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Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (ABC, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:30, Categoría: Opinión en Prensa

“El accidente del presidente” por Carlos Herrera

José Luis Rodríguez se empeña en llamar «accidentes» a los atentados. Dice su servicio de corrección, exégesis y propaganda que es un simple lapsus, un tropezón verbal, un descuido en la transmisión neuronal cerebro-lengua sin mayor importancia. Para excusarlo acude Chaves en su auxilio y, absolutamente pasmado, me pregunto si eso es lo más indicado habida cuenta el abigarrado historial de despistes lingüísticos que atesora el presidente andaluz, alguno de ellos de auténtica antología del disparate. ¿Tenía que ser precisamente Don Manuel el que interviniese para disculpar el nuevo patinazo de «El Fenómeno»? ¿Seguro que no había otro? El presidente de la Junta de Andalucía ha sido capaz de retorcer el lenguaje de tal manera que un observador no avisado del nivel medio de la política española podría creer encontrarse ante un genio de la expresión, cuando todos sabemos que no es el caso.

Virtudes tendrá, pero la oratoria no es una de ellas. Cuenta el magnífico Pepe Esteban en su «Vituperio y algún Elogio de la Errata» que ha habido poemas que han mejorado notablemente gracias al error tipográfico, y pone como ejemplo aquellos versos que comenzaban diciendo «Mar abajo de tu frente...» que no eran sino la versión errónea del original «Más abajo de tu frente...». El errado estaba infinitamente mejor. A Chaves le ha pasado algo parecido en alguna ocasión. Cuando se debatía la memoria histórica en el Parlamento andaluz, increpó a la oposición por ejercer de tal y le dijo que le iba a salir «el tiro por la cuneta». De haberlo hecho con idea no dejaba de ser un acierto ya que es en las cunetas donde se simboliza el enterramiento masivo de los asesinados, pero no se ilusionen sus seguidores: quería decir «el tiro por la culata».

Tampoco se emocionen cuando lean que en un debate económico llamó «Señora Per Cápita» a Teófila Martínez, justo al poco de debatir acerca de los niveles de renta de los ciudadanos de la comunidad. Podría ser una genialidad, sí, pero no lo era, era un lapsus. Todavía tiembla la Cámara andaluz el día que, en discurso programático, aseguró que su empeño no era otro que «el enriquecimiento de los socialistas», en lugar del enriquecimiento de los andaluces -enriquecimiento del que no es en absoluto sospechoso, ya que su honradez es manifiesta-; como tiembla todavía de la carcajada que consiguió arrancar la noche de fin de año en la que discursó acerca de las cualidades de la juventud andaluza: en lugar de hacer referencia a ellos, se lió y deseó que «éstos sepan mostrar todas las virtudes que atesoro». Lo bueno es que no pararon la grabación para corregir el patinazo.

Una de las mejores ocurrió en otra sesión conjunta de presidentes autonómicos: cuando hubo de referirse al señor Valcárcel, lo hizo como «El presidente de la Comunidad Marciana», que no murciana, lo que llevó a la sala a la hilaridad no contenida a la totalidad de los presentes ante la oportunidad única de conocer a un colega recién llegado de Marte. Cómo será la cosa que los monigotes del Plus, con su mala leche histórica y su talento evidente, han caracterizado a nuestro hombre a través de dos palabras que han triunfado cotidianamente entre sus seguidores: «Andasulía» y «Minolles».

Estos y muchos otros despistes son inherentes a la figura de Chaves -como el día en que la revista «Cambio 16» le premió como «Político del Año», no recuerdo en virtud de qué méritos, y abrió su discurso agradeciendo de corazón el premio a la revista «Cambio Diecisiete»-, razón por la cual si él llama «accidentes» a los atentados me puedo creer que es un lapsus y puedo, incluso, pasarlo por alto de inmediato. Los de por aquí abajo conocemos su historial y no creo que le fuéramos a dar más importancia. Pero en boca del presidente del Gobierno -al que algunos perversos llaman «presidente por accidente»-, se hace especialmente chirriante al ser la tercera vez que confunde términos tan distintos uno y otro.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“La traición del ventrílocuo” por Ignacio Camacho

Peligro: el presidente ha perdido el control. Está desconcertado ante una situación crítica y ofrece serias muestras de aturdimiento. El subconsciente se le filtra a través del lenguaje y habla por él como si fuera un ventrílocuo. Y lo malo es que se empeña en llamarle «accidente» al atentado, con una contumacia preocupante que provoca sobresaltos en un panorama particularmente delicado. Los pretorianos de Moncloa, los Moraleda, Fernández de la Vega y Ru-balcaba, azacanean a su alrededor desesperados como bomberos a los que se les queda corta la manguera. Cada vez que abre la boca para articular un discurso a la medida de las circunstancias, su otro yo emerge de algún sitio y se abre paso por entre las telarañas de la conciencia para retratar la impostura y descubrir el estado de confusión de un gobernante sumido en la zozobra, que se resiste en su interior a aceptar el fracaso de su principal apuesta política.

El resultado de estos lapsus recurrentes es una pérdida completa de credibilidad. Si ya costaba trabajo confiar en su intención de finiquitar el diálogo con ETA, la insistencia de sus deslices mentales apuntala en la opinión pública una convicción que sobrepasa la sospecha. No se puede creer a un hombre que da la sensación de no creerse a sí mismo. La gravedad de los hechos parece haber puesto en crisis su capacidad de simulación, y le provoca un desorden que transparenta su estado emocional. Se le ve el cartón.

Pero es que, cuando logra controlar al ventrílocuo, cuando domina los demonios desbocados de su psique, los síntomas no resultan menos inquietantes. Dos semanas después del «accidente» de Barajas aún no ha sido capaz de articular una respuesta clara. No pronuncia la palabra «terrorismo», ni mucho menos formula con nitidez una propuesta de combatirlo con firmeza. Sencillamente, no le sale. Se parapeta detrás de sintagmas ambiguos como el del «fin de la violencia», que valen para la negociación y para la lucha, para la entrega y para la resistencia, para antes y para después de que ETA le destrozase su proceso. Prefirió «suspenderlo» a «cancelarlo» -lo que provocó una alarmada catarata de puntualizaciones a cargo de sus edecanes-, y transita entre alambicadas indeterminaciones que sugieren la intención de ganar tiempo y evocan la posibilidad de un portillo entreabierto.

Su actitud recuerda un célebre cuadro de Magritte, titulado «La traición de las imágenes»; en él se ve una pipa y un letrero que dice «esto no es una pipa». El inconsciente de Zapatero insiste en que lo de Barajas no fue un atentado, aunque se vea un atentado: la bomba de un atentado, los escombros de un atentado, los muertos de un atentado. Pero al mismo tiempo, su imagen empequeñecida, titubeante y ofuscada proyecta ante la opinión pública la sugerencia de otra traición visual: se ve a un presidente, pero esto no es un presidente.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“El sofisma” por César Alonso de los Ríos

Corre la idea de que todo gobierno debe contar con el apoyo de la oposición en política antiterrorista. Es uno de esos tremendos disparates derivados de la creencia en el consenso como tal al margen de los contenidos. Zapatero quiso aprovecharse de esa falacia hasta el punto de que llegó a creer que su «proceso de paz» debería ser secundado acríticamente por Rajoy.

A estas alturas del fracaso trágico del «proceso de paz» hay que decir que, a pesar de sus indecisiones, Rajoy no cayó en la trampa de la fidelidad al Gobierno a cualquier precio.

A pesar de las llamadas a la «unidad» de acción, el PP supo ver con claridad que la principal obligación de la oposición es analizar la política antiterrorista del Gobierno y, a partir de ahí, apoyarla, corregirla o condenarla. Es cierto también que no era muy aventurado rechazar el proyecto de Zapatero, ya que el llamado «proceso de paz» estaba basado en la solución del terrorismo a partir de la negociación con ETA sin que ésta fuera precedida por la entrega de las armas. No sólo esto: el «proceso de paz» se convirtió inmediatamente en motivo de alarma pública al traducirse en una política de convivencia cotidiana con la ilegal Batasuna con grave daño para el Estado de Derecho: aceptación del terrorismo callejero, hegemonía social de las fuerzas independentistas, renuncia a las obligadas acciones fiscales y policiales, rearme descarado de la banda...

¿Cómo en estas circunstancias se podría defender una política antiterrorista común? ¿O acaso no era evidente que la estrategia de ZP tenía tan sólo el objetivo de convertir la autonomía del País Vasco en la soñada Euskal Herría, esto es, en la «paz»? El terrible castigo de Barajas es la advertencia salvaje que ETA hace al Gobierno a partir de los acuerdos a los que han podido llegar, desconocidos no sólo por la sociedad, sino por gentes muy próximas a Zapatero... Así que habrá más Barajas sin que por ello alguien pueda concluir que se ha roto el alto el fuego. En estas circunstancias, el PP estaba obligado a oponerse a la política «antiterrorista» del Gobierno. La unidad de acción habría sido la aceptación de un sofisma que conduce al infierno.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Foto fija” por Mikel Iriondo

Después del terrible atentado de Barajas ha faltado tiempo para asistir a todo tipo de declaraciones tipo «ya lo decía yo...» y similares. Era evidente que existían voces, no precisamente «enemigas de la paz» como se las tildaba, que vaticinaban lo peor, pero el problema con el que ahora nos encontramos no estriba en cotejar los aciertos en los vaticinios, sino en restaurar cierta confianza, cierto consenso, la lucha solidaria contra un enemigo común.

Siempre han existido políticos y «expertos» esperanzados y benevolentes con el mundo etarra. No en vano nos han repetido por doquier y durante años aquello de que «algo se mueve en el mundo abertzale», «parece que esta vez sí, que quieren dejarlo», etcétera. El espejismo de otear movilidad en ese terreno cenagoso del fanatismo termina siempre por producir movimiento, pero no entre ellos sino en el seno de las fuerzas democráticas y la ciudadanía en general. No nos engañemos, el atentado y el reciente comunicado de ETA lo dejan meridianamente claro: los batasunos y etarras están en el mismo lugar de siempre, exigen lo mismo, proceden imponiendo el miedo y el terror y consiguen, a la postre, que las gentes en el País Vasco callen y se ocupen de otras cosas. Si durante el tristemente llamado «proceso de paz» los vecinos, antes silenciosos, eran capaces de indignarse públicamente por la extorsión y los actos de «kale borroka», la misma tarde del atentado de Barajas, cerraron nuevamente la boca. Mientras paseaba por la Parte Vieja donostiarra, atestada de gente, pude poner la oreja en bares y corrillos de alegres «txiquiteros» que comenzaban a despedir el año, y no escuché en dos largas horas una sola conversación que hiciera referencia al brutal atentado de la mañana. Una familiar adolescente que había pasado el día con sus amigos, se enteró del atentado al llegar a casa, a las 9,30 de la noche. Nadie en la cuadrilla había dicho nada.

Así pues, parece que actuemos según el estado de ánimo de los terroristas. Cuando están débiles y flaqueando, muchos ingenuos piensan que los etarras tienen clara intención de dejarlo y apuestan por el entendimiento y el diálogo porque supuestamente se han movido de sitio. Cuando ocurre lo peor, el atentado y/o asesinato, se evidencia que la foto es fija, que siguen donde siempre, que han aprovechado para reorganizarse y volver a mostrar su carácter criminal. A pesar de ello, los más comprensivos consideran todavía que para que se muevan habríamos de movernos nosotros primero, reafirmando que no se puede romper el proceso, que la sociedad vasca quiere soluciones, que el Gobierno tenía que haber hecho algún gesto, que la posición inmovilista del PP tiene parte de culpa, etcétera. En consecuencia, y como claro ejemplo de lo dicho, el lendakari Ibarreche tiene la osadía de culminar estos despropósitos convocando una manifestación «por la paz y el diálogo».

Ante lo peor siempre nos encontraremos con los «pacificadores integrados», aquellos que están dispuestos a ver vestigios de respeto democrático en este entorno de canallas totalitarios y retrógrados, recordándonos: «Es que el comunicado dice que no han roto la tregua», «aseguran que no querían matar». Hasta el propio ministro del Interior, en una entrevista concedida al New York Times (9-1-07), afirma que el atentado les ha pillado por sorpresa y añade: «ETA tomó la decisión en el 2003 de dejar de matar, lo que nos preguntamos ahora es si esta decisión está siendo reconsiderada. No lo sabemos». Parece que la simple evidencia de la bomba, los dos asesinatos y el amonal encontrado en Vizcaya no son datos suficientes para el Gobierno, se necesita saber lo que dicen los terroristas, se les sigue concediendo iniciativa política. Pues bien, ahora que hemos conocido este último comunicado de ETA, sospecho que el Gobierno sigue confiando en el proceso. Será interesante comprobar cómo nos lo venden.

Por todo lo dicho, pienso que el Gobierno de Zapatero ha pecado, y peca, no de ingenuidad sino de soberbia al proceder como un grupo de iluminados en resolución de conflictos. Me explicaré. Tengo la convicción de que el Gobierno actual, a través de sus interlocutores, hizo abrigar esperanzas en la organización terrorista de que algunos de sus objetivos históricos (autodeterminación, presos, Navarra, etc.) se podían gestionar y canalizar a satisfacción de ambas partes y de muchos de los españoles cansados de este asunto. Así, de soslayo, se pretendía ganar tiempo y dando largas a los terroristas conseguir que un dilatado plazo sin bombas ni asesinatos (evidentemente persistían otros inequívocos signos de violencia, no lo olvido) impidiera a los etarras volver a atentar. A medida que pasaba el tiempo parecía más difícil que algo como lo de Barajas pudiera ocurrir y, mientras tanto, se hablaba con los terroristas dirigiéndoles alentadoras palabras respecto a sus reivindicaciones.

Pero hay cosas que no pueden ser, por mucho que uno gobierne, y la realidad termina por poner las cosas en su sitio. Existen estamentos judiciales independientes, o por lo menos hay jueces que lo son, que creen firmemente en su labor y continúan dictando sentencias poco gratas para los De Juana y compañía. Existen poderes económicos y políticos en Navarra, y existen evidentemente los propios navarros, que no están dispuestos a tragar con componendas espurias gestionadas a sus espaldas. Conviene recordar nuevamente y comprender, que el carácter antidemocrático y totalitario del mundo abertzale radical (y algunas veces del no tan radical) suele llevarles a pensar que el que gobierna lo puede todo y que un gobierno democrático es capaz de sujetar a jueces, instituciones, empresarios, bancos y a todo quisque. Pero esto no es así y hay muchas cosas que están por encima, afortunadamente, de cualquier negociador avalado por el presidente de Gobierno.

Demostrar que este Gobierno ha pecado de esta curiosa mezcla de prepotencia e ingenuidad es poco menos que imposible, además Rubalcaba ya ha presentado el atentado de Barajas como evidencia de que el Gobierno no ha cedido, tratando así de propinar un batacazo a la oposición y a sus continuas denuncias de rendición frente a las exigencias de ETA. A pesar de ello, el atentado es sencillamente otra vuelta de tuerca más, una exigencia al Gobierno de que ha de dar pasos en la dirección exigida por la banda, una muestra de que los terroristas han venido escuchando bonitas palabras de futuro pero no han visto nada palpable concretado. La bomba y el comunicado de la banda, son nuevamente una apelación al movimiento: muévase señor Zapatero que nosotros seguimos en lo mismo.

Es sabido que el presidente de Gobierno había escuchado incontables veces, y no precisamente de la oposición, estas advertencias de que el mundo abertzale es siempre el mismo y que no cambia, pues a los críticos los matan o los depuran. Sin embargo, ha preferido optar por moverse, por dar esperanzas a los batasunos, y se ha equivocado. Pero, desgraciadamente, el movimiento del Gobierno en este sentido nos ha removido a todos, hasta a los que dicen haber permanecido firmes, e incluso ha provocado el encono entre muchos amigos en la lucha contra ETA. Es ésta otra tragedia y provecho para los terroristas. ¿Dónde estamos ahora? ¿Cómo vamos a proceder frente a esta lacra? ¿Es posible rehacer la respuesta cívica y algunos movimientos organizados en su seno? ¿Tiene intención el Gobierno de retomar el Pacto Antiterrorista?

El consenso de todos los partidos está muy bien, pero de seguro provocará la inagotable emergencia de los pacificadores a toda costa, una mayor escalada, si cabe, en el lanzamiento de trastos entre Gobierno y oposición y, la pelea entre las «expertas» voces de los tertulianos y creadores de opinión. Una merienda indigerible, que hará bramar de satisfacción a los etarras: «Los hemos movido de nuevo», dirán. No parece por otra parte difícil de lograr, utilizando cientos de kilos de explosivos y matando a dos personas, mientras los demás no nos ponemos mínimamente de acuerdo. Hay cosas que son evidentes, y en este caso conviene no olvidar que cuanto más nos movamos, alejemos, del pacto antiterrorista, más oxígeno reciben los totalitarios. En lo sustancial, conviene permanecer firmes y aplicar la Ley hasta que abandonen definitivamente las armas. Esta es la base inequívoca de cualquier posible diálogo.

Publicado por el diario ABC el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (LA GACETA DE LOS NEGOCIOS, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:20, Categoría: Opinión en Prensa

“¿División sin remedio?” por Álvaro Delgado-Gal

Puede que el PSE termine por no juntar garbanzos con Ibarretxe, si lo último implica ir del brazo con HB

¿Tarea principal del presidente? Llegar al día del debate con las cosas claras. Esto último significa: en desacuerdo irreversible con el PP. No se explica de otra manera el modo como se ha montado la manifestación del sábado. Es cierto que la convoca la UGT. Pero no parece verosímil que el sindicato socialista haya adoptado determinadas decisiones por su cuenta. Si el propósito hubiese sido buscar la unidad, no se habría escogido, como rostro visible de la manifestación, a Rosa Regás, cuyo oficio, es más, cuyo destino, parece ser el de insultar a los populares. Sólo puede haber designado a esta girl scout otoñal, o un estúpido, o alguien con ganas de bronca.

Pronunciémonos por la primera hipótesis, por no interrumpir prematuramente el análisis. Permanece, como enigma insondable, la composición del lema que presidirá la manifestación. Los convocantes no han querido incluir en la pancarta la palabra “libertad”. Esto... es inaudito. Absolutamente inaudito. El colectivo de ecuatorianos, a los que se está tratando con una memorable falta de cortesía, se ha dividido a su vez, y ya tenemos a miembros de la Fenadee que se suman al acto del sábado, y a miembros de la Fenadee que declinan su asistencia. Ayer pude oír en la radio a uno de los líderes anuentes. Afirmó que la palabra “paz” y no sé qué, resume eficazmente los sentimientos de la sociedad española. De momento, estaba avalando los términos en que se convoca la manifestación. Sin solución de continuidad, apuntó que todos los españoles saben que se está defendiendo la paz y la libertad. La incomodidad del portavoz era evidente. Resulta estrambótico, absurdo, no incluir esa palabra. ¿Por qué no se incluye? Supongamos que el PP no tenga demasiadas ganas de mezclarse con los socialistas. Imaginemos que está buscando pretextos para desvincularse de éstos. El caso es que se le están ofreciendo coartadas aparatosas. Se diría que lo único importante, lo único urgente, es poner tierra por medio, quemar puentes.

Cabe aplicar la misma clave interpretativa al episodio de la marcha convocada por el lehendakari. Sólo desde la mala fe puede ponerse en duda que el objetivo de la marcha, preparada antes del comunicado de ETA, era apoyar la continuación del proceso de paz. El hecho era tan clamorosamente evidente, que Patxi López, al tiempo que anunciaba la presencia del PSE en la manifestación, ponía en claro que no estaba de acuerdo, ni con el fondo, ni con la forma. ¿Por qué ir entonces? El reparo de López a su propia decisión, ininteligible en sí mismo, lleva a maliciar que la iniciativa no era tanto de López como de Zapatero. La idea era confirmar las alianzas que habían tutelado el proceso, y abortar una alianza alternativa con el PP. No sólo el presidente no desea dar su brazo a torcer. Aprecia, y aprecia con razón, que él, él mismo, es políticamente incompatible con un replanteamiento a fondo del proceso. Puede que el PSE termine por no juntar garbanzos con Ibarretxe, si lo último implica ir del brazo con HB. Hay cosas que, todavía, no se pueden hacer. Pero la situación no abre resquicios a la duda. Lo que se va a escenificar el día 15 no es la manera de acabar con ETA, sino el enfrentamiento irreversible entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Entramos en una fase de división civil, en que el enemigo a batir es menos el enemigo real, que el aliado virtual contra el enemigo real.

¿Qué hará el PP? Explotar las contradicciones del PSOE para acelerar la ruina política de Zapatero. En este sentido, Zapatero y el PP está de acuerdo: ninguno desea la feliz armonía. Hagámonos, a continuación, una pregunta cándida: ¿qué haría un partido altruista? ¿Un partido que antepusiera los intereses generales a su éxito a corto plazo?

Contesto a esta pregunta cándida de una manera igualmente cándida. La unidad sólo tiene sentido cuando se sabe para qué se está unidos. Una unidad no es una unidad, si es artificial, esto es, si se levanta sobre una discrepancia de fondo sobre los objetivos que conviene alcanzar. El problema, la tragedia, es que no está claro en qué términos Zapatero quiere alcanzar la paz. No se adivina qué considera realmente negociable. En un país normal, la oposición aceptaría el liderazgo del Gobierno. No existirían incertidumbres radicales sobre cuáles son las prioridades de éste. Este requisito no se cumple en el caso de Zapatero, y por tanto, la desavenencia abierta está justificada, aunque los motivos que la impulsan no sean puramente altruistas.

La táctica afeará un desmarque que avala la razón. Los españoles que no han perdido del todo la sindéresis deberán mantener el contacto con ciertas verdades elementales. Por mucho que se hallen disimuladas tras el ruido feroz que producen los partidos.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Manifestaciones” por Ignacio Sánchez Cámara

La manifestación que mañana se celebrará en Madrid es un fracaso; la que tendrá lugar en Bilbao es un puro error y, en parte, una burla. Es un fracaso porque ha generado división. Fracaso derivado de un doble error: el origen de la convocatoria y el lema. La manifestación debió ser convocada por el Gobierno y el PP, bajo el único objetivo de la repulsa del terrorismo de ETA. El lema es ambiguo y equivocado: “Por la paz y contra el terrorismo”. Y el error aumenta con la negativa a incluir la referencia a la libertad.

En este contexto, hablar de paz induce a una ambigüedad, deliberada o no. En primer lugar, porque sugiere la existencia de una guerra. Por lo demás, si se entiende que existe una guerra, la respuesta estatal debería ser otra. En segundo lugar, porque la referencia a la paz sugiere una adhesión al llamado proceso de paz auspiciado por el Gobierno y sus aliados. Era, pues, mejor hablar de vida y libertad. No es extraño que el PP, la AVT y la asociación de inmigrantes ecuatorianos de Madrid hayan rechazado su participación. La de Bilbao es aún más disparatada, pues defiende la negociación y, además, Batasuna, es decir, ETA, ha anunciado su participación. Como no es posible que ETA se manifieste contra ETA, la marcha de Bilbao no puede entenderse como una manifestación contra el terrorismo. El camino es otro: la resurrección del difunto pacto antiterrorista y la adhesión de todos aquellos partidos que lo deseen, y, a partir de ahí, introducir las modificaciones que, unánimemente, se estimen pertinentes.

Publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


Atentado de Barajas y sus Consecuencias: Opiniones (EL PAIS, 12 de enero de 2007)

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:10, Categoría: Opinión en Prensa

 

"Hartos de ejercer de coros griegos" por Soledad Gallego-Díaz

En términos electorales, es muy posible que, cara a las municipales de mayo, los dos grandes partidos, PP y PSOE, prefieran el enfrentamiento sobre ETA, la tregua y el diálogo, que sobre la corrupción urbanística. El primer tema moviliza a los militantes y simpatizantes, los enardece y reafirma en dos o tres ideas y les empuja a reagruparse en la defensa de sus siglas y de sus líderes. El segundo, mucho más enraizado en la injusta, pero muy poderosa, idea de que todos son iguales a la hora de recalificar terrenos y de crear fortunas de la noche la mañana, desmoviliza a unos y a otros e incomoda a los dirigentes, incapaces de solucionar esas dudas con las mismas frases publicitarias que son tan eficaces en el otro enfrentamiento.

Lo mejor para los ciudadanos sería, sin embargo, que el debate sobre las políticas antiterroristas se amortiguara a partir del próximo lunes, con la gran sesión del Congreso de los Diputados. Un debate en el que el presidente del Gobierno explicará el camino recorrido y sus planes para el futuro, y en el que los distintos grupos le comunicarán sus críticas y sus posiciones cara a esa nueva situación. Lo más increíble es que, si todos ellos reprodujeran en el Parlamento lo que han venido diciendo estos días ante los medios de comunicación, los ciudadanos podríamos llegar a la sorprendente conclusión de que, hoy por hoy, existe más unidad de análisis y de propósito de lo que ellos mismos se empeñan en hacernos creer.

Por primera vez en mucho tiempo, todos los partidos con representación parlamentaria, sin excepción, han defendido estos días un mismo análisis respecto a ETA: el último atentado ha colocado la pelota en el lado de la organización terrorista, de forma que, a partir de ahora, la única manera de desbloquear la situación es que los etarras anuncien el abandono definitivo de las armas y ofrezcan garantías al respecto. Ningún contacto será posible sin esa condición previa y ningún diálogo será posible, ni con ETA ni con Batasuna, sin que esa circunstancia haya sido establecida de forma fehaciente, coinciden todos y cada uno de los partidos reseñados.

Lo acepta la dirección del PNV, la de ERC y la de EA. Lo defiende el PP y el PSOE. Existe, pues, una unidad extraordinaria en uno de los asuntos que había despertado hasta ahora más enfrentamientos: si se puede o no dialogar, y en qué momento. Ahora, ese paso ya no está en manos de los demócratas, sino de ETA y de su capacidad para anunciar su propia desaparición.

¿Cómo es posible que en estas circunstancias sea imposible ofrecer ante los ciudadanos una mínima imagen de unidad? ¿Cómo es posible que los partidos alienten manifestaciones enfrentadas? Los ciudadanos deberíamos ya estar hartos de ejercer el papel de coros griegos en esas estrategias. Por lo menos, deberíamos empezar a entonar otros cantos y otras estrofas por nuestra cuenta, exigiendo a los protagonistas que expliquen sus acciones.

Exigir a UGT y al PSOE que expliquen por qué se han negado a incluir la palabra libertad en la pancarta de la manifestación del sábado, una estupidez que debe provocar dolor de estómago a todos los socialistas de este país.

Exigir al PP que acuda a esa misma manifestación del sábado, sin pretexto que valga, porque ha sido convocada por los inmigrantes ecuatorianos y porque resulta miserable negarse a acompañarles en la calle, como si su dolor no fuera con nosotros, como si no fuéramos nosotros los causantes de ese dolor. Por encima de cualquier otra consideración, debería estar la decencia. Y el PP sabe que, al no ir, actúa de manera indecente

Exigir a los ciudadanos vascos que expulsen ellos mismos de su manifestación, a gritos si es necesario, a los simpatizantes de Batasuna y de ETA, y que se pongan rojos de la vergüenza porque conciudadanos suyos, ahítos de todo, gente rica y opulenta, se atreve a matar a pobres faltos de lo imprescindible, simplemente porque ansían todavía más poder y más riqueza. Sería un gran canto.

Publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


  

"Una esperanza a prueba de bomba" por José Andrés Torres Mora

Es imprudente explicar los hechos sociales por sus consecuencias. El que la actividad de ETA en la Transición sirviera para dar argumentos a los militares golpistas, no implica que ETA fuera una creación de los generales de Franco. Sólo un paranoico podría creer una idea como ésta. De igual modo, sólo un paranoico podría pensar que ETA puso la bomba en la T-4 para mejorar tres décimas la maltrecha valoración de Rajoy. Y sólo un paranoico desvergonzado se atrevería a insinuar que detrás de la bomba de la T-4 hay oscuras tramas ligadas al PP. Por desgracia, el Gobierno socialista ha venido sufriendo insidias basadas en hipótesis parecidas a lo largo de toda la actual legislatura. Hipótesis desvergonzadas que no tienen su origen en la locura, sino en el método. Un método basado en la mentira y la furia, miles de veces multiplicadas por el poder de sus medios.

Muy pocas personas pondrían su esperanza en una bomba. Muy pocas personas dirían: si estalla una bomba, se demostrará que tengo razón. Y muchas menos se atreverían a colocarla y hacerla estallar. Sólo los terroristas y quienes los apoyan son capaces de poner sus esperanzas políticas en una bomba. Entre otras cosas porque las bombas, más pronto que tarde, acaban volviéndose contra los que ponen sus esperanzas en ellas. Y sabiendo eso, lo razonable es poner la esperanza en que no estalle ninguna bomba. Lo sensato es apostar la razón de uno, su proyecto político, su esperanza, a que no estalle una bomba. Y eso es lo que ha hecho el presidente Rodríguez Zapatero.

No se equivoca, a la corta o a la larga, ésa es la apuesta ganadora. ETA está derrotada. La consolidación de la democracia en España arruinó sus esperanzas de provocar un golpe de Estado y la dejó sin estrategia política. El GAL le dio argumentos para ir tirando unos años. Pero, finalmente, la generalización de la mentalidad democrática en la vida política acabó con cualquier atisbo de sentido de la lucha armada. El fenómeno del terrorismo fundamentalista terminó por complicar la pura supervivencia militar de la banda. Ya no les ofrece a sus presos la esperanza de una victoria a cambio de su sufrimiento, sólo la propuesta degradante de un absurdo e inhumano intercambio de sufrimientos. Pero, a pesar de todo, nada impide que media docena de individuos puedan organizar una tragedia de proporciones gigantescas. La conciencia de la derrota de su proyecto político no impide a ETA morir matando.

Es obligación de todo Gobierno intentar acabar con el terrorismo. Y un Gobierno democrático utilizará para ello todos los medios que la ley y la política le proporcionan. Si progresa en la lucha antiterrorista, es muy probable que en algún momento se encuentre ante la posibilidad de lograr un final dialogado. Puede intentar aprovechar esa oportunidad o desdeñarla y procurar la aniquilación de la banda. Sin duda ambas opciones son inciertas y ambas tienen un coste; ninguna es segura ni gratuita. El objetivo de ambas es la victoria de la democracia y del Estado de derecho; la cuestión es elegir la opción que ahorre más vidas y más sufrimiento de todos. Intuitivamente parece claro que el diálogo debería ser la primera opción.

Es posible que el contexto emocional de dolor y rabia tras un atentado pueda explicar ciertas afirmaciones sobre la estrategia que debemos seguir frente al terrorismo. Pero ni siquiera ese contexto emocional las justifica en un responsable político. Decirle a la gente que con los violentos no se dialoga es algo que desmiente cualquier asalto a una sucursal bancaria. La policía manda negociadores, no un tanque para volar la sucursal con criminales y rehenes dentro. No es propio de sistemas democráticos lo que hizo el presidente Putin con los terroristas chechenos en el colegio de Beslán y en el teatro Dubrovka. Y no es eficaz: el terrorismo continúa, y se hace más desesperado y brutal. Ni lo es la doctrina neoconservadora de Bush, que tanto gusta al PP, respecto al terrorismo fundamentalista islámico. Esa mezcla de silogismos simplistas, brutalidad tecnológica y retórica inflamada es peligrosa y contraproducente. No dudo de que la consigna "a por ellos" enardezca a algunos, y a lo mejor como himno de la selección podría valer. Pero, desde luego, no se puede decir que en sí misma sea una estrategia novedosa y suficiente para acabar con el terrorismo.

Hay que tener muy poca fe en la democracia para creer que la democracia se prostituye o se debilita al hablar con los terroristas. No es la democracia la que traiciona su esencia dialogando con los terroristas. Es el terrorismo el que transforma su naturaleza al dialogar. El instrumento de la democracia es el diálogo, el de los terroristas la violencia, son ellos los que abandonan su campo al dialogar. Con el crimen de la T-4, los terroristas no sólo han puesto punto y final al diálogo, sino que se han arruinado como portadores de un proyecto político.

Los que dicen que ETA está ahora más fuerte que hace tres años, no explican cómo miden la fuerza de ETA. ¿Es que hace tres años ETA no podía poner una bomba y matar a dos personas? Ningún partido se atrevería a poner en su programa electoral que garantiza que ETA no matará durante su legislatura. Durante todo este tiempo los mecanismos del Estado de derecho no han dejado de actuar, la policía ha detenido a más terroristas y la fiscalía ha formulado el triple de acusaciones que durante la tregua de 1999. No se ha retirado ni un solo recurso legal o policial en la lucha contra ETA durante este tiempo. El diálogo no ha sustituido ni un solo recurso de la lucha contra el terrorismo, sino que se ha sumado a los ya existentes. ¿Alguien se atreve a decir que si no hubiera habido diálogo hoy habría menos muertos?

La verdadera razón de las críticas del PP no es que consideren que el presidente haya cometido un error explorando la vía del diálogo. Ellos mismos lo hicieron en el pasado, y lo harían en el futuro, como es natural. Sin complejos. Sin miedo a contradecirse, sin vergüenza alguna por cómo se han comportado en este proceso. Saben que no es un error poner todos los medios democráticos para ahorrar sufrimiento a los españoles.

La verdadera razón de las críticas del PP es que consideran que la política antiterrorista es un asunto que les da réditos electorales; un tema, además, sobre el que se arrogan el monopolio de una extraña legitimidad para hacer lo que les plazca en el Gobierno y en la oposición.

Muchas personas recordarán cómo, en los primeros ochenta, una parte de la derecha abucheaba a los ministros socialistas en los entierros de las víctimas de ETA. Más personas aún recordarán cómo Aznar afirmaba en 1996 que la manifestación contra el asesinato de Francisco Tomás y Valiente era una manifestación contra la política antiterrorista del Gobierno de Felipe González. El mismo Aznar que en 1999 llamaría, en una concesión retórica, Movimiento Vasco de Liberación a la banda terrorista. Y el mismo Aznar que más allá de la retórica acercó presos y permitió la vuelta del extranjero de miembros de ETA. Y la misma derecha que estos días se moviliza contra Zapatero con más rabia que contra la propia ETA. Quizá, además, por parecidas razones por las que insultaban al presidente Suárez cuando, al comienzo de la democracia, asistía a los entierros de las víctimas de ETA.

No es que Zapatero esté haciendo algo distinto de lo que hicieron los anteriores presidentes de la democracia, es que el PP está haciendo lo mismo que hizo siempre, lo mismo que hizo la otra vez para llegar al poder: hacer oposición en materia antiterrorista. Un comportamiento poco leal y un mal negocio. Sólo quienes no creen en la democracia pueden pensar que en España las bombas cambian los Gobiernos, o las políticas de los Gobiernos.

Tan ciegos están en su querencia que ni siquiera se han preguntado qué efectos ha podido tener su comportamiento a lo largo de estos meses en el desarrollo y desenlace del proceso. Porque una cosa es que sean una oposición irresponsable y otra muy distinta es que sean una oposición inocua. Lejos de mi intención culpar al PP de lo que sólo son culpables los viles asesinos de ETA, sólo pretendo que se sitúen frente al espejo deformante que nos presentan a los demás, para que comprendan por qué tampoco nosotros nos reconocemos en ese espejo. Por otra parte, no hacemos ningún favor a nadie dejando que sobre nuestro silencio se apilen acusaciones infundadas, juicios de intenciones y lisas y llanas mentiras.

Históricamente ha sido una desgracia para España tener una derecha tan nacionalista y tan poco patriota. Tan inflamada en la retórica y tan mezquina en los hechos, tan deprimida, que hasta le reprocha al presidente que cultive la esperanza. Y sin embargo, toda la historia de nuestra democracia sólo se explica porque los demócratas tenemos una esperanza a prueba de bomba.

José Andrés Torres Mora es diputado y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE

Publicado por el diario EL PAIS el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

ETA ha fijado un plazo al Gobierno para que cumpla los «compromisos» del alto el fuego

Por Narrador - 12 de Enero, 2007, 11:00, Categoría: General

En caso contrario, la banda cometería nuevos atentados y podría llegar a romper «oficialmente» la tregua

MADRID - ETA va a hacer llegar al Gobierno, si no lo ha hecho ya, un mensaje con un plazo perentorio para que empiece a cumplir con los «compromisos» que, según la banda, acordaron sus representantes con los del Ejecutivo en febrero del año pasado, según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. En caso contrario, continuarán los atentados y se podría llegar a una ruptura «oficial» del alto el fuego.

En el comunicado que la organización criminal hizo público el pasado martes, los pistoleros amenazaban con responder con «determinación total» a los «ataques» (detenciones, acciones judiciales, etcétera) que sufriera «Euskal Herria. Las decisiones de ETA y sus respuestas serán consecuentes con el comportamiento del Gobierno de España». Estas advertencias hay que entenderlas, por lo tanto, referidas también a esos supuestos incumplimientos.

Mensaje privado

El mensaje, transmitido a través de los interlocutores que han participado en las conversaciones, es uno más de los que se han cruzado entre ambas partes durante el alto el fuego. En este caso, como ocurrió durante el pasado mes de julio, cuando ETA lanzó privadamente un primer ultimátum al Gobierno, no se hace público con el fin de dar al Ejecutivo un cierto margen de maniobra del que no dispondría si se conociera que los terroristas han puesto un plazo fijo para que se atiendan sus exigencias.

El diario «Gara», en su edición del pasado miércoles, publicaba el contenido de esos supuestos acuerdos, que ya anticipó el pasado 10 de julio, y que se resumen en que el Gobierno se comprometía «a respetar las decisiones que adopte la ciudadanía vasca y a cumplir garantías como no efectuar detenciones y normalizar la vida política» mientras que «ETA aceptó no realizar acciones armadas ni de abastecimiento».

De ser cierto, ambas partes habrían incumplido de forma reiterada esos supuestos y, después de la última operación policial en Francia, en la que fueron arrestados dos miembros de la banda terrorista, no se puede descartar un nuevo atentado.

El citado diario precisaba que los acuerdos eran consecuencia de «ocho meses de conversaciones discretas» y que ETA se había comprometido «efectivamente a no realizar acciones contra personas ni bienes, así como a no realizar acciones de abastecimiento de armas ni explosivos a partir de la declaración del alto el fuego permanente».

«El Ejecutivo español, por su parte, -agregaba “Gara”- aceptó que respetaría las decisiones que adoptaran libremente los ciudadanos vascos sobre su futuro. En este punto, se especificaba que el Ejecutivo español entiende que los acuerdos para ello se deberán alcanzar entre los partidos políticos vascos, así como entre los agentes sociales, económicos y sindicales vascos. Se recogía además que los acuerdos se refieren al futuro de los ciudadanos de Araba (Álava), Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa (Navarra)».

El diario aseguraba también que «el Ejecutivo de Zapatero aceptó que no se efectuaran detenciones por parte de la Guardia Civil, la Policía española, la Ertzaintza ni la Policía francesa, así como que disminuyera la presencia policial. También se ha incumplido el compromiso de aceptar de facto que las organizaciones de la izquierda abertzale pudieran realizar su labor política en igualdad de condiciones».

El Gobierno ha negado siempre haber suscrito esos acuerdos pero, al menos hasta el momento, la persona a la que se atribuye un papel protagonista en las conversaciones con la banda, el socialista Jesús Eguiguren, no ha abierto la boca ni aclarado, por tanto, si se comprometió a algo con José Antonio Urruticoechea, «Josu Ternera», portavoz de ETA. O si de sus palabras, el citado cabecilla pudo deducir que el Ejecutivo al que representaba (al menos así lo entendía la banda, porque en caso contrario no hubiera anunciado el alto el fuego) estaba dispuesto a cumplir las exigencias que los terroristas ponían encima de la mesa.

Las fuentes consultadas llaman la atención sobre la insistencia de ETA en reclamar unos acuerdos hasta el punto de romper, sin previo aviso, sus propios compromisos de no robar armas (sustracción de pistolas y revólveres en Vauvert, Francia) y cometer un atentado de grandes dimensiones, como el perpetrado el 30 de diciembre en el aeropuerto de Madrid Barajas. «Para no ser cierto están poniendo mucho empeño», agregaron.

Una información de J. M. Zuloaga publicada por el diario LA RAZON el viernes 12 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

ETA afirma que el alto el fuego permanente iniciado el 24 de marzo de 2006 continúa vigente

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 14:30, Categoría: Documentos de ETA

En un comunicado enviado a la redacción de GARA, ETA afirma que el alto el fuego permanente iniciado el 24 de marzo de 2006 sigue en vigor. ETA se reafirma en los objetivos expresados en la Declaración del 22 de marzo (en la que mostraba su disposición a «impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden y asegurando de cara al futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas»). En el comunicado, ETA asume la autoría del atentado de Barajas.

DONOSTIA-. En este extenso comunicado, redactado íntegramente en euskara, ETA hace una lectura de la situación política nueve meses después de haber declarado el alto el fuego. Afirma que han sido el Gobierno español y el PSOE quienes, «poniendo obstáculos sin cesar al proceso democrático», han provocado esta grave situación. ETA critica también al PNV: «Queremos denunciar la actitud mostrada por el PNV de Imaz en estos últimos meses, ya que ha actuado contra la izquierda abertzale alimentando la línea del Gobierno español».

Afirma, además, que el Ejecutivo español continúa sin cumplir sus compromisos de alto el fuego.

De cara al futuro, el comunicado recuerda que la oportunidad para desarrollar el proceso democrático «llegará a través de un acuerdo político que recoja los derechos y mínimos democráticos que se le deben a Euskal Herria», y emplaza a desterrar fórmulas policiales y políticas fracasadas y sin salida.

Por otra parte, la organización asume la colocación del coche-bomba que estalló el pasado 30 de diciembre en un aparcamiento del aeropuerto internacional de la capital española, y agrega que sus decisiones y respuestas serán acordes a las actitudes del Gobierno español. En ese sentido, y tras afirmar con claridad su voluntad de reforzar e impulsar el proceso, añade que, en la medida en que persista la situación de agresión contra Euskal Herria, ETA tiene también la firme determinación de responder, tal y como anunciaron en el comunicado de agosto. En relación al atentado de Barajas, la organización afirma con rotundidad que «el objetivo de esa acción armada no era causar víctimas», y denuncia que no se hubiera desalojado el aparcamiento a pesar de las tres llamadas realizadas, con más de una hora de antelación, detallando la ubicación exacta del artefacto explosivo.

Texto publicado por el diario GARA el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

La Portada de EL MUNDO

PSE y Batasuna se reúnen en secreto para tratar de salvar el 'proceso' con ETA

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 12:00, Categoría: Negociación (Rendición)

El representante de Batasuna pidió al Gobierno que le dé unas semanas para encauzar la situación.  Otegi consultó con ETA el comunicado en el que pide a la banda que vuelva a su compromiso de marzo

MADRID.- Miembros de la dirección del Partido Socialista de Euskadi (PSE) y de Batasuna se reunieron después del atentado del día 30 de diciembre en Madrid que costó la vida a dos personas. Los contactos, que en un primer momento fueron indirectos y que culminaron con un encuentro secreto al máximo nivel, se han venido produciendo a lo largo de la última semana, a pesar de las declaraciones efectuadas por el presidente del Gobierno asegurando que, tras el atentado contra el Aeropuerto de Barajas, el «diálogo» que era la base del proceso había «llegado a su fin».

En los contactos habidos entre la dirección de ambos partidos, los representantes radicales solicitaron al Gobierno unas semanas de tiempo para tantear cuál era su propia situación respecto a ETA y tratar de encauzar a sus bases más recalcitrantes. Esa solicitud, que debía efectuarse a través de los socialistas vascos, ocupó parte de la conversación y la representación abertzale, tras plantearla, deslizó la idea de lo difícil que podía volverse la situación si no se le concedía ese plazo.

De los encuentros que los dirigentes de Batasuna, con su portavoz Arnaldo Otegi a la cabeza, han tenido en la última semana con el resto de los partidos políticos y con el lehendakari, Juan José Ibarretxe, éste es sin duda el más controvertido de todos. Porque mientras el resto, incluido el Gobierno vasco, desde inmediatamente después del atentado, mostró su apuesta por que las negociaciones prosiguiesen, tanto el Partido Socialista como el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, aun manejando hábil y ambiguamente en algunas ocasiones las posibilidades semánticas sobre la continuidad o no del proceso, sí han querido trasladar la imposibilidad de que el diálogo con la formación ilegalizada fuese a proseguir.

En los contactos que se han producido, además de la petición de tiempo para intentar reconducir la situación y de la reflexión sobre lo difícil que se volvería ésta en caso de que al final de dicho plazo nada se hubiese conseguido, la dirección de Batasuna también se comprometió a intentar pactar con la banda una respuesta relativamente autónoma respecto al atentado.

Se trataba de realizar una formulación que no llegaría a la condena del asesinato de los dos ciudadanos ecuatorianos pero que, según los interlocutores abertzales, iría más lejos de lo que nunca había ido la formación ilegalizada.

El portavoz de Batasuna, efectivamente, realizó sus consultas entre los miembros de la Mesa Nacional y también, y esto es fundamental, con algunos de los más destacados miembros de Ekin, organismo en el que está incluida ETA. En definitiva, la declaración leída ayer en un hotel de San Sebastián fue consultada previamente y se le puso el tope a Otegi de hasta dónde podía llegar.

No en vano, Otegi pidió ayer a ETA que «mantenga intactos los compromisos» del comunicado de alto el fuego hecho público en marzo pero sin realizar alusión alguna -ni mucho menos de condena-, al atentado de Barajas. Otegi propuso, así, que se haga borrón y cuenta nueva, que se vuelva al principio de la tregua como si el atentado no se hubiese producido, para así poder centrarse en lo único en lo que Batasuna es protagonista y de lo que puede sacar rentabilidad, que es la mesa de partidos en la que estaba previsto que se abordaran las cotas de mayor autogobierno para Euskadi.

Las negociaciones secretas para la constitución de la mesa han resultado un foro que, además, ha convertido a sus dirigentes en interlocutores, una condición que ha librado a algunos de ellos de sufrir las consecuencias inmediatas de algunos de los procedimientos judiciales que tienen abiertos. En su comparecencia, Otegi, le puso al Ejecutivo las condiciones que se deben cumplir: que se mantenga a distancia de los acuerdos políticos, que pare las medidas judiciales y policiales y que si los partidos vascos apuestan por la autodeterminación o la independencia, se comprometa a que estas decisiones van a poder ponerse en marcha.

En esas condiciones, por tanto, la banda terrorista estaría de acuerdo en volver a los términos del mes de marzo. Pero esto no garantiza necesariamente que no se vayan a producir nuevos atentados dado que, según ha podido saber este periódico de fuentes solventes, ETA, al menos hoy por hoy -y cuando hasta la izquierda abertzale está esperando que haga público de manera inminente un comunicado-, no tiene la intención de anunciar que renuncia de manera expresa a la violencia.

La organización terrorista está manejando otros tiempos, considera que este proceso no se debe circunscribir necesariamente a una legislatura, y el método de trabajo que va a intentar imponer es el de -en caso de que se reinicien las negociaciones-, enviar un toque de atención al Ejecutivo en caso de que éste no cumplimente determinadas expectativas.

Ayer, en su comparecencia, Otegi, flanqueado por los miembros de la mesa de interlocución, Rufi Etxebarria y Arantxa Santiesteban, como si se tratara de una declaración solemne, desde un atril y en presencia de las banderas del País Vasco y Navarra, le perdonó la vida al Gobierno públicamente. Aseguro que el Ejecutivo había realizado una «gestión pésima de la tregua» pero que la izquierda abertzale sabe que no es ocasión de «buscar el desgaste» o el «reproche». Aseguró que los partidos con los que se había reunido le recordaron que tenía «especial responsabilidad en lo que había ocurrido» y él quiso entender que le estaban pidiendo, no que se distanciase de ETA, sino que «recondujese» la situación.

«Materializables»

Así pues, recogió «el guante», asegurando que todo diálogo se debe hacer «en ausencia de violencia» -otorgó a esta frase la misma interpretación que le dio en Anoeta y que tan escaso efecto ha tenido-; pidiéndole a ETA y al Gobierno que «manifiesten su compromiso con el diálogo político multilateral» -es decir que no boicoteen la mesa de partidos en la que sólo éstos, incluida Batasuna, han de tener la decisión-; y exigiéndole al Ejecutivo que garantice «que los proyectos han de ser no sólo defendibles sino materializables».

Las últimas semanas del proceso han generado ciertas tensiones en un sector de los socialistas vascos que no se han sentido identificados con decisiones adoptadas desde el Ministerio del Interior como las detenciones posteriores al robo de armas o el endurecimiento de la postura inicial de «suspensión» del proceso -que no ruptura- que expresó el presidente tras el atentado.

Una información exclusiva de Angeles Escriva publicada por el diario EL MUNDO el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

Encuentro ZP-Rajoy: Editoriales

Por Narrador - 9 de Enero, 2007, 11:00, Categoría: Opinión en Prensa

“La foto y nada más” por Sin Pancarta

Toda la prensa de Madrid se hace eco de la (inútil) reunión que en el día de ayer mantenía el Presidente del Gobierno y el Líder de la Oposición. Como era previsible los acuerdos fueron nulos y el diálogo podría calificarse como propio de sordos. Rajoy mantiene sus razonables peticiones que se pueden resumir en la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Por el contrario el ‘Presidente Accidental’ continúa en su habitual senda de la ambigüedad calculada sin afirmar absolutamente, sin ofrecer compromisos serios, perdiéndose en un mar de vaguedades difícilmente asumibles por un interlocutor mínimamente serio.

En el colmo del despropósito, mientras Mariano Rajoy comparecía ante la prensa en la Sede del Partido Popular, en la sala de prensa de Moncloa aparecía la Vice Presidenta Primera del Gobierno para ‘explicar’ la posición del gobierno que básicamente se puede resumir en culpabilizar al Partido Popular de todos los males exigiendo un apoyo ciego e incondicional a la delirante política zapatera.

La prensa de Madrid, máxime después de conocer la información que adelanta el diario EL MUNDO según la cual miembros del Partidos Socialista se habrían reunido con Batasuna escasas fechas después del criminal atentado etarra en Barajas, se posiciona a favor de Rajoy denunciado el nuevo ‘engaño presidencial’. Sólo hay una excepción, el diario de PRISA que trata de vendernos la posibilidad de acuerdo entre las dos formaciones mayoritarias, postura que el domingo alguno de sus insignes columnistas daban como imposible. 


Zapatero abusa de Rajoy en un nuevo ejercicio de doble juego (Editorial de EL MUNDO)

Nos hubiera gustado comenzar este editorial saludando la rectificación del Gobierno y felicitando a Zapatero por escuchar las voces juiciosas y sensatas que le reclamaban un giro en la política antiterrorista. Pero el encuentro de ayer con Mariano Rajoy en La Moncloa revela que el presidente no quiere rectificar y va en la dirección contraria de lo que dicta el interés general y el sentido común.

La reunión entre los dos líderes políticos no sólo sirvió para evidenciar por segunda vez en poco más de dos semanas sus enormes diferencias en política antiterrorista, sino que además escenificó el nuevo intento del Gobierno de aislar al PP y presentarlo como un partido intolerante, que se niega a cualquier tipo de diálogo y que se desmarca del resto de las formaciones. Éste era, muy probablemente, el principal objetivo de la convocatoria a juzgar por las declaraciones de la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega.

Si lo que quería el Gobierno era recomponer el consenso con el PP, fuera de forma unilateral o en un marco multilateral, la reunión de ayer fue totalmente contraproducente. Resulta insólito que el presidente convoque al líder de la oposición y la vicepresidenta le descalifique poco menos que cuando está saliendo por la puerta. Fernández de la Vega llegó a acusar a Rajoy de haber «utilizado» el terrorismo para «desgastar» al Gobierno, advirtiéndole a continuación de que «hará un flaco favor a los intereses generales, a su propio partido y [¡¡] a sí mismo» si ahora no secunda a Zapatero. Hacía tiempo que no se escuchaba nada tan impropio como esta mezcla de reproches y admoniciones dirigidas a un invitado. Por mucho menos Aznar decidió sustituir a Miguel Angel Rodríguez cuando se permitió burlarse de Jordi Pujol el mismo día que acudía a Moncloa. No sugerimos que ahora deba ocurrir lo mismo -sólo le faltaba eso al Gobierno-, pero el que una persona habitualmente prudente como la vicepresidenta no guardara ayer ni las normas de la cortesía política es la mejor prueba de hasta qué punto la cúpula del poder sigue sin recuperarse del impacto emocional de la explosión en la T-4 de Barajas.

Sin propuestas concretas

Zapatero ofreció ayer al PP un diálogo en abstracto, pero no realizó propuesta concreta alguna y menos la recomposición del Pacto Antiterrorista, que, según las palabras de la vicepresidenta, ha quedado superado por el paso del tiempo.

Zapatero quiere que Rajoy se sume a una política de consenso con el resto de las fuerzas políticas, pero no acepta ni el menor error en su estrategia de negociación, ni se compromete a romper definitivamente el diálogo con ETA, ni se desmarca de la ambigüedad de socios como el PNV y ERC. Pide, en definitiva, al PP que rectifique, cuando quien tiene que rectificar es él después del atentado de ETA en Barajas.

La prueba de que Zapatero pretendía arrinconar de nuevo al PP y presentarlo como la gran coartada de su fracaso es la noticia que publicamos hoy en nuestra portada: los contactos secretos mantenidos hace muy pocos días entre el PSE y Batasuna al más alto nivel.

A través de su interlocutor, Batasuna le pidió al Gobierno que no rompiera el proceso de paz a cambio de la declaración de ayer de Otegi, en la que éste solicitó a la banda que «mantenga el alto el fuego permanente». Esa comunicación del líder de Batasuna fue pactada con la dirección de ETA.

Contraste con la realidad

Es inimaginable que Zapatero -que, por supuesto, no le dijo ayer ni una palabra a Rajoy al respecto- no estuviera al tanto de este encuentro. De hecho, en las actuales circunstancias, todo indica que la cúpula del PSE tuvo que tener su autorización previa. ¿Cómo encaja eso con su enfático anuncio del sábado 30 de diciembre: «He ordenado suspender todas las iniciativas para desarrollar ese diálogo»? ¿Qué podemos esperar de este Gobierno si ni siquiera un compromiso tan superficial y débil no resiste el contraste con la realidad más allá de una semana? ¿Es que de nuevo Zapatero quiere jugar con las palabras, pensando que todas se las llevará el viento y que nada de lo que se dice tiene importancia alguna? Así es como se destruye la credibilidad de un gobernante.

Pero peor aun es el fondo del asunto. El PSE se reunió con Batasuna por la misma razón por la que Patxi López se apresuró a secundar la manifestación de Ibarretxe a favor del «diálogo» , por la misma razón que se ha frenado en seco el esbozo de autocrítica de José Blanco y por la misma razón por la que Zapatero se niega a convocar el Pacto Antiterrorista: porque, aunque parezca inverosímil, el presidente quiere mantener los puentes abiertos para tener la opción de volver a las andadas en cuanto se disipe el humo de la bomba, se retiren los escombros y se proteste un poco por los muertos. Entre tanto, para ganar tiempo, necesita crear una gran marejada no contra ETA sino contra el PP.

Rajoy -que ya fue engañado por Zapatero en el debate sobre el estado de la Nación cuando también le ocultó una futura reunión del PSE con Batasuna- no se merece ese doble juego del Gobierno. Y tampoco se merece el descortés trato que recibió ayer. Si Zapatero quiere seguir convocándole a Moncloa, lo menos que debe garantizar al líder de la oposición es un elemental respeto a las reglas de la buena educación.

La reunión de ayer sólo sirvió para agrandar las ya abismales diferencias entre el PSOE y el PP, lo cual favorece a ETA y augura fuertes tensiones entre los dos partidos en un periodo preelectoral.

Editorial publicado por el diario EL MUNDO el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Zapatero no busca derrotar a ETA” (Editorial de LA RAZON)

El presidente del Gobierno se niega a rectificar y a volver al Pacto Antiterrorista, como pide el PP

Como si de una maldición se tratara, el tercer encuentro entre Zapatero y Rajoy sobre la política antiterrorista (séptimo en el cómputo global) terminó ayer como los anteriores: sin acuerdo alguno, salvo en predicar las bondades del diálogo y el pacto. La manera sigilosa y urgente en que fue convocado alentó la esperanza de que el atentado de ETA hubiera abierto los ojos al presidente del Gobierno y provocado un cambio sustancial en su estrategia sobre la banda. Vanas esperanzas. Si la de ayer fue otra reunión fracasada no se debe a maldición alguna, sino al empecinamiento de Zapatero en no moverse del sitio; es decir, en no rectificar, en no pactar con el principal partido de la oposición y en no buscar la derrota policial y judicial de ETA.

Para lo único que sirvió el encuentro de ayer fue para que un presidente de Gobierno acorralado por la opinión pública encubra su descalabro fotografiándose con su oponente político. Pura operación de lavado y maquillaje a la que la vicepresidenta prestó sus mejores armas estéticas. La intervención de De la Vega tras la reunión de ayer fue antes un mitin de partido que el resumen de una entrevista institucional. La número dos del Gobierno se dedicó en exclusiva a defender la desastrosa gestión de Zapatero, a arroparlo contra las críticas con la supuesta solidaridad de «millones de españoles» y a canonizarlo como mártir de la causa de la paz. Lo peor, sin embargo, fue que, además de rechazar la propuesta de pacto del PP, acusó al partido de Rajoy de negarse al diálogo para que el Gobierno lograra el fin de la violencia. Dicho de otro modo, se dedicó a culpar a los dirigentes populares del fracaso de Zapatero, estratagema que, aún siendo zafia, trata de calar en la ciudadanía menos avisada.

Como quedó bien claro el día de la Pascua Militar, Zapatero no siente la obligación de rectificar porque está seguro de no haber cometido error alguno. El argumento machacón del Gobierno, reiterado ayer por De la Vega, es que si la negociación con ETA ha terminado en sangriento desastre no ha sido por culpa de Zapatero, sino de los terroristas. Por tanto, no hay motivo para cambiar de política; por contra, hay que extremar la acusación contra el PP de no querer ayudar. En suma, el presidente se niega a reconocer fallo alguno, se resiste a romper totalmente con la banda y si ésta ha cerrado la puerta, él quiere abrir una ventana. Para ello, se apresta a recabar el apoyo de sus socios en el Congreso (incluida ERC, que no dudó en elogiar a ETA tras el día 30) y pretende agarrarse a clavos ardiendo, como el de Otegi o el de un Josu Ternera «desolado» por el atentado. Poco antes de que Zapatero y Rajoy se vieran, el líder batasuno dio una «oportuna» rueda de Prensa para suplicar a ETA que siga en tregua. Más que una exigencia, fue la petición servil de quien en vez de condenar el asesinato de dos personas prefiere implorar clemencia al verdugo. Y de paso, revalidar la simpatía del Gobierno para evitar la prisión.

Editorial publicado por el diario LA RAZON el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Operación de imagen de Zapatero” (Editorial de ABC)

La reunión apresurada que ayer mantuvieron en la Moncloa José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue una nueva demostración del sentido oportunista con el que el presidente del Gobierno maneja sus relaciones con el principal partido de la oposición. Lo que en cualquier democracia bien asentada merecería la máxima consideración institucional y política, aquí se ha convertido en un comodín de las necesidades de imagen de Zapatero, al que Rajoy responde con una lealtad digna de todo elogio, pero que empieza a plantear problemas de compatibilidad con la consideración que debe reclamar para sí el presidente del partido que representa a casi diez millones de votantes.

Las formas de la convocatoria a Mariano Rajoy son las propias de un acto improvisado y fruto del nerviosismo, una cita en la que no se respetó la gravedad de la situación que atraviesa España, nuevamente atacada de la peor manera por ETA, ni el papel que la oposición tiene asignado en una democracia parlamentaria. Desde que comenzó la legislatura, los usos más valiosos del sistema democrático español se han degradado por una acción de gobierno partidista y sectaria, que sigue empeñada en el objetivo estratégico fundamental de Rodríguez Zapatero: el aislamiento a toda costa del Partido Popular.

El breve encuentro de ayer en La Moncloa estaba al servicio de la campaña del Gobierno para ganar tiempo, aparentar movimientos que nada cambian e intentar neutralizar a Mariano Rajoy con una red de gestos y discursos tramposos que pongan a prueba el moderantismo del líder popular y le disuadan de mantener la posición firme y exigente que requiere el momento. Ayer no se avanzó en una reconstitución del consenso antiterrorista porque no era éste el propósito de Zapatero, sino presentar a Rajoy como un político intolerante y reacio al diálogo, aun a costa de hacerlo con un discurso ya desprestigiado y con una maniobra torpe a la que la opinión pública ya ha quitado la careta. Para la gran mayoría de ciudadanos, no hay duda de que el ofrecimiento de diálogo a Rajoy por parte del Gobierno es un ejercicio de cinismo insuperable, después de dos años y medio de un mandato cuyo nervio central ha sido la quiebra intencionada de todos los consensos posibles con el PP, empezando por el antiterrorista. No obstante, a pesar de que las encuestas ya revelan el descrédito galopante del Gobierno, su estrategia de fondo sigue siendo mantener el mismo acuerdo parlamentario -con una versión que, adaptada a las circunstancias, fomente al PNV- en el que se basó la declaración del Congreso de los Diputados de mayo de 2005, con lo que el PSOE y el presidente del Gobierno están haciendo imposible de antemano el consenso con el PP. Y esto es lo que debe saber la opinión pública. El PP sólo puede y debe aceptar la vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, el único que compromete la derrota incondicional de ETA. Ningún acuerdo es posible para el PP fuera de este objetivo, ni con partidos que claramente se oponen a la erradicación policial del terrorismo. Y mientras Rajoy mantenga este criterio, las maniobras del Gobierno estarán abocadas al fracaso.

Rajoy no cayó en la trampa de dar más cheques en blanco y denunció acertadamente la falta de respuestas y compromisos del presidente del Gobierno que impliquen una rectificación sustancial de su política antiterrorista. Ni la hubo ayer ni es previsible que la haya, porque Rodríguez Zapatero ha fundido su futuro político con el proceso de diálogo con ETA hasta el extremo de hacer imposible una rectificación sin que ésta suponga un reconocimiento del fracaso de su mandato. Por eso, los movimientos del Gobierno sólo están orientados a arañar días que enfríen a la opinión pública, alejen el atentado del 30-D y permitan a Zapatero replantear un acuerdo parlamentario suficiente para repescar el diálogo con ETA. La ambigua y calculada declaración hecha ayer por Otegi, pese a que no pide expresamente el mantenimiento del alto el fuego -porque la izquierda proetarra nunca ha pedido treguas a ETA- será utilizada a favor de ese relanzamiento del proceso a medio plazo.

En estas condiciones, el PP tiene un papel histórico y político que asumir. El Estado no ha reaccionado contra ETA porque el Gobierno se resiste a cancelar el proyecto del que depende la supervivencia política de Rodríguez Zapatero, y sólo el PP está condiciones de denunciarlo. Y debe hacerlo con liderazgo social, presencia pública y discursos inequívocos, sin temor a ser criticado por quienes, en este momento, sólo buscan su desaparición de la escena política y, de paso, salvar la cara ante la ciudadanía con espurias operaciones de imagen.

Editorial publicado por el diario ABC el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Palos de ciego” (Editorial de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS)

Ante el estrépito que ha producido la explosión de Barajas en las primeras encuestas, el presidente Zapatero ha querido hacer suyo ese refrán tan propio de estas fechas: "Año nuevo, vida nueva". Su reacción primera, para compensar la lentitud de reflejos con que se ha gestionado la crisis originada por el atentado del 30 de diciembre, ha sido llamar al líder de la oposición. Es algo, pero no es suficiente. Descubrir a estas alturas que no se puede avanzar en la lucha contra el terrorismo sin el concurso del PP no es descubrir la pólvora, precisamente, o el amonal, en este caso. Y confirma lo equivocado del desarrollo del proceso hasta ahora.

Volver a lo que ya había, a la legalidad vigente, al llamado Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, después de tanto alejamiento, no es nada fácil. Porque algunas cosas han cambiado, sin duda, desde que se firmó ese Pacto entre el PSOE y el PP en la legislatura anterior. Entre otras, que Zapatero ha buscado el diálogo con fuerzas políticas, como ETA y Batasuna, que no han dado pruebas hasta ahora de quererlo. Intentar ahora un pacto con todo el espectro del Congreso de los Diputados es querer reducir al PP, que representa en votantes a medio país, a la condición de simple figurante junto a fuerzas tan poco representativas, numéricamente, como el PNV o ERC, que, además, no está tan claro cómo entienden la lucha contra el terrorismo.

Tras la reunión de La Moncloa y del consabido diálogo de sordos, no hay motivo alguno para pensar que las cosas han cambiado sustancialmente en las relaciones entre los dos grandes partidos. El presidente ha empezado a andar, pero por ahora sólo ha dado palos de ciego.

Editorial publicado por el diario LA GACETA DE LOS NEGOCIOS el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Necesario y posible” (Editorial de EL PAIS)

El nuevo encuentro entre Zapatero y Rajoy, primero tras el brutal atentado de Barajas, sólo sirvió para que ambos repitieran sus discursos respectivos, a la espera cada uno de ellos de que sea el otro quien rectifique. Es lo que se deduce de las explicaciones paralelas ofrecidas por el líder del PP y la vicepresidenta del Gobierno al término de la entrevista. Así, la unidad que ambos reclaman es imposible. Y ello ocurre pese a que el momento es de los que requieren una respuesta de apoyo al Gobierno, organizada ante todo por los dos grandes partidos; por ejemplo, frente a lo que la declaración de Otegi de ayer parece anunciar: un próximo comunicado de ETA emplazando al Gobierno a reanudar las conversaciones.

Las exigencias de Otegi al Gobierno son las de siempre, pero esta vez se añade un llamamiento a ETA para que mantenga el alto el fuego anunciado el 22 de marzo. Sin embargo, no se puede mantener lo que ya no existe. A no ser que ETA pretenda que los muertos fueron una consecuencia no querida del atentado por lo que siguen vigentes la tregua y el diálogo. Aceptar tal planteamiento significaría dar por bueno que es posible un diálogo con atentados que pueden o no provocar muertes. El Gobierno no podría admitirlo, y es seguro que el PP compartiría la firmeza en el rechazo. Episodios colaterales como el repudio de los socialistas vascos al lema propuesto por Ibarretxe para una manifestación "por la paz y el diálogo" confirman que el partido del Gobierno considera imposible cualquier diálogo en las actuales circunstancias.

Pero indican también que hay quienes no piensan lo mismo, como el lehendakari. Sería conveniente que Zapatero y Rajoy, que representan al 80% de los ciudadanos, se pusieran de acuerdo en la respuesta a ésa y otras situaciones que se producirán ahora. Y de eso es de lo que deberían haber hablado ayer. Rajoy apeló nuevamente al Pacto Antiterrorista como marco de la unidad, a sabiendas de que los socialistas están ahora obligados a incluir a las formaciones que respaldaron la resolución parlamentaria de 2005 sobre el final pactado de ETA y especialmente al PNV. Ambos textos comparten el principio de la negativa a pagar precio político por el fin de la violencia, que podría ser el eje (en absoluto banal) de un nuevo pacto basado en la experiencia de lo ocurrido.

El que se firmó en 2000 excluía expresamente del consenso democrático a un PNV que no había abandonado la lógica de Lizarra, es decir, justamente, la legitimidad de reclamar un precio político. Sería absurdo mantener esa exclusión ahora que el sector mayoritario de ese partido ha renunciado a tal pretensión, pese a las resistencias internas. Ese motivo bastaría para intentar ahora un marco de acuerdo diferente, aunque incorporase gran parte del contenido de aquel: utilización de todos los instrumentos del Estado de derecho contra ETA, respeto a las reglas y procedimientos establecidos en eventuales reformas del marco institucional, eliminar de la confrontación partidista el problema terrorista, etc.

El principal obstáculo es la negativa a cualquier diálogo con ETA, implícito en el pacto de 2000. Pero es falaz contraponer derrota de ETA y final pactado, ya que lo primero es condición para lo segundo, y ahora hasta Aralar, escisión de Batasuna, defiende que no puede haber diálogo, ni hoy ni nunca, sin derrota, es decir, sin un compromiso irreversible y verificado de abandono definitivo de la violencia. Y ésa podría ser la respuesta compartida al comunicado que tal vez prepara ETA.

Editorial publicado por el diario EL PAIS el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


“Reunión en la Moncloa” (Editorial de LA VANGUARDIA)

La primera reunión entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, tras el atentado de Barajas del pasado 30 de diciembre terminó sin un mínimo acuerdo. El jefe del Ejecutivo propuso al presidente del PP un diálogo para llegar a una nueva alianza contra el terrorismo con todos los grupos parlamentarios. Aquél le contestó que, para luchar contra ETA, se debe regresar al pacto antiterrorista, al que pueden sumarse todos los demás partidos.

La posición de Rodríguez Zapatero, después de que la banda terrorista volara el aparcamiento de la T4 y segara la vida de dos inmigrantes ecuatorianos, fue criticada nuevamente ayer por Mariano Rajoy, quien afirmó salir de la Moncloa “sin una idea clara” de la política del Gobierno ni de por qué se produjo el atentado. El Ejecutivo sigue insistiendo, ayer a través de la vicepresidenta M.ª Teresa Fernández de la Vega, en que hizo lo que debía, sin el menor asomo de autocrítica.

Después de una larga y dramática semana, empleada en la búsqueda de los cadáveres de los infortunados inmigrantes bajo miles de toneladas de escombros, la oferta que hace el presidente del Gobierno a la oposición se limita a abrir un diálogo permanente para llegar a un nuevo acuerdo de todos contra el terrorismo.

Pero eso parece poco. Rodríguez Zapatero debe seguir tomando la iniciativa y concretar las bases sobre las que cree que habría que levantar este gran acuerdo entre todos, incluidos los partidos nacionalistas, a los que se marginó en diciembre del 2000 del pacto antiterrorista, por lo que únicamente lo firmaron el PP y el PSOE. Lo que se espera del Gobierno, después de lo sucedido, es que vaya más allá de una oferta de diálogo a todos los grupos parlamentarios. Es él quien debe concretar las propuestas y pactarlas con las demás fuerzas políticas a través del diálogo.

Mariano Rajoy, por su parte, se ha enrocado en el pacto antiterrorista, con lo que su grupo puede volver a quedarse solo en el Congreso de los Diputados. Además, con esa actitud, el líder del PP corre el riesgo de no ser comprendido por quienes, desde posiciones moderadas, entienden que la unidad es la base fundamental desde la que luchar contra el terrorismo y que no debe negarse a hacer concesiones y ser generoso para abrir el acuerdo al resto de las fuerzas políticas.

Ahora son momentos de claridad, firmeza y altura de miras. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

Editorial publicado por el diario LA VANGUARDIA el martes 9 de enero de 2007. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.


ETA dio de plazo hasta fin de mes para el preacuerdo de la mesa de partidos

Por Narrador - 30 de Octubre, 2006, 10:00, Categoría: Negociación (Rendición)

Antes del robo de las armas todo estaba preparado para plasmar esta semana en un documento las 'bases sólidas' de la futura negociación de un nuevo marco político y jurídico para el País Vasco

MADRID.- ETA dio un plazo para que los partidos cerraran un preacuerdo sobre la mesa política, plazo que se iniciaba sobre el pasado día 20 y que concluía al finalizar octubre. El robo de armas en Francia y las declaraciones que este acto delictivo ha provocado pueden estar influyendo en la marcha de este aspecto del proceso pero, según los datos en poder de los expertos antiterroristas, PSE, Batasuna y PNV tenían hasta el miércoles, aproximadamente, para ultimar las negociaciones que vienen realizando de manera secreta desde hace semanas.

Socialistas y nacionalistas aseguran desconocer la existencia de dichos límites temporales. La banda terrorista puede habérselos hecho llegar únicamente a Batasuna y no hay una lectura clara de cuál será el siguiente paso de ETA si alrededor de la fecha señalada no se vislumbran ciertos resultados.

De hecho, a escasos días de que finalice el mes, los dirigentes del PSE consultados aseguran que cualquier cuestión relativa a la preparación de la mesa de partidos sigue totalmente abierta y que las negociaciones no están lo suficientemente avanzadas como para que se produzca un anuncio inminente.

Sin embargo, los nacionalistas sostienen que el contenido del preacuerdo está prácticamente perfilado y reconocen que, antes del robo, estaban convencidos de poderlo cerrar hacia mediados de semana.

La idea es que el resultado de las conversaciones mantenidas se plasme en un documento en el que se establecerán las «bases sólidas» sobre asuntos políticos de fondo con un calendario estimativo sobre cuál puede ser el margen temporal para llevarlos a cabo; un calendario que sólo podría empezar a correr, según las fuentes consultadas, en el momento en el que Batasuna sea legalizada y cuando se produzca una total «ausencia de violencia».

En cualquier caso, independientemente de las fechas en las que se cierre el preacuerdo, la mesa oficial y pública no se constituirá probablemente hasta el verano, con el fin de orillar las tensiones que pudieran surgir por la celebración de los comicios municipales.

El contenido y la convocatoria de la mesa de partidos se han convertido en estos momentos en la delicada piedra angular del proceso y su preparación está requiriendo de decisiones que hace pocos meses se hubieran tenido por imposibles.

El esquema de dos mesas establecido por Batasuna en el velódromo de Anoeta -una entre el Gobierno y la organización terrorista ETA para hablar de asuntos militares como presos y armas y otra entre los partidos para abordar cuestiones políticas- provocó que, incluso antes del anuncio de alto el fuego, los representantes de las formaciones políticas vascas mantuvieran reuniones bilaterales para preparar la segunda de éstas.

Así como la mayoría de los partidos reconocieron estar manteniendo encuentros con Batasuna, los socialistas negaron que ellos estuvieran secundando estas iniciativas. Pero sí consideraron conveniente hacerlo para superar los obstáculos surgidos en el mes de julio, después de que varios miembros de la formación ilegalizada hubieran sido llamados a declarar por los jueces de la Audiencia Nacional.

Tras esa escenificación pública, mantuvieron algunos encuentros en privado que tuvieron que ser reforzados a principios de septiembre después del comunicado que la banda terrorista hizo público advirtiendo de que el proceso estaba en un momento de «crisis», y apuntando la necesidad de ir consolidando la vía política.

Se creó una situación de bloqueo porque tanto socialistas como nacionalistas recordaron que Batasuna no podría participar en la mesa política mientras no efectuase los trámites para conseguir ser legalizada, y el portavoz de esta formación, Arnaldo Otegi, pidió la firma de un preacuerdo como forma de superar el bache del momento.

La gestación de ese preacuerdo se ha estado produciendo desde entonces con los encuentros secretos habidos entre PSE, Batasuna y PNV, que en realidad son los tres únicos partidos imprescindibles para la creación de la mesa política.

Según las fuentes consultadas, en estas reuniones no se ha hablado únicamente de reglas de funcionamiento de la futura mesa pública -tales como si la presidencia ha de ser rotatoria o si las decisiones han de ser adoptadas de manera transversal-, sino que se ha entrado en asuntos de fondo -el derecho a decidir o las relaciones entre Euskadi y Navarra-, con el fin de encauzarla del modo más ajustado posible.

Se encuentre el preacuerdo en una fase avanzada, tal como indican en el PNV, o se encuentre en una fase menos definida, tal como indican los socialistas, los hechos de los últimas jornadas parecen haber enrarecido el ambiente y sugieren dificultades cuyo alcance tendrá que ser aclarado en los próximos días.

No en vano, tras el robo de 350 armas en Francia por parte, presuntamente, de ETA y la advertencia efectuada por el presidente el pasado miércoles, Arnaldo Otegi, puso el sábado otras dos condiciones -la legalización de Batasuna y la anulación de la doctrina Parot- a la del preacuerdo para desbloquear la crisis.

Información de Angeles Escriva publicada por el diario EL MUNDO el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido

ETA respondió al Gobierno con el robo de armas por las decisiones del Supremo y la Audiencia

Por Narrador - 30 de Octubre, 2006, 9:30, Categoría: Actuación Criminal de ETA

MADRID / BILBAO. La cúpula de la banda terrorista ETA -que se ha desplazado del sur de Francia por «motivos de seguridad»- ordenó a uno de los «comandos» instalados en territorio galo una acción fulminante de respuesta a las dos decisiones judiciales del pasado lunes, día 23 de octubre, cuando restaban dos días para el debate parlamentario en Estrasburgo. Debate en el que los terroristas y la izquierda radical abertzale iban a conseguir -como así sucedió- que el «conflicto vasco deje de ser un asunto interno del Estado español». Pese al riesgo de que el debate y la resolución de la Eurocámara se frustrasen, ETA prefirió ofrecer una muestra de «capacidad operativa» en respuesta al auto de la «Sala del 61» del Supremo que, en ejecución de la sentencia de ilegalización de Batasuna de 27 de marzo de 2003, acordó por unanimidad ordenar el inventario y registro de las «herriko tabernas» de Batasuna con el propósito final de proceder a la liquidación del patrimonio del partido ilegalizado en cumplimiento de la resolución 1373 de la ONU que exige que el patrimonio de bandas y organizaciones terroristas sea extinguido y destinado a determinadas causas sociales.

Registro e inventario

La «Sala del 61» disponía de un informe previo de la Agencia Tributaria sobre el particular, aunque la liquidación patrimonial definitiva de los bienes de Batasuna está pendiente de otra resolución que requiere de la emisión de informes que el Supremo ya ha solicitado a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado. El inventario y registro de los locales de Batasuna -cerrados tras la ilegalización en 2003, pero progresivamente abiertos como locales de reunión y recaudación de fondos del partido ilegal- es una medida provisional pero indicativa de la voluntad del Supremo de ejecutar la sentencia de ilegalización del brazo político de ETA. Ese mismo día 23 -el lunes pasado- la Sección IV de la Audiencia Nacional confirmaba el procesamiento de 38 dirigentes de Batasuna por pertenencia a banda armada, respaldando las resoluciones del juez Garzón dictadas en enero, febrero y junio de 2005.

Este auto y el del Supremo «sorprendieron» a ETA por partida doble: por un lado, porque el preacuerdo entre el PSE, el PNV y Batasuna estaba ya listo para ser discutido en la mesa de partidos políticos -el PP estará ausente- que se constituiría en diciembre. Por otro, porque la cúpula de la banda terrorista, para que el Gobierno pudiera dar el pistoletazo de salida a la negociación en la mesa extraparlamentaria, estaba dispuesta a ofrecer a Rodríguez Zapatero un nuevo comunicado declarando la «irreversibilidad» del «alto el fuego permanente», si bien, «en el contexto de este proceso». Tanto socialistas como nacionalistas, así como los batasunos, han incluido en su preacuerdo que el futuro estatuto jurídico-político incorpore el carácter nacional de Euskadi, también el «derecho a decidir» -como un concepto ambiguo respecto del de autodeterminación-, la creación de un órgano común de cooperación con Navarra y la constitución de una eurorregión integrada por el País Vasco, Navarra y las tres provincias vascas francesas que integran el Departamento de los Pirineos Atlánticos.

También está pactado el sistema de votación de los acuerdos -un sistema llamado transversal- e, incluso, las fechas aproximadas en las que el acuerdo final debería estar terminado, tal y como ha venido informando ABC.

Por su parte, el Gobierno estaba facilitando este nuevo y decisivo paso, ofreciendo señales inequívocas de determinación en la utilización de todos sus recursos para controlar la acción de la justicia. En ese contexto se inscribieron las declaraciones en el Senado del fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, en las que se negó a propiciar «una justicia de trinchera» y una «justicia vengativa», aduciendo que la justicia no «tiene que obstaculizar los procesos políticos». La decisión del fiscal general -impuesta al fiscal encargado del caso, Jesús Alonso, que se negó a asumir el planteamiento de Pumpido- de no acusar a De Juan por integración en banda armada y reducir la petición de penas por amenazas, fue otra «señal» que el Gobierno enviaba a ETA para forzarle a ofrecerle un mayor margen de maniobra.

Vuelta al punto de partida

Sin embargo, las actuaciones del pasado lunes -fuera del calendario previsto en la Moncloa- de la «Sala del 61» del Supremo y de la Audiencia han retrotraído el «proceso» a un estado inicial: la reclamación de garantías, no ya políticas, sino personales de impunidad tanto para los actuales dirigentes de Batasuna como de ETA. O en otras palabras: la banda exige a Zapatero que desactive la acción de la justicia, mediante la derogación de la ley de Partidos -de esa manera decaería la vigencia de la sentencia de ilegalización de 27 de marzo de 2003 y todos los dirigentes de Batasuna se verían libres de su condición penal de integrantes de una organización terrorista-; la revocación de la «doctrina Parot», según la cual los beneficios penitenciarios en caso de condena por varios delitos se aplican sobre cada una de las penas, alargando así la estancia en la cárcel de los condenados (los batasunos sostienen que este cambio en la aplicación de los beneficios penitenciarios es, en realidad, una «cadena perpetua») y, en su caso, las modificaciones legales necesarias para cambiar -incluso hacer desaparecer- determinados órganos jurisdiccionales que ETA y Batasuna califican de «excepción» -la Audiencia Nacional- para evocar así el Tribunal de Orden Público del franquismo. Luego vendría la política de indultos, que se irían produciendo de manera progresiva dentro de un determinado plazo temporal.

Exigencias batasunas

Este mensaje -la necesidad de neutralizar a los jueces y tribunales- es el que están lanzando insistentemente los dirigentes de Batasuna desde hace días. Otegi -al que el Gobierno confiere un carácter «esencial» en el desarrollo del «proceso»- ha instado al Ejecutivo a «desactivar los instrumentos del pasado que lastran el futuro». Consciente de las dificultades del Gobierno para garantizar la reclamada impunidad, el cabecilla batasuno declaró el sábado que la responsabilidad de la situación actual es del Ejecutivo, porque «no quiere, no tiene voluntad o no puede -nos da lo mismo- garantizar la igualdad de condiciones para el diálogo multipartito». Y puntualizó: «hay que desactivar la ley de Partidos y la imposición de la cadena perpetua a los presos».

Por su parte, el segundo portavoz más cualificado de Batasuna, Pernando Barrena, se preguntó el viernes sobre «lo que está en juego y para qué es y para qué no es este proceso», añadiendo -para que no hubiese duda alguna- que «las reglas de las que habla Zapatero y Rubalcaba no son en absoluto las de la izquierda abertzale».

El capote a De Juana

Las declaraciones de Zapatero en Soria echando un capote a De Juana -«está en el proceso», dijo el presidente, que calificó sus presuntas amenazas de «crítica pura y dura»- fueron acogidas con un despectivo silencio entre los dirigentes de Batasuna, que consideran que De Juana ha actuado en su huelga de hambre al margen de la disciplina de la organización y alque reprochan en privado no haber proclamado su militancia en ETA cuando fue preguntado al respecto por el fiscal Burgos en la vista oral.

La situación actual está demostrando que en los contactos indirectos entre el grupo de intermediarios captados por Javier Solana a instancias del jefe del Ejecutivo y los representantes de ETA, reina una «notable confusión». Zapatero lleva el «proceso de manera muy personal y al margen de las pautas y asesoramientos habituales». El presidente y tanto ETA como Batasuna no van romper el llamado «proceso», pero éste ha quedado desvirtuado, no sólo por el terrorismo callejero, sino por la «acción de aprovisionamiento y suministro» perpetrado por la banda en Francia. «Estamos en el voluntarismo», dijeron a ABC fuentes conocedoras -y muy inmediatas- de los contactos ETA-Gobierno. «No es descartable, sino todo lo contrario, que los etarras sigan delinquiendo para presionar al Ejecutivo, porque en tanto no solucionen su situación penal y la vean despejada, se han plantado y las posibilidades de Zapatero son muy escasas en este terreno; es más, ya no puede -salvo grave escándalo- hacer más de lo que hace».

Información de J. Molina, J. Pagola y A. Martínez publicada por el diario ABC el lunes 30 de octubre de 2006. Por su interés informativo reproducimos íntegramente su contenido.

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