretxe (Editorial de EL MUNDO)

Sigmund Freud atribuyó en su teoría del psicoanálisis una gran importancia a los lapsus verbales, que, según el médico vienés, reflejaban los aspectos ocultos del inconsciente, una especie de verdad que la conciencia se negaba a reconocer.

José Luis Rodríguez Zapatero se refirió ayer al atentado de ETA en Barajas como «un trágico accidente», palabras que él mismo calificó de «lapsus» debido al cansancio, pidiendo que nadie juzgue con «intencionalidad política» lo que fue un simple error. No es la primera vez que el presidente incurre en idéntico desliz: el pasado 29 de diciembre calificó en su comparecencia ante los medios de «accidentes mortales» los atentados de ETA. La reacción de sus portavoces fue muy similar: restar importancia a lo dicho, lo mismo que hicieron anteayer cuando la vicepresidenta calificó de «papelito» el Pacto Antiterrorista.

Contra lo que dicen sus colaboradores, ¿no será que estos lapsus espontáneos reflejan lo que verdaderamente piensan o sienten Zapatero, Fernández de la Vega y otros dirigentes socialistas?

Si Freud está en lo cierto, la contumacia y la reiteración de estos lapsus ponen en evidencia que la cúpula del Gobierno está convencida de que los atentados de ETA son meros «accidentes» o inevitables incidentes en «el largo, duro y difícil» recorrido de la negociación con la banda. Ésta podría ser la explicación de la ambigüedad de Zapatero, que se niega a dar por cerrado definitivamente el diálogo con ETA porque en su fuero interno alberga la esperanza de que la negociación es todavía viable.

Todo ello se inscribe en el terreno de las hipótesis, pero lo que es un hecho innegable es que el presidente del Gobierno -como resalta hoy Esperanza Aguirre en el Foro de EL MUNDO- ha tenido numerosas oportunidades de rectificar, pero ha preferido instalarse en frases vaporosas que a poco le comprometen.

Zapatero tiene el próximo lunes en su comparecencia en el Congreso la gran ocasión de disipar ese comportamiento equívoco que le hemos reprochado también en estas páginas. Lo que una gran mayoría de los ciudadanos espera es muy sencillo: que diga que los atentados son actos criminales execrables y que se comprometa a luchar a fondo contra la banda terrorista, dando por cerrada cualquier posibilidad de diálogo mientras él sea presidente.

La misma exigencia es extensible -salvando las diferencias- al lehendakari Ibarretxe, cuya ambigüedad ha dado lugar a un penoso espectáculo de división entre los partidos vascos. Anoche tuvo que cambiar el lema de la manifestación de mañana en Bilbao para evitar la presencia de Batasuna. Ibarretxe debería haber sido mucho más claro en su repudio a ETA y jamás debería haber apelado al «diálogo» para sacar a la calle a los ciudadanos vascos, una invocación inaceptable en unos momentos en los que la banda vuelve a matar.

La ambigüedad de Zapatero e Ibarretxe ha desunido a las fuerzas democráticas y ha propiciado la falta de consenso en las manifestaciones de mañana que, pese a las buenas intenciones de algunos de sus promotores, se han convertido en el retrato de una España lamentablemente dividida frente al terrorismo. Ésa es la triste paradoja de unos actos que pretendían repudiar la violencia de ETA, pero que van a servir para testimoniar las dificultades de recuperar la política de consenso contra la banda.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El turbio vodevil de Ibarretxe” (Editorial de LA RAZON)

Igual que han forzado el cambio de pancarta en Bilbao, el PSOE debe cambiar la de Madrid

El vodevil en el que se ha convertido la manifestación convocada por Ibarretxe para este sábado en Bilbao, con la entrada y salida de diferentes personajes, con disputas sobre el libreto y el título a mitad de función, es el pago justo a una iniciativa que desde el principio fue sectaria, deliberadamente ambigua y diseñada para mantener la negociación con ETA, pese al atentado. El líder de los socialistas vascos, Patxi López, cuya miopía política gana dioptrías con pasmosa rapidez, aceptó sumarse a una marcha cuyo eslogan, «Por la paz y el diálogo», era perfectamente asumible por Batasuna sin temor a que la banda le tirara a Otegi de las orejas. Sólo cuando se ha visto que los proetarras también querían sujetar la pancarta, Ibarretxe la ha cambiado para incluir la expresión, en letra menor: «Exigimos a ETA el fin de la violencia». Lástima que ambos, el lendakari y Patxi López, no tuvieran los mismos escrúpulos cuando se reunieron a la luz del día con Otegi y compañía en septiembre pasado. En todo caso, y consumada la operación estética, esta manifestación está orientada no tanto a enseñarle los dientes a los terroristas, cuanto a fortalecer el eje PNV-PSE como actores únicos de la política vasca. No merece mucha mejor opinión la manifestación convocada en Madrid por la UGT, con el apoyo de CC OO y una asociación de inmigrantes ecuatorianos. El absurdo empecinamiento de Cándido Méndez en no incluir la palabra «libertad» en la pancarta, además de incomprensible en un sindicalista, rompe una constante en las manifestaciones contra ETA. Como demostraba gráficamente ayer LA RAZÓN, la palabra «libertad» ha estado muy presente en este tipo de protestas por la sencilla razón de que, después del derecho a la vida, la segunda víctima de ETA es la libertad. Que los cargos públicos, los políticos, los periodistas, los profesores e intelectuales, los empresarios y los artistas tengan que vivir con escolta policial es la fidedigna expresión de una sociedad vigilada, atemorizada y sin libertad. Si ya es difícil entender por qué no se cita a ETA, como se hará en Bilbao, es totalmente incomprensible que no se haga defensa expresa de la libertad. Perdidos entre Bilbao y Madrid, los dirigentes socialistas están incurriendo en una grave contradicción: primero aceptaron ir a ciegas a una manifestación en la capital vizcaína, aunque el lema les desagradaba, en «aras de la unidad democrática»; luego forzaron el cambio para impedir la presencia contaminante de Batasuna; pero se niegan a hacer un esfuerzo mucho menor, como escribir la palabra «libertad», para favorecer la unidad de los demócratas en la capital del Reino. Se diría con toda lógica que para el PSOE, Batasuna y el PP merecen el mismo trato. A la vista de todo esto, tal vez deberían sincerarse los dirigentes socialistas y, como ha hecho Patxi López con Otegi, afirmar públicamente que nunca desearon que el PP participara en la manifestación del sábado.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“«Lapsus» y manifestaciones” (Editorial de ABC)

Si el Gobierno y el PSOE quieren medir su liderazgo político en este momento crucial para la lucha antiterrorista, no tienen más que comprobar la desunión que reflejarán las dos manifestaciones convocadas en Madrid y en Bilbao con motivo del atentado etarra en el aeropuerto de Barajas. La crisis de la unidad democrática se va a mostrar con toda su dramática crudeza y lejos de servir de reproche al PP, al recordar el apoyo socialista al Gobierno de Aznar, señala directamente la responsabilidad personal de Rodríguez Zapatero, primero por romper aquella unidad que heredó; y, segundo, por hacer todo lo posible para frustrar su restauración. La incapacidad del Gobierno para gestionar con un mínimo de sentido común la grave crisis de confianza que han provocado sus errores de apreciación y decisión en el proceso de negociación con ETA sigue desplegando sus efectos y exterminando las escasas posibilidades de ofrecer a los españoles una política fiable de lucha y derrota de los terroristas. Más aún cuando el jefe del Ejecutivo, por tercera vez, volvió a calificar ayer de «accidentes» los atentados de ETA. Demasiados «lapsus» que evidencian que el Gobierno, sobrepasado por su propia impericia, no controla la situación en un momento que requiere, más que nunca, sosiego y firmeza para no otorgar más bazas a la banda asesina.

La calculada indefinición del presidente del Gobierno sobre lo que hará en el futuro -incertidumbre, en sí misma, desastrosa para un Estado que no debió dejar de estar volcado en la persecución implacable de ETA- alimenta las estrategias más inicuas de quienes, de ninguna forma, quieren cancelar el proceso de diálogo con los terroristas. Y por esto mismo, las manifestaciones del sábado son producto del oportunismo del PNV, verdadero experto en la materia, y de la resistencia inmoral de una parte de la izquierda a aceptar el fracaso, ocupándose más de hostigar al PP que a ETA. Es toda una lección para el PSOE que los reparos de los socialistas vascos a la manifestación convocada por el lendakari vayan paralelos a las razones por las que el PP y el Foro de Ermua, entre otros, no asistirán a la organizada por UGT y CC.OO. Si ahora Patxi López exige claridad en el lema de la manifestación de Bilbao -variado a última hora de ayer para tratar de dejar fuera a Batasuna-, el PP no ha hecho otra cosa que reclamar claridad para que la derrota de ETA y la recuperación de la libertad disuadieran a quienes quieren hacer del acto en la capital de España un lavado de cara del «proceso de paz». Los socialistas vascos han probado la medicina que en Madrid querían hacer tragar al Partido Popular, con UGT de señuelo: una apariencia de unidad, una parodia de consenso.

Más allá de la foto fija de las discordias y la desunión, el problema sigue siendo que no hay respuesta que permita saber qué va hacer el Gobierno contra ETA. Y el hecho de no saberlo indica que la negociación y el diálogo con los terroristas ha calado de tal manera en el discernimiento del PSOE y del Ejecutivo que lastran no ya una rectificación política que les acerque al PP, sino también, y principalmente, la toma de decisiones que den más seguridad y tranquilidad a los españoles. No es una exageración afirmar que España siente indefensión en estos momentos porque el Gobierno es una fuente de temores e incertidumbres frente a la amenaza terrorista. Y por eso las manifestaciones del sábado no son unitarias, porque el Gobierno no ha fijado objetivos claros y capaces de convocar nítidamente a unos y obligar a otros a disipar sus ambigüedades.

Así, el PP se siente excluido de la manifestación en Madrid por la intransigencia oficialista de UGT -presto a un papel instrumental realmente impropio de un sindicato-; y el PNV, por su parte, se siente legitimado para volver a jugar a dos bandas -ETA y PSOE- y a utilizar dos discursos -el de Josu Jon Imaz y el de Joseba Egibar-, que le aseguren no perder el control del poder. Y entretanto, Rodríguez Zapatero parece incapaz de salir del laberinto en el que se ha metido voluntariamente.

Editorial publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifestación y barullo” (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Vemos desesperanzados que media España se apresta a venir a las manos con la otra media”, escribía Ortega y Gasset en 1919. Pero la imagen de las dos Españas viene aún de más atrás. Lo que no es razonable es que esa confrontación siga alimentándose. La vicepresidenta del Gobierno, en “el desayuno del papelito”, repitió una vez más el tópico de que hay que profundizar en lo que nos une y no en lo que nos separa. Pero en su posterior discurso, María Teresa Fernández de la Vega confirmó que hoy es más lo que divide que lo que une.

Que de la Conferencia de Presidentes, que debiera servir para coordinar mejor el Estado de las Autonomías, lo más reseñable sea un nuevo lapsus de Rodríguez Zapatero, denominando accidente a un mortal atentado, da idea de hasta dónde llega el desconcierto nacional. Ni siquiera una manifestación de protesta contra el último crimen de ETA ha conseguido aparcar las diferencias. Al contrario. UGT se ha negado a incluir en la pancarta la palabra “libertad”, lo que ha provocado lógicas ausencias, como la del PP, que ha pedido —sin éxito— un comunicado rechazando toda negociación con la banda criminal.

Parecida confusión rodea a la manifestación programada por el lehendakari Ibarretxe, a la que –en el colmo del barullo– pretende ir la ilegal Batasuna. El PSE estaba dispuesto a secundarla, pero hacerlo en compañía de un partido ilegal es demasiado. Como lo empieza a ser la acumulación de despropósitos que presenta la vida española, que invitan a una corrección radical y a una dirección más atinada de la política, si no se quiere acentuar aún más el divorcio de los ciudadanos con sus dirigentes.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Pretextos para dividir” (Editorial de EL PAIS)

Lo peor del espectáculo que estamos dando es el olvido de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, los dos jóvenes ecuatorianos asesinados por ETA y en solidaridad con los cuales surgió la iniciativa de celebrar en Madrid una manifestación contra la banda. La condena del atentado y la solidaridad con esas personas, que debería suscitar el apoyo sin reticencias de todo el mundo, se ha ido convirtiendo en mero pretexto para la bronca habitual. Y la manifestación convocada en Bilbao por el lehendakari bajo el lema "Por la paz y el diálogo" ha confirmado que toda idea confusa tiende a contagiar la confusión por doquier.

La manifestación de Madrid fue convocada por asociaciones de ecuatorianos en España y las uniones regionales de CC OO y UGT de la capital, y a ella se adhirieron PSOE e IU. Tras algunas dudas, Rajoy condicionó la participación de su partido a la inclusión en el lema de la marcha ("Por la paz y contra el terrorismo") de la consigna de libertad. Es una consigna coherente con el sentido de la convocatoria, y no debería haber habido dificultad mayor para aceptarla. Sin embargo, algunos sectores del PP se pusieron la venda antes de la herida y acusaron a los organizadores de resistirse a aceptarla para convertir la manifestación en un acto de apoyo a la negociación política con ETA.

La acusación es un proceso de intenciones, pero, con buen criterio, CC OO abogó por incluir la consigna para favorecer la adhesión del PP. UGT-Madrid se opuso de entrada con argumentos de poco peso, como que los carteles ya estaban impresos. Es una situación absurda: hay acuerdo sobre el fondo, como demuestra que la consigna de libertad se haya incluido en el manifiesto que se leerá al final, pero los sectarismos recíprocos impiden que se plasme en una convocatoria unitaria. Unos la condicionan a apuntarse el tanto de conseguir modificar el lema, y los otros a no ceder a presiones. En las horas que quedan debe evitarse el ridículo de la incapacidad para ponerse de acuerdo en algo tan elemental.

Lo de Bilbao es más complicado porque el lema propuesto por Ibarretxe, contra el criterio de la dirección de su partido, sí resultaba deliberadamente confuso: unir paz y diálogo tras el atentado de Barajas transmite un mensaje de continuidad del proceso que ahora es inaceptable, según han opinado todos los partidos. Esa confusión la aumentó el PSE al decir que aunque estaba en desacuerdo participaría para no agravar la división, pero que dejarían de hacerlo si se sumaba Batasuna. Gran ocasión para que los de Otegi decidieran sumarse y proclamar su apoyo al lema discutido. El barullo aconsejó ayer al lehendakari añadir la exigencia a ETA de abandono de la violencia, y pidiendo a Batasuna que se abstuviera de participar si no estaba de acuerdo con ese añadido. Está bien. ¿Pero qué pasa si a pesar de todo Batasuna decide participar, como quería hacerlo el PSE, con sus propias consignas, es decir, las inicialmente propuestas por Ibarretxe? Demasiada confusión cuando lo que correspondía era sencillamente mostrar el rechazo ciudadano a los asesinatos de ETA.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Batasuna, fuera” (Editorial de EL PERIODICO)

Ibarretxe se apresuró anoche a corregir el lema de la manifestación que ha convocado para mañana en Bilbao para hacer imposible que Batasuna se codee con los demócratas en ese acto contra la banda terrorista. El lendakari, consciente o inconscientemente, había cometido el error -o mejor, la estupidez- de excluir la condena explícita del terrorismo de ETA del lema propuesto para la marcha. Esta iba a celebrarse "por la paz" y "el diálogo", lo que había permitido a Batasuna sumarse cínicamente a la convocatoria. Afortunadamente, el PSE, IU y el propio PNV pusieron el grito en el cielo y amenazaron con no acudir a la manifestación si iba también Batasuna. En esas circunstancias la movilización dejaba de tener sentido.

El nuevo lema incluirá la frase: "Exigimos a ETA el fin de la violencia". Como Batasuna no comparte esa exigencia, lo mejor que puede hacer es quedarse en casa y dejar de enredar y confundir. Ojalá llegue el día en que Otegi y su gente la hagan suya, porque muchas cosas habrían cambiado entonces en Euskadi.

La otra manifestación, la convocada también para este sábado en Madrid, es víctima asimismo de la polémica. La negativa de los convocantes originales -la Federación Nacional de Ecuatorianos de España, y las organizaciones de UGT y CCOO en Madrid- a incluir el término "libertad" en el lema inicialmente acordado -"Por la paz y contra el terrorismo", que es el habitual de ocasiones precedentes- ha sido utilizada como excusa por el PP y organizaciones de su órbita para desengancharse. El partido de Rajoy tiene como norte acorralar al Gobierno, negarle el consenso antiterrorista, dejarle sin aire. Es un sarcasmo que para esa estrategia se utilice la reclamación de libertad.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifiesta confusión” (Editorial de EL CORREO)

El bochornoso espectáculo a que ha dado lugar la intencionada ambigüedad del lehendakari Ibarretxe y su empecinamiento al convocar una manifestación para mañana con el lema 'Por la paz y el diálogo', lo que propició que Batasuna decidiera sumarse a la movilización, se une a una descorazonadora secuencia de despropósitos que desembocarán este sábado en sendas muestras de confusión y desunión, en Bilbao y en Madrid. Fueron muchas las voces que discreparon del lehendakari advirtiéndole de que no se le podía escamotear a la sociedad vasca la posibilidad de condenar expresamente el crimen de ETA, así como la oportunidad de solidarizarse con las víctimas por él causadas, bajo el disfraz de unas palabras que, como de hecho ha sucedido, podrían ser suscritas incluso por quienes dan cobertura al terrorismo. El propio lehendakari tenía razones para temer que, como le ocurriera en diciembre de 2004 con la votación de su plan en el Parlamento vasco, la izquierda abertzale podría sumársele a un eslogan que admitía innumerables interpretaciones. Pero lo que resulta aún más indignante es que tuviera que ser el oportunismo de la izquierda abertzale lo que obligara ayer a Ibarretxe a hacer lo que no quiso hacer a requerimiento del PSE-EE, el PP o Gesto por la Paz: modificar tan ambivalente lema. Al añadirle la frase 'Exigimos a ETA el fin de la violencia' el lehendakari trató de eludir la incómoda compañía de Batasuna en la manifestación de mañana. Pero debió recordar mucho antes que es la ciudadanía la que espera de sus instituciones un liderazgo sin equívocos para terminar con la banda terrorista para siempre. Un liderazgo que hoy se ve afectado en el caso de la primera institución de Euskadi cada vez que su titular trata de orientar el anhelo de una sociedad que desea el final inmediato y definitivo de ETA hacia las aspiraciones contenidas en su proyecto soberanista.

Por su parte, la decisión del Partido Popular de no secundar la llamada a la manifestación de mañana en Madrid constituye una mala noticia que confirma y agudiza la división existente al hacer frente al desafío etarra. La indisposición mostrada por los convocantes para aunar posturas puede explicar la negativa popular. Pero ni la exigente actitud de los primeros justifica la negativa de los segundos a añadir la palabra 'libertad' al lema propuesto, ni la cerrazón de los segundos exime al PP de la responsabilidad en que incurre. Muchos serán los que piensen que detrás de tan fútiles razones se ocultan deseos inconfesados, por inconfesables, de aprovechar la trágica circunstancia para mantener distancias. Sólo cabe desear que el desarrollo de las movilizaciones y las valoraciones que hagan quienes se han negado a sumar sus siglas a las de los convocantes no contribuyan a la crispación de tan deplorables desavenencias.

Editorial publicado por el diario EL CORREO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“«Exigimos a ETA el fin de la violencia»” (Editorial de DEIA)

Una nueva pirueta de Batasuna, a las que tan acostumbrados estamos en Euskadi, y una nueva rabieta del PSE-EE, más preocupado en lanzar órdagos que en lograr el consenso, han estado a punto de reventar la manifestación que mañana recorrerá Bilbao en favor de la paz y el diálogo. La lógica intervención del lehendakari Juan José Ibarretxe al ampliar el lema de la marcha para "exigir a ETA el fin de la violencia" ha devuelto la cordura a una situación desquiciante e ininteligible para el conjunto de la ciudadanía, hastiada de tanto interés espurio en muchos dirigentes políticos. El lema de la manifestación era claro y contundente y había sido explicado con detalle por el lehendakari. Pero Batasuna no quiso perder la oportunidad de convertirse de nuevo en protagonista del esperpento, habida cuenta de la absoluta falta de credibilidad que tiene ya en el seno de la sociedad vasca.

El anuncio de la izquierda abertzale de que secundaba la manifestación "Por la paz y el diálogo" no fue una sorpresa. Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que quienes no son capaces de decirle a ETA que abandone la violencia quieran ir de la mano para pedir la paz con el PSOE y «el PNV de Imaz», quienes, según el delirante comunicado de la organización terrorista, son los culpables de la opresión que sufre Euskal Herria y, en consecuencia, de que no haya avanzado el proceso. Batasuna buscaba reventar o, en su caso, convertirse en la protagonista de la manifestación. Casi lo logra, gracias a la reacción del PSE-EE, partido que no está de acuerdo con el lema y se permite arremeter contra su convocante, pero se adhiere para luego exigirle que lo cambie. Inconcebible.

Lo positivo de esta situación es que cada uno se ha retratado y se retratará mañana en las calles de Bilbao. La manifestación será multitudinaria, sin duda, para exigir a ETA el fin de la violencia, por la la paz y el diálogo. Los socialistas y Batasuna harán lo que «de buena fe» crean conveniente, pero ya no hay confusión posible.

Editorial publicado por el diario DEIA el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Salvar el proceso, no la manifestación” (Editorial de GARA)

Cualquier persona que comparta la idea o el compromiso de que es necesario desarrollar un diálogo y un proceso político resolutivo que dé una salida real al conflicto y que, a su vez, construya un escenario de paz justa, estable y duradera en Euskal Herria, debería poder tener, al menos, el derecho de asistir a un acto cuyo lema era «por la paz y el diálogo». Especialmente cuando esa manifestación es convocada por un lehendakari (elegido, debiera recordarlo, gracias a dos votos de la izquierda abertzale) al que, como mínimo, debería suponérsele que busca representar al conjunto de la ciudadanía. Parecía lógico pensar, asimismo, que esa convocatoria, con su lema inicial, iba dirigida a la sociedad y que, como sería de sentido común, buscaba la participación del mayor número de asistentes para reforzar lo que decía defender y recabar la mayor adhesión para conseguir tan loable objetivo. Y debería haber podido buscar todo ello sin permitir injerencias partidistas que exigieran derechos de admisión. Pero quizás estemos pecando de ingenuidad. Porque todos esos supuestos chocan hoy, y aquí, con la más absoluta falta del interés común que, en buena lógica, podía reflejar el lema inicial de la cita, y que exige el delicado momento político que atravesamos. La jornada de ayer fue pródiga en situaciones y declaraciones surrealistas y un buen ejemplo a no seguir. No es de recibo pretender regular la libertad de expresión y los derechos políticos de los ciudadanos, y eso es lo que, finalmente, ha vuelto a ocurrir.

Todo esto abre más interrogantes que respuestas. ¿Cuál era el objetivo real, desde su inicio, de esa manifestación? ¿Buscaba aunar, o dividir? ¿A quién convocaba, exactamente, el Gobierno de Lakua? ¿Es que marginando y vetando puede buscarse la paz y pretender lanzar un mensaje a favor de un proceso de resolución dialogado y negociado, que debe desarrollarse lógicamente en ausencia de todo tipo de violencia? ¿En qué posición queda ahora Juan José Ibarretxe?

No parecen éstos los contenidos ni las formas para abordar lo realmente urgente, que no es, desde luego, salvar esta manifestación, sino el proceso. Para dotarlo de bases sólidas hay que ser capaces de trabajar entre todos los agentes y con mucha más seriedad que la demostrada. Esa labor no puede hacerse desde la exclusión de una parte significativa de esta sociedad.

Editorial publicado por el diario GARA el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


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