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Opinión en Prensa

El Tribunal Supremo reduce la condena a De Juana Chaos: Editoriales

Por Narrador - 13 de Febrero, 2007, 12:00, Categoría: Opinión en Prensa

Una sentencia frustrantemente benévola que hay que respetar (Editorial de EL MUNDO)

Muchos ciudadanos sienten hoy perplejidad por la sentencia del Supremo, que revocó ayer el fallo de la Audiencia Nacional y rebajó sustancialmente la condena al etarra José Ignacio de Juana Chaos. Sus asesinatos y su negativa a arrepentirse, aunque no tengan que ver con esta causa, hacen muy difícil que la opinión pública entienda la benevolencia con la que ha sido tratado.

La Audiencia le había condenado a 12 años de cárcel por amenazas terroristas. El Supremo reduce la pena a tres años al tipificar su conducta como un delito de amenazas simples aunque paradójicamente en concurso ideal con enaltecimiento de terrorismo. Lo primero que debemos subrayar es que respetamos la sentencia del Supremo porque, aunque ETA, la izquierda abertzale y cierta izquierda no abertzale jamás lo han entendido, vivimos en un Estado de Derecho en el que existe la división de poderes y, por tanto, la independencia de los jueces.

Ello no obsta para que podamos disentir del fallo o poner el énfasis en el particular contexto en el que han tenido que pronunciarse los magistrados del Supremo. En cuanto al fallo, resulta difícil de entender que, si ha habido amenazas por parte del etarra como creen los jueces del Supremo, no hayan sido tipificadas como «terroristas». De Juana Chaos, condenado por 25 asesinatos, sigue identificado con los objetivos de la banda y, por lo tanto, sus amenazas no pueden ser equiparadas penalmente a las de cualquier otro ciudadano que se enzarza en un bar en una pelea. Es evidente que De Juana podía haber sido condenado a una pena mucho más severa por pertenencia a banda armada, que era lo que propugnaban varios magistrados.

En cuanto al contexto, resulta muy difícil que los jueces hayan podido abstraerse de la propia presión creada por la huelga de hambre de José Ignacio de Juana, claramente orientada a chantajear a la Justicia.

Las presiones del PNV y el nacionalismo moderado, las abiertas amenazas de la izquierda abertzale, los actos de kale borroka, las declaraciones de destacados dirigentes del PSOE -ayer mismo Javier Rojo, presidente del Senado, afirmó que la sentencia de la Audiencia era «desproporcionada»-, las fotografías publicadas recientemente y el cúmulo de circunstancias que han rodeado el caso pueden haber influido, sin duda, en el ánimo de unos jueces que no son insensibles a la realidad en la que están inmersos.

La decisión era, sin duda, complicada desde el punto de vista técnico y también problemática por sus consecuencias políticas. El hecho es que la Fiscalía de la Audiencia solicitó 96 años de cárcel, que luego rebajó sensiblemente. La Audiencia le condenó a 12 años y siete meses y ahora el Supremo ha reducido la pena a tres años, lo que pone de relieve un cambio de criterio que no puede dejar de desconcertar.

A nadie se le escapa que tras la drástica rebaja de la pena y dado que el etarra lleva ya más de dos años en prisión preventiva, Instituciones Penitenciarias tendrá mucho más fácil conceder a De Juana un tercer grado o una fórmula de excarcelación atenuada, que no supondrá ya un agravio comparativo al haber cumplido más de las dos terceras partes de la condena. Si se excarceló por razones de salud a un coronel Galindo sentenciado a más de 70 años, mucho más fácil va a resultar sacar de prisión a un De Juana al que le falta menos de un año para cumplir la condena.

La sentencia le quita al Gobierno un grave problema y va a ser interpretada por el entorno de ETA como una gran victoria. Pero, sobre todo, va a decepcionar a los familiares de sus víctimas y a millones de ciudadanos que creen que De Juana ha pagado un precio muy pequeño por sus asesinatos. Su frustración es la nuestra, pero debemos respetar las decisiones de la Justicia.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un asesino volverá a la calle” (Editorial de LA RAZON)

Batasuna y la banda hicieron de De Juana el símbolo del pulso al Estado y se han salido con la suya

Tras un prolongado debate de casi ocho horas, los trece magistrados que componen la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo acordaron ayer rebajar de 12 a 3 años de cárcel la condena al etarra De Juana Chaos por un delito de amenazas no terroristas y enaltecimiento del terrorismo. De este modo, el tribunal estima parcialmente el recurso de la defensa. La última sentencia de la Audiencia Nacional condenó a De Juana por amenazar a cinco responsables de Prisiones y al presidente de la Sala de lo Penal de ese tribunal, Javier Gómez Bermúdez, en dos artículos publicados en «Gara» en 2004. La decisión del Tribunal Supremo supone en la práctica la puesta en libertad condicional del terrorista, pues al llevar 25 meses en prisión preventiva, ha cumplido ya las tres cuartas partes de la condena de tres años. En suma, el etarra que ha asesinado a 25 personas está a punto de recuperar la libertad después de haber cumplido poco más de 18 años de cárcel, menos de un año por víctima. Ni que decir tiene que las sentencias judiciales deben ser acatadas sin reserva. En este caso, con mayor motivo por tratarse de trece magistrados del más alto tribunal del Estado de Derecho. Eso no quita que hoy buena parte de los ciudadanos contemple con amargura y frustración cómo uno de los más sanguinarios etarras y la banda misma a la que pertenece han logrado su propósito, que no era otro que doblegar al Estado de Derecho. Y lo han hecho, además, con los propios instrumentos de ese Estado de Derecho. Las visibles muestras de euforia protagonizadas ayer por los proetarras están sobradamente fundadas. Conviene recordar aquí de nuevo que la puesta en libertad de De Juana Chaos era una de las exigencias que ETA hacía en el comunicado con el que justificó el atentado de Barajas en el que fueron asesinados dos inmigrantes ecuatorianos, hace apenas mes y medio. La otra reclamación era el aislamiento del PP. La victoria de ETA es tanto más evidente cuanto que había centrado en la excarcelación de De Juana el futuro del proceso de negociación con el Gobierno de Zapatero. Demostrando a sus bases que se puede vencer al Estado, no cabe duda de que Batasuna aumentará su prestigio en su entorno independentista y que ETA se fortalecerá en sus reivindicaciones a la hora de sentarse a la mesa negociadora. Si la banda y su brazo político montaron una farsa gigantesca mediante una huelga de hambre inverosímil y una operación periodística que dio la vuelta al mundo, fue porque detectaron una oportunidad única. De este modo, De Juana Chaos se convirtió en el símbolo de la resistencia del conglomerado etarra y en test a la fortaleza del Estado. Lamentablemente, han doblado el pulso y hoy festejan su victoria. A juzgar por la declaración del presidente del Senado, da la impresión de que al Gobierno de Zapatero no le inquieta demasiado. Pero al ciudadano sí, que ya sabe que, en las próximas semanas, un asesino de 25 personas volverá a la calle.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“De Juana, en manos del Gobierno” (Editorial de ABC)

La Sala Segunda del Tribunal Supremo decidió ayer rebajar la condena impuesta a De Juana Chaos por la Audiencia Nacional de doce a tres años. Esta drástica reducción viene dada por el cambio de delito por el que ha sido definitivamente condenado este contumaz etarra, a quien el Supremo imputa ahora uno de amenazas no terroristas en concurso con otro de enaltecimiento del terrorismo. Es en estos momentos cuando el respeto a los jueces debe ser una actitud real y no retórica, pues, sin duda, la sentencia del Supremo -que hace pocas fechas dictó la histórica sentencia de condena a Jarrai, Segi y Haika- va a provocar justificada perplejidad y desazón en buena parte de la opinión pública. Y hay que recordar que ese respeto fue el que no tuvo el presidente del Gobierno cuando dijo del etarra De Juana que «era partidario del proceso» el mismo día en que su juicio en la Audiencia Nacional quedó visto para sentencia. Respeto que tampoco tuvo ayer el presidente del Senado, Javier Rojo, quien calificó de desproporcionada la condena impuesta a De Juana, también en premeditada coincidencia con la sesión en la que los magistrados del Alto Tribunal debían resolver los recursos de casación interpuestos contra la primera condena. Cuando estas presiones a la judicatura, aun hechas con impostada sutileza, proceden de los más altos representantes del Estado, se hacen aún más intolerables.

La mínima pena impuesta a De Juana Chaos facilitará su pronta excarcelación, pues ya ha cumplido dos años de los tres de prisión que se le han impuesto. Cuando se conozca la sentencia íntegramente podrá valorarse con conocimiento de causa qué criterios ha seguido la Sala Segunda para considerar que las amenazas de un etarra -que sigue siendo etarra- pueden no ser terroristas y, al mismo tiempo, un acto de enaltecimiento del terrorismo. Sin duda, técnicamente será posible esta concurrencia de delitos, pero merece una argumentación muy convincente, tanto como la que descarte el delito de pertenencia a organización terrorista, que era otra posibilidad que tenía el Supremo y que la Audiencia Nacional hizo valer recientemente en la nueva condena impuesta al no menos terrorista Henri Parot. Desde que se notifique la sentencia a las partes defensoras y acusadoras, la suerte de De Juana Chaos pasará a manos del Gobierno, a través de Instituciones Penitenciarias, a cuyos funcionarios, entre otros, amenazó en el diario «Gara». A partir de ese momento, el Gobierno tendrá prácticamente las manos libres para poner a De Juana en su casa, porque la concesión de un tercer grado sólo podrá ser recurrida por el Ministerio Fiscal ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria. La plena subordinación de la Fiscalía General al interés político del Ejecutivo hace impensable una discrepancia entre una y otro. Aún así, la reforma del Código Penal y de la ley General Penitenciaria introducida por la ley de cumplimiento íntegro de las condenas por delitos de terrorismo -y el enaltecimiento es uno de ellos- condiciona la concesión de beneficios penitenciarios a terroristas al cumplimiento de determinados requisitos que De Juana no cumple en absoluto, como la colaboración con las autoridades, el repudio a la violencia, la petición de perdón a sus víctimas y un pronóstico favorable de reinserción. Sus declaraciones al diario británico The Times demuestran que este etarra se ratifica en los crímenes que cometió, lo que, en sentido estricto, podría ser otro delito de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, por el que el etarra debería ser investigado.

Sin duda, la sentencia del Supremo sobre De Juana Chaos allana al Gobierno la solución de un obstáculo en la negociación con ETA, pero debe quedar claro que Rodríguez Zapatero no está legalmente obligado a excarcelar al etarra antes del cumplimiento íntegro de su condena. Si lo hace, será una decisión estrictamente política, protegida por el blindaje que le preste la legislación penitenciaria y la cobertura del Ministerio Fiscal. Y, en tal caso, el chantaje de la huelga de hambre habrá sido un éxito.

Editorial publicado por el diario ABC el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

“Rebaja a De Juana” (Editorial de EL PAIS)

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha pronunciado la última y definitiva palabra sobre el caso del etarra De Juana Chaos, condenándole a tres años de prisión por un delito de amenazas no terroristas relacionado con el de enaltecimiento del terrorismo del artículo 578, introducido en una reforma del año 2000. Los dos escritos publicados por De Juana en el diario Gara en diciembre de 2004, estando en prisión, no alcanzan, pues, la gravedad del delito de amenazas terroristas por el que la Audiencia Nacional le condenó a 12 años y siete meses, en octubre pasado, tras un juicio bajo presión en la Audiencia Nacional, con concentraciones ante el tribunal. La definitiva condena a De Juana está en línea con la calificación alternativa de los hechos planteada por el ministerio fiscal en el juicio ante la Audiencia Nacional.

La decisión del Supremo está más en consonancia con su propia jurisprudencia sobre las amenazas terroristas que la sentencia de la Audiencia Nacional. Y debería servir para cerrar jurídicamente el caso. La condena impuesta ahora es la máxima de las previstas para el nuevo delito. Sería deseable que la decisión del Supremo, que zanja el debate jurídico sobre el caso, cerrara también el debate social, así como la pesadilla que ha supuesto para la inmensa mayoría de los ciudadanos asistir al pulso entre quienes estaban encantados con la posibilidad de tener un mártir para la causa y quienes estaban dispuestos a dárselo.

La nueva condena no supone de inmediato la excarcelación de De Juana, pero abre sus expectativas de libertad. A su alcance está la libertad condicional (una decisión que depende de la Audiencia Nacional), ya que cumple o está a punto de satisfacer el principal requisito: haber cumplido las tres cuartas partes de la condena, en su caso dos años en prisión preventiva de los tres impuestos. Existe, sin embargo, otro requisito estrictamente penitenciario: un pronóstico favorable de reinserción social que en el caso de un penado como De Juana implica que muestre signos inequívocos de haber abandonado los fines y los medios de la actividad terrorista.

Habrá que acostumbrarse a algo tan elemental en un Estado de derecho como que los terroristas, incluso personas tan sanguinarias como De Juana, salgan de la cárcel una vez cumplida la condena, como sucede con cualquier otro delincuente. Otra cosa sería establecer de hecho la prisión de por vida pasando por encima de la Constitución y el Código Penal.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


 

"El caso De Juana" (Editorial de LA VANGUARDIA)

El Tribunal Supremo estimó ayer parcialmente el recurso del preso etarra Iñaki de Juana Chaos y le rebajó la condena de 12 años y 7 meses a 3 años de prisión. La sentencia supone un duro varapalo para la Audiencia Nacional, que había condenado al reo por un delito de amenazas terroristas que el Alto Tribunal no considera como tales, sino únicamente como amenazas en concurso ideal con otro de enaltecimiento del terrorismo. No es la primera vez que el Supremo discrepa de las decisiones de la Audiencia Nacional en materia de terrorismo.

El caso De Juana Chaos experimenta, con esta sentencia del Supremo, un giro de 180 grados. El hecho de que el etarra, en situación de alto riesgo para su vida por la huelga de hambre que sigue desde hace más de noventa días, haya cumplido dos de los tres años a que, finalmente, ha sido condenado, hace que la decisión sobre su situación penal, es decir, una posible libertad condicional o el cumplimiento domiciliario de la pena, pase a depender de la dirección general de Instituciones Penitenciarias y no de los jueces de la Audiencia Nacional que, como se recordará, rechazaron recientemente que quedara en prisión atenuada.

Por lo tanto, la situación de De Juana pasa a depender del Gobierno, lo que pone a éste entre la espada de un hipotético gesto humanitario, ante la gravedad del preso, y la pared de quienes se oponen a que un terrorista con veinticinco asesinatos en su haber pueda salir a la calle. Es sabido que De Juana ya ha cumplido legalmente con la totalidad de la condena por aquellos asesinatos. Pero el hecho de que nunca haya expresado el menor arrepentimiento le ha granjeado el desprecio de la opinión pública, que además ha interpretado la huelga de hambre como un chantaje a los jueces.

El Tribunal Supremo no se ha dejado amilanar por este supuesto chantaje y ha declarado que la sentencia de 12 años y siete meses era excesiva de acuerdo con el delito cometido. Recordemos que PP y AVT pidieron en su día una condena de 96 años por amenazas terroristas. Pero tampoco el Alto Tribunal le ha absuelto como solicitaba la defensa del etarra. La situación penal de De Juana la deberá resolver el Gobierno, sobre el cual sin duda caerá, cualquiera que sea la decisión que tome, la crítica de unos o de otros. Todo ello sin contar que contra lo que decida el Ejecutivo cabe recurso ante el juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional. Por tanto, seguirá habiendo caso De Juana para tiempo.

Editorial publicado por el diario LA VANGUARDIA el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


 

“La rebaja de pena a De Juana Chaos” (Editorial de EL PERIODICO)

La decisión de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de rebajar a tres años de cárcel la condena al etarra José Ignacio de Juana Chaos por las cartas publicadas en el diario Gara en diciembre del año 2004 tendrá un extraordinario impacto porque en torno a este caso se ha producido una gran batalla que ha desbordado el terreno jurídico para adentrarse en el de la política, en medio de un ensordecedor ruido en los medios de comunicación. Por eso lo primero que hay que reclamar es respeto a una decisión tomada por los 13 magistrados que componen la sala, y que han tenido que decidir sobre el recurso presentado por De Juana, que reclamaba la absolución, y el de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que solicitaba subir de 12 a 96 años de cárcel la condena para el etarra.

Pues bien, al considerar que el delito cometido por De Juana Chaos era de "amenazas no terroristas" (artículo 170.1 del Código Penal), que se castiga con penas de uno a tres años, el Supremo aplica la condena máxima pero que es sensiblemente más baja de la dictada por la Audiencia Nacional. Es una salida salomónica que a buen seguro dejará insatisfechos a quienes querían ver al etarra preso durante décadas.

Conviene no olvidar en este punto que De Juana Chaos ya cumplió condena por los 25 asesinatos que cometió. Fueron solo 18 años de cárcel, porque se aplicó el Código Penal de 1973, vigente cuando fue juzgado, y que era más blando que el actual con los delitos de terrorismo.

La sentencia conocida ayer significa que el preso, que se encuentra en huelga de hambre desde el pasado mes de noviembre, saldrá pronto a la calle. De momento ha cumplido dos de los tres años como preso preventivo, por lo que es posible que pueda obtener la libertad condicional. En cualquier caso, su situación como preso pasa a ser ahora competencia de Instituciones Penitenciarias. La pelota está, por tanto, en el tejado del ministro del Interior.

Es muy significativo que los magistrados se hayan inclinado por esa decisión mayoritariamente, que se haya roto la tradicional y lamentable división entre jueces conservadores y progresistas, y se haya impuesto la independencia de criterio. En este caso han primado exclusivamente las consideraciones jurídicas. El Supremo ha hecho justicia, por más que pueda repugnar ver en la calle a un etarra que ha matado a 25 personas y no ha mostrado nunca arrepentimiento.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


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El Tribunal Supremo reduce la condena a De Juana Chaos: Editoriales en la Prensa Vasca

Por Narrador - 13 de Febrero, 2007, 11:30, Categoría: Opinión en Prensa

“Justicia garantista” (Editorial de EL CORREO)

La resolución de la Sala Segunda del Supremo, por la que rebaja de doce a tres años de prisión la condena impuesta a Iñaki de Juana Chaos por un delito de amenazas no terroristas, culmina el último procedimiento penal abierto al preso de ETA y, como decisión preponderante, debe ser asumida por todas las partes personadas en la causa. El Alto Tribunal se enfrentó a lo largo de cinco horas de vigoroso debate a un dilema jurídico, el carácter terrorista o no de las amenazas vertidas en dos artículos de opinión. La instrucción abierta a De Juana por ese caso y su posterior condena por parte de la Audiencia Nacional paralizaron su inminente excarcelación, cuando únicamente había cumplido 18 años de cárcel por 25 asesinatos. En un gesto de empecinamiento personal, el interno decidió iniciar una huelga de hambre en señal de protesta que se prolonga desde el 7 de noviembre. La Sala Segunda optó por priorizar la tramitación del recurso de De Juana ante el deterioro en su estado de salud y reunió ayer a sus trece magistrados en pleno, pero en ningún caso puede interpretarse que tan inusual proceder haya acabado afectando a su resolución final.

Las intensas deliberaciones mantenidas y la adopción de un fallo por amplia mayoría refuerzan la consistencia del veredicto, que se ajusta a las previsiones del Código Penal. Por ello, ni cabe acusar a los magistrados de haber concedido la rebaja de la pena condicionados por el ayuno en el que persiste el condenado, ni quienes vienen jaleando la actitud de éste pueden interpretar la sentencia como una conquista de su sinrazón. Es probable que muchos ciudadanos puedan sentirse confundidos o incluso defraudados por la decisión del Alto Tribunal, especialmente las víctimas del terrorismo y máxime cuando De Juana se ha jactado públicamente de no arrepentirse de los crímenes cometidos y el inmenso dolor causado. Pero los trece magistrados no podían trasladar ni a sus deliberaciones ni mucho menos a su resolución final sentimientos que, mereciendo la comprensión y la solidaridad de la ciudadanía, encuentran su cauce de expresión y realización en ámbitos distintos a los de la aplicación de la ley.

El fallo del Supremo abre la puerta a una próxima excarcelación del preso de ETA. Por encima de las distintas reacciones que provoque la medida, la sentencia del Alto Tribunal evidencia la fortaleza de una Justicia garantista que cuenta con mecanismos engrasados de revisión de las decisiones que se adopten en las distintas instancias jurisdiccionales y que, por eso mismo, ha desvirtuado los argumentos esgrimidos por De Juana para mantenerse en huelga de hambre. Como hasta ahora, la eventualidad de que el preso persista en su comportamiento victimista y sus posibles consecuencias seguirán siendo única y exclusivamente responsabilidad de él.

Editorial publicado por el diario EL CORREO el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

“Reducción de pena a De Juana” (Editorial de DEIA)

En una decisión que ha sorprendido a propios y extraños, el Tribunal Supremo decidió ayer rebajar de doce a sólo tres años de prisión la condena impuesta por la Audiencia Nacional a Iñaki de Juana Chaos. El Supremo deja, así, en manos del Gobierno, a través de Instituciones Penitenciarias, la situación de De Juana, que hoy cumple 100 días en huelga de hambre. Esta rebaja de condena no supone la excarcelación inmediata de De Juana, aunque sí la facilita, ya que el miembro de ETA lleva dos años en prisión preventiva. Tras más de cinco horas de deliberación, el tribunal ha estimado en parte el recurso del recluso, ya que le condena por amenazas, pero no por «amenazas terroristas» por sus dos artículos escritos en "Gara". Así pues, el Tribunal Supremo vuelve a dar un varapalo a la Audiencia Nacional y a desautorizar su decisión, que había sido a todas luces desproporcionada.

Además, el TS pone en evidencia algo que todo el mundo sabía y que se había denunciado repetidamente: las imputaciones contra De Juana se habían construido simplemente para evitar que saliera de la cárcel una vez cumplida su condena por sus múltiples y horribles crímenes. En este sentido, no cabe sino remitirse a la moción aprobada el pasado viernes en el Parlamento vasco en la que se denuncia esta «construcción de imputaciones» realizada con un evidente «impulso político». Da la sensación de que el Supremo ha venido ahora a corregir, sólo en parte, la desproporción arbitraria de la Audiencia Nacional. En un ejercicio salomónico, los magistrados han querido deshacer el entuerto sin terminar de poner a sus compañeros de la Audiencia a los pies de los caballos. Ahora sólo queda que el Gobierno, al que le lloverán críticas y presiones, actúe con humanidad y, consciente de la trascendencia de la situación, cumpla con la noble aspiración de una justicia sin venganza.

Editorial publicado por el diario DEIA el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


 

“Libertad inmediata para De Juana” (Editorial de GARA)

El Pleno de la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo español ha decidido transformar la condena y rebajar, en consonancia, la pena que le fuera impuesta a Iñaki de Juana Chaos por la Audiencia Nacional. El alto tribunal español ha rechazado el recurso presentado por el abogado Alvaro Reizabal en el que el letrado solicitaba la libre absolución, dado lo injustificado de la condena impuesta por la Audiencia Nacional al preso vasco. Sin embargo, en su fallo acepta implícitamente la argumentación de la defensa, que siempre ha negado «el delito reiterado de amenazas terroristas» que le valió a De Juana la condena de 12 años de cárcel, en el origen de su segunda huelga de hambre. En este sentido, y a la espera de conocer el contenido completo del auto del alto tribunal cabe hacer una primera valoración crítica, en el sentido de que el TS persevera en el enorme error que implica en democracia condenar a una persona por las opiniones expresadas en unos artículos de prensa.

La alta instancia judicial española ha perdido una oportunidad de oro para reponer un mínimo de justicia en un caso que, basta con leer la sentencia original para entenderlo, se ha fabricado ad hoc, por ser Iñaki de Juana quien es y no por los hechos que motivaron el procedimiento abierto al donostiarra. Al rebajar la pena, el Supremo español se limita a aplicar unos criterios más acordes a los precedentes existentes sobre condenas por «amenazas».

A partir de esta decisión, sólo cabe exigir que De Juana no sea mantenido ni un día más en la actual situación. A la vista está que cuando una veintena de presos vascos han visto prorrogada su condena, un centenar más sigue en prisión pese a tener cumplidas las tres cuartas partes de la condena, no se excarcela a los enfermos... ciertas decisiones resultan más complicadas. Pero al igual que ese clima de vulneraciones lo ha creado el Gobierno, en sus manos está respetar los derechos de los presos. Y, por lo que más urge, excarcelar a uno en el umbral de los 100 días de huelga de hambre.

Editorial publicado por el diario GARA el martes 13 de Febrero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


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De Juana Chaos Seguirá en Prisión Incondicional: Editoriales

Por Narrador - 26 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Opinión en Prensa

"Opiniones divergentes y en muchos casos interesadas" por Sin Pancarta

En el "último minuto" la Audiencia Nacional salvaba ayer la dignidad del Estado de Derecho al denegar la excarcelación del criminal De Juana Chaos. Hoy podemos leer distintas opiniones en los medios de comunicación más representativos observando la clara división existente entre grupos mediáticos fiel reflejo del fraccionamiento de la sociedad española.

No me sorprende la versión del GARA que como bien es sabido es el portavoz oficioso del entorno etarra. La misma valoración es aplicable al DEIA, periódico del PNV. Si me sorprende que LA VANGUARDIA se posicione contra el Auto de la Audiencia Nacional en términos bastante duros. En cuanto a EL PAIS y EL PERIODICO tras escuchar las reacciones de distintos medios representantes del PSOE y el "tripartito catalán" entran dentro de lo previsible.

Dicho esto sólo resta preguntarse qué interés puede tener el Gobierno Zapatero para complacer al entorno etarra excarcelando a un individuo que ha asesinado a 25 personas y cuya situación física no es producto de ninguna enfermedad, muy al contrario es achacable únicamente a su voluntad de no ingerir alimentos. La población española se opone a las medidas de gracias en un 90% (recuérdese que la oposición a la Guerra de Irak era del 76%) y sin embargo el gobierno, a través de la Fiscalía General del Estado, se mantiene imperturbable en su decisión ¿Por qué?


"Un triunfo del Estado de Derecho y una inyección de moral" (Editorial de EL MUNDO)

Decíamos ayer que, tras el indigno informe de la Fiscalía, el futuro del Estado de Derecho había quedado en manos de los 16 magistrados de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Supieron estar a la altura del reto y acordaron mantener la prisión del etarra De Juana Chaos por una clara mayoría de doce a cuatro.

Los magistrados sostienen en su resolución que De Juana es «el único responsable» de su situación al ponerse «en peligro de forma libre y voluntaria», por lo que no cabe ni la libertad provisional ni la prisión atenuada, que se concede por grave enfermedad o un hecho sobrevenido.

La decisión supone no sólo un triunfo de ese Estado de Derecho y de la legalidad vigente sino que además representa una inyección moral para todos aquéllos que se resisten a plegarse al chantaje de ETA.

Lo que estaba en juego ayer no era la catadura moral de De Juana, ni su sentencia por amenazas, ni su condición de preso preventivo ni lo que pueda acordar el Supremo sobre su recurso. Lo que verdaderamente decidían esos 16 magistrados de la Audiencia era si las resoluciones judiciales tienen que plegarse a las presiones del justiciable y de su entorno o deben ser tomadas en base a criterios estrictamente jurídicos. Afortunadamente primó este segundo criterio y ETA no logró imponer la excarcelación de De Juana.

Tristemente, se ha podido constatar estos días que la banda tiene fuerza para doblegar a la Fiscalía, cuya conducta ha sido ignominiosa, pero no para torcer la voluntad de los jueces.

El fallo de la Audiencia fue acogido con unánime respaldo por el PP y con respeto en las filas del PSOE, pero los nacionalistas arremetieron contra los jueces, a los que intentaron presentar como marionetas del PP. Iñaki Anasagasti afirmó que «si De Juana fallece, los jueces habrán optado por la pena de muerte» mientras que otros destacados líderes nacionalistas hablaron de «venganza». Batasuna fue más lejos y calificó la resolución de «estrategia de guerra desde las cloacas judiciales». Y Askatasuna resaltó que el proceso de paz entra en «el tiempo de descuento».

Estos mensajes de la izquierda abertzale coinciden con una información publicada ayer por el diario Gara, que subrayaba que ETA considera que el Gobierno español ha incumplido sus acuerdos. Zapatero siempre lo ha negado, pero todo indica que la banda había llegado a creer que el Gobierno estaba adquiriendo compromisos a pesar de que no existían representantes formales del Ejecutivo en las reuniones con ETA.

La reciente sentencia contra Jarrai, la decisión de no excarcelar a De Juana y la detención ayer de un etarra que al parecer pretendía organizar un comando en el Mediterráneo son hechos que no han gustado nada a la banda y sus cómplices. Pero para un Estado democrático siempre serán preferibles los daños que se deriven de una nueva ofensiva de ETA que una claudicación ante sus exigencias.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Gana la Justicia, pierde ETA" (Editorial de la RAZON)

La abrumadora mayoría judicial contra la excarcelación de De Juana desautoriza al fiscal general 

El Estado de Derecho ha ganado y, por tanto, ETA ha perdido. La decisión de no excarcelar a De Juana Chaos, tomada por abrumadora mayoría (12 contra 4) de los magistrados que forman la Sala de lo Penal de las Audiencia Nacional, es de suma importancia para la credibilidad de la Justicia, para el fortalecimiento de las instituciones democráticas y, sobre todo, para beneficio de la convivencia ciudadana. Pocas veces como en esta ocasión se había planteado un chantaje tan directo al Estado, con el añadido de que una parte importante de ese Estado, la fiscalía, había optado por ceder a las pretensiones del etarra, siguiendo instrucciones del Gobierno. En este sentido, es de todo punto reseñable la reacción, rápida y eficaz, de los magistrados de la Audiencia para constituirse en tribunal y elevar el caso de la Sección al Pleno. Es posible que en puridad técnica este salto suscite dudas, pero a la vista del resultado de la votación, en la que los tres jueces que estaban a punto de sustanciar el caso apoyaron la excarcelación, la decisión de la mayoría ha sido muy oportuna y es de justicia señalar al magistrado Alfonso Guevara como el impulsor de la iniciativa. Por lo demás, el veredicto de la Audiencia ha tenido la virtud añadida de colocar a cada cual en su sitio y de desvelar la naturaleza de ciertas posiciones disfrazadas de «razones humanitarias». En primer lugar, los magistrados han dejado en una situación muy poco airosa profesionalmente al fiscal, que para apoyar la excarcelación de De Juana adujo el artículo 508 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, reservado para casos de enfermedades terminales sobrevenidas. La insolvencia técnica del fiscal era tan evidente que a la Sala no le ha resultado difícil rebatirle. Por extensión, el fiscal general ha añadido un fracaso más a su currículo en favor del Gobierno, a cuyo servicio se aplica con tanta sumisión como incompetencia. El último peldaño de esta escalera de desautorizados lo ocupa el propio Gobierno y los dirigentes del PSOE, que han apostado sin sonrojo por la excarcelación del terrorista, en especial el andaluz Chaves y el vasco Patxi López. Finalmente, conviene subrayar las virulentas reacciones de los nacionalistas contra la decisión de la Audiencia. Sólo en ocasiones como ésta, en las que se somete al Estado a una verdadera prueba de fuego, es cuando los nacionalistas, con ERC y BNG a la cabeza, muestran su verdadera naturaleza y su rostro auténtico. Resulta llamativo que dirigentes de estos dos partidos hayan sido más agresivos contra la Audiencia Nacional que condenando el atentado de ETA en Barajas. Nunca o muy rara vez se pondrán del lado de las víctimas, pero siempre lo harán de parte de aquellas gestiones o iniciativas que puedan beneficiar a los verdugos. Están en su derecho de hacerlo, si lo hacen en el marco de la ley, pero es necesario que todo el mundo lo sepa y los vea sin disfraces. A empezar por los socialistas, que gobiernan con ellos en Galicia y en Cataluña.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"De Juana no somete a los jueces" (Editorial de ABC)

La decisión mayoritaria de los magistrados de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, por la que mantienen a De Juana Chaos en prisión provisional y en ingreso hospitalario, se ajusta estrictamente a los principios de legalidad y humanitarismo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal sobre esta medida cautelar. La ley procesal sólo permite el arresto domiciliario cuando el preso preventivo esté enfermo y el internamiento carcelario «entrañe grave peligro para su salud». Los magistrados han puesto las cosas en su sitio: ni De Juana Chaos está enfermo, sino en huelga de hambre; ni la prisión provisional tiene que ver con su padecimiento, resultado exclusivo de la voluntad del etarra de presionar con una huelga de hambre al Gobierno y a los jueces para obtener su impunidad. Al fallar el requisito de la enfermedad, era innecesario alegar que la vigilancia policial del arresto domiciliario y el deterioro físico del etarra impedirían su fuga. En todo caso, conviene no olvidar las fugas de Josu Ternera -otro enfermo ilustre- y de Jon Salaberría. Por tanto, el respeto a la legalidad exigía que De Juana Chaos permaneciera en la misma situación, entre otras razones, porque si su vida está en peligro, lo más indicado es que permanezca en un hospital. Los perjuicios para su salud no serán consecuencia de una enfermedad previa o sobrevenida, ni de falta de atención médica, sino del empecinamiento del etarra por echar un pulso que ayer, afortunadamente, perdió.

Aunque la aplicación de la ley no es automática y normalmente permite un cierto margen de discrecionalidad, el caso de De Juana Chaos no ofrecía mejor alternativa legal a la decisión mayoritaria de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Por eso, la Fiscalía ha visto cómo su criterio era rechazado absolutamente por los jueces, al pretender que se concediera al etarra una «prisión atenuada» que, conforme a la ley, no merecía en absoluto, salvo que se aceptara su chantaje. Es la segunda vez que la Fiscalía tropieza con De Juana Chaos -la primera fue el baile de acusaciones por las amenazas vertidas en dos artículos publicados en el diario «Gara», zanjado con una condena a más de doce años-, lo que es motivo suficiente para que Conde-Pumpido asuma definitivamente su deber de garantizar, en todas las causas contra ETA y la izquierda proetarra, el principio de legalidad como criterio de funcionamiento del Ministerio Público, renunciando al principio de oportunidad que tanto ha menoscabado la confianza en la Fiscalía.

Para el Gobierno y los responsables socialistas que durante tanto tiempo han reclamado de los jueces «sensibilidad» con el proceso de diálogo y con la oportunidad para la «paz», representada por el alto el fuego del 22 de marzo pasado, el auto de la Sala de lo Penal es un duro recordatorio de que, contra el Estado de Derecho, no hay proceso viable. Y el Gobierno lo sabe y por eso manifiesta habitualmente que acata las decisiones de los jueces. Sin embargo, sus actos discurren en sentido contrario, porque, por ejemplo, la sentencia del Tribunal Supremo que ilegaliza y disuelve a Batasuna, prohibiendo su actividad política, no ha sido óbice para que el Partido Socialista de Euskadi haya rehabilitado políticamente a la coalición proetarra, convirtiéndola en interlocutor no sólo del proceso de «paz», sino también de los cambios institucionales futuros en el País Vasco y en España. El respeto a los jueces no se predica; se ejerce con hechos. Si el Gobierno fuera realmente respetuoso con la independencia judicial, afirmación con la que anteayer se obsequió a sí mismo Rodríguez Zapatero, no endosaría a los jueces la responsabilidad de facilitar el proceso con decisiones contrarias a las leyes. Debería asumir su propia responsabilidad, abandonar el doble lenguaje al que nos ha habituado y tener el valor de ir al Parlamento a proponer reformas legales que den a los terroristas el trato judicial que considera coherente con un proceso de negociación.

En definitiva, es probable que los dirigentes socialistas que abogaban por la libertad provisional o el arresto domiciliario de De Juana Chaos tuvieran muy presente la exigencia de impunidad que ETA ha reiterado en sus comunicados y que, según las filtraciones al diario «Gara», habría sido convenida con el Gobierno en los contactos previos al alto el fuego del 22 de marzo. Lo que queda claro es que la impunidad de los terroristas es imposible gracias al Estado de Derecho, a la independencia judicial y a las oportunidades que ofrece el sistema procesal penal español para el ejercicio de la acción popular, que se ha convertido en el paliativo de la cada día más incomprensible actuación del fiscal general del Estado.

Editorial publicado por el diario ABC el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


"Estado de Derecho" (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Dieciséis personas han tenido en sus manos el Estado de Derecho. Con acierto se decidió abocar al pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional la resolución del caso De Juana Chaos; y ésta ha resuelto por amplia mayoría. El etarra De Juana seguirá en prisión, más específicamente en el hospital al que fue trasladado, y no se le excarcelará. Para votar esa solución, 12 magistrados han tenido que hacer caso omiso de los discursos de los últimos días, pronunciados desde el partido del Gobierno y los medios de comunicación afines.

Se ha aplicado la legislación general, se ha seguido con la jurisprudencia consagrada por el Tribunal Constitucional, se han analizado las verdaderas circunstancias de salud del preso y se ha resuelto en consecuencia.

Para tomar esta decisión, los magistrados han desestimado contemplar las circunstancias políticas del caso y, desde luego, no han aceptado el peor de los chantajes. Aquel que pretende hacer responsable de las reacciones del criminal a quien ejercita la justicia, juego en el que son expertos algunos aliados del Gobierno y que, por cierto, aplicaron al mismo recientemente. Incluso en su defensa de la impunidad no han dudado en tachar de venganza la pretensión de las víctimas, lo que es una ignominia.

Aunque el Gobierno se había referido al estricto respeto a las resoluciones de los tribunales, movió sus peones —como ya es casi habitual— en sentido opuesto al auto que se ha producido. Por enésima vez la Fiscalía de Conde-Pumpido mostró su rostro más benevolente con otro encausado por terrorismo de ETA. Esta insistencia del Ministerio Público, que provocaría escándalo en los países de nuestro entorno, aquí ya no produce ni sorpresa.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


 

"No" (Editorial de EL PAIS)

El pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional respondió ayer negativamente a la posibilidad de modificar la situación penitenciaria del etarra De Juana Chaos, en huelga de hambre desde noviembre. El recluso seguirá en prisión preventiva y sometido a alimentación forzada, a pesar de la advertencia médica de que el mantenimiento de esa situación entraña un alto riesgo de fallecimiento o graves secuelas.

Este dictamen médico motivó que el tribunal sentenciador -no la Fiscalía del Estado ni el Gobierno, como insistía ayer Rajoy- tomara la iniciativa de sopesar la posibilidad de suavizar la situación penitenciaria del reo. Concretamente, se trataba de establecer si se le podía conceder la libertad provisional (dado que no existe aún sentencia firme) o aplicarle la prisión atenuada domiciliaria prevista en la ley para situaciones en las que "por razón de su enfermedad el internamiento entrañe grave peligro para su salud". La mayoría ha rechazado que le sea aplicable ese supuesto por considerar que el riesgo de agravamiento de su situación no depende de su internamiento en prisión (o en un hospital), sino de su voluntad de no alimentarse.

Es un argumento de peso pero no definitivo. Pues la cuestión es si el Estado, responsable de la vida de los presos bajo su custodia, puede hacer algo más de lo que ha hecho para evitar la muerte del recluso; si puede hacerlo, se entiende, en el marco de la ley. Es cierto que no puede garantizar que De Juana no muera, pues eso depende de su voluntad de alimentarse, pero sí puede tomar las medidas previstas en la ley que puedan favorecer esa voluntad. La libertad provisional no sería una medida impensable, pues si está en prisión es en función de una medida cautelar, es decir, excepcional frente a la norma, mientras la sentencia no sea firme. Es improcedente invocar al respecto el pasado criminal de De Juana, pues ya cumplió la condena que por ese pasado se le impuso. Ahora se trata de otra sentencia, recurrida, por un presunto delito de amenazas terroristas, y es en función del mismo que debe considerarse la aplicación o no de esa medida cautelar.

Con más razón podría considerarse factible conceder la situación de prisión atenuada en el domicilio, como vía para que desista de prolongar el ayuno. Es posible que de todas formas el preso persistiera y el desenlace fuera el mismo. Pero no es indiferente que quede constancia de que el Estado ha hecho todo lo posible por evitarlo en el marco de la ley. Hacerlo no sería ceder al chantaje, como se afirma a la ligera, pues no se trata de cuestionar la sentencia, que seguiría pendiente de confirmación por el Supremo.

Tampoco supondría crear un precedente al que se apuntarían todos los presos de ETA. Se trata de un caso muy singular: la condena a 12 años por un delito de amenazas terroristas (que el instructor del caso no apreció inicialmente como tal), contenidas en dos artículos escritos en prisión y aparecidos en el diario Gara. La posibilidad de que la sentencia sea revisada a la baja por el Supremo no es impensable. Es significativo al respecto que entre los cuatro votos discordantes con la mayoría figuren los de los tres magistrados que dictaron esa sentencia de 12 años. Esto significa que había margen para una resolución diferente que compaginara la justicia y el esfuerzo por evitar una muerte.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


 

Una dura resolución (Editorial de LA VANGUARDIA)

La sala de lo penal de la Audiencia Nacional resolvió mantener al etarra José Ignacio de Juana Chaos en prisión preventiva, a pesar del evidente riesgo de su muerte tras 80 días en huelga de hambre. De los 16 magistrados reunidos ayer, sólo cuatro apoyaron la petición fiscal de prisión atenuada, y tres de éstos fueron los que en noviembre condenaron a De Juana a 12 años por amenazas en artículos de prensa, condena que no es firme por hallarse recurrida ante el Supremo.

Los jueces han rechazado la aplicación del artículo 508 de la ley de Enjuiciamiento Criminal, que prevé la suavización de la cárcel en caso de presos enfermos, porque consideran que en De Juana no es una dolencia sobrevenida sino autoprovocada. El citado artículo dice que el preso podrá cumplir la condena en su domicilio cuando "por razón de enfermedad el internamiento entrañe grave peligro para su salud" y la Audiencia dice que no es el internamiento sino su voluntad de no comer lo que entraña peligro.

Es evidente que la decisión tiene una trascendencia que va más allá de lo jurídico. De ello eran conscientes los magistrados que, en la víspera, exigieron que la resolución fuera tomada por la sala de lo penal en pleno, en lugar del tribunal de la sección primera que lo juzgó y condenó, con el argumento de la trascendencia del caso. Una exigencia ajustada a derecho pero llamativa, porque existía la impresión en medios judiciales de que la decisión de la sección primera iba a ser favorable a la prisión atenuada, tal como se ha demostrado en la votación de los tres magistrados de aquella sección.

Es también una resolución con una gran repercusión social, por tratarse de un terrorista con un largo y espantoso historial de asesinatos por los que fue condenado a más de 3.000 años y de los que cumplió 18. Este hecho, conforme a derecho, provocó una gran alarma y la Audiencia Nacional volvió a condenar a De Juana a 12 años por un delito de amenazas, una sentencia polémica que motivó la huelga de hambre del reo y que le ha llevado a una situación crítica.

La resolución de la Audiencia Nacional es opinable y también discutible, pero el Estado de derecho se fundamenta, entre otros principios, en la independencia de la justicia que actúa de acuerdo con la ley y nunca por motivaciones ajenas, como la de la venganza que se le reclama en algunas ocasiones. Pero la grandeza de la justicia, además, estriba en que cualquier reo, incluso el más detestable, tiene sus derechos.

Editorial publicado por el diario LA VANGUARDIA el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


 

"La debilidad de un fallo judicial" (Editorial de EL PERIODICO)

Nadie pone en duda a estas alturas que José Ignacio de Juana Chaos es un asesino despiadado que arrebató la vida de 25 personas. No dio ninguna oportunidad a sus víctimas y se comportó como lo que era: militante de la organización terrorista ETA, empeñada en sembrar la muerte. No hay pruebas de que durante los años que pasó en la cárcel por sus crímenes mostrara arrepentimiento ni diera muestras de sentir alguna forma de compasión hacia quienes fueron víctimas de sus fechorías.

Causa estupor que el verdugo de 25 seres humanos dejara saldadas sus cuentas con la justicia después de pasar 20 años en la cárcel. No obstante, la ley con la que fue condenado lo hacía posible y hubiese sido una aberración aplicarle con efectos retroactivos las modificaciones introducidas en el Código Penal con posterioridad a la sentencia. Es indudable que una ley tan suave con un asesino en serie era esencialmente injusta con las víctimas, pero hubiera resultado indefendible forzar el incumplimiento de la propia ley para alargar el periodo de cumplimiento de la pena.

Si no se hubiese instado el procesamiento de De Juana por dos delitos de opinión, este habría salido en libertad. No se dio tal circunstancia porque la Audiencia Nacional dictó medidas cautelares contra el etarra en cuanto se inició el nuevo trámite judicial y la fiscalía solicitó una condena de 96 años. La génesis de aquel nuevo encausamiento alimentó la sensación de que el caso se había politizado y por eso se había bloqueado la liberación de De Juana, que finalmente fue sentenciado a 12 años y 7 meses de cárcel.

Dicho todo esto, resulta sorprendente que la Audiencia Nacional haya negado al condenado la petición de prisión atenuada, solicitada por la defensa y por la fiscalía, a causa del deterioro de su salud desde que se declaró en huelga de hambre. En primer lugar, porque los argumentos invocados por los magistrados parecen estar lejos de la situación real del condenado. En segundo lugar, porque la justicia española corre el gravísimo riesgo de quedar en evidencia -¿desprestigiada?- si el Tribunal de Estrasburgo determina que no han sido respetados los derechos de De Juana. Y en última instancia, porque la condena está recurrida ante el Supremo, que puede revisarla a la baja -acaso demasiado tarde-, con el peligro añadido de soliviantar más los ánimos en el País Vasco y cohesionar al mundo aberzale, presa ahora de desorientación.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


"Ley y justicia" (Editorial de EL CORREO)

La decisión de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de mantener la prisión provisional comunicada y sin fianza de Iñaki de Juana Chaos, en tanto que fundada en Derecho, debería ser suficiente para zanjar la diatriba en torno a un problema que, tras el auto, no permite otra solución que la ofrecida por el tribunal competente. Los magistrados que ayer resolvieron no modificar dicha situación penitenciaria tuvieron que enfrentarse a un dilema que no encuentra en la legislación vigente una salida unívoca. Habría sido tan acorde al artículo 508 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal la concesión de la prisión atenuada que había solicitado la Fiscalía, en atención a la preservación del bien superior que supone el derecho a la vida, como la resolución adoptada por la Sala de lo Penal en pleno. Porque si bien la mayoría de los magistrados convino que los riesgos sobre la salud y la propia vida del preso no derivaban de su internamiento sino de su insistente negativa a nutrirse, su estado actual también podría considerarse análogo al motivado de cualquier enfermedad sobrevenida.

Además de por la falta de univocidad de la ley, la resolución se hacía aún más difícil por tratarse de un preso que, a punto de cumplir la pena milenaria que se le había impuesto por los múltiples asesinatos cometidos, había sido posteriormente procesado y condenado por las amenazas terroristas contenidas en dos artículos de prensa a una pena aún no firme de más de 12 años. La decisión adoptada a última hora en orden a arropar el auto judicial con una resolución ampliamente colegiada podría interpretarse así como un indicio más de la delicada naturaleza del caso. La discrepancia pública que se había suscitado habrá condicionado el sosiego de las deliberaciones de los magistrados, que se encuentran sometidos cada vez con más frecuencia a una presión desmesurada por parte de la opinión pública, alimentada por el irresponsable enfrentamiento partidista en la gestión de la lucha contra ETA. Pero ello no exime a los jueces de una responsabilidad que no acaban de asumir: la de unificar criterios para cubrir las lagunas que presenta -unas más comprensibles que otras- la legislación vigente. Porque, en la medida en que la Ley permite muy diversas versiones de cara a su aplicación, y los jueces y tribunales discrepan reiteradamente de su interpretación, la ciudadanía asiste perpleja, incómoda e incluso irritada ante la, en apariencia, incoherente producción judicial.

El caso de De Juana Chaos es una evidencia de esta circunstancia indeseada. Tanto la tipificación del delito como la variable petición fiscal han enrarecido el proceso y trasladado al debate político y, lo que es más preocupante, a la sociedad, una dañina crispación. Y si bien la resolución de ayer no tiene ninguna objeción en derecho, también es evidente que toda la carga de confusión y polarización arrastrada durante la tramitación se ha volcado sobre la ciudadanía. El Supremo tiene en sus manos la resolución de un recurso que debería servir para clarificar esta controversia o, al menos, para confirmar o no la condición penal de De Juana. Suficiente razón para pedir al alto tribunal que no demore su decisión.

Ahora bien, la determinación de proseguir con la huelga de hambre en protesta por su última condena implica una responsabilidad que De Juana Chaos no puede transferir a los demás y, en concreto, a los tribunales de justicia: su empecinamiento en prolongar el ayuno tampoco garantizaba que con la concesión de la prisión atenuada fuese a deponer tal actitud. De modo que nadie debería cargar sobre la Audiencia Nacional la responsabilidad por la respuesta que el preso dé a su resolución judicial. Pero también es cierto que la vida es un valor supremo y que el Estado ha de poner todos los medios a su alcance para preservar la salud del recluso. Una responsabilidad de la que no están libres los allegados de De Juana, ni unos correligionarios políticos más empeñados en encontrar un mártir o un banderín de enganche para su causa que en persuadirle de que ponga fin a su huelga y haga frente a la realidad. Y eso incluye esperar la evolución de su recurso.

Llegados a este punto, es imprescindible que los responsables políticos democráticos dejen de vincular la situación de De Juana Chaos con las vicisitudes del denominado 'proceso de paz', que la banda reventó el 30 de diciembre, o con la evolución futura de la conducta etarra. Es necesario que extremen su sentido de la responsabilidad evitando el aplauso entusiasta o, en el lado opuesto, la descalificación de una resolución judicial que, en sí misma, no entraña otro efecto político que el que los propios políticos deseen darle. Frente a la más que previsible utilización victimista de la sentencia por parte de la izquierda abertzale, los responsables democráticos deben mostrarse mesurados en la legítima expresión tanto de la coincidencia como de la discrepancia respecto al veredicto de la Audiencia Nacional.

Editorial publicado por el diario EL CORREO el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

"¿Una sentencia de muerte?" (Editorial de DEIA)

El Resultado final de la votación del Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que rompe en pedazos la esperanza de que el preso de ETA Iñaki De Juana Chaos quede en libertad vigilada por policías y médicos en su casa, es tremendamente clarificador. Doce de los 16 magistrados que formaron ayer el plenario votaron a favor de que De Juana siga en la cárcel y alimentado de manera forzosa por sonda. Sólo cuatro se posicionaron en contra y, además, con voto particular. La paradoja llega cuando se sabe que dentro de ese cuarteto están los tres jueces que condenaron a 12 años y 7 meses a De Juana por escribir dos artículos de prensa.

Fue el presidente de lo Penal, Javier Gómez Bermúdez, en un hábil quiebro político a la lógica, el que consideró que el asunto era de tanta entidad que requería una reunión urgente del Pleno de la institución judicial. Con esta maniobra, lo que queda definido de manera nítida es que esa mayoría de jueces rechaza adoptar las medidas necesarias para salvar la vida a un ser humano. Al ignorar el informe de los médicos que tratan a De Juana, en el que se advierte de una más que posible muerte súbita por un colapso de cualquier órgano vital si se le mantiene alimentado por sonda, los magistrados desvían su responsabilidad y la cargan sobre el Estado, en teoría único garante de la salud de una persona que cumple condena en un centro penitenciario. Cuesta entender cómo un grupo de jueces dosifica la crueldad con parámetros políticos. La mayoría judicial "popular" ha vuelto a triunfar, pero esta vez acordando una resolución que juega con la vida de una persona, aunque sea el peor de los asesinos. La decisión de la Audiencia Nacional parece perseguir nuevos escenarios en los que el Estado de Excepción impera sobre la razón. Si el interés último de la resolución judicial es contribuir a mantener vivo el enfrentamiento en el País Vasco, malvenida sea. Y si Rajoy dice que es la mejor noticia como español y María San Gil pide la muerte de De Juana, el futuro cada vez se presenta más negro.

Editorial publicado por el diario DEIA el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 


  

"Auto de venganza" (Editorial de GARA)

El plenario de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional apenas precisó de una hora de reunión para adoptar una decisión cuyas implicaciones humanas y sociales son, a todas luces, muy graves. La resolución por la que se mantiene en situación de prisión provisional a Iñaki de Juana Chaos contó finalmente con el voto particular de cuatro jueces, que compartían el criterio del fiscal tendente a aprobar medidas de prisión atenuada para el preso donostiarra.

Iñaki de Juana ha pasado los últimos 20 años en prisión. Ha cumplido íntegramente la condena que le fuera impuesta y lleva dos años añadidos en la cárcel, al habérsele «construido» nuevas causas judiciales, por emplear el lenguaje utilizado por el ministro de Justicia, López Aguilar. Otra veintena de presos vascos tampoco han sido excarcelados al cumplir condena, esta vez en aplicación de la doctrina del Tribunal Supremo.

Ante esas actuaciones, prestigiosos juristas consideran ya que en el Estado español las garantías propias de un estado de derecho han sido sustituidas por el derecho penal del enemigo, ése que, prescindiendo del principio de igualdad, establece normas jurídicas y procesales que, en la práctica, despojan de derechos a ciertas personas.

Al tratarse de un preso preventivo con una sentencia que no es firme por estar planteado recurso en el Tribunal Supremo, el tribunal tenía todas las opciones de la ley en la mano para modificar la situación de De Juana. Si a ello se le añade su situación de salud, la opción de la excarcelación tenía absoluta solidez jurídica, máxime si se tiene en cuenta que existen precedentes de excarcelación en casos de personas no ya acusadas por las opiniones vertidas en un periódico, sino, como ocurre con algún procesado por causas relativas a los GAL, directamente condenadas por delitos como secuestro, desaparición y muerte de personas.

Sin tener en cuenta al Ministerio Público, que en su día puso en bandeja a la sala que juzgó a De Juana el aplicarle una pena de 12 años por dos artículos publicados en GARA, pero que, ahora, ante la situación extrema del preso, pedía atenuar su régimen de prisión, y al margen también del criterio de los médicos que en dos periodos anteriores han impuesto la alimentación forzosa al donostiarra, el tribunal ha ordenado que se aplique de nuevo al preso un tratamiento que él rechaza y que ni siquiera garantiza que pueda seguir con vida.

Las implicaciones humanas de la decisión son terribles y, ya en la esfera política, este auto de venganza complica enormemente los esfuerzos por relanzar un proceso democrático de paz.

Editorial publicado por el diario GARA el viernes 26 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

 

Terrorismo Etarra: Editoriales (12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Opinión en Prensa

“En pleno desconcierto sin acuerdo posible” por Sin Pancarta

Todos los periódicos nacionales (excepto LA VANGUARDIA) y vascos editorializan en el día de hoy sobre las secuelas del terrorismo, sobre el ‘lapsus’ del Presidente Accidental calificando el vil atentado terrorista de Barajas como un accidente y sobre las manifestaciones previstas para mañana.

La simple lectura de los textos da una perfecta idea de la división existente frente al terrorismo criminal que padecemos desde hace décadas. El partido en el gobierno y sus satélites no desprecian ocasión alguna para cargar contra el PP intentando trasmitir la imagen de un falso aislamiento del partido de la oposición.

Dicen los convocantes de las manifestaciones de mañana que su objetivo es evidenciar la repulsa contra el atentado terrorista de Barajas pero sus declaraciones critican mucho más la sensata y legítima postura del Partido Popular que la acción criminal de ETA y sus cómplices.

¿Alguien en su sano juicio piensa que el PP se puede manifestar junto a los ‘farsantes contra la guerra’ encabezados por la tal Pilar Barden? ¿Junto a los paniguados del ‘Nunca Mais’? ¿Nos toma este gobierno por imbéciles? ¿Se han olvidado de las consignas que durante más de un año calificaban como asesinos a José María Aznar, Mariano Rajoy y todos los dirigentes del PP? ¿No recuerdan las rosas blancas entregadas a miembros de la organización criminal ETA-Batasuna?

Lean y deduzcan por si mismos lo que se esconde realmente tras las supuestas manifestaciones de repulsa del terrorismo.


De los lapsus de Zapatero a la tibieza de Ibarretxe (Editorial de EL MUNDO)

Sigmund Freud atribuyó en su teoría del psicoanálisis una gran importancia a los lapsus verbales, que, según el médico vienés, reflejaban los aspectos ocultos del inconsciente, una especie de verdad que la conciencia se negaba a reconocer.

José Luis Rodríguez Zapatero se refirió ayer al atentado de ETA en Barajas como «un trágico accidente», palabras que él mismo calificó de «lapsus» debido al cansancio, pidiendo que nadie juzgue con «intencionalidad política» lo que fue un simple error. No es la primera vez que el presidente incurre en idéntico desliz: el pasado 29 de diciembre calificó en su comparecencia ante los medios de «accidentes mortales» los atentados de ETA. La reacción de sus portavoces fue muy similar: restar importancia a lo dicho, lo mismo que hicieron anteayer cuando la vicepresidenta calificó de «papelito» el Pacto Antiterrorista.

Contra lo que dicen sus colaboradores, ¿no será que estos lapsus espontáneos reflejan lo que verdaderamente piensan o sienten Zapatero, Fernández de la Vega y otros dirigentes socialistas?

Si Freud está en lo cierto, la contumacia y la reiteración de estos lapsus ponen en evidencia que la cúpula del Gobierno está convencida de que los atentados de ETA son meros «accidentes» o inevitables incidentes en «el largo, duro y difícil» recorrido de la negociación con la banda. Ésta podría ser la explicación de la ambigüedad de Zapatero, que se niega a dar por cerrado definitivamente el diálogo con ETA porque en su fuero interno alberga la esperanza de que la negociación es todavía viable.

Todo ello se inscribe en el terreno de las hipótesis, pero lo que es un hecho innegable es que el presidente del Gobierno -como resalta hoy Esperanza Aguirre en el Foro de EL MUNDO- ha tenido numerosas oportunidades de rectificar, pero ha preferido instalarse en frases vaporosas que a poco le comprometen.

Zapatero tiene el próximo lunes en su comparecencia en el Congreso la gran ocasión de disipar ese comportamiento equívoco que le hemos reprochado también en estas páginas. Lo que una gran mayoría de los ciudadanos espera es muy sencillo: que diga que los atentados son actos criminales execrables y que se comprometa a luchar a fondo contra la banda terrorista, dando por cerrada cualquier posibilidad de diálogo mientras él sea presidente.

La misma exigencia es extensible -salvando las diferencias- al lehendakari Ibarretxe, cuya ambigüedad ha dado lugar a un penoso espectáculo de división entre los partidos vascos. Anoche tuvo que cambiar el lema de la manifestación de mañana en Bilbao para evitar la presencia de Batasuna. Ibarretxe debería haber sido mucho más claro en su repudio a ETA y jamás debería haber apelado al «diálogo» para sacar a la calle a los ciudadanos vascos, una invocación inaceptable en unos momentos en los que la banda vuelve a matar.

La ambigüedad de Zapatero e Ibarretxe ha desunido a las fuerzas democráticas y ha propiciado la falta de consenso en las manifestaciones de mañana que, pese a las buenas intenciones de algunos de sus promotores, se han convertido en el retrato de una España lamentablemente dividida frente al terrorismo. Ésa es la triste paradoja de unos actos que pretendían repudiar la violencia de ETA, pero que van a servir para testimoniar las dificultades de recuperar la política de consenso contra la banda.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El turbio vodevil de Ibarretxe” (Editorial de LA RAZON)

Igual que han forzado el cambio de pancarta en Bilbao, el PSOE debe cambiar la de Madrid

El vodevil en el que se ha convertido la manifestación convocada por Ibarretxe para este sábado en Bilbao, con la entrada y salida de diferentes personajes, con disputas sobre el libreto y el título a mitad de función, es el pago justo a una iniciativa que desde el principio fue sectaria, deliberadamente ambigua y diseñada para mantener la negociación con ETA, pese al atentado. El líder de los socialistas vascos, Patxi López, cuya miopía política gana dioptrías con pasmosa rapidez, aceptó sumarse a una marcha cuyo eslogan, «Por la paz y el diálogo», era perfectamente asumible por Batasuna sin temor a que la banda le tirara a Otegi de las orejas. Sólo cuando se ha visto que los proetarras también querían sujetar la pancarta, Ibarretxe la ha cambiado para incluir la expresión, en letra menor: «Exigimos a ETA el fin de la violencia». Lástima que ambos, el lendakari y Patxi López, no tuvieran los mismos escrúpulos cuando se reunieron a la luz del día con Otegi y compañía en septiembre pasado. En todo caso, y consumada la operación estética, esta manifestación está orientada no tanto a enseñarle los dientes a los terroristas, cuanto a fortalecer el eje PNV-PSE como actores únicos de la política vasca. No merece mucha mejor opinión la manifestación convocada en Madrid por la UGT, con el apoyo de CC OO y una asociación de inmigrantes ecuatorianos. El absurdo empecinamiento de Cándido Méndez en no incluir la palabra «libertad» en la pancarta, además de incomprensible en un sindicalista, rompe una constante en las manifestaciones contra ETA. Como demostraba gráficamente ayer LA RAZÓN, la palabra «libertad» ha estado muy presente en este tipo de protestas por la sencilla razón de que, después del derecho a la vida, la segunda víctima de ETA es la libertad. Que los cargos públicos, los políticos, los periodistas, los profesores e intelectuales, los empresarios y los artistas tengan que vivir con escolta policial es la fidedigna expresión de una sociedad vigilada, atemorizada y sin libertad. Si ya es difícil entender por qué no se cita a ETA, como se hará en Bilbao, es totalmente incomprensible que no se haga defensa expresa de la libertad. Perdidos entre Bilbao y Madrid, los dirigentes socialistas están incurriendo en una grave contradicción: primero aceptaron ir a ciegas a una manifestación en la capital vizcaína, aunque el lema les desagradaba, en «aras de la unidad democrática»; luego forzaron el cambio para impedir la presencia contaminante de Batasuna; pero se niegan a hacer un esfuerzo mucho menor, como escribir la palabra «libertad», para favorecer la unidad de los demócratas en la capital del Reino. Se diría con toda lógica que para el PSOE, Batasuna y el PP merecen el mismo trato. A la vista de todo esto, tal vez deberían sincerarse los dirigentes socialistas y, como ha hecho Patxi López con Otegi, afirmar públicamente que nunca desearon que el PP participara en la manifestación del sábado.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“«Lapsus» y manifestaciones” (Editorial de ABC)

Si el Gobierno y el PSOE quieren medir su liderazgo político en este momento crucial para la lucha antiterrorista, no tienen más que comprobar la desunión que reflejarán las dos manifestaciones convocadas en Madrid y en Bilbao con motivo del atentado etarra en el aeropuerto de Barajas. La crisis de la unidad democrática se va a mostrar con toda su dramática crudeza y lejos de servir de reproche al PP, al recordar el apoyo socialista al Gobierno de Aznar, señala directamente la responsabilidad personal de Rodríguez Zapatero, primero por romper aquella unidad que heredó; y, segundo, por hacer todo lo posible para frustrar su restauración. La incapacidad del Gobierno para gestionar con un mínimo de sentido común la grave crisis de confianza que han provocado sus errores de apreciación y decisión en el proceso de negociación con ETA sigue desplegando sus efectos y exterminando las escasas posibilidades de ofrecer a los españoles una política fiable de lucha y derrota de los terroristas. Más aún cuando el jefe del Ejecutivo, por tercera vez, volvió a calificar ayer de «accidentes» los atentados de ETA. Demasiados «lapsus» que evidencian que el Gobierno, sobrepasado por su propia impericia, no controla la situación en un momento que requiere, más que nunca, sosiego y firmeza para no otorgar más bazas a la banda asesina.

La calculada indefinición del presidente del Gobierno sobre lo que hará en el futuro -incertidumbre, en sí misma, desastrosa para un Estado que no debió dejar de estar volcado en la persecución implacable de ETA- alimenta las estrategias más inicuas de quienes, de ninguna forma, quieren cancelar el proceso de diálogo con los terroristas. Y por esto mismo, las manifestaciones del sábado son producto del oportunismo del PNV, verdadero experto en la materia, y de la resistencia inmoral de una parte de la izquierda a aceptar el fracaso, ocupándose más de hostigar al PP que a ETA. Es toda una lección para el PSOE que los reparos de los socialistas vascos a la manifestación convocada por el lendakari vayan paralelos a las razones por las que el PP y el Foro de Ermua, entre otros, no asistirán a la organizada por UGT y CC.OO. Si ahora Patxi López exige claridad en el lema de la manifestación de Bilbao -variado a última hora de ayer para tratar de dejar fuera a Batasuna-, el PP no ha hecho otra cosa que reclamar claridad para que la derrota de ETA y la recuperación de la libertad disuadieran a quienes quieren hacer del acto en la capital de España un lavado de cara del «proceso de paz». Los socialistas vascos han probado la medicina que en Madrid querían hacer tragar al Partido Popular, con UGT de señuelo: una apariencia de unidad, una parodia de consenso.

Más allá de la foto fija de las discordias y la desunión, el problema sigue siendo que no hay respuesta que permita saber qué va hacer el Gobierno contra ETA. Y el hecho de no saberlo indica que la negociación y el diálogo con los terroristas ha calado de tal manera en el discernimiento del PSOE y del Ejecutivo que lastran no ya una rectificación política que les acerque al PP, sino también, y principalmente, la toma de decisiones que den más seguridad y tranquilidad a los españoles. No es una exageración afirmar que España siente indefensión en estos momentos porque el Gobierno es una fuente de temores e incertidumbres frente a la amenaza terrorista. Y por eso las manifestaciones del sábado no son unitarias, porque el Gobierno no ha fijado objetivos claros y capaces de convocar nítidamente a unos y obligar a otros a disipar sus ambigüedades.

Así, el PP se siente excluido de la manifestación en Madrid por la intransigencia oficialista de UGT -presto a un papel instrumental realmente impropio de un sindicato-; y el PNV, por su parte, se siente legitimado para volver a jugar a dos bandas -ETA y PSOE- y a utilizar dos discursos -el de Josu Jon Imaz y el de Joseba Egibar-, que le aseguren no perder el control del poder. Y entretanto, Rodríguez Zapatero parece incapaz de salir del laberinto en el que se ha metido voluntariamente.

Editorial publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifestación y barullo” (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Vemos desesperanzados que media España se apresta a venir a las manos con la otra media”, escribía Ortega y Gasset en 1919. Pero la imagen de las dos Españas viene aún de más atrás. Lo que no es razonable es que esa confrontación siga alimentándose. La vicepresidenta del Gobierno, en “el desayuno del papelito”, repitió una vez más el tópico de que hay que profundizar en lo que nos une y no en lo que nos separa. Pero en su posterior discurso, María Teresa Fernández de la Vega confirmó que hoy es más lo que divide que lo que une.

Que de la Conferencia de Presidentes, que debiera servir para coordinar mejor el Estado de las Autonomías, lo más reseñable sea un nuevo lapsus de Rodríguez Zapatero, denominando accidente a un mortal atentado, da idea de hasta dónde llega el desconcierto nacional. Ni siquiera una manifestación de protesta contra el último crimen de ETA ha conseguido aparcar las diferencias. Al contrario. UGT se ha negado a incluir en la pancarta la palabra “libertad”, lo que ha provocado lógicas ausencias, como la del PP, que ha pedido —sin éxito— un comunicado rechazando toda negociación con la banda criminal.

Parecida confusión rodea a la manifestación programada por el lehendakari Ibarretxe, a la que –en el colmo del barullo– pretende ir la ilegal Batasuna. El PSE estaba dispuesto a secundarla, pero hacerlo en compañía de un partido ilegal es demasiado. Como lo empieza a ser la acumulación de despropósitos que presenta la vida española, que invitan a una corrección radical y a una dirección más atinada de la política, si no se quiere acentuar aún más el divorcio de los ciudadanos con sus dirigentes.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Pretextos para dividir” (Editorial de EL PAIS)

Lo peor del espectáculo que estamos dando es el olvido de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, los dos jóvenes ecuatorianos asesinados por ETA y en solidaridad con los cuales surgió la iniciativa de celebrar en Madrid una manifestación contra la banda. La condena del atentado y la solidaridad con esas personas, que debería suscitar el apoyo sin reticencias de todo el mundo, se ha ido convirtiendo en mero pretexto para la bronca habitual. Y la manifestación convocada en Bilbao por el lehendakari bajo el lema "Por la paz y el diálogo" ha confirmado que toda idea confusa tiende a contagiar la confusión por doquier.

La manifestación de Madrid fue convocada por asociaciones de ecuatorianos en España y las uniones regionales de CC OO y UGT de la capital, y a ella se adhirieron PSOE e IU. Tras algunas dudas, Rajoy condicionó la participación de su partido a la inclusión en el lema de la marcha ("Por la paz y contra el terrorismo") de la consigna de libertad. Es una consigna coherente con el sentido de la convocatoria, y no debería haber habido dificultad mayor para aceptarla. Sin embargo, algunos sectores del PP se pusieron la venda antes de la herida y acusaron a los organizadores de resistirse a aceptarla para convertir la manifestación en un acto de apoyo a la negociación política con ETA.

La acusación es un proceso de intenciones, pero, con buen criterio, CC OO abogó por incluir la consigna para favorecer la adhesión del PP. UGT-Madrid se opuso de entrada con argumentos de poco peso, como que los carteles ya estaban impresos. Es una situación absurda: hay acuerdo sobre el fondo, como demuestra que la consigna de libertad se haya incluido en el manifiesto que se leerá al final, pero los sectarismos recíprocos impiden que se plasme en una convocatoria unitaria. Unos la condicionan a apuntarse el tanto de conseguir modificar el lema, y los otros a no ceder a presiones. En las horas que quedan debe evitarse el ridículo de la incapacidad para ponerse de acuerdo en algo tan elemental.

Lo de Bilbao es más complicado porque el lema propuesto por Ibarretxe, contra el criterio de la dirección de su partido, sí resultaba deliberadamente confuso: unir paz y diálogo tras el atentado de Barajas transmite un mensaje de continuidad del proceso que ahora es inaceptable, según han opinado todos los partidos. Esa confusión la aumentó el PSE al decir que aunque estaba en desacuerdo participaría para no agravar la división, pero que dejarían de hacerlo si se sumaba Batasuna. Gran ocasión para que los de Otegi decidieran sumarse y proclamar su apoyo al lema discutido. El barullo aconsejó ayer al lehendakari añadir la exigencia a ETA de abandono de la violencia, y pidiendo a Batasuna que se abstuviera de participar si no estaba de acuerdo con ese añadido. Está bien. ¿Pero qué pasa si a pesar de todo Batasuna decide participar, como quería hacerlo el PSE, con sus propias consignas, es decir, las inicialmente propuestas por Ibarretxe? Demasiada confusión cuando lo que correspondía era sencillamente mostrar el rechazo ciudadano a los asesinatos de ETA.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Batasuna, fuera” (Editorial de EL PERIODICO)

Ibarretxe se apresuró anoche a corregir el lema de la manifestación que ha convocado para mañana en Bilbao para hacer imposible que Batasuna se codee con los demócratas en ese acto contra la banda terrorista. El lendakari, consciente o inconscientemente, había cometido el error -o mejor, la estupidez- de excluir la condena explícita del terrorismo de ETA del lema propuesto para la marcha. Esta iba a celebrarse "por la paz" y "el diálogo", lo que había permitido a Batasuna sumarse cínicamente a la convocatoria. Afortunadamente, el PSE, IU y el propio PNV pusieron el grito en el cielo y amenazaron con no acudir a la manifestación si iba también Batasuna. En esas circunstancias la movilización dejaba de tener sentido.

El nuevo lema incluirá la frase: "Exigimos a ETA el fin de la violencia". Como Batasuna no comparte esa exigencia, lo mejor que puede hacer es quedarse en casa y dejar de enredar y confundir. Ojalá llegue el día en que Otegi y su gente la hagan suya, porque muchas cosas habrían cambiado entonces en Euskadi.

La otra manifestación, la convocada también para este sábado en Madrid, es víctima asimismo de la polémica. La negativa de los convocantes originales -la Federación Nacional de Ecuatorianos de España, y las organizaciones de UGT y CCOO en Madrid- a incluir el término "libertad" en el lema inicialmente acordado -"Por la paz y contra el terrorismo", que es el habitual de ocasiones precedentes- ha sido utilizada como excusa por el PP y organizaciones de su órbita para desengancharse. El partido de Rajoy tiene como norte acorralar al Gobierno, negarle el consenso antiterrorista, dejarle sin aire. Es un sarcasmo que para esa estrategia se utilice la reclamación de libertad.

Editorial publicado por el diario EL PERIODICO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifiesta confusión” (Editorial de EL CORREO)

El bochornoso espectáculo a que ha dado lugar la intencionada ambigüedad del lehendakari Ibarretxe y su empecinamiento al convocar una manifestación para mañana con el lema 'Por la paz y el diálogo', lo que propició que Batasuna decidiera sumarse a la movilización, se une a una descorazonadora secuencia de despropósitos que desembocarán este sábado en sendas muestras de confusión y desunión, en Bilbao y en Madrid. Fueron muchas las voces que discreparon del lehendakari advirtiéndole de que no se le podía escamotear a la sociedad vasca la posibilidad de condenar expresamente el crimen de ETA, así como la oportunidad de solidarizarse con las víctimas por él causadas, bajo el disfraz de unas palabras que, como de hecho ha sucedido, podrían ser suscritas incluso por quienes dan cobertura al terrorismo. El propio lehendakari tenía razones para temer que, como le ocurriera en diciembre de 2004 con la votación de su plan en el Parlamento vasco, la izquierda abertzale podría sumársele a un eslogan que admitía innumerables interpretaciones. Pero lo que resulta aún más indignante es que tuviera que ser el oportunismo de la izquierda abertzale lo que obligara ayer a Ibarretxe a hacer lo que no quiso hacer a requerimiento del PSE-EE, el PP o Gesto por la Paz: modificar tan ambivalente lema. Al añadirle la frase 'Exigimos a ETA el fin de la violencia' el lehendakari trató de eludir la incómoda compañía de Batasuna en la manifestación de mañana. Pero debió recordar mucho antes que es la ciudadanía la que espera de sus instituciones un liderazgo sin equívocos para terminar con la banda terrorista para siempre. Un liderazgo que hoy se ve afectado en el caso de la primera institución de Euskadi cada vez que su titular trata de orientar el anhelo de una sociedad que desea el final inmediato y definitivo de ETA hacia las aspiraciones contenidas en su proyecto soberanista.

Por su parte, la decisión del Partido Popular de no secundar la llamada a la manifestación de mañana en Madrid constituye una mala noticia que confirma y agudiza la división existente al hacer frente al desafío etarra. La indisposición mostrada por los convocantes para aunar posturas puede explicar la negativa popular. Pero ni la exigente actitud de los primeros justifica la negativa de los segundos a añadir la palabra 'libertad' al lema propuesto, ni la cerrazón de los segundos exime al PP de la responsabilidad en que incurre. Muchos serán los que piensen que detrás de tan fútiles razones se ocultan deseos inconfesados, por inconfesables, de aprovechar la trágica circunstancia para mantener distancias. Sólo cabe desear que el desarrollo de las movilizaciones y las valoraciones que hagan quienes se han negado a sumar sus siglas a las de los convocantes no contribuyan a la crispación de tan deplorables desavenencias.

Editorial publicado por el diario EL CORREO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“«Exigimos a ETA el fin de la violencia»” (Editorial de DEIA)

Una nueva pirueta de Batasuna, a las que tan acostumbrados estamos en Euskadi, y una nueva rabieta del PSE-EE, más preocupado en lanzar órdagos que en lograr el consenso, han estado a punto de reventar la manifestación que mañana recorrerá Bilbao en favor de la paz y el diálogo. La lógica intervención del lehendakari Juan José Ibarretxe al ampliar el lema de la marcha para "exigir a ETA el fin de la violencia" ha devuelto la cordura a una situación desquiciante e ininteligible para el conjunto de la ciudadanía, hastiada de tanto interés espurio en muchos dirigentes políticos. El lema de la manifestación era claro y contundente y había sido explicado con detalle por el lehendakari. Pero Batasuna no quiso perder la oportunidad de convertirse de nuevo en protagonista del esperpento, habida cuenta de la absoluta falta de credibilidad que tiene ya en el seno de la sociedad vasca.

El anuncio de la izquierda abertzale de que secundaba la manifestación "Por la paz y el diálogo" no fue una sorpresa. Pero hay que ser muy ingenuo para pensar que quienes no son capaces de decirle a ETA que abandone la violencia quieran ir de la mano para pedir la paz con el PSOE y «el PNV de Imaz», quienes, según el delirante comunicado de la organización terrorista, son los culpables de la opresión que sufre Euskal Herria y, en consecuencia, de que no haya avanzado el proceso. Batasuna buscaba reventar o, en su caso, convertirse en la protagonista de la manifestación. Casi lo logra, gracias a la reacción del PSE-EE, partido que no está de acuerdo con el lema y se permite arremeter contra su convocante, pero se adhiere para luego exigirle que lo cambie. Inconcebible.

Lo positivo de esta situación es que cada uno se ha retratado y se retratará mañana en las calles de Bilbao. La manifestación será multitudinaria, sin duda, para exigir a ETA el fin de la violencia, por la la paz y el diálogo. Los socialistas y Batasuna harán lo que «de buena fe» crean conveniente, pero ya no hay confusión posible.

Editorial publicado por el diario DEIA el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Salvar el proceso, no la manifestación” (Editorial de GARA)

Cualquier persona que comparta la idea o el compromiso de que es necesario desarrollar un diálogo y un proceso político resolutivo que dé una salida real al conflicto y que, a su vez, construya un escenario de paz justa, estable y duradera en Euskal Herria, debería poder tener, al menos, el derecho de asistir a un acto cuyo lema era «por la paz y el diálogo». Especialmente cuando esa manifestación es convocada por un lehendakari (elegido, debiera recordarlo, gracias a dos votos de la izquierda abertzale) al que, como mínimo, debería suponérsele que busca representar al conjunto de la ciudadanía. Parecía lógico pensar, asimismo, que esa convocatoria, con su lema inicial, iba dirigida a la sociedad y que, como sería de sentido común, buscaba la participación del mayor número de asistentes para reforzar lo que decía defender y recabar la mayor adhesión para conseguir tan loable objetivo. Y debería haber podido buscar todo ello sin permitir injerencias partidistas que exigieran derechos de admisión. Pero quizás estemos pecando de ingenuidad. Porque todos esos supuestos chocan hoy, y aquí, con la más absoluta falta del interés común que, en buena lógica, podía reflejar el lema inicial de la cita, y que exige el delicado momento político que atravesamos. La jornada de ayer fue pródiga en situaciones y declaraciones surrealistas y un buen ejemplo a no seguir. No es de recibo pretender regular la libertad de expresión y los derechos políticos de los ciudadanos, y eso es lo que, finalmente, ha vuelto a ocurrir.

Todo esto abre más interrogantes que respuestas. ¿Cuál era el objetivo real, desde su inicio, de esa manifestación? ¿Buscaba aunar, o dividir? ¿A quién convocaba, exactamente, el Gobierno de Lakua? ¿Es que marginando y vetando puede buscarse la paz y pretender lanzar un mensaje a favor de un proceso de resolución dialogado y negociado, que debe desarrollarse lógicamente en ausencia de todo tipo de violencia? ¿En qué posición queda ahora Juan José Ibarretxe?

No parecen éstos los contenidos ni las formas para abordar lo realmente urgente, que no es, desde luego, salvar esta manifestación, sino el proceso. Para dotarlo de bases sólidas hay que ser capaces de trabajar entre todos los agentes y con mucha más seriedad que la demostrada. Esa labor no puede hacerse desde la exclusión de una parte significativa de esta sociedad.

Editorial publicado por el diario GARA el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (EL MUNDO, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:50, Categoría: Opinión en Prensa

“Trágico presidente” por Federico Jiménez Losantos

José Luis Rodríguez Zapatero, al que un diario anglosajón acertó a definir como «presidente por accidente», en alusión a su llegada al poder manipulando la masacre del 11-M, está a punto de convertirse en uno de esos personajes trágicos cuya estadía en el poder acarrea desgracias a un país durante varias generaciones, tal es el daño producido por unas decisiones políticas tan obcecadas como erróneas.

Fernando VII, al abolir la heroica Constitución de Cádiz, desterrar a los liberales por dos veces y no aclarar su sucesión, es quizás el más terrible ejemplo de cómo la nación española puede arrastrar durante tres generaciones y tres guerras civiles entre liberales y carlistas una desdicha tan terrible como la de haber tenido a Tigrekán I, El Rey Felón, entre sus monarcas.

Pues bien, Zapatero va camino de convertirse en el Fernando VII de nuestra moderna democracia. En apenas tres años ya ha destrozado el régimen constitucional de 1978, acaso el más sólidamente fundado desde la Pepa de 1812. «La musa del escarmiento» que invocaba Azaña en sus Memorias hizo que los españoles entendieran la lección de la Guerra Civil y la dictadura posterior, no menos dictadura si hubiera ganado el otro bando. De ahí el consenso, la Transición, la Constitución del 78 y una alternancia en el poder que sólo en 2004 tuvo aspectos dudosamente legítimos, aunque legales.

Pero desde que llegó a La Moncloa, acaso antes, Zapatero está empeñado en la creación de un régimen al estilo del PRI o de esa II República que, de la mano del PSOE, nos llevó a la Guerra Civil. Su empeño en forjar una alianza infame con ETA y los separatistas para marginar al PP e impedir cualquier alternancia democrática nos ha llevado a la miserable cadena de hechos que culminaban, hasta ahora, en el atentado de Barajas.

Pero todos los días, como Fernando VII, Zapatero hace más siniestro su legado. Ayer volvió a definir la hazaña de ETA en el aeropuerto de Madrid como un «trágico accidente», demostrando que, o no está en condiciones psicológicas de asumir sus responsabilidades, o carece la más elemental altura ética para dirigir a la nación por las tormentas que él mismo ha desatado. Ha dicho muy certeramente Alcaraz, el presidente de la AVT al que Zapatero ha perseguido desde que llegó al poder, que «habla, siente y padece como los propios terroristas y quienes les apoyan». Y es muy cierto.

En su descargo, podría alegarse que vive en estado de shock desde el ridículo cosechado cuando le volaron el parking de Barajas 12 horas después de que anunciara un año aún mejor que el anterior en lo que al terrorismo se refiere. Roto el consenso, rota la unidad antiterrorista, rotas cada una de las manifestaciones en respuesta a la ETA, rota la nación, Zapatero, trágico presidente por accidente, es el Fernando VII del siglo XXI.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El lapsus” por David Gistau

Ya se nos hizo saber que 'Zetapé' no comete errores, a diferencia de ese «resto de los mortales» por encima del cual le colocó Jordi Sevilla, rendido como una de esas groupies que arrojan bragas al escenario. Como mucho, los costaleros que lo sostienen están dispuestos a admitir que al presidente de vez en cuando se le escapa algún lapsus. Como éste tan reciente de calificar el atentado de la T-4 como un «trágico accidente», como una especie de broma del azar debida si acaso a una repentina fatiga de los materiales en el parking de Barajas. Los lapsus, que a George Bush le convirtieron en el tarado oval y en el tonto oficial zarandeado por la progresía, no deberían en este caso impedirnos creer que Zetapé es un hombre capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo.

Como pensar y comer chicle. O como hablar para las víctimas y los verdugos al mismo tiempo, queriendo contentar a ambas partes. Zetapé tiene tan interiorizado el discurso que conviene a los terroristas, el que impuso para completar una inversión de valores que los rehabilitara, que aún no ha logrado reprogramarse el disco duro y los eufemismos le brotan en cuanto baja la guardia como si fueran reminiscencias. Le ocurre lo mismo que al perro de Pavlov.

Adquirido el reflejo, es oír ¡Boum! y dice: «¡Accidente!». Es oír «De Juana Chaos» y dice: «Hombre de paz». Tengámosle paciencia, pues ya sabemos, también por Jordi Sevilla, que para enterarse de las cosas necesita al menos dos tardes.

Para Freud, el lapsus es un deseo que esquiva la censura ejercida por la conciencia y se manifiesta como si se hubiera fugado. En el fondo, Zetapé sabe que lo de la T-4 fue un atentado. Tuvo muchos días de encierro en Doñana para hacerse a la idea. Pero el lapsus le traiciona, y resulta que permanece aferrado al deseo de que hubiera sido un accidente, e incluso al de hacerlo pasar por accidente, para así ignorar todos los argumentos que rebaten un proceso que se resiste a cerrar.

De ahí la ambigüedad y el ausentismo que han guiado sus pasos en los días posteriores al atentado, justo cuando la nación más necesitaba un liderazgo explícito y solvente, a salvo de lapsus, que arremolinara la reacción colectiva alrededor de todos los espíritus a los que fuimos renunciando durante el trapicheo con ETA. Y de ahí, también, que las manifestaciones de protesta previstas para este fin de semana, aquéllas que debieran haber sido una renovación de las manos pintadas de blanco, hayan terminado convirtiéndose en una manipulación del tejido social urdida por un Gobierno más necesitado de una coartada que de una fortaleza cimentada en la unidad.

El lapsus es un aviso para navegantes: en Zetapé importa más lo que desea que lo que constata.

O verifica.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Zapatero sueña con mantener su proceso” por Justino Sinova

Lo último que desearía Zapatero es romper el canal de comunicación con ETA. Lo que intenta desde el bombazo terrorista de Barajas es condescender en lo posible para mantener vivo el proceso de negociación. Por eso ha sido menos contundente en la condena que su ministro Rubalcaba, que ha hablado como tenía que haber hablado un presidente. Por eso trata a Rajoy como modelo para la foto y no le cuenta nada. Por eso maquina para que al Partido Popular le sea imposible asistir a la manifestación de condena, o de lo que sea, convocada en Madrid, hasta el punto de conducir a la UGT a negarse a incluir en el lema de pancarta la palabra libertad, que es -Dios mío, ¿hay que recordarlo?- el valor que secuestran los terroristas porque odian la autonomía y la voluntad de los demás.

(¿Cómo hace, por cierto, Cándido Méndez ese papelón de interventor de pancarta en lugar de servir de puente y de pacificador para que todos los demócratas se sientan cómodos en la manifestación? ¿Hasta tal punto le domina, también a él, Zapatero?).

Por complacer a los interlocutores rompe Zapatero el Pacto Antiterrorista, que es una gran noticia que los etarras, con Otegi a la cabeza, deseaban recibir. El Pacto ha sido el mejor instrumento del Estado de Derecho contra ETA. Bajo su amparo se acorraló a la banda, a la que se expulsó del ámbito de los demócratas al tiempo que la policía mostraba una eficacia envidiable y los fiscales y los jueces pensaban sólo en aplicar la ley con la contundencia que exige la justicia. No es verdad que el Pacto fuera excluyente, pues convocaba a todos los partidos sinceramente demócratas y antiterroristas.

Lo rubricaron el PP y el PSOE, además de los sindicatos y algún grupo minoritario. No lo refrendaron el PNV de Arzalluz, que había firmado un pacto previo con ETA, ni la ERC de Carod-Rovira, que en cuanto pudo fue a tratar con los terroristas. No lo firmaron otros pequeños grupos más por complejo que por convicción. Enterrarlo ahora es un favor que además facilita el objetivo de rechazar a los del PP, esos réprobos a los que hay que sacar del terreno de juego, maniobra tan vieja en las oscuridades de las escaramuzas políticas como antidemocrática.

El sueño de Zapatero le lleva a cometer reveladores lapsus, como calificar de «accidente» el feroz atentado de Barajas y otros crímenes etarras. Un lapsus repetido es una prueba del pensamiento. ¿O es también una cesión?

Un viejo político conocedor de los entresijos de los servicios de información asegura que, según algunos profesionales, «los negociadores no se han levantado de la mesa». O sea que, según eso, el proceso sigue. Será un sueño de Zapatero, pero es sobre todo un plan letal. Antes del bombazo del día 30, el proceso era jugar con fuego; después de dos muertos más y de la manifiesta intención etarra de no abandonar la violencia, es obligarse a agarrar con las manos un hierro incandescente. Es peor que un error. Es lo más parecido a un suicidio.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El 'plan B' del Gobierno frente al terrorismo” por Antonio Basagoiti

El terrible atentado del 30 de diciembre en Barajas ha hecho volar por los aires el proceso de negociación entre el Ejecutivo socialista y ETA. Mientras, la ciudadanía, los medios de comunicación y los políticos reflexionan sobre lo ocurrido y su incidencia en la política antiterrorista, y se preguntan qué va a hacer el Gobierno a partir de ahora.

Buena parte de la incertidumbre que existe sobre el camino que emprenderá Rodríguez Zapatero está motivada por su actuación en el proceso, por sus declaraciones en el día previo al estallido de la bomba, por su ambigua respuesta en su comparecencia el mismo día del atentado, por las posteriores voces matizadoras desde Ferraz y desde el Ministerio del Interior, así como por la reciente difusión de un comunicado de ETA en el que insta al Gobierno a cumplir «sus compromisos», al mismo tiempo que anuncia un alto el fuego aderezado de atentados, sin renunciar a su voluntad de seguir negociando.

Con la experiencia que me otorga ser un político vasco que ha vivido desde su responsabilidad municipal dos treguas, varias negociaciones, distintas estrategias de partidos, además de padecer a Batasuna y a ETA demasiado de cerca, trataré de desbrozar algunas claves sobre lo que puede deparar a partir de ahora la relación abierta entre el Gobierno y la banda terrorista

Y lo primero que hay que aclarar es que se ha llegado hasta aquí porque la negociación planteada por el Ejecutivo ha fracasado. El proceso de paz, tal y como lo diseñó Zapatero, refrendado por el Congreso de los Diputados, no ha servido para cumplir sus objetivos. Es evidente que la paz no se ha alcanzado y, mucho menos, la libertad. Sin que haga falta recordar nuevamente el atentado de Barajas, no hay que olvidar que, en el periodo de siete meses de supuesta tregua, no han cesado la extorsión ni el terrorismo callejero. Los bienintencionados que realmente querían negociación para alcanzar la paz -que no dudo que los hay en las filas socialistas-, han visto absolutamente frustrado el objetivo.

Este proceso no ha contribuido a alcanzar la paz porque para ETA el final del terrorismo era sólo un señuelo sin perder de vista ni uno solo de sus objetivos. La banda pretendía y pretende seducir a la sociedad con el anzuelo de la paz para conseguir sus objetivos de independencia y territorialidad, además de pactar cierto espacio de impunidad para sus activistas. Y al Gobierno le gusta también el señuelo del fin de la violencia. No cuestiono el deseo de Zapatero de que ETA desaparezca, pero los pensantes de Moncloa han interpretado que, aunque esto sea pan para hoy y hambre para mañana, contribuye a presentar al presidente como el adalid de la paz y el que tiene que seguir gobernando este país. ETA y el Gobierno sí se han encontrado en la intención de utilizar la paz para seducir.

Compartiendo esto, ni a unos ni a otros las cosas les han salido como pensaban. La sociedad española no ha tragado con lo de dar a ETA ningún regalo para que deje de matar. O lo que es lo mismo, la ciudadanía no ha asumido la intención de premiar a la organización terrorista por haber matado a casi un millar de hombres y mujeres. Y fruto de ello se produce un colapso en la negociación. El Gobierno no puede avanzar en la cesión. Es cierto que la apunta, y en ocasiones la consuma, con el fiscal del Estado cambiando sus peticiones de penas para terroristas, avalando reuniones entre Batasuna y la dirección del PSE, o con la propia aceptación de la creación de una mesa de partidos vascos.

Y lo único que consigue el Gobierno es enfadar a los terroristas, que deciden aumentar la presión al Gobierno, bien sea con la publicación de nuevos comunicados o de forma más directa a través del terrorismo callejero. Todo ello culminó con el bombazo de Barajas y con el asesinato de dos jóvenes ecuatorianos. Las cosas han salido peor que mal antes de lo previsto.

Las dos partes negociantes, y ésta es la clave para entender qué harán en el futuro inmediato, sabían que el Partido Popular era un escollo para avanzar en la negociación. Entendieron, y entendieron bien, que no estaríamos de acuerdo con ningún espacio de impunidad para el terrorismo, ni con un poco o un mucho de cambiar la actual España ni con vaciar el Estado para ir saciando a ETA. Pero calibraron mal e interpretaron que el partido de Rajoy, sin Aznar, sin el poder y con poco eco en los medios, se iba a venir abajo y no conseguiría que su mensaje calara en la sociedad. Pensaron que había que aislarnos, pero que no éramos mucho problema, porque estábamos débiles, porque conseguirían dividirnos y porque sus tácticas terminarían por apartarnos del terreno de juego y de nuestros millones de votantes. Metieron la pata despreciando al PP y minusvalorando a muchos españoles.

Llegados a este punto, con un Gobierno dirigido por una persona a la que no parece importarle que en la Transición ya se hiciera un enorme esfuerzo por pactar la España en la que cabemos todos, y de la mano de unos estrategas que sólo piensan en cómo conseguir que el Partido Popular no gobierne en los próximos 20 años, hay mimbres para que impulsen otro proceso, pongan el nombre que quieran. En esta ocasión tendrán que pasar al Plan B.

Éste debe conseguir que a ETA se le dé parte de lo que pide, sin que la ciudadanía proteste. Al menos hasta que lleguen las siguientes elecciones generales, tienen que intentar que la banda no mate para que el deseo de paz de los votantes les aseguren una mayoría parlamentaria. Y a los terroristas también les interesa seguir en algún tipo de proceso porque así podrán lograr algo de lo que no han conseguido con las armas y tratar de escapar de las consecuencias de la persecución del Estado de Derecho, que les había colocado ante su inminente desaparición. Juntándose como se juntan el hambre y las ganas de comer, es imposible que no continúen en la negociación, aunque quiera llamarse a ésta de otra manera.

El Plan B que pondrán en marcha necesita más que nunca aislar al Partido Popular, ahora con más efectividad que hace un año, y anestesiar a la sociedad para que no perciba lo que pasa o, en todo caso, para que le parezca poco importante lo que se cede. Ahora tendrán que acosar más al PP porque saben de su verdadero aguante; se tendrán que acercar aún más a las formaciones nacionalistas para dejarnos solos, usarán con más fuerza contra nosotros a algunos voceros. En esta ocasión deberán tener más cuidado para que lo que es -la rendición-, no parezca lo que es. En este Plan B tendrán que ir más despacio y se les tendrá que ver menos. La única pata que enseñarán, cada uno por su interés, es la de las expectativas de la paz. Nos dirán que hay que dialogar para que no haya mas atentados como el de Barajas.

Se van a volver a equivocar en el procedimiento y en el objetivo final, como también van a volver a errar en el cálculo de la fuerza del PP. Si no han podido con nosotros matándonos, menos van a poder aislándonos. Por mucho Plan B que impulsen nunca van a conseguir que olvidemos y que no contemos que ETA es batible y perfectamente vencible, porque lo hemos visto con nuestros propios ojos.

Antonio Basagoiti es concejal popular del Ayuntamiento de Bilbao.

Publicado por el diario EL MUNDO el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (LA RAZON, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:40, Categoría: Opinión en Prensa

“En este basurero” por Gabriel Albiac

Yo no soy nadie. Nada. Simplemente, no iré. Ellos, los de Ermua, sí tienen autoridad para exigirlo 

No irán los del Foro Ermua. Yo, tampoco. No veo cómo alguien en quien perviva un átomo de decencia pudiera manifestarse junto a los responsables políticos y morales de esta putrefacción en que vivimos y de la cual la salvajada -«accidente», para Zapatero- de la T-4 no es sino síntoma; por el momento, el más sangriento. Vendrán otros. Todos serán accidentes, claro. Todos. Para él. Para ellos. Para los Zapateros, De la «Vogues», Rubalcabas, Calderas, Blancos... Para toda esa gente que no hunde lo político en el fango, sencillamente porque, en el fango, lo político fue hundido para siempre en años ominosos, cuando un tal Rubalcaba era altavoz de los más depravados asesinos de Estado de la España contemporánea. Después del GAL de Glez, todo es posible. Hasta esta repugnancia que consiste en usar a los más desvalidos, los emigrantes, para escupir sobre los cadáveres de sus asesinados.

No irán los del Foro Ermua. Yo, tampoco. Rumiaré mi desolación ante una sociedad moralmente anestesiada. Y mi ausencia de esperanza. Los mismos que votaron por rendirse tras el asesinato en masa con que los yihadistas truncaran el curso apacible de una sociedad que parecía en camino de salir de su eterna condena a ser sierva: ésos irán. La malísima gente que se benefició -políticamente algunos, económicamente casi todos- de aquel golpe medido que quebró el Estado, hasta dejarnos en este vacío pesadillesco de poder en el cual malvivimos. Ésos irán. La peor gente: cinismo cristalino de los Zapateros, De la «Vogues», Blancos, Calderas, Rosas Blancas con cargo al presupuesto público, paniaguados sindicales, artesanos de la subvención: artistas, gustan llamarse ellos... Está bien que así sea. Y que podemos verlos a todos -todos- juntos: Zapateros, Bardemes, De la «Vogues», Rubalcabas, Calderas, Blancos... A lo mejor, y con suerte, hasta Rafaeles Veras o Pepes Barrionuevos. Los inequívocos.

Yo no soy nadie. Nada. Simplemente, no iré. Ellos, los de Ermua, sí tienen autoridad para exigirlo. Les cedo aquí mi espacio. Con el grave respeto que se debe a todos los que se juegan la vida:

«Hasta aquí hemos llegado. Por el sectarismo mostrado por el sindicato socialista, por la apelación a una paz que se utiliza como anestesia para legitimar cualquier cesión o diálogo con ETA, por la negativa expresa a defender la libertad que garantizan la Constitución y el Estado de Derecho y, en definitiva, por la expresa voluntad de dividir, excluir e impedir el consenso de los ciudadanos que repudian el terrorismo, el Foro Ermua, que ha realizado todo tipo de cesiones y esfuerzos por buscar la unidad, no puede mantener su apoyo a la manifestación. De esta manera, el Foro Ermua ha decidido no acudir a la convocatoria del día 13 de enero de 2007 en Madrid. Y advierte a los ciudadanos de que, como en su día hizo Ibarretxe con la marcha posterior al asesinato de D. Fernando Buesa y su escolta D. Jorge Díez Elorza, el Sindicato UGT ha convertido la de Madrid, no en un acto solidario contra ETA y por la libertad, sino en un gesto de apoyo a Rodríguez Zapatero».

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Instrumentos y fundamentos” por Aleix Vidal-Quadras

ETA se adapta al medio con viscosa facilidad y responde a la incongruencia con la incongruencia

Después del brutal y mortal atentado en el aeropuerto de Barajas, la ceremonia de la confusión en la que vivimos inmersos no ha dejado de aumentar en nivel y contenido. Ahora nos encontramos con una banda terrorista que declara enfáticamente que «mantiene» un alto el fuego permanente tras haber volado una instalación valorada en centenares de millones y asesinado a dos desprevenidos ciudadanos, y que, además, nos comunica que este alto el fuego es compatible con la comisión de nuevos y feroces ataques si el Estado de Derecho no se pliega a sus delirantes e irrealizables exigencias. De entrada, se podría afirmar que la organización mafiosa incurre en contradicción flagrante y que semejantes despropósitos son propios de enajenados. Sin embargo, un examen algo más cuidadoso del asunto, nos lleva a una conclusión inquietante: lo que está haciendo ETA es simplemente ponerse en consonancia con el absurdo que percibe en el otro lado, en el de las autoridades democráticas y la sociedad civil. ETA se adapta al medio con viscosa facilidad y responde a la incongruencia con la incongruencia y a la incoherencia con la incoherencia. Si el melifluo Zapatero, entre los pavorosos escombros de la T-4, proclama que su objetivo sigue siendo la paz y que va a dar lo mejor de sí mismo para rendir nuestro ordenamiento constitucional ante ETA, si el preclaro prócer que pastorea el PSE nos invita a comprender la parte de razón que pueda asistir a una pandilla de matarifes a sueldo, si los píos dirigentes del PNV no cesan de reclamar diálogo sin que les afecte el bramido de las explosiones o el fulgor de los incendios, si el Partido Popular, que es el único que se niega a entrar en este juego de cobardías y renuncias, insiste en el regreso a un Pacto Antiterrorista que ya es historia en vez de movilizar a la Nación para salvarnos del desastre, como sucedió en 1808 o en 1978, los encapuchados se apuntan a la fiesta y también profieren sinsentidos. El problema no son ya los instrumentos, sino la recuperación de los fundamentos.

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Un proceso sumergido” por María San Gil

De la situación creada tras el atentado criminal de ETA en Barajas, podemos sacar dos conclusiones: que el Gobierno de Zapatero, al igual que Ibarretxe y el PNV de Imaz, pretende mantenerse en el error de la negociación con los terroristas, y que la banda no quiere la «paz» ni deponer las armas y renunciar a imponer sus objetivos por la fuerza, sino seguir con sus crímenes y chantaje. Nosotros lo decimos claro: el proceso del Gobierno con ETA no está «roto» ni «liquidado», como dijo Rubalcaba. Está sencillamente sumergido. Zapatero está a la espera de que pase la conmoción para reflotar una negociación que el Gobierno no da por cerrada. No clarifica su política contra ETA y deja cada vez más claro que su propósito es la negociación y el diálogo con la banda. El Gobierno no rectifica, no asume el error de haber resucitado a una ETA y a sus apoyos que se encontraban debilitados al máximo por la acción decidida del Estado de Derecho.

Hemos pasado del falso proceso de paz a la falsa unidad de los demócratas que propone el Gobierno, que no es más que asumir la tesis nacionalista del final dialogado y pactado con ETA. La unidad democrática existía ya en el Pacto por las Libertades, en el que cabían todos los demócratas. Zapatero e Ibarretxe, y los señores López e Imaz comparten la postura indecente de conceder valor político a quien no lo tiene, a una Batasuna que sigue sin cumplir con lo mínimo: condenar el terrorismo.

No nos vale ahora que Ibarretxe, Imaz y López rechacen acudir a una manifestación con Batasuna, porque lo esencial es que hagan valer la Ley de Partidos y Batasuna no esté en las elecciones. Desde el PP vamos a seguir denunciando una política, la del Gobierno de Zapatero, la del PNV de Imaz y el Ejecutivo de Ibarretxe, que se basa en el diálogo y el pacto con ETA, en lugar de en su derrota. Seguiremos reclamando el regreso a la única política que ha dado resultados objetivos en la lucha contra el terrorismo y en el avance de la democracia y la libertad.

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Carta a Cándido Méndez” por Iñaki Ezkerra

Le escribo estas líneas por la perplejidad que me despierta que un sindicato que se dice «de los trabajadores» y «de izquierdas» haya rechazado incluir la palabra «libertad» en el lema de la manifestación convocada para el sábado por la Federación Española de Ecuatorianos a la que ustedes se sumaron, por cierto, después que nosotros. Me es difícil entender que quienes han avalado al Gobierno en el mal llamado «proceso de paz», es decir quienes están dispuestos a dialogar con ETA no sean capaces de dialogar con el Foro Ermua y más tratándose de un concepto tan básico. No entiendo cómo desde su sindicato se pueden decir cosas como que «la paz lo engloba todo» cuando la paz no engloba otra cosa más que no sea el propio concepto de paz y cuando la experiencia histórica de la dictadura franquista ha sido un dramático y aleccionador ejemplo de cómo puede haber «paz sin libertad». Al hacer de la paz un valor supremo la UGT actúa como aquel dictador al que cada vez que se le preguntaba por la libertad sacaba a colación los veinticinco, los treinta y cinco años de paz. La paz puede ser impuesta militarmente y puede ser una paz como la que nos trajo la Constitución de 1978. Aquí ni usted ni nadie nos va a traer una paz que ya existe. Aquí hace falta libertad. Al rechazar esa palabra se han quitado la máscara. Bien, eso era lo que queríamos, hacer pedagogía democrática. Sepa usted que pensamos en sugerir para el lema de «su» manifestación otras expresiones mínimas como Constitución o Pacto por las Libertades, pero decidimos quedarnos con la más mínima de todas, la más elemental. Sepa que hubo en ese debate quien dijo: «Son tan brutos que hasta la libertad les puede parecer una imposición». Nosotros no imponemos nada y estábamos dispuestos hasta a pasar el mal rato de oír a Rosa Regás leer el manifi esto de la marcha. Nosotros sí tenemos «talante». Sin él no existiríamos después de lo que nos ha tocado pasar. No es nuestro estilo imponer nada de un modo chulesco como han hecho ustedes con una manifestación que no era suya.

Habría sido una gran ocasión para cerrar la herida del 11-M, de aquel atentado que dividió a los españoles como una Guerra Civil, pero ustedes no han querido. Háganse ustedes los machitos no con nosotros ni con los ecuatorianos sino con ETA. Sean tan firmes con los nacionalistas como lo han sido con nosotros y con esa palabra que nombra lo que hace vivible la vida.

La libertad debe de ser algo muy grande para que, por soñar sólo con ella, hayamos desatado siempre tanto odio. La libertad debe de ser un tesoro muy valioso –intuimos los que nunca la hemos conocido instaurada– a la vista de lo que hemos pagado por ella. La libertad puede, sí, unirnos a la Vía Láctea y puede también convocar dragones, hidras, cíclopes, delirantes venganzas o el rechazo y la huida de los que la temen.

Iñaki Ezkerra, Escritor y vicepresidente portavoz del Foro Ermua

Publicado por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (ABC, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:30, Categoría: Opinión en Prensa

“El accidente del presidente” por Carlos Herrera

José Luis Rodríguez se empeña en llamar «accidentes» a los atentados. Dice su servicio de corrección, exégesis y propaganda que es un simple lapsus, un tropezón verbal, un descuido en la transmisión neuronal cerebro-lengua sin mayor importancia. Para excusarlo acude Chaves en su auxilio y, absolutamente pasmado, me pregunto si eso es lo más indicado habida cuenta el abigarrado historial de despistes lingüísticos que atesora el presidente andaluz, alguno de ellos de auténtica antología del disparate. ¿Tenía que ser precisamente Don Manuel el que interviniese para disculpar el nuevo patinazo de «El Fenómeno»? ¿Seguro que no había otro? El presidente de la Junta de Andalucía ha sido capaz de retorcer el lenguaje de tal manera que un observador no avisado del nivel medio de la política española podría creer encontrarse ante un genio de la expresión, cuando todos sabemos que no es el caso.

Virtudes tendrá, pero la oratoria no es una de ellas. Cuenta el magnífico Pepe Esteban en su «Vituperio y algún Elogio de la Errata» que ha habido poemas que han mejorado notablemente gracias al error tipográfico, y pone como ejemplo aquellos versos que comenzaban diciendo «Mar abajo de tu frente...» que no eran sino la versión errónea del original «Más abajo de tu frente...». El errado estaba infinitamente mejor. A Chaves le ha pasado algo parecido en alguna ocasión. Cuando se debatía la memoria histórica en el Parlamento andaluz, increpó a la oposición por ejercer de tal y le dijo que le iba a salir «el tiro por la cuneta». De haberlo hecho con idea no dejaba de ser un acierto ya que es en las cunetas donde se simboliza el enterramiento masivo de los asesinados, pero no se ilusionen sus seguidores: quería decir «el tiro por la culata».

Tampoco se emocionen cuando lean que en un debate económico llamó «Señora Per Cápita» a Teófila Martínez, justo al poco de debatir acerca de los niveles de renta de los ciudadanos de la comunidad. Podría ser una genialidad, sí, pero no lo era, era un lapsus. Todavía tiembla la Cámara andaluz el día que, en discurso programático, aseguró que su empeño no era otro que «el enriquecimiento de los socialistas», en lugar del enriquecimiento de los andaluces -enriquecimiento del que no es en absoluto sospechoso, ya que su honradez es manifiesta-; como tiembla todavía de la carcajada que consiguió arrancar la noche de fin de año en la que discursó acerca de las cualidades de la juventud andaluza: en lugar de hacer referencia a ellos, se lió y deseó que «éstos sepan mostrar todas las virtudes que atesoro». Lo bueno es que no pararon la grabación para corregir el patinazo.

Una de las mejores ocurrió en otra sesión conjunta de presidentes autonómicos: cuando hubo de referirse al señor Valcárcel, lo hizo como «El presidente de la Comunidad Marciana», que no murciana, lo que llevó a la sala a la hilaridad no contenida a la totalidad de los presentes ante la oportunidad única de conocer a un colega recién llegado de Marte. Cómo será la cosa que los monigotes del Plus, con su mala leche histórica y su talento evidente, han caracterizado a nuestro hombre a través de dos palabras que han triunfado cotidianamente entre sus seguidores: «Andasulía» y «Minolles».

Estos y muchos otros despistes son inherentes a la figura de Chaves -como el día en que la revista «Cambio 16» le premió como «Político del Año», no recuerdo en virtud de qué méritos, y abrió su discurso agradeciendo de corazón el premio a la revista «Cambio Diecisiete»-, razón por la cual si él llama «accidentes» a los atentados me puedo creer que es un lapsus y puedo, incluso, pasarlo por alto de inmediato. Los de por aquí abajo conocemos su historial y no creo que le fuéramos a dar más importancia. Pero en boca del presidente del Gobierno -al que algunos perversos llaman «presidente por accidente»-, se hace especialmente chirriante al ser la tercera vez que confunde términos tan distintos uno y otro.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La traición del ventrílocuo” por Ignacio Camacho

Peligro: el presidente ha perdido el control. Está desconcertado ante una situación crítica y ofrece serias muestras de aturdimiento. El subconsciente se le filtra a través del lenguaje y habla por él como si fuera un ventrílocuo. Y lo malo es que se empeña en llamarle «accidente» al atentado, con una contumacia preocupante que provoca sobresaltos en un panorama particularmente delicado. Los pretorianos de Moncloa, los Moraleda, Fernández de la Vega y Ru-balcaba, azacanean a su alrededor desesperados como bomberos a los que se les queda corta la manguera. Cada vez que abre la boca para articular un discurso a la medida de las circunstancias, su otro yo emerge de algún sitio y se abre paso por entre las telarañas de la conciencia para retratar la impostura y descubrir el estado de confusión de un gobernante sumido en la zozobra, que se resiste en su interior a aceptar el fracaso de su principal apuesta política.

El resultado de estos lapsus recurrentes es una pérdida completa de credibilidad. Si ya costaba trabajo confiar en su intención de finiquitar el diálogo con ETA, la insistencia de sus deslices mentales apuntala en la opinión pública una convicción que sobrepasa la sospecha. No se puede creer a un hombre que da la sensación de no creerse a sí mismo. La gravedad de los hechos parece haber puesto en crisis su capacidad de simulación, y le provoca un desorden que transparenta su estado emocional. Se le ve el cartón.

Pero es que, cuando logra controlar al ventrílocuo, cuando domina los demonios desbocados de su psique, los síntomas no resultan menos inquietantes. Dos semanas después del «accidente» de Barajas aún no ha sido capaz de articular una respuesta clara. No pronuncia la palabra «terrorismo», ni mucho menos formula con nitidez una propuesta de combatirlo con firmeza. Sencillamente, no le sale. Se parapeta detrás de sintagmas ambiguos como el del «fin de la violencia», que valen para la negociación y para la lucha, para la entrega y para la resistencia, para antes y para después de que ETA le destrozase su proceso. Prefirió «suspenderlo» a «cancelarlo» -lo que provocó una alarmada catarata de puntualizaciones a cargo de sus edecanes-, y transita entre alambicadas indeterminaciones que sugieren la intención de ganar tiempo y evocan la posibilidad de un portillo entreabierto.

Su actitud recuerda un célebre cuadro de Magritte, titulado «La traición de las imágenes»; en él se ve una pipa y un letrero que dice «esto no es una pipa». El inconsciente de Zapatero insiste en que lo de Barajas no fue un atentado, aunque se vea un atentado: la bomba de un atentado, los escombros de un atentado, los muertos de un atentado. Pero al mismo tiempo, su imagen empequeñecida, titubeante y ofuscada proyecta ante la opinión pública la sugerencia de otra traición visual: se ve a un presidente, pero esto no es un presidente.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El sofisma” por César Alonso de los Ríos

Corre la idea de que todo gobierno debe contar con el apoyo de la oposición en política antiterrorista. Es uno de esos tremendos disparates derivados de la creencia en el consenso como tal al margen de los contenidos. Zapatero quiso aprovecharse de esa falacia hasta el punto de que llegó a creer que su «proceso de paz» debería ser secundado acríticamente por Rajoy.

A estas alturas del fracaso trágico del «proceso de paz» hay que decir que, a pesar de sus indecisiones, Rajoy no cayó en la trampa de la fidelidad al Gobierno a cualquier precio.

A pesar de las llamadas a la «unidad» de acción, el PP supo ver con claridad que la principal obligación de la oposición es analizar la política antiterrorista del Gobierno y, a partir de ahí, apoyarla, corregirla o condenarla. Es cierto también que no era muy aventurado rechazar el proyecto de Zapatero, ya que el llamado «proceso de paz» estaba basado en la solución del terrorismo a partir de la negociación con ETA sin que ésta fuera precedida por la entrega de las armas. No sólo esto: el «proceso de paz» se convirtió inmediatamente en motivo de alarma pública al traducirse en una política de convivencia cotidiana con la ilegal Batasuna con grave daño para el Estado de Derecho: aceptación del terrorismo callejero, hegemonía social de las fuerzas independentistas, renuncia a las obligadas acciones fiscales y policiales, rearme descarado de la banda...

¿Cómo en estas circunstancias se podría defender una política antiterrorista común? ¿O acaso no era evidente que la estrategia de ZP tenía tan sólo el objetivo de convertir la autonomía del País Vasco en la soñada Euskal Herría, esto es, en la «paz»? El terrible castigo de Barajas es la advertencia salvaje que ETA hace al Gobierno a partir de los acuerdos a los que han podido llegar, desconocidos no sólo por la sociedad, sino por gentes muy próximas a Zapatero... Así que habrá más Barajas sin que por ello alguien pueda concluir que se ha roto el alto el fuego. En estas circunstancias, el PP estaba obligado a oponerse a la política «antiterrorista» del Gobierno. La unidad de acción habría sido la aceptación de un sofisma que conduce al infierno.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Foto fija” por Mikel Iriondo

Después del terrible atentado de Barajas ha faltado tiempo para asistir a todo tipo de declaraciones tipo «ya lo decía yo...» y similares. Era evidente que existían voces, no precisamente «enemigas de la paz» como se las tildaba, que vaticinaban lo peor, pero el problema con el que ahora nos encontramos no estriba en cotejar los aciertos en los vaticinios, sino en restaurar cierta confianza, cierto consenso, la lucha solidaria contra un enemigo común.

Siempre han existido políticos y «expertos» esperanzados y benevolentes con el mundo etarra. No en vano nos han repetido por doquier y durante años aquello de que «algo se mueve en el mundo abertzale», «parece que esta vez sí, que quieren dejarlo», etcétera. El espejismo de otear movilidad en ese terreno cenagoso del fanatismo termina siempre por producir movimiento, pero no entre ellos sino en el seno de las fuerzas democráticas y la ciudadanía en general. No nos engañemos, el atentado y el reciente comunicado de ETA lo dejan meridianamente claro: los batasunos y etarras están en el mismo lugar de siempre, exigen lo mismo, proceden imponiendo el miedo y el terror y consiguen, a la postre, que las gentes en el País Vasco callen y se ocupen de otras cosas. Si durante el tristemente llamado «proceso de paz» los vecinos, antes silenciosos, eran capaces de indignarse públicamente por la extorsión y los actos de «kale borroka», la misma tarde del atentado de Barajas, cerraron nuevamente la boca. Mientras paseaba por la Parte Vieja donostiarra, atestada de gente, pude poner la oreja en bares y corrillos de alegres «txiquiteros» que comenzaban a despedir el año, y no escuché en dos largas horas una sola conversación que hiciera referencia al brutal atentado de la mañana. Una familiar adolescente que había pasado el día con sus amigos, se enteró del atentado al llegar a casa, a las 9,30 de la noche. Nadie en la cuadrilla había dicho nada.

Así pues, parece que actuemos según el estado de ánimo de los terroristas. Cuando están débiles y flaqueando, muchos ingenuos piensan que los etarras tienen clara intención de dejarlo y apuestan por el entendimiento y el diálogo porque supuestamente se han movido de sitio. Cuando ocurre lo peor, el atentado y/o asesinato, se evidencia que la foto es fija, que siguen donde siempre, que han aprovechado para reorganizarse y volver a mostrar su carácter criminal. A pesar de ello, los más comprensivos consideran todavía que para que se muevan habríamos de movernos nosotros primero, reafirmando que no se puede romper el proceso, que la sociedad vasca quiere soluciones, que el Gobierno tenía que haber hecho algún gesto, que la posición inmovilista del PP tiene parte de culpa, etcétera. En consecuencia, y como claro ejemplo de lo dicho, el lendakari Ibarreche tiene la osadía de culminar estos despropósitos convocando una manifestación «por la paz y el diálogo».

Ante lo peor siempre nos encontraremos con los «pacificadores integrados», aquellos que están dispuestos a ver vestigios de respeto democrático en este entorno de canallas totalitarios y retrógrados, recordándonos: «Es que el comunicado dice que no han roto la tregua», «aseguran que no querían matar». Hasta el propio ministro del Interior, en una entrevista concedida al New York Times (9-1-07), afirma que el atentado les ha pillado por sorpresa y añade: «ETA tomó la decisión en el 2003 de dejar de matar, lo que nos preguntamos ahora es si esta decisión está siendo reconsiderada. No lo sabemos». Parece que la simple evidencia de la bomba, los dos asesinatos y el amonal encontrado en Vizcaya no son datos suficientes para el Gobierno, se necesita saber lo que dicen los terroristas, se les sigue concediendo iniciativa política. Pues bien, ahora que hemos conocido este último comunicado de ETA, sospecho que el Gobierno sigue confiando en el proceso. Será interesante comprobar cómo nos lo venden.

Por todo lo dicho, pienso que el Gobierno de Zapatero ha pecado, y peca, no de ingenuidad sino de soberbia al proceder como un grupo de iluminados en resolución de conflictos. Me explicaré. Tengo la convicción de que el Gobierno actual, a través de sus interlocutores, hizo abrigar esperanzas en la organización terrorista de que algunos de sus objetivos históricos (autodeterminación, presos, Navarra, etc.) se podían gestionar y canalizar a satisfacción de ambas partes y de muchos de los españoles cansados de este asunto. Así, de soslayo, se pretendía ganar tiempo y dando largas a los terroristas conseguir que un dilatado plazo sin bombas ni asesinatos (evidentemente persistían otros inequívocos signos de violencia, no lo olvido) impidiera a los etarras volver a atentar. A medida que pasaba el tiempo parecía más difícil que algo como lo de Barajas pudiera ocurrir y, mientras tanto, se hablaba con los terroristas dirigiéndoles alentadoras palabras respecto a sus reivindicaciones.

Pero hay cosas que no pueden ser, por mucho que uno gobierne, y la realidad termina por poner las cosas en su sitio. Existen estamentos judiciales independientes, o por lo menos hay jueces que lo son, que creen firmemente en su labor y continúan dictando sentencias poco gratas para los De Juana y compañía. Existen poderes económicos y políticos en Navarra, y existen evidentemente los propios navarros, que no están dispuestos a tragar con componendas espurias gestionadas a sus espaldas. Conviene recordar nuevamente y comprender, que el carácter antidemocrático y totalitario del mundo abertzale radical (y algunas veces del no tan radical) suele llevarles a pensar que el que gobierna lo puede todo y que un gobierno democrático es capaz de sujetar a jueces, instituciones, empresarios, bancos y a todo quisque. Pero esto no es así y hay muchas cosas que están por encima, afortunadamente, de cualquier negociador avalado por el presidente de Gobierno.

Demostrar que este Gobierno ha pecado de esta curiosa mezcla de prepotencia e ingenuidad es poco menos que imposible, además Rubalcaba ya ha presentado el atentado de Barajas como evidencia de que el Gobierno no ha cedido, tratando así de propinar un batacazo a la oposición y a sus continuas denuncias de rendición frente a las exigencias de ETA. A pesar de ello, el atentado es sencillamente otra vuelta de tuerca más, una exigencia al Gobierno de que ha de dar pasos en la dirección exigida por la banda, una muestra de que los terroristas han venido escuchando bonitas palabras de futuro pero no han visto nada palpable concretado. La bomba y el comunicado de la banda, son nuevamente una apelación al movimiento: muévase señor Zapatero que nosotros seguimos en lo mismo.

Es sabido que el presidente de Gobierno había escuchado incontables veces, y no precisamente de la oposición, estas advertencias de que el mundo abertzale es siempre el mismo y que no cambia, pues a los críticos los matan o los depuran. Sin embargo, ha preferido optar por moverse, por dar esperanzas a los batasunos, y se ha equivocado. Pero, desgraciadamente, el movimiento del Gobierno en este sentido nos ha removido a todos, hasta a los que dicen haber permanecido firmes, e incluso ha provocado el encono entre muchos amigos en la lucha contra ETA. Es ésta otra tragedia y provecho para los terroristas. ¿Dónde estamos ahora? ¿Cómo vamos a proceder frente a esta lacra? ¿Es posible rehacer la respuesta cívica y algunos movimientos organizados en su seno? ¿Tiene intención el Gobierno de retomar el Pacto Antiterrorista?

El consenso de todos los partidos está muy bien, pero de seguro provocará la inagotable emergencia de los pacificadores a toda costa, una mayor escalada, si cabe, en el lanzamiento de trastos entre Gobierno y oposición y, la pelea entre las «expertas» voces de los tertulianos y creadores de opinión. Una merienda indigerible, que hará bramar de satisfacción a los etarras: «Los hemos movido de nuevo», dirán. No parece por otra parte difícil de lograr, utilizando cientos de kilos de explosivos y matando a dos personas, mientras los demás no nos ponemos mínimamente de acuerdo. Hay cosas que son evidentes, y en este caso conviene no olvidar que cuanto más nos movamos, alejemos, del pacto antiterrorista, más oxígeno reciben los totalitarios. En lo sustancial, conviene permanecer firmes y aplicar la Ley hasta que abandonen definitivamente las armas. Esta es la base inequívoca de cualquier posible diálogo.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (LA GACETA DE LOS NEGOCIOS, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:20, Categoría: Opinión en Prensa

“¿División sin remedio?” por Álvaro Delgado-Gal

Puede que el PSE termine por no juntar garbanzos con Ibarretxe, si lo último implica ir del brazo con HB

¿Tarea principal del presidente? Llegar al día del debate con las cosas claras. Esto último significa: en desacuerdo irreversible con el PP. No se explica de otra manera el modo como se ha montado la manifestación del sábado. Es cierto que la convoca la UGT. Pero no parece verosímil que el sindicato socialista haya adoptado determinadas decisiones por su cuenta. Si el propósito hubiese sido buscar la unidad, no se habría escogido, como rostro visible de la manifestación, a Rosa Regás, cuyo oficio, es más, cuyo destino, parece ser el de insultar a los populares. Sólo puede haber designado a esta girl scout otoñal, o un estúpido, o alguien con ganas de bronca.

Pronunciémonos por la primera hipótesis, por no interrumpir prematuramente el análisis. Permanece, como enigma insondable, la composición del lema que presidirá la manifestación. Los convocantes no han querido incluir en la pancarta la palabra “libertad”. Esto... es inaudito. Absolutamente inaudito. El colectivo de ecuatorianos, a los que se está tratando con una memorable falta de cortesía, se ha dividido a su vez, y ya tenemos a miembros de la Fenadee que se suman al acto del sábado, y a miembros de la Fenadee que declinan su asistencia. Ayer pude oír en la radio a uno de los líderes anuentes. Afirmó que la palabra “paz” y no sé qué, resume eficazmente los sentimientos de la sociedad española. De momento, estaba avalando los términos en que se convoca la manifestación. Sin solución de continuidad, apuntó que todos los españoles saben que se está defendiendo la paz y la libertad. La incomodidad del portavoz era evidente. Resulta estrambótico, absurdo, no incluir esa palabra. ¿Por qué no se incluye? Supongamos que el PP no tenga demasiadas ganas de mezclarse con los socialistas. Imaginemos que está buscando pretextos para desvincularse de éstos. El caso es que se le están ofreciendo coartadas aparatosas. Se diría que lo único importante, lo único urgente, es poner tierra por medio, quemar puentes.

Cabe aplicar la misma clave interpretativa al episodio de la marcha convocada por el lehendakari. Sólo desde la mala fe puede ponerse en duda que el objetivo de la marcha, preparada antes del comunicado de ETA, era apoyar la continuación del proceso de paz. El hecho era tan clamorosamente evidente, que Patxi López, al tiempo que anunciaba la presencia del PSE en la manifestación, ponía en claro que no estaba de acuerdo, ni con el fondo, ni con la forma. ¿Por qué ir entonces? El reparo de López a su propia decisión, ininteligible en sí mismo, lleva a maliciar que la iniciativa no era tanto de López como de Zapatero. La idea era confirmar las alianzas que habían tutelado el proceso, y abortar una alianza alternativa con el PP. No sólo el presidente no desea dar su brazo a torcer. Aprecia, y aprecia con razón, que él, él mismo, es políticamente incompatible con un replanteamiento a fondo del proceso. Puede que el PSE termine por no juntar garbanzos con Ibarretxe, si lo último implica ir del brazo con HB. Hay cosas que, todavía, no se pueden hacer. Pero la situación no abre resquicios a la duda. Lo que se va a escenificar el día 15 no es la manera de acabar con ETA, sino el enfrentamiento irreversible entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Entramos en una fase de división civil, en que el enemigo a batir es menos el enemigo real, que el aliado virtual contra el enemigo real.

¿Qué hará el PP? Explotar las contradicciones del PSOE para acelerar la ruina política de Zapatero. En este sentido, Zapatero y el PP está de acuerdo: ninguno desea la feliz armonía. Hagámonos, a continuación, una pregunta cándida: ¿qué haría un partido altruista? ¿Un partido que antepusiera los intereses generales a su éxito a corto plazo?

Contesto a esta pregunta cándida de una manera igualmente cándida. La unidad sólo tiene sentido cuando se sabe para qué se está unidos. Una unidad no es una unidad, si es artificial, esto es, si se levanta sobre una discrepancia de fondo sobre los objetivos que conviene alcanzar. El problema, la tragedia, es que no está claro en qué términos Zapatero quiere alcanzar la paz. No se adivina qué considera realmente negociable. En un país normal, la oposición aceptaría el liderazgo del Gobierno. No existirían incertidumbres radicales sobre cuáles son las prioridades de éste. Este requisito no se cumple en el caso de Zapatero, y por tanto, la desavenencia abierta está justificada, aunque los motivos que la impulsan no sean puramente altruistas.

La táctica afeará un desmarque que avala la razón. Los españoles que no han perdido del todo la sindéresis deberán mantener el contacto con ciertas verdades elementales. Por mucho que se hallen disimuladas tras el ruido feroz que producen los partidos.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifestaciones” por Ignacio Sánchez Cámara

La manifestación que mañana se celebrará en Madrid es un fracaso; la que tendrá lugar en Bilbao es un puro error y, en parte, una burla. Es un fracaso porque ha generado división. Fracaso derivado de un doble error: el origen de la convocatoria y el lema. La manifestación debió ser convocada por el Gobierno y el PP, bajo el único objetivo de la repulsa del terrorismo de ETA. El lema es ambiguo y equivocado: “Por la paz y contra el terrorismo”. Y el error aumenta con la negativa a incluir la referencia a la libertad.

En este contexto, hablar de paz induce a una ambigüedad, deliberada o no. En primer lugar, porque sugiere la existencia de una guerra. Por lo demás, si se entiende que existe una guerra, la respuesta estatal debería ser otra. En segundo lugar, porque la referencia a la paz sugiere una adhesión al llamado proceso de paz auspiciado por el Gobierno y sus aliados. Era, pues, mejor hablar de vida y libertad. No es extraño que el PP, la AVT y la asociación de inmigrantes ecuatorianos de Madrid hayan rechazado su participación. La de Bilbao es aún más disparatada, pues defiende la negociación y, además, Batasuna, es decir, ETA, ha anunciado su participación. Como no es posible que ETA se manifieste contra ETA, la marcha de Bilbao no puede entenderse como una manifestación contra el terrorismo. El camino es otro: la resurrección del difunto pacto antiterrorista y la adhesión de todos aquellos partidos que lo deseen, y, a partir de ahí, introducir las modificaciones que, unánimemente, se estimen pertinentes.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (EL PAIS, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:10, Categoría: Opinión en Prensa

 

"Hartos de ejercer de coros griegos" por Soledad Gallego-Díaz

En términos electorales, es muy posible que, cara a las municipales de mayo, los dos grandes partidos, PP y PSOE, prefieran el enfrentamiento sobre ETA, la tregua y el diálogo, que sobre la corrupción urbanística. El primer tema moviliza a los militantes y simpatizantes, los enardece y reafirma en dos o tres ideas y les empuja a reagruparse en la defensa de sus siglas y de sus líderes. El segundo, mucho más enraizado en la injusta, pero muy poderosa, idea de que todos son iguales a la hora de recalificar terrenos y de crear fortunas de la noche la mañana, desmoviliza a unos y a otros e incomoda a los dirigentes, incapaces de solucionar esas dudas con las mismas frases publicitarias que son tan eficaces en el otro enfrentamiento.

Lo mejor para los ciudadanos sería, sin embargo, que el debate sobre las políticas antiterroristas se amortiguara a partir del próximo lunes, con la gran sesión del Congreso de los Diputados. Un debate en el que el presidente del Gobierno explicará el camino recorrido y sus planes para el futuro, y en el que los distintos grupos le comunicarán sus críticas y sus posiciones cara a esa nueva situación. Lo más increíble es que, si todos ellos reprodujeran en el Parlamento lo que han venido diciendo estos días ante los medios de comunicación, los ciudadanos podríamos llegar a la sorprendente conclusión de que, hoy por hoy, existe más unidad de análisis y de propósito de lo que ellos mismos se empeñan en hacernos creer.

Por primera vez en mucho tiempo, todos los partidos con representación parlamentaria, sin excepción, han defendido estos días un mismo análisis respecto a ETA: el último atentado ha colocado la pelota en el lado de la organización terrorista, de forma que, a partir de ahora, la única manera de desbloquear la situación es que los etarras anuncien el abandono definitivo de las armas y ofrezcan garantías al respecto. Ningún contacto será posible sin esa condición previa y ningún diálogo será posible, ni con ETA ni con Batasuna, sin que esa circunstancia haya sido establecida de forma fehaciente, coinciden todos y cada uno de los partidos reseñados.

Lo acepta la dirección del PNV, la de ERC y la de EA. Lo defiende el PP y el PSOE. Existe, pues, una unidad extraordinaria en uno de los asuntos que había despertado hasta ahora más enfrentamientos: si se puede o no dialogar, y en qué momento. Ahora, ese paso ya no está en manos de los demócratas, sino de ETA y de su capacidad para anunciar su propia desaparición.

¿Cómo es posible que en estas circunstancias sea imposible ofrecer ante los ciudadanos una mínima imagen de unidad? ¿Cómo es posible que los partidos alienten manifestaciones enfrentadas? Los ciudadanos deberíamos ya estar hartos de ejercer el papel de coros griegos en esas estrategias. Por lo menos, deberíamos empezar a entonar otros cantos y otras estrofas por nuestra cuenta, exigiendo a los protagonistas que expliquen sus acciones.

Exigir a UGT y al PSOE que expliquen por qué se han negado a incluir la palabra libertad en la pancarta de la manifestación del sábado, una estupidez que debe provocar dolor de estómago a todos los socialistas de este país.

Exigir al PP que acuda a esa misma manifestación del sábado, sin pretexto que valga, porque ha sido convocada por los inmigrantes ecuatorianos y porque resulta miserable negarse a acompañarles en la calle, como si su dolor no fuera con nosotros, como si no fuéramos nosotros los causantes de ese dolor. Por encima de cualquier otra consideración, debería estar la decencia. Y el PP sabe que, al no ir, actúa de manera indecente

Exigir a los ciudadanos vascos que expulsen ellos mismos de su manifestación, a gritos si es necesario, a los simpatizantes de Batasuna y de ETA, y que se pongan rojos de la vergüenza porque conciudadanos suyos, ahítos de todo, gente rica y opulenta, se atreve a matar a pobres faltos de lo imprescindible, simplemente porque ansían todavía más poder y más riqueza. Sería un gran canto.

Publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

"Una esperanza a prueba de bomba" por José Andrés Torres Mora

Es imprudente explicar los hechos sociales por sus consecuencias. El que la actividad de ETA en la Transición sirviera para dar argumentos a los militares golpistas, no implica que ETA fuera una creación de los generales de Franco. Sólo un paranoico podría creer una idea como ésta. De igual modo, sólo un paranoico podría pensar que ETA puso la bomba en la T-4 para mejorar tres décimas la maltrecha valoración de Rajoy. Y sólo un paranoico desvergonzado se atrevería a insinuar que detrás de la bomba de la T-4 hay oscuras tramas ligadas al PP. Por desgracia, el Gobierno socialista ha venido sufriendo insidias basadas en hipótesis parecidas a lo largo de toda la actual legislatura. Hipótesis desvergonzadas que no tienen su origen en la locura, sino en el método. Un método basado en la mentira y la furia, miles de veces multiplicadas por el poder de sus medios.

Muy pocas personas pondrían su esperanza en una bomba. Muy pocas personas dirían: si estalla una bomba, se demostrará que tengo razón. Y muchas menos se atreverían a colocarla y hacerla estallar. Sólo los terroristas y quienes los apoyan son capaces de poner sus esperanzas políticas en una bomba. Entre otras cosas porque las bombas, más pronto que tarde, acaban volviéndose contra los que ponen sus esperanzas en ellas. Y sabiendo eso, lo razonable es poner la esperanza en que no estalle ninguna bomba. Lo sensato es apostar la razón de uno, su proyecto político, su esperanza, a que no estalle una bomba. Y eso es lo que ha hecho el presidente Rodríguez Zapatero.

No se equivoca, a la corta o a la larga, ésa es la apuesta ganadora. ETA está derrotada. La consolidación de la democracia en España arruinó sus esperanzas de provocar un golpe de Estado y la dejó sin estrategia política. El GAL le dio argumentos para ir tirando unos años. Pero, finalmente, la generalización de la mentalidad democrática en la vida política acabó con cualquier atisbo de sentido de la lucha armada. El fenómeno del terrorismo fundamentalista terminó por complicar la pura supervivencia militar de la banda. Ya no les ofrece a sus presos la esperanza de una victoria a cambio de su sufrimiento, sólo la propuesta degradante de un absurdo e inhumano intercambio de sufrimientos. Pero, a pesar de todo, nada impide que media docena de individuos puedan organizar una tragedia de proporciones gigantescas. La conciencia de la derrota de su proyecto político no impide a ETA morir matando.

Es obligación de todo Gobierno intentar acabar con el terrorismo. Y un Gobierno democrático utilizará para ello todos los medios que la ley y la política le proporcionan. Si progresa en la lucha antiterrorista, es muy probable que en algún momento se encuentre ante la posibilidad de lograr un final dialogado. Puede intentar aprovechar esa oportunidad o desdeñarla y procurar la aniquilación de la banda. Sin duda ambas opciones son inciertas y ambas tienen un coste; ninguna es segura ni gratuita. El objetivo de ambas es la victoria de la democracia y del Estado de derecho; la cuestión es elegir la opción que ahorre más vidas y más sufrimiento de todos. Intuitivamente parece claro que el diálogo debería ser la primera opción.

Es posible que el contexto emocional de dolor y rabia tras un atentado pueda explicar ciertas afirmaciones sobre la estrategia que debemos seguir frente al terrorismo. Pero ni siquiera ese contexto emocional las justifica en un responsable político. Decirle a la gente que con los violentos no se dialoga es algo que desmiente cualquier asalto a una sucursal bancaria. La policía manda negociadores, no un tanque para volar la sucursal con criminales y rehenes dentro. No es propio de sistemas democráticos lo que hizo el presidente Putin con los terroristas chechenos en el colegio de Beslán y en el teatro Dubrovka. Y no es eficaz: el terrorismo continúa, y se hace más desesperado y brutal. Ni lo es la doctrina neoconservadora de Bush, que tanto gusta al PP, respecto al terrorismo fundamentalista islámico. Esa mezcla de silogismos simplistas, brutalidad tecnológica y retórica inflamada es peligrosa y contraproducente. No dudo de que la consigna "a por ellos" enardezca a algunos, y a lo mejor como himno de la selección podría valer. Pero, desde luego, no se puede decir que en sí misma sea una estrategia novedosa y suficiente para acabar con el terrorismo.

Hay que tener muy poca fe en la democracia para creer que la democracia se prostituye o se debilita al hablar con los terroristas. No es la democracia la que traiciona su esencia dialogando con los terroristas. Es el terrorismo el que transforma su naturaleza al dialogar. El instrumento de la democracia es el diálogo, el de los terroristas la violencia, son ellos los que abandonan su campo al dialogar. Con el crimen de la T-4, los terroristas no sólo han puesto punto y final al diálogo, sino que se han arruinado como portadores de un proyecto político.

Los que dicen que ETA está ahora más fuerte que hace tres años, no explican cómo miden la fuerza de ETA. ¿Es que hace tres años ETA no podía poner una bomba y matar a dos personas? Ningún partido se atrevería a poner en su programa electoral que garantiza que ETA no matará durante su legislatura. Durante todo este tiempo los mecanismos del Estado de derecho no han dejado de actuar, la policía ha detenido a más terroristas y la fiscalía ha formulado el triple de acusaciones que durante la tregua de 1999. No se ha retirado ni un solo recurso legal o policial en la lucha contra ETA durante este tiempo. El diálogo no ha sustituido ni un solo recurso de la lucha contra el terrorismo, sino que se ha sumado a los ya existentes. ¿Alguien se atreve a decir que si no hubiera habido diálogo hoy habría menos muertos?

La verdadera razón de las críticas del PP no es que consideren que el presidente haya cometido un error explorando la vía del diálogo. Ellos mismos lo hicieron en el pasado, y lo harían en el futuro, como es natural. Sin complejos. Sin miedo a contradecirse, sin vergüenza alguna por cómo se han comportado en este proceso. Saben que no es un error poner todos los medios democráticos para ahorrar sufrimiento a los españoles.

La verdadera razón de las críticas del PP es que consideran que la política antiterrorista es un asunto que les da réditos electorales; un tema, además, sobre el que se arrogan el monopolio de una extraña legitimidad para hacer lo que les plazca en el Gobierno y en la oposición.

Muchas personas recordarán cómo, en los primeros ochenta, una parte de la derecha abucheaba a los ministros socialistas en los entierros de las víctimas de ETA. Más personas aún recordarán cómo Aznar afirmaba en 1996 que la manifestación contra el asesinato de Francisco Tomás y Valiente era una manifestación contra la política antiterrorista del Gobierno de Felipe González. El mismo Aznar que en 1999 llamaría, en una concesión retórica, Movimiento Vasco de Liberación a la banda terrorista. Y el mismo Aznar que más allá de la retórica acercó presos y permitió la vuelta del extranjero de miembros de ETA. Y la misma derecha que estos días se moviliza contra Zapatero con más rabia que contra la propia ETA. Quizá, además, por parecidas razones por las que insultaban al presidente Suárez cuando, al comienzo de la democracia, asistía a los entierros de las víctimas de ETA.

No es que Zapatero esté haciendo algo distinto de lo que hicieron los anteriores presidentes de la democracia, es que el PP está haciendo lo mismo que hizo siempre, lo mismo que hizo la otra vez para llegar al poder: hacer oposición en materia antiterrorista. Un comportamiento poco leal y un mal negocio. Sólo quienes no creen en la democracia pueden pensar que en España las bombas cambian los Gobiernos, o las políticas de los Gobiernos.

Tan ciegos están en su querencia que ni siquiera se han preguntado qué efectos ha podido tener su comportamiento a lo largo de estos meses en el desarrollo y desenlace del proceso. Porque una cosa es que sean una oposición irresponsable y otra muy distinta es que sean una oposición inocua. Lejos de mi intención culpar al PP de lo que sólo son culpables los viles asesinos de ETA, sólo pretendo que se sitúen frente al espejo deformante que nos presentan a los demás, para que comprendan por qué tampoco nosotros nos reconocemos en ese espejo. Por otra parte, no hacemos ningún favor a nadie dejando que sobre nuestro silencio se apilen acusaciones infundadas, juicios de intenciones y lisas y llanas mentiras.

Históricamente ha sido una desgracia para España tener una derecha tan nacionalista y tan poco patriota. Tan inflamada en la retórica y tan mezquina en los hechos, tan deprimida, que hasta le reprocha al presidente que cultive la esperanza. Y sin embargo, toda la historia de nuestra democracia sólo se explica porque los demócratas tenemos una esperanza a prueba de bomba.

José Andrés Torres Mora es diputado y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE

Publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Encuentro ZP-Rajoy: Editoriales

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 11:00, Categoría: Opinión en Prensa

“La foto y nada más” por Sin Pancarta

Toda la prensa de Madrid se hace eco de la (inútil) reunión que en el día de ayer mantenía el Presidente del Gobierno y el Líder de la Oposición. Como era previsible los acuerdos fueron nulos y el diálogo podría calificarse como propio de sordos. Rajoy mantiene sus razonables peticiones que se pueden resumir en la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Por el contrario el ‘Presidente Accidental’ continúa en su habitual senda de la ambigüedad calculada sin afirmar absolutamente, sin ofrecer compromisos serios, perdiéndose en un mar de vaguedades difícilmente asumibles por un interlocutor mínimamente serio.

En el colmo del despropósito, mientras Mariano Rajoy comparecía ante la prensa en la Sede del Partido Popular, en la sala de prensa de Moncloa aparecía la Vice Presidenta Primera del Gobierno para ‘explicar’ la posición del gobierno que básicamente se puede resumir en culpabilizar al Partido Popular de todos los males exigiendo un apoyo ciego e incondicional a la delirante política zapatera.

La prensa de Madrid, máxime después de conocer la información que adelanta el diario EL MUNDO según la cual miembros del Partidos Socialista se habrían reunido con Batasuna escasas fechas después del criminal atentado etarra en Barajas, se posiciona a favor de Rajoy denunciado el nuevo ‘engaño presidencial’. Sólo hay una excepción, el diario de PRISA que trata de vendernos la posibilidad de acuerdo entre las dos formaciones mayoritarias, postura que el domingo alguno de sus insignes columnistas daban como imposible. 


Zapatero abusa de Rajoy en un nuevo ejercicio de doble juego (Editorial de EL MUNDO)

Nos hubiera gustado comenzar este editorial saludando la rectificación del Gobierno y felicitando a Zapatero por escuchar las voces juiciosas y sensatas que le reclamaban un giro en la política antiterrorista. Pero el encuentro de ayer con Mariano Rajoy en La Moncloa revela que el presidente no quiere rectificar y va en la dirección contraria de lo que dicta el interés general y el sentido común.

La reunión entre los dos líderes políticos no sólo sirvió para evidenciar por segunda vez en poco más de dos semanas sus enormes diferencias en política antiterrorista, sino que además escenificó el nuevo intento del Gobierno de aislar al PP y presentarlo como un partido intolerante, que se niega a cualquier tipo de diálogo y que se desmarca del resto de las formaciones. Éste era, muy probablemente, el principal objetivo de la convocatoria a juzgar por las declaraciones de la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega.

Si lo que quería el Gobierno era recomponer el consenso con el PP, fuera de forma unilateral o en un marco multilateral, la reunión de ayer fue totalmente contraproducente. Resulta insólito que el presidente convoque al líder de la oposición y la vicepresidenta le descalifique poco menos que cuando está saliendo por la puerta. Fernández de la Vega llegó a acusar a Rajoy de haber «utilizado» el terrorismo para «desgastar» al Gobierno, advirtiéndole a continuación de que «hará un flaco favor a los intereses generales, a su propio partido y [¡¡] a sí mismo» si ahora no secunda a Zapatero. Hacía tiempo que no se escuchaba nada tan impropio como esta mezcla de reproches y admoniciones dirigidas a un invitado. Por mucho menos Aznar decidió sustituir a Miguel Angel Rodríguez cuando se permitió burlarse de Jordi Pujol el mismo día que acudía a Moncloa. No sugerimos que ahora deba ocurrir lo mismo -sólo le faltaba eso al Gobierno-, pero el que una persona habitualmente prudente como la vicepresidenta no guardara ayer ni las normas de la cortesía política es la mejor prueba de hasta qué punto la cúpula del poder sigue sin recuperarse del impacto emocional de la explosión en la T-4 de Barajas.

Sin propuestas concretas

Zapatero ofreció ayer al PP un diálogo en abstracto, pero no realizó propuesta concreta alguna y menos la recomposición del Pacto Antiterrorista, que, según las palabras de la vicepresidenta, ha quedado superado por el paso del tiempo.

Zapatero quiere que Rajoy se sume a una política de consenso con el resto de las fuerzas políticas, pero no acepta ni el menor error en su estrategia de negociación, ni se compromete a romper definitivamente el diálogo con ETA, ni se desmarca de la ambigüedad de socios como el PNV y ERC. Pide, en definitiva, al PP que rectifique, cuando quien tiene que rectificar es él después del atentado de ETA en Barajas.

La prueba de que Zapatero pretendía arrinconar de nuevo al PP y presentarlo como la gran coartada de su fracaso es la noticia que publicamos hoy en nuestra portada: los contactos secretos mantenidos hace muy pocos días entre el PSE y Batasuna al más alto nivel.

A través de su interlocutor, Batasuna le pidió al Gobierno que no rompiera el proceso de paz a cambio de la declaración de ayer de Otegi, en la que éste solicitó a la banda que «mantenga el alto el fuego permanente». Esa comunicación del líder de Batasuna fue pactada con la dirección de ETA.

Contraste con la realidad

Es inimaginable que Zapatero -que, por supuesto, no le dijo ayer ni una palabra a Rajoy al respecto- no estuviera al tanto de este encuentro. De hecho, en las actuales circunstancias, todo indica que la cúpula del PSE tuvo que tener su autorización previa. ¿Cómo encaja eso con su enfático anuncio del sábado 30 de diciembre: «He ordenado suspender todas las iniciativas para desarrollar ese diálogo»? ¿Qué podemos esperar de este Gobierno si ni siquiera un compromiso tan superficial y débil no resiste el contraste con la realidad más allá de una semana? ¿Es que de nuevo Zapatero quiere jugar con las palabras, pensando que todas se las llevará el viento y que nada de lo que se dice tiene importancia alguna? Así es como se destruye la credibilidad de un gobernante.

Pero peor aun es el fondo del asunto. El PSE se reunió con Batasuna por la misma razón por la que Patxi López se apresuró a secundar la manifestación de Ibarretxe a favor del «diálogo» , por la misma razón que se ha frenado en seco el esbozo de autocrítica de José Blanco y por la misma razón por la que Zapatero se niega a convocar el Pacto Antiterrorista: porque, aunque parezca inverosímil, el presidente quiere mantener los puentes abiertos para tener la opción de volver a las andadas en cuanto se disipe el humo de la bomba, se retiren los escombros y se proteste un poco por los muertos. Entre tanto, para ganar tiempo, necesita crear una gran marejada no contra ETA sino contra el PP.

Rajoy -que ya fue engañado por Zapatero en el debate sobre el estado de la Nación cuando también le ocultó una futura reunión del PSE con Batasuna- no se merece ese doble juego del Gobierno. Y tampoco se merece el descortés trato que recibió ayer. Si Zapatero quiere seguir convocándole a Moncloa, lo menos que debe garantizar al líder de la oposición es un elemental respeto a las reglas de la buena educación.

La reunión de ayer sólo sirvió para agrandar las ya abismales diferencias entre el PSOE y el PP, lo cual favorece a ETA y augura fuertes tensiones entre los dos partidos en un periodo preelectoral.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Zapatero no busca derrotar a ETA” (Editorial de LA RAZON)

El presidente del Gobierno se niega a rectificar y a volver al Pacto Antiterrorista, como pide el PP

Como si de una maldición se tratara, el tercer encuentro entre Zapatero y Rajoy sobre la política antiterrorista (séptimo en el cómputo global) terminó ayer como los anteriores: sin acuerdo alguno, salvo en predicar las bondades del diálogo y el pacto. La manera sigilosa y urgente en que fue convocado alentó la esperanza de que el atentado de ETA hubiera abierto los ojos al presidente del Gobierno y provocado un cambio sustancial en su estrategia sobre la banda. Vanas esperanzas. Si la de ayer fue otra reunión fracasada no se debe a maldición alguna, sino al empecinamiento de Zapatero en no moverse del sitio; es decir, en no rectificar, en no pactar con el principal partido de la oposición y en no buscar la derrota policial y judicial de ETA.

Para lo único que sirvió el encuentro de ayer fue para que un presidente de Gobierno acorralado por la opinión pública encubra su descalabro fotografiándose con su oponente político. Pura operación de lavado y maquillaje a la que la vicepresidenta prestó sus mejores armas estéticas. La intervención de De la Vega tras la reunión de ayer fue antes un mitin de partido que el resumen de una entrevista institucional. La número dos del Gobierno se dedicó en exclusiva a defender la desastrosa gestión de Zapatero, a arroparlo contra las críticas con la supuesta solidaridad de «millones de españoles» y a canonizarlo como mártir de la causa de la paz. Lo peor, sin embargo, fue que, además de rechazar la propuesta de pacto del PP, acusó al partido de Rajoy de negarse al diálogo para que el Gobierno lograra el fin de la violencia. Dicho de otro modo, se dedicó a culpar a los dirigentes populares del fracaso de Zapatero, estratagema que, aún siendo zafia, trata de calar en la ciudadanía menos avisada.

Como quedó bien claro el día de la Pascua Militar, Zapatero no siente la obligación de rectificar porque está seguro de no haber cometido error alguno. El argumento machacón del Gobierno, reiterado ayer por De la Vega, es que si la negociación con ETA ha terminado en sangriento desastre no ha sido por culpa de Zapatero, sino de los terroristas. Por tanto, no hay motivo para cambiar de política; por contra, hay que extremar la acusación contra el PP de no querer ayudar. En suma, el presidente se niega a reconocer fallo alguno, se resiste a romper totalmente con la banda y si ésta ha cerrado la puerta, él quiere abrir una ventana. Para ello, se apresta a recabar el apoyo de sus socios en el Congreso (incluida ERC, que no dudó en elogiar a ETA tras el día 30) y pretende agarrarse a clavos ardiendo, como el de Otegi o el de un Josu Ternera «desolado» por el atentado. Poco antes de que Zapatero y Rajoy se vieran, el líder batasuno dio una «oportuna» rueda de Prensa para suplicar a ETA que siga en tregua. Más que una exigencia, fue la petición servil de quien en vez de condenar el asesinato de dos personas prefiere implorar clemencia al verdugo. Y de paso, revalidar la simpatía del Gobierno para evitar la prisión.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Operación de imagen de Zapatero” (Editorial de ABC)

La reunión apresurada que ayer mantuvieron en la Moncloa José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue una nueva demostración del sentido oportunista con el que el presidente del Gobierno maneja sus relaciones con el principal partido de la oposición. Lo que en cualquier democracia bien asentada merecería la máxima consideración institucional y política, aquí se ha convertido en un comodín de las necesidades de imagen de Zapatero, al que Rajoy responde con una lealtad digna de todo elogio, pero que empieza a plantear problemas de compatibilidad con la consideración que debe reclamar para sí el presidente del partido que representa a casi diez millones de votantes.

Las formas de la convocatoria a Mariano Rajoy son las propias de un acto improvisado y fruto del nerviosismo, una cita en la que no se respetó la gravedad de la situación que atraviesa España, nuevamente atacada de la peor manera por ETA, ni el papel que la oposición tiene asignado en una democracia parlamentaria. Desde que comenzó la legislatura, los usos más valiosos del sistema democrático español se han degradado por una acción de gobierno partidista y sectaria, que sigue empeñada en el objetivo estratégico fundamental de Rodríguez Zapatero: el aislamiento a toda costa del Partido Popular.

El breve encuentro de ayer en La Moncloa estaba al servicio de la campaña del Gobierno para ganar tiempo, aparentar movimientos que nada cambian e intentar neutralizar a Mariano Rajoy con una red de gestos y discursos tramposos que pongan a prueba el moderantismo del líder popular y le disuadan de mantener la posición firme y exigente que requiere el momento. Ayer no se avanzó en una reconstitución del consenso antiterrorista porque no era éste el propósito de Zapatero, sino presentar a Rajoy como un político intolerante y reacio al diálogo, aun a costa de hacerlo con un discurso ya desprestigiado y con una maniobra torpe a la que la opinión pública ya ha quitado la careta. Para la gran mayoría de ciudadanos, no hay duda de que el ofrecimiento de diálogo a Rajoy por parte del Gobierno es un ejercicio de cinismo insuperable, después de dos años y medio de un mandato cuyo nervio central ha sido la quiebra intencionada de todos los consensos posibles con el PP, empezando por el antiterrorista. No obstante, a pesar de que las encuestas ya revelan el descrédito galopante del Gobierno, su estrategia de fondo sigue siendo mantener el mismo acuerdo parlamentario -con una versión que, adaptada a las circunstancias, fomente al PNV- en el que se basó la declaración del Congreso de los Diputados de mayo de 2005, con lo que el PSOE y el presidente del Gobierno están haciendo imposible de antemano el consenso con el PP. Y esto es lo que debe saber la opinión pública. El PP sólo puede y debe aceptar la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, el único que compromete la derrota incondicional de ETA. Ningún acuerdo es posible para el PP fuera de este objetivo, ni con partidos que claramente se oponen a la erradicación policial del terrorismo. Y mientras Rajoy mantenga este criterio, las maniobras del Gobierno estarán abocadas al fracaso.

Rajoy no cayó en la trampa de dar más cheques en blanco y denunció acertadamente la falta de respuestas y compromisos del presidente del Gobierno que impliquen una rectificación sustancial de su política antiterrorista. Ni la hubo ayer ni es previsible que la haya, porque Rodríguez Zapatero ha fundido su futuro político con el proceso de diálogo con ETA hasta el extremo de hacer imposible una rectificación sin que ésta suponga un reconocimiento del fracaso de su mandato. Por eso, los movimientos del Gobierno sólo están orientados a arañar días que enfríen a la opinión pública, alejen el atentado del 30-D y permitan a Zapatero replantear un acuerdo parlamentario suficiente para repescar el diálogo con ETA. La ambigua y calculada declaración hecha ayer por Otegi, pese a que no pide expresamente el mantenimiento del alto el fuego -porque la izquierda proetarra nunca ha pedido treguas a ETA- será utilizada a favor de ese relanzamiento del proceso a medio plazo.

En estas condiciones, el PP tiene un papel histórico y político que asumir. El Estado no ha reaccionado contra ETA porque el Gobierno se resiste a cancelar el proyecto del que depende la supervivencia política de Rodríguez Zapatero, y sólo el PP está condiciones de denunciarlo. Y debe hacerlo con liderazgo social, presencia pública y discursos inequívocos, sin temor a ser criticado por quienes, en este momento, sólo buscan su desaparición de la escena política y, de paso, salvar la cara ante la ciudadanía con espurias operaciones de imagen.

Editorial publicado por el diario ABC el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Palos de ciego” (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Ante el estrépito que ha producido la explosión de Barajas en las primeras encuestas, el presidente Zapatero ha querido hacer suyo ese refrán tan propio de estas fechas: "Año nuevo, vida nueva". Su reacción primera, para compensar la lentitud de reflejos con que se ha gestionado la crisis originada por el atentado del 30 de diciembre, ha sido llamar al líder de la oposición. Es algo, pero no es suficiente. Descubrir a estas alturas que no se puede avanzar en la lucha contra el terrorismo sin el concurso del PP no es descubrir la pólvora, precisamente, o el amonal, en este caso. Y confirma lo equivocado del desarrollo del proceso hasta ahora.

Volver a lo que ya había, a la legalidad vigente, al llamado Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, después de tanto alejamiento, no es nada fácil. Porque algunas cosas han cambiado, sin duda, desde que se firmó ese Pacto entre el PSOE y el PP en la legislatura anterior. Entre otras, que Zapatero ha buscado el diálogo con fuerzas políticas, como ETA y Batasuna, que no han dado pruebas hasta ahora de quererlo. Intentar ahora un pacto con todo el espectro del Congreso de los Diputados es querer reducir al PP, que representa en votantes a medio país, a la condición de simple figurante junto a fuerzas tan poco representativas, numéricamente, como el PNV o ERC, que, además, no está tan claro cómo entienden la lucha contra el terrorismo.

Tras la reunión de La Moncloa y del consabido diálogo de sordos, no hay motivo alguno para pensar que las cosas han cambiado sustancialmente en las relaciones entre los dos grandes partidos. El presidente ha empezado a andar, pero por ahora sólo ha dado palos de ciego.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Necesario y posible” (Editorial de EL PAIS)

El nuevo encuentro entre Zapatero y Rajoy, primero tras el brutal atentado de Barajas, sólo sirvió para que ambos repitieran sus discursos respectivos, a la espera cada uno de ellos de que sea el otro quien rectifique. Es lo que se deduce de las explicaciones paralelas ofrecidas por el líder del PP y la vicepresidenta del Gobierno al término de la entrevista. Así, la unidad que ambos reclaman es imposible. Y ello ocurre pese a que el momento es de los que requieren una respuesta de apoyo al Gobierno, organizada ante todo por los dos grandes partidos; por ejemplo, frente a lo que la declaración de Otegi de ayer parece anunciar: un próximo comunicado de ETA emplazando al Gobierno a reanudar las conversaciones.

Las exigencias de Otegi al Gobierno son las de siempre, pero esta vez se añade un llamamiento a ETA para que mantenga el alto el fuego anunciado el 22 de marzo. Sin embargo, no se puede mantener lo que ya no existe. A no ser que ETA pretenda que los muertos fueron una consecuencia no querida del atentado por lo que siguen vigentes la tregua y el diálogo. Aceptar tal planteamiento significaría dar por bueno que es posible un diálogo con atentados que pueden o no provocar muertes. El Gobierno no podría admitirlo, y es seguro que el PP compartiría la firmeza en el rechazo. Episodios colaterales como el repudio de los socialistas vascos al lema propuesto por Ibarretxe para una manifestación "por la paz y el diálogo" confirman que el partido del Gobierno considera imposible cualquier diálogo en las actuales circunstancias.

Pero indican también que hay quienes no piensan lo mismo, como el lehendakari. Sería conveniente que Zapatero y Rajoy, que representan al 80% de los ciudadanos, se pusieran de acuerdo en la respuesta a ésa y otras situaciones que se producirán ahora. Y de eso es de lo que deberían haber hablado ayer. Rajoy apeló nuevamente al Pacto Antiterrorista como marco de la unidad, a sabiendas de que los socialistas están ahora obligados a incluir a las formaciones que respaldaron la resolución parlamentaria de 2005 sobre el final pactado de ETA y especialmente al PNV. Ambos textos comparten el principio de la negativa a pagar precio político por el fin de la violencia, que podría ser el eje (en absoluto banal) de un nuevo pacto basado en la experiencia de lo ocurrido.

El que se firmó en 2000 excluía expresamente del consenso democrático a un PNV que no había abandonado la lógica de Lizarra, es decir, justamente, la legitimidad de reclamar un precio político. Sería absurdo mantener esa exclusión ahora que el sector mayoritario de ese partido ha renunciado a tal pretensión, pese a las resistencias internas. Ese motivo bastaría para intentar ahora un marco de acuerdo diferente, aunque incorporase gran parte del contenido de aquel: utilización de todos los instrumentos del Estado de derecho contra ETA, respeto a las reglas y procedimientos establecidos en eventuales reformas del marco institucional, eliminar de la confrontación partidista el problema terrorista, etc.

El principal obstáculo es la negativa a cualquier diálogo con ETA, implícito en el pacto de 2000. Pero es falaz contraponer derrota de ETA y final pactado, ya que lo primero es condición para lo segundo, y ahora hasta Aralar, escisión de Batasuna, defiende que no puede haber diálogo, ni hoy ni nunca, sin derrota, es decir, sin un compromiso irreversible y verificado de abandono definitivo de la violencia. Y ésa podría ser la respuesta compartida al comunicado que tal vez prepara ETA.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Reunión en la Moncloa” (Editorial de LA VANGUARDIA)

La primera reunión entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, tras el atentado de Barajas del pasado 30 de diciembre terminó sin un mínimo acuerdo. El jefe del Ejecutivo propuso al presidente del PP un diálogo para llegar a una nueva alianza contra el terrorismo con todos los grupos parlamentarios. Aquél le contestó que, para luchar contra ETA, se debe regresar al pacto antiterrorista, al que pueden sumarse todos los demás partidos.

La posición de Rodríguez Zapatero, después de que la banda terrorista volara el aparcamiento de la T4 y segara la vida de dos inmigrantes ecuatorianos, fue criticada nuevamente ayer por Mariano Rajoy, quien afirmó salir de la Moncloa “sin una idea clara” de la política del Gobierno ni de por qué se produjo el atentado. El Ejecutivo sigue insistiendo, ayer a través de la vicepresidenta M.ª Teresa Fernández de la Vega, en que hizo lo que debía, sin el menor asomo de autocrítica.

Después de una larga y dramática semana, empleada en la búsqueda de los cadáveres de los infortunados inmigrantes bajo miles de toneladas de escombros, la oferta que hace el presidente del Gobierno a la oposición se limita a abrir un diálogo permanente para llegar a un nuevo acuerdo de todos contra el terrorismo.

Pero eso parece poco. Rodríguez Zapatero debe seguir tomando la iniciativa y concretar las bases sobre las que cree que habría que levantar este gran acuerdo entre todos, incluidos los partidos nacionalistas, a los que se marginó en diciembre del 2000 del pacto antiterrorista, por lo que únicamente lo firmaron el PP y el PSOE. Lo que se espera del Gobierno, después de lo sucedido, es que vaya más allá de una oferta de diálogo a todos los grupos parlamentarios. Es él quien debe concretar las propuestas y pactarlas con las demás fuerzas políticas a través del diálogo.

Mariano Rajoy, por su parte, se ha enrocado en el pacto antiterrorista, con lo que su grupo puede volver a quedarse solo en el Congreso de los Diputados. Además, con esa actitud, el líder del PP corre el riesgo de no ser comprendido por quienes, desde posiciones moderadas, entienden que la unidad es la base fundamental desde la que luchar contra el terrorismo y que no debe negarse a hacer concesiones y ser generoso para abrir el acuerdo al resto de las fuerzas políticas.

Ahora son momentos de claridad, firmeza y altura de miras. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

Editorial publicado por el diario LA VANGUARDIA el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


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